OrigenEscapulario/EXHORTACIÓN

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EXHORTACIÓN

Son casi innumerables las indulgencias concedidas a los actos de virtud y religión que tienen por objeto honrar a la Santísima Virgen; pero sobrepuja a todos y a todos reúne en sí el llevar el Escapulario Azul celeste en honor de la Concepción Inmaculada.

Increíble se haría el asombroso cúmulo de gracias anejas a tan pequeño obsequio, si no estuviese comprobado por la evidencia de los hechos, monumentos históricos, Bulas y Breves pontificios y unánime consentimiento de los fieles.

Ni es de extrañar que, si tantos beneficios dispensa la Madre de Misericordia a sus devotos, favorezca de un modo especialísimo a los que la honran, vistiendo, como familiares, la librea que la recuerda su mayor blasón observando una conducta irreprensible, muestran ser sus verdaderos hijos.

¿Quién no bendecirá mil y mil veces a la Providencia que así le proporciona un medio tan fácil de enriquecerse de gracias, satisfacer por las culpas, saldar las deudas de las almas del purgatorio y llevarlas al gozo de su amantísimo Esposo?

¿Quién no se admirará que sin salir de su casa, en cualquier punto donde se halle, en pie, sentado o de rodillas, sólo con rezar seis veces el Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri en honor de la Santísima Trinidad, de la Concepción Inmaculada, gana tantas veces como lo haga todas las Indulgencias de Jerusalén, Roma, Porciúncula, Santiago de Galicia (a), que asegura San Alfonso María de Ligorio llegan a quinientas treinta y tres plenarias, además de las parciales, que son innumerables? (b).

Y teniendo presente que las predichas indulgencias se pueden ganar al día tantas veces como se recen los seis Padrenuestros con el mismo objeto que son explicables a las almas del purgatorio (c), ¿quién podrá excusarse de ejercer las mayores obras de caridad, sacándose y asegurándose en el cielo numerosos y agradecidos intercesores?

Sabiendo, además que las anteriores indulgencias no exigen, como otras, la confesión y comunión, sino estado de gracia y horror a todo pecado, y que también están anejas al referido Escapulario todas las indulgencias concedidas a cualquier religión, lugar pío o persona, practicando las obras prescritas (a), ¿qué fiel dejará de recibir y llevar siempre este santo Escapulario, como especial divisa de amante servidor y predilecto hijo de la Santísima Virgen?

¿Quién, por rico que se halle en buenas obras, no explotará esta mina inagotable de celestiales bienes en pro de la Iglesia, de su alma y de las muchas obligaciones que en el purgatorio esperan sus sufragios?

¡Criminal indiferencia manifestarán por sus almas los padres que no procuren recibir con sus familias dicho Escapulario y rezar diariamente con las mismas los Padrenuestros… indicados en alivio de sus obligaciones, y funesto ejemplo dejarán a sus hijos para que a su tiempo les paguen en igual moneda!.

Excuse a muchos la ignorancia de este celestial tesoro; pero nadie que lo conozca deje de aprovecharse de él, si desea gozar de las maternales caricias de su Santísima Madre en esta vida y de su poderosa y decisiva protección a la hora de la muerte.

Notas