MesSagradoCorazon/DIA VIGÉSIMO

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DIA VIGÉSIMO

El alma a Jesús

Audiam quid loquatur in me Dominus: quoniam loguetur pacem in servos suos,

et in eos qui convertuntur ad cor.

Y ¿cómo no he de oír, Jesús mío, vuestras palabras tan atractivas y agradables? ¿Quién no oirá las tiernas palabras de un Dios que habla de paz? Pero, ¿soy yo la sierva fiel que de corazón se ha convertido y abismado en su nada, para que me hagáis sentir esas palabras de paz? ¿Os he entregado ya mi voluntad y a sólo Vos fiado mi dirección? ¿Me he convertido de corazón a Vos, y me he encerrado en los abismos de mi nada?

A pesar de todo, aquí me tenéis, Jesús mío, ante vuestro santísimo Corazón. ¿Quién os ha invocado y ha sido despreciado? Quid invocavit eum et despexit illum? Sí, Dios mío, Vos sois rico en misericordia, dives in misericordia in omnes qui invocant te, para todos los que te invocan; vuestra misericordia es infinita y por esto estoy cierta de que me oiréis. Piedad, pues, Señor, piedad, y si desde ahora propongo darme toda a Vos y poner mi voluntad en vuestras manos, confirmad mi propósito con vuestra gracia y apartad de mi todos los obstáculos que me impidan darme por completo a Vos, a fin de que encerrada en vuestro Corazón, viva solamente para Vos. Amén.

Amaría al alma

Jesús, hija mía, Jesús, supremo Monarca del universo, Rey de reyes y Príncipe de los que dominan, ¿cómo te figuras que mostró la gloria de su reino sobre la tierra? ¡Ah!, míralo, míralo en el acto de salir para el Calvario a fin de cumplir el misterio de la Redención. A los ojos de los hombres parece el más vil y abyecto de la tierra; pero en realidad se muestra el Rey más glorioso de todos los siglos; porque no con las armas, sino con la cruz que, lleva sobre sus hombros, funda su reino y adquiere el dominio de todos los corazones. Así, el mansísimo Cordero va a ser inmolado sobre el patíbulo que lleva sobre sus hombros. Quasi agnus mansuetus qui portatur ad victimam. Como manso cordero que es llevado al lugar de la muerte.

Mas ya tu Jesús, debilitado por tanta sangre vertida, con mucho trabajo puede soportar el gran peso de la cruz y cae muchas veces agobiado por la misma cruz. En tanto los pérfidos judíos, temiendo se les muera en el camino, hacen que le ayude a llevarla el Cirineo. ¡Ah!, hija, compadécete de Jesús, y admira en medio de tantas penas el amor de su Corazón, y mucho más todavía aprende la sublime lección que tu Salvador, te dio; porque no fue casual el que los judíos obligasen al Cirineo a llevar la cruz, sino un noble rasgo de la divina Providencia que quiso simbolizar a todo cristiano en la persona del Cirineo.

Y tú, hija mía, ¿no oyes al divino Jesús, que amorosamente te dice: Qui vult post me venire, tollat crucem suam et sequatur me? El que quiera venir en pos de mí, tome su cruz y sígame. Toma, toma con amor tu cruz, Y sigue a tu Maestro. Toma la cruz de la mortificación para hacer guerra a tus pasiones y ser toda de Jesús; toma la cruz de la obediencia, para ser fiel en la observancia de la divina ley; toma la cruz de la paciencia para soportar con resignación toda tribulación y adversidad. Sólo así podrás complacer al Corazón enamorado de aquel Jesús que con infinita sabiduría estableció que la cruz fuese el camino más seguro por donde vaya el alma a la ciudad del cielo.

Ejemplo primero

El Venerable Padre Pelegrini Teneani, de las Escuelas Pías, era, ya sacerdote de costumbres suavísimas y muy conformes a su estado, cuando deseoso de seguir más de cerca a Jesús crucificado abrazó con gusto la cruz del estado religioso. Habiéndose entregado con todas sus fuerzas a la mortificación de la carne y de todas las inclinaciones de su propia voluntad, adelantó a grandes pasos en la perfección. Después de haber edificado con sus heroicas virtudes a los pueblos de Alemania y convertido muchos herejes a la fe, muy entrado ya en años, fue destinado por San José de Calasanz a pasar sur últimos días en la casa del noviciado en Roma, para que con su gran perfección sirviese de ejemplo y estímulo a los jóvenes. Aquí le envió el Señor la última prueba a su paciencia con una larga y trabajosa enfermedad que se manifestó con más de cuarenta llagas en todo el cuerpo. Conforme en todo con el Santo Job, Teneani repetía con él continuamente: Bendito sea el nombre del Señor. Apenas espiró este gran siervo de Dios, desaparecieron todas las llagas y apareció su cuerpo como rejuvenecido. Estuvo expuesto por tres días a la admiración del pueblo, conservándose siempre intacto y exhalando un olor suavísimo.

Ejemplo segundo

San Juan de la Cruz, el glorioso compañero de Santa Teresa en la nobilísima reforma del Carmelo, por el grandísimo amor que tenía a la cruz, quiso llamarse Juan de la Cruz. Dios accedió a sus ardientes deseos de padecer; sujetóle a penosas enfermedades y acerbísimos dolores, y a grandes trabajos que él toleró con invicta paciencia y hasta con alegría. Con todo, estas fueron unas penas ligeras en parangón con aquella terrible obscuridad y desolación, con aquella amarguísima aridez y angustia interior que tanto atormentaron su espíritu hasta hacer su vida más amarga que la misma muerte.

A tales cruces se añadieron las más fieras persecuciones y las más negras calumnias que injustamente le levantaron, y dieron lugar a horribles procesos contra el mismo. Encerrado por nueve meses en una obscura, estrecha y fétida prisión, con escaso pan y agua de alimento, maltratado y vilipendiado, no por eso decayó, de ánimo, ni se alteró su paciencia.

Hallábase un día en oración delante de una imagen de Jesús con la cruz a cuestas, y oyó decir claramente: Juan, di, ¿qué deseas? ¿Qué quieres en premio de tanto como has hecho y padecido por mí? Y sin detenerse respondió: Señor mío, no quiero ni deseo más que padecer y ser despreciado por vuestro amor. Domine pati et contemni pro te. Y verdaderamente fue tan grande su sed de padecer, que solía llamar pobre e ignorante al que rehusaba el trabajo y no amaba la cruz.

Flor. - Sufrir con paciencia cualquier pena o trabajo, imaginándose que va en pos de Cristo con la cruz a cuestas hacia el Calvario.

Jaculatoria.- ¡Oh Corazón de mi Jesús! ¿Cuándo infundiréis en mí el espíritu de mortificación y deseo de padecer y ser despreciado por nuestro amor?

Notas