MesSagradoCorazon/DIA VIGÉSIMOSEXTO

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DIA VIGÉSIMOSEXTO

El alma a Jesús

Attendite et videte si est dolor sicut dolor meus

Atenta estoy, Jesús mío, a vuestras amorosas miradas y suavísimas palabras; mirando estoy que no hay dolor como vuestro dolor, porque así lo veo en las sangrientas heridas de vuestro Cuerpo llagado y en el amor ardentísimo de vuestro Corazón, que me obligan a decir con San Bernardo: Patent arcana Cordis per foramina corporis. Por las llagas de su cuerpo se manifiesta claramente el inmenso amor de su Corazón; por eso me humillo hasta mi nada, y confundida repito: Attendi et vidi, quia non est dolor sicut dolor ejus. Atendí y vi que no hay dolor semejante a su dolor.

Pero si Vos por amor mío tanto ansiaste padecer que quisiste penetrar en las aguas de la tribulación hasta lo íntimo de vuestra alma, compadeceos de mí, atraedme a Vos y encerradme en vuestro Corazón; no permitáis que por mi culpa se rompan las cadenas amorosas con que tan poderosamente unís los corazones que se consagran a Vos. Así lo espero, Jesús mío, por vuestros méritos. Amén.

María al alma

Hija mía, no hubo dolor a que Jesús no se sometiera voluntariamente para sufrir en su Cuerpo aquellas penas y trabajos afanosos originados de la culpa; por eso, no satisfecho de haber sufrido en un vil pesebre el frío y la pobreza, ni de haber vivido humilde y desconocido allá en la casita de Nazaret, quiso sufrir en la soledad del desierto el hambre y demás privaciones; y, finalmente, en la cruz, a tanto padecer añadió los espasmos y la devoradora sed. Yo vi sus labios secos y líbidos, vi el ansia de su Corazón acibarado...; después le oí exclamar: Sitio. Tengo sed.

¿Cómo es que Jesús no se lamenta de su cabeza traspasada ni de sus pies y manos desbarradas y sí sólo de su sed? Aprende, hija mía, el gran misterio. Al decir Jesús: Sitio. Tengo sed, habla especialmente de la ardiente sed de su Corazón; porque su sed es sed que nace del amor, es sed de padecer más.

Sitio. Tengo sed, dice Jesús a tantos pecadores obstinados, para manifestarles el deseo vivísimo que tiene de su salvación. Tengo sed, dice Jesús a todos los hombres para hacerles ver la inmensa llama de su Corazón divino. Tengo sed, te dice también a ti, hija mía, aquel Corazón mansísimo, para significarte que ya, en virtud de su Pasión, quiere hacer reflorecer en ti la justicia y la santidad con el luminoso cortejo de todas las virtudes.

Pero ¿qué es lo que veo? ¿Qué es aquella esponja que, empapada en hiel y vinagre, alargan a Jesús para más afligirlo? ¡Ah!, sí, es lo que El mismo había predicho por boca del Real Profeta cuando dijo: Et dederunt in escam meam fel, et in siti mea potaverunt me aceto! Me dieron hiel por comida y apagaron mi sed con vinagre. [Sal 69, 22] Reconoce ahora otro misterio, que se oculta tras el velo de este hecho tan ignominioso y cruel. A pesar de ser Jesús tan acibarado con hiel en la cruz, aún lo es más por tantas almas delicadas y perezosas, que nada se aprovechan de los medios de salvación a tanta costa procurados. ¿Acaso no acibaraba el Corazón de Jesús la hiel de tantos escándalos y perversas doctrinas con que los impíos se afanan por apartar las almas de su costado abierto?

Mas ¿por qué, por qué la mayor parte de los hombres niegan a Jesús sus corazones para amar la maldad e impudicia de la tierra? ¡Ah! Ten presente y no olvides que Jesús te dirigió también a ti aquellas palabras: Tengo sed, y procura calmar, al menos por tu parte, su ardiente sed, consagrándole tu corazón atendiendo siempre eficazmente a tu salvación: tales son las cristalinas aguas que de ti espera Jesús para aplacar su sed.

Ejemplo primero

El verdadero amante de Jesús no puede por menos de sentir en su corazón un grandísimo deseo de la salvación ajena.

El Venerable Padre Ambrosio de Leailth, de las Escuelas Pías, siguiendo los impulsos de su ardiente caridad, se dedicó con gran celo a la conversión de los herejes, que en gran número infestaban la Alemania. Bendecido del Señor en obra tan gloriosa, sacó gran fruto, por no haber podido los herejes, aunque instruidas y obstinados, resistir a la fuerza de sus sermones y argumentos. Mereció por su celo el renombre glorioso de Martillo de los herejes, y el de nuevo Aposto, y que se escribiesen en la Congregación de Propaganda Fide muchos y honrosos encomios de sus empresas; entre las cuales mereció particular mención la de haber reducido en una sola Cuaresma más de dos mil herejes al, gremio de la Iglesia católica.

Olvidado del reposo propio cuando se trataba de la salvación del prójimo, no rehusó sacrificar a esta necesidad hasta su misma vida, supuesto que movido a piedad por los estragos que la peste hacía en Nicolsburg, se ofreció voluntariamente a cuidar de los apestados; caridad que el Señor recompensó recibiendo en holocausto su vida en la misma ciudad, cuando apenas rayaba en los cuarenta y tres años de edad.

Ejemplo segundo

Apareció se un día el amabilísimo Jesús a su amada esposa Santa María Magdalena de Pazzis y le dijo: Cual nuevo Daniel entrarás en el lago de los leones, y en él sostendrás las duras pruebas a que quiero sujetarte por muchas razones, y sobre todo por la conversión de los pobres pecadores. De allí en adelante Magdalena exclamaba muy contenta: Vengan todos los herejes y enemigos de Jesús, vengan contra mí cual feroces leones y los demonios del abismo. Feliz yo, si a costa de mi largo penar pudiere hacer volver a Dios cambiadas tantas almas pervertidas y locas...

Sonó, finalmente, la hora tristísima de la desolación y del combate, y Magdalena, abandonada a los temores y privada de la sensible presencia de Dios, sufrió penas tan horribles, que si difícilmente pueden imaginarse, de ningún modo pueden decirse, como se ve bien claro por las palabras que siguen, tomadas de la biografía de la Santa.

»Espantosas fueron las tentaciones que sufrió contra la fe, contra la pureza y demás virtudes tan amadas de su corazón, hasta sentir despertar todas las pasiones contra las cuales se veía precisada a oponerles la más viva resistencia. Los demonios, ofuscando su alma con la mayor obscuridad, trataban de persuadirla de que estaba abandonada de Dios, y por consiguiente, condenada, y así, tentándola fieramente de desconfianza y de desesperación, la incitaban continuamente a suicidarse.

Le sugerirían además horribles blasfemias contra Dios y contra los santos con tanta vehemencia, que estaban como para hacerle salir las palabras de la boca; hasta la incitaban a ultrajar y vilipendiar las sagradas imágenes; pero cuanto más fuertes eran las tentaciones, más procuraba la Santa hacer actos contrarios y virtuosos.

Más todo es poco para lo que padecía en el cuerpo por obra del demonio, que ya apareciéndosele en monstruosas y horribles formas, la tiraba por tierra, golpeándola bárbaramente con varas; ya en forma de víboras y de serpientes, la mordía y daba mil tormentos. Unas veces la arrastraba por tierra tres, cuatro y aun cinco horas, de suerte que al levantarse se hallaba toda pisada y maltratada. Los malignos espíritus la precipitaron muchas veces por las escaleras, principalmente cuando iba a confesarse o a practicar una obra de caridad; otra vez trataron de ahogarla, de cuyo tormento, que duró tres horas, quedó su garganta en muy mal estado, y su rostro lívido, En estas y otras durísimas penas sufridas por amor al Corazón de Jesús, vivió Magdalena más de cinco años.

Flor.- Ofrecer al Corazón de Jesús todos los sufrimientos y buenas obras de este día por la conversión de los pecadores.

Jaculatoria.- ¡Oh Corazón divino y sediento de mi amor!, triunfad de mi corazón y haced que os ame cuanto yo puedo y Vos merecéis.

Notas