MesSagradoCorazon/DIA VIGÉSIMOCUARTO

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DIA VIGÉSIMOCUARTO

El alma a Jesús

Magnes amoris, amor

El imán del amor es el amor, ¿y aún vivo en mis pasiones y en mis vicios para el demonio y no para Vos, Jesús mío? ¿Qué más podíais hacer para manifestar vuestro amor? Bien hubierais podido con sola una lágrima, con solo un suspiro, con sola una gota de sangre salvar mi alma y redimir al mundo; mas ¿por qué habéis querido ser por mi bien el oprobio de los hombres y la abyección de la plebe? Opprobrium hominum et abjectio plebis? ¿Por qué habéis querido ser por mí el escándalo de los judíos y la estultez de los gentiles? Scandalum judaeis et stultitiam gentibus?

Pero, ¿a qué preguntamos, Jesús mío, a qué preguntaros por qué padecisteis tanto por mí, si claramente me lo dice vuestro Apóstol?: Pro nobis mortuus est Christus ut qui vivunt, nom jam sibi vivant sed ei qui pro ipsis mortuus est. Murió Jesucristo por los hombres todos, a fin de que éstos no vivan para sí mismos, sino para Aquel que por ellos murió. Sí, Jesús mío, estoy persuadida de que ya no debo vivir para mí, sino para Vos, pues ya no soy mía, sino vuestra, por haberme comprado a tan grande precio; y en vez de castigarme con vuestros azotes, me habéis inundado de vuestras misericordias por haber esperado en Vos. Así es que bien puedo decir: Virga tua et baculus tuus ipsa me consolata sum: La vara de tu misericordia y el báculo de tu perdón me han llenado de consuelo, pues habéis convertido en instrumento de mi consuelo vuestros mismos castigos.

Y ¿qué misericordia es ésta, Jesús mío? Que un príncipe proteja al amigo que le estima y ama, lo comprendo; pero que proteja y ame al que le desprecia y le abandona, no puedo comprenderlo. Dejadme, pues, que repita: ¿qué misericordia es ésta? ¡Oh Señor, ésta tu gran misericordia me hace temblar, porque otorgada por Vos y no aprovechada por mí, podrá ser causa de mi condenación eterna! ¡Oh miserable de mí! ¡Cuándo tenga mayor necesidad de vuestra misericordia, entonces me será más contraria! Bien lo merecía, Jesús mío, pero tened piedad de mí, que yo os prometo amaros en adelante y jamás abusar de vuestra misericordia. En Vos pongo toda mi confianza, en Vos y sólo en Vos.

Y si queréis que satisfaga a la Justicia divina por los pecados cometidos y por el desprecio que de Vos he hecho, castigadme en esta vida y no la reservéis para la otra. Sí, Jesús mío. Hic ure, hic seca, hic nom parcas, ut in aeternum parcas, os diré con vuestro siervo San Agustín: Castigadme aquí, y no me perdonéis castigo alguno en esta vida, para perdonarme en la otra para siempre. Haced ahora cuanto queráis de mí, que estoy dispuesta a someterme a todo, a fin de que me perdonéis en la eternidad.

¡Oh eternidad! Tú debieras absorber todos mis pensamientos, y jamás pienso en ti. ¡Oh terrible eternidad! ¿Y no te temo? ¡Oh Dios mío! Por los méritos de vuestro precursor San Juan Bautista, cuya natividad se celebra hoy, perdonadme. Y si él, aunque santificado en el seno materno y tan admirablemente enriquecido de la divina gracia, abandonó el mundo para vivir en el desierto, más como ángel que como hombre, haced, Jesús mío, que hallándome yo en el miserable desierto de este mundo, viva de modo que no me condene; haced que sirviéndoos y amándoos constantemente en esta vida, sea digno por vuestra misericordia de gozaros en la eterna. Amén.

María al alma

Hija, mira a Jesús sobre el Calvario del dolor, mira aquellas espinas, aquellos clavos, aquellas llagas, aquella sangre que a chorros corre. Advierte qué aquellas espinas, clavos, llagas y sangre, te dicen que el Corazón de Jesús ya no tiene más que hacer para mostrarte su amor inmenso. A pesar de hallarse en el extremo de su vida mortal, aún medita otra prueba que quiere darte de su amor. Y de paso, advierte aquí mi pena, hija mía.

Al ver a mi Jesús próximo a espirar, salí de entre las mujeres y penetré con María Cleofé y con María Magdalena, por entre las filas de crueles soldados, hasta llegar al pie de la cruz. Allí estaba Juan, el discípulo amado. Entonces Jesús, volviendo a mí sus ojos moribundos e indicándome a Juan con voz triste y afectuosa, me dijo: Mulier, ecce Filius tuus. Mujer, he ahí a tu Hijo. Vuelto luego al discípulo, le dijo: Ahí tienes a tu Madre. Ecce Mater tua.

Y no creas, hija, que a sólo Juan quiso decir Jesús: Ahí tienes a tu Madre, sino también a ti y a cuantos en los siglos venideros observaron su ley. Sí, ahí tienes a tu Madre, te dice el Corazón agonizante de Jesús, para enseñarte que si Él con su sangre te ha regenerado a la vida de la gracia, también yo con mis dolores he cooperado a tu salvación. Ahí tienes a tu Madre, te dice, a fin de que tú en las aflicciones, peligros y dificultades de la vida, acudas a Mí llena de confianza, porque en mí, en mis manos, está la plenitud de todos los bienes y de las gracias celestiales.

Y tú, hija mía, si de veras quieres dar gusto al Corazón de mi Jesús, no dejes pasar día sin acudir a Mí, que soy tu Madre celestial, la dispensadora de las divinas gracias, la tesorera de las riquezas de Jesús. Y si tus pecados te desaniman, no te acobardes, piensa más bien que nadie podrá salvarse sino por Mí. Nemo salvus fiet nisi per Me.

Ejemplo primero

El Venerable Padre Casimiro Bogathi, Escolapio polaco, por el ternísimo afecto que profesaba a María Inmaculada, quiso llamarse Casimiro de la Inmaculada. No es decible cuánto procuraba honrar a su celestial Madre: sólo diré que siempre que despertaba de noche, de rodillas y con los brazos en cruz, soltaba su lengua en afectuosas alabanzas y súplicas a la misma que, después de Jesús, formaba las delicias de su corazón.

María, en cambio, como según San Buenaventura: Divinum efficit amantem. Hace celestial al que la ama, con su continua y maternal asistencia le hizo purísimo ejemplo de castidad y de religiosa perfección.

Un día, para probar la humildad y abnegación de su devoto, le mandó plantar en el huerto una col con las raíces al aire, y el joven Casimiro lo hizo al punto, viendo después con asombro que la col creció después, se conservó muy lozana y que tenía un sabor muchísimo más agradable que las demás. De María obtuvo también Casimiro una sublime ciencia con que se hizo muy útil al prójimo, y tal espíritu de oración, que desprendiéndole de todas las cosas visibles, le conducía a la más íntima unión con Dios.

Ejemplo segundo

Es sentencia de San Ignacio mártir, que María ama con preferencia a sus amantes. Semper María cum amantibus est amantibus est amantior. Esto lo experimentó evidentemente el Venerable Padre Gaspar Dragonetti, de las Escuelas Pías, quien habiendo profesado siempre un amor tiernísimo a la Madre Virgen, obtuvo en cambio tan raro don de inocencia, que en ciento veinte años que vivió se tiene por cierto no manchó jamás con culpa grave su alma.

Hallándose aún joven en su patria, suplicó a María le iluminase para conformarse en todo con la voluntad de Dios; y la celestial Madre, benigna y siempre afectuosa, se le apareció un día visiblemente y le dijo: Vete a enseñar a los pobrecillos por amor mío. Al efecto, abandonó a Sicilia, su patria, y siguiendo la inefable luz de aquella estrella, se dirigió a Roma, donde abrió clase de humanas letras y de Retórica, sin exigir de sus alumnos estipendio alguno, sino era lo que buenamente quisieran darle.

Pero esto fue sólo el preludio de su misión; porque de allí a poco vino a ser compañero de San José de Calasanz en la difícil tarea de instruir a la juventud en el espíritu de piedad y de la inteligencia, haciéndose tan acepto a María Santísima, que un día, al concluir la clase, se le apareció de nuevo muy alegre y amorosa, y consolándole con una celestial sonrisa, le puso en los brazos a su divino Niño Jesús, que lo iba acariciando suavemente y dándole gracias por los amorosos cuidados y desvelos que se tomaba en favor de la juventud.

Dragonetti profesó una tierna devoción a la Inmaculada Concepción de María, y aun por este obsequio fue remunerado por la misma de un modo singular; pues le obtuvo que muriese en la víspera de su festividad.

Flor.- Hacer una visita al Santísimo Sacramento, dándole gracias por habernos dado por Madre a su misma Madre.

Jaculatoria.-Sea siempre bendito el Sagrado Corazón de Jesús, y bendito sea el Corazón de María, la más santa de las vírgenes y la más tierna de las madres.

Notas