MesSagradoCorazon/DIA UNDÉCIMO

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DIA UNDÉCIMO

El alma a Jesús

Dormierunt somnum suum et inenerunt omnes viri diviliarum in manibus suis

Cuán exacto cumplimiento han tenido en mí, Dios mío, estas palabras del real Profeta: He estado adormecido en este mundo miserable como si no tuviese que hacer otra cosa: me han despertado aquellas palabras del Santo Job: Solum mihi superet sepulchrum. Sólo me queda el sepulcro: voy buscando mis riquezas y ninguna encuentro; mis placeres y diversiones, y han desaparecido; los años pasados, y sólo me queda la memoria y con ella el remordimiento de mis pasadas faltas. Sí, mi Bien, ¿dónde está ya vuestra gracia? ¿Dónde los dones del Espíritu Santo? ¿Dónde tantos favores? ¿Dónde el precioso tiempo que me habéis concedido? Todo lo he perdido, Señor, y nada, absolutamente nada encuentro va en mí, de todo he sido despojada. El demonio, enemigo implacable de todas mis riquezas, me ha encantado con el canto de las dos sirenas, mundo y sentidos, y en el ínterin me ha despojado de todo. ¡Oh Señor!, y ¿qué queréis que haga en tal estado? ¿Cómo remediar tantas pérdidas? Piedad, amabilísimo Jesús, piedad. Ya confieso que si no me hubiese dejado arrastrar de las lisonjas de los sentidos y de los engaños del mundo, gozaría ahora de vuestra gracia y de la pacífica posesión de los dones del Espíritu Santo.

Pero no por eso desespero, Señor, ni dudo que lo queréis; si he sido despojada de todo, aún me queda vuestra misericordia infinita y la protección de vuestro sagrado Corazón, al cual recurro y me acojo, resuelta a no dejarlo sin que antes me resarza de todos los daños sufridos. Oídme, pues, Señor amabilísimo; confundid y humillad las potencias infernales, enriqueciéndome de nuevo con vuestra gracia y con los dones del Espíritu Santo. Ni un momento quiero perder en adelante del tiempo que me concedierais para recibir de vuestra infinita misericordia; el premio que me habéis merecido con vuestra preciosísima Sangre. ¡Virgen Santísima!, avalorad mis súplicas con las vuestras; hacedme propicia la infinita misericordia de Dios. Rogad, rogad a vuestro divino Hijo ofrezca por mí sus méritos infinitos. Hacedlo, Madre mía, hacedlo por piedad. Atraed sobre mí vuestra maternal misericordia, asegurando mi salvación eterna. Amén.

María al alma

Escucha, hija, escucha la voz de la Esposa de los Cantares que halla su felicidad en pensar en su amado; que sólo se deleita en la fragancia de los olorosos lirios diciendo: Dilectus meus mihi et ego Illi, qui pascitur inter lilia. Y es que el amante, Dios de infinita pureza, engendrado desde la eternidad en los esplendores de la más excelsa virginidad, sólo puede deleitarse en los puros lirios y rosas virginales que emulan el candor angélico. Por eso, al nacer en el tiempo, quiso nacer de mí, Madre virgen y divinamente fecunda; por eso tiene un padre putativo, el castísimo José, gloriosísimo entre los vírgenes.

Dime, hija, ¿por qué entre todos los Apóstoles Jesús profesó singular afecto a Juan, y en la noche de la cena le permitió apoyar la cabeza sobre su sacratísimo costado? ¿Por qué sólo a él dejó la custodia de mí, su Madre? Ya lo entiendes: él era virgen y yo la Madre Virgen, portaestandarte de todos los vírgenes y Reina de la virginidad. ¡Oh! Si comprendieses con qué amorosa ansia el Corazón de mi Jesús une así las almas puras, las almas castas e incontaminadas...

Mira, mira con qué amor quiso alegrarse en forma de niño con Antonio de Padua, y se dignó visitar al angélico Estanislao escondido bajo las especies sacramentales, para unirse con él y alimentarle con su sacratísima Carne; considera a un Francisco de Asís, a una María Francisca de las Cinco Llagas, a una Catalina de Sena, estigmatizada en sus carnes virginales; a un José de Cupertino que transmite olor de sus castos miembros; admira a un Tomás de Aquino enriquecido con una ciencia sobrehumana por la guarda de su pureza.

¿Y por qué, sino por la angelical pureza, se derramaron tan largamente, tantos y tan preciosos carismas en los virginales corazones de un Luis Gonzaga, de un Miguel de los Santos, de una Teresa de Jesús, de una Gertrudis, de una Rosa de Lima, de una Magdalena de Pazzis? Cuenta, pues, hija, que el Corazón de Jesús sólo se goza con Ias almas puras que son como hermosos y odoríferos lirios del Paraíso que crecen entre las espinas de este mundo tan corrompido y depravado: Sicut lilium inter spinas, sic amica mea inter filias. Procura, pues, procura guardar, con todo el cuidado y celo que puedas, la hermosa virtud de la castidad, sin la cual de ningún modo podrás agradar al Sagrado Corazón de Jesús, a aquel Corazón que abomina las almas inmundas como opuestas a su absoluta e infinita pureza.

Ejemplo primero

El venerable Padre Vito Antonio CoIapinto, de las Escuelas Pías, desde sus primeros años fue tan casto, inocente y piadoso, que mereció le llamasen maestros y condiscípulos Ángel en carne humana. Buscó más seguro refugio a su inocencia abrazando la regla calasancia, y fue tan vigilante en la guarda de los sentidos, y tan admirable en la modestia de los ojos, que conservó siempre sin mancilla su casto lirio como flor escogidísima de integridad virginal. Sabiendo que el cuerpo era su mayor enemigo, siempre dispuesto a tender peligrosos lazos a la angelical virtud que tanto amaba, procuró domarlo con cilicios, vigilias y ayunos, añadiendo a la penitencia, la oración, sin la cual sucumbiría sin duda. Sólo daba a sus cansados miembros dos o tres horas de sueño sobre la desnuda tierra, o cuando más en un jergón de paja, y el resto de la noche lo pasaba en piadosas contemplaciones y en macerar su carne.

Así vivió en la tierra este ilustre émulo de los ángeles, que no veía llegado el día de desprenderse de su cuerpo. Recibió con tanto gozo la noticia de su muerte, que no pudo disimular la inmensa alegría que le causó. Aún después de su muerte, ocurrida en Campi en 1758, quiso Dios manifestar cuán amante era del virginal cóndor. Yendo a lavar y amortajar su cadáver los religiosos, según costumbre, aun muerto acudió a cubrir su desnudez con la sábana hasta que le vistieron. Con otros muchos prodigios quiso el Señor glorificar a este siervo fiel y gran custodio de la virginal pureza.

Ejemplo segundo

Otra flor escondidísima de la virginal pureza fue la Beata Constanza. Nació en Florencia de la noble familia Donati, y al bautizarla le dieron por nombre Piccarda, de que habla Dante Alighieri en su divino poema, encomiando así mucho su extraordinaria belleza como la superior bondad e inocencia de sus costumbres. Prendada desde jovencita de los dulces atractivos de su amado esposo Jesús, se resolvió a consagrarle la incontaminada flor de su virginidad. Ignorantes de esto su padre y su hermano mayor, la prometieron como esposa a Roselino de la Tosa, noble florentino. La piadosa Piccarda, para sustraerse a estas bodas, y aprovechándose de la ausencia de su padre y hermano, salió secretamente de su casa, y se retiró al monasterio de Santa Margarita, situado en las afueras de la ciudad. Allí tomó el hábito de Santa Clara y cambió el nombre de pila por el de Constanza, para significar su constante voluntad de perseverar en su santo propósito, a despecho de todas las violencias que preveía le vendrían por parte de sus parientes.

Apenas se enteré su padre de lo ocurrido, voló al monasterio y empleó mil tentativas, lisonjas y amenazas para disuadir a su hija; y viendo que todo era inútil, intentó romper las puertas del sagrado recinto para sacarla a viva fuerza; pero en vano. Lo que no pudo el padre lo ejecutó de allí a poco Corso, hermano de Constanza, hombre de armas tomar, ardiente y feroz, que llevó consigo otros doce por el estilo; escaló de noche los muros del monasterio, penetró sacrílegamente, preguntando a gritos y con amenazas ¿dónde está Piccarda?, ¿dónde está? Finalmente, la encontró cuando iba al coro con el Breviario en la mano. Corso la cogió indignado, y con la ayuda de sus inicuos compañeros la sacó violentamente de aquel recinto. Condújola a la casa paterna, quitó le irrespetuosamente el hábito y le intimó con fieras amenazas que se casase con Rosollino de la Tosa.

No sabiendo qué hacer Constanza en medio de tantas angustias y malos tratamientos, ni a quién recurrir, puso su confianza en el divino Esposo, volvió se a Él pidiéndole con los ojos arrasados en lágrimas que no consintiera fuera a perder el lirio de su virginidad ofrecido a Jesús en los místicos desposorios. Y supuesto que la fascinadora hermosura de sus facciones era la causa principal de aquellos sufrimientos, rogó vivamente a la Reina de las vírgenes le alcanzase la gracia de aparecer deforme y monstruosa a los ojos de los hombres.

Bien pronto fue oída la piadosa Constanza, viéndose asaltada de una enfermedad tan violenta y fastidiosa, que la cubrió desde los pies hasta la cabeza de úlceras tan repugnantes, que provocaban náuseas sólo con verla. Triste en la apariencia pero rebosando alegría en su corazón, soportaba su enfermedad con paciencia y resignación inalterable, dando gracias a Dios con toda su alma por haberse complacido en deshojar la flor de su gentileza, para que floreciese en el cielo más fresco y hermoso el lirio de la virginidad. Apenas contaba veinte años, cuando desprendida su bendita alma del légamo del cuerpo, subió a la gloria a cantar con las otras vírgenes al Dios de la virginidad aquel cántico sublime que sólo las vírgenes pueden cantar.

Flor.- Guardar con gran cuidado los sentidos, y sobre todo la vista, y acudir inmediatamente a Dios al presentarse alguna tentación.

Jaculatoria.- ¡Oh dulcísimo Jesús! ¿Cuándo veré mi corazón transformado en el vuestro, tan puro e inmaculado?

Notas