OrigenEscapulario/REPAROS

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REPAROS

Pero ¡quinientas treinta y tres indulgencias plenarias! Sí, y sólo las creerá exageradas el que ignore con cuantas enriquecieron los Sumos Pontífices todos aquellos lugares que el Divino Redentor empapó con su sudor y preciosa sangre, santificó con su planta o señaló con alguna maravilla; el que nunca haya leído las anejas a las visitas de los siete altares privilegiados de San Pedro, a las siete Basílicas y a las iglesias estacionales de Roma, y quien, por fin, no se haya tomado la molestia de averiguar las de las peregrinaciones a Santiago de Galicia y a la Basílica de la Porciúncula, dicha también INDULGENCIA DEL PERDÓN.

¡Sólo por seis Padrenuestros…! Cierto, por lo mismo que se ha resfriado tanto la caridad y cunde de un modo alarmante la ingratitud e iniquidad de muchos que tan desapiadados olvidan sus intereses espirituales y las necesitadas almas de sus obligaciones, se enardece más el celo de la Iglesia para estimular con tantas gracias las pequeñas obras de los fieles que se afanan por la reforma de las costumbres, conversión de los pecadores y alivio de las almas del purgatorio, que tan perjudicadas han sido con la inicua supresión de las Comunidades religiosas y la criminal usurpación de los bienes en que radicaban muchas fundaciones piadosas.

¡Siendo, empero, tan pequeño el sacrificio!...Y ¿Lo es la alabanza que con él se da a la Santísima Trinidad? ¿Lo es el desagravio que se le hace por la indiferencia de tantos ingratos que ni aún levantan los ojos a esa fuente de todo bien? ¿Lo es a esa muestra de reconocimiento a la misma por las gracias con que enriqueció a María Santísima y en ella a cuantos de hijos suyos blasonan? ¡Pequeño el obsequio con que se honra a Jesucristo en la Sagrada Eucaristía, y se celebran los privilegios de la Santísima Virgen! ¡Mínima deber ser la capacidad de quien así discurra y atar pretenda al sucesor de San Pedro las manos que Jesucristo dejó libres, y encerrar intente en el cascaroncillo de la mezquindad humana el mar inmenso de la misericordia divina! ¿Será ese un derroche de gracias ante un número infinito? ¿Mermará por eso el tesoro de la Iglesia? Lo que merma es la fe porque falta la caridad.

Notas