MesSagradoCorazon/DIA VIGÉSIMOTERCERO

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DIA VIGÉSIMOTERCERO

El alma a Jesús

Ignem veni mittere in terram et quid volo, nisi ut accendatur

¡Cuán dulcísimas son, Jesús mío, y cuán suaves estas vuestras amorosas palabras! Pero ¿es posible que hayáis venido al mundo para encender en mi pobre corazón la poderosa llama de vuestro amor? ¿Es posible que todo vuestro deseo se cifre en ver arder esta llama en todos los corazones? ¿Y por qué no me introducís en vuestro Corazón como a la Esposa de los Cantares? ¿Por qué no triunfáis de mi con el poder de vuestro amor divino, como triunfasteis de aquella que, vencida del amor, languidecía, y para dar alivio a su corazón herido, se vela precisada a exclamar: Fulcite me floribus, quia amore, langueo? Cubridme con flores, porque desfallezco de amor, Jesús mío, ahora que me hallo en la presencia de vuestro Corazón adorado, ayudadme de modo que en adelante no abuse más de vuestra misericordia, sino que sólo aspire a serviros y amaros como merecéis. Esta es mi voluntad, Señor mío; pero ¿cómo puedo fiarme de mí misma, si me hallo en el mar de este mundo tan agitado de tantas y tan terribles tempestades? ¡Jesús mío! Caminad con pasos triunfales sobre el mar de mis pasiones y salvadme. Amén.

María al alma

Jesús, hija mía, tuvo, como sabes, un deseo tan vivo de salvar a todos los hombres, que no dejó de hacer participantes de su sangre ni a los mismos que le crucificaron. Sí, vivificatur Christi sanguine etiam qui effudit sanguinem Christi. Los mismos que derramaron la sangre de Cristo, son vivificados por la sangre de Cristo. Mientras tanto, por la admirable, calma, por el sobrehumano continente de Jesús, en medio de tantas y tan atroces penas, por el generoso perdón que pide para sus enemigos, el buen ladrón, vivamente conmovido, reconoce que aquel no puede por menos de ser un Dios; por eso, con su espíritu abierto a la más alegre esperanza, le dice con voz moribunda: Domine, memento mei dum veneris in regnum tuum. Señor acordaos de mi cuando estuviereis en vuestro reino. [Lc 23, 42]

¡Oh!, cuán pronto el Corazón de Jesús, movido a compasión a la voz de un pecador que pide misericordia, le habló, no para echarle en cara sus innumerables y monstruosas culpas, ni para recordarle el infierno que mil veces había merecido, sino que le respondió con el tiernísimo afecto de un padre, con la palabra clementísima de un Dios: Ten por cierto, le dice, que hoy serás conmigo en el Paraíso. [Lc 23, 43] Hodie mecum eris in Paradiso.

Admira, hija, admira la inmensa caridad del Corazón inmaculado de Jesús. Dimas, el buen ladrón, pide a Jesús que se acuerde de él, y Jesús le contesta al punto: Hoy estarás conmigo en el Paraíso. ¿Qué pecador, pues, qué pecador podrá desanimarse ni perder su confianza en el compasivo Corazón de Jesús después de un ejemplo como éste? Un gran ladrón es transformado en un momento en un gran santo. Un réprobo en un escogido. Hija, acude pronto, acude con entera confianza a Jesús. Llora tus culpas en su presencia y resuélvele a amarlo cuanto puedas, que El, seguramente, borrará de su libro tus maldades, según te lo asegura por boca de su Profeta: Si autem impius egerit poenitentiam, omnium iniquitatum ejus non recordabor. Si el pecador hiciese penitencia de sus iniquidades, las borraré de mi memoria.

Ejemplo primero

El Padre Tomas Victoria, de las Escuelas Pías, cual infatigable apóstol de Jesús, no rehusó fatiga de ningún género, ni perdonó incomodidades ni peligros por obtener la salvación de las almas. Para mejor conseguir tan santo objeto, siempre procuró acompañar su trato y su conversación de aquel sublime espíritu de dulzura que mostró Jesús con los pecadores; por lo que los atraía tan poderosamente a la penitencia, que por antonomasia le llamaban el Pescador de las almas.

Por sus eminentes cualidades, el Pontífice Paulo V le nombró misionero apostólico, y le envió, como ángel de paz, a las tierras de la Sabina, que, destrozada por las facciones domésticas, se hallaba en tan mal estado por todas partes a causa de las discordias, que amagaban grandes perjuicios a las conciencias y a las vidas.

Llegado el Padre Victoria a la Sabina, se consagró por completo a cuidar y cultivar aquella viña, que el Padre celestial le habla confiado por encargo del Papa, su Vicario en la tierra. Y ya con la dulzura de sus modales, ya con la eficacia de su predicación en el púlpito, bien con sus prudentes exhortaciones en el confesonario, hizo en breve tanto fruto, que escribieron al Pontífice no haber quedado en la Sabina pecador que no hubiese sido reducido a penitencia.

Ejemplo segundo

No habiendo tenido San Bavón quien desde sus primeros años le tirase de la rienda, se dejó arrastrar del ardor de sus pasiones, y por muchos años corrió desenfrenado y atrevido por el camino del mal, hasta que, por último, la misericordia de Dios triunfó de su obstinación. Movido Bavón de la divina gracia, entró en una iglesia al tiempo de estar predicando el Obispo San Amando, y de allí a poco, enteramente compungido y humillado, y bañado su rostro en lágrimas, hizo con él una sincera y humilde confesión. En seguida vendió todos sus bienes, distribuyendo el precio entre los pobres y lugares piadosos, renunció a todos los placeres terrenos, y abrazó un tenor de vida austero y penitente, retirándose a un bosque lejano para poder mejor mortificar su carne con vigilias, ayunos y mortificaciones.

De la soledad pasó a Gante, donde terminó el resto de su vida en un claustro solitario y con gran edificación. Poco antes de espirar, le visitaron muchos ángeles que le invitaron a subir con ellos al cielo. El mismo Dios, con muchos milagros, dio testimonio de su santidad.

Flor.- Oír la santa Misa y rogar al Corazón de Jesús nos perdone nuestros pecados y nos conceda la perseverancia final.

Jaculatoria.- ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús, por el amor que os redujo a agonizar en la Cruz, tened misericordia de nosotros y salvadnos!

Notas