OrigenEscapulario/VÍA CRUCIS

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CONSAGRACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA
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REFERENCIAS COMPROBANTES
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VÍA CRUCIS

O camino de la cruz, es una representación devota del espacio que anduvo el Redentor cargado con su cruz, donde fue condenado a muerte, hasta la cima del Calvario, en que fue crucificado y murió para redimirnos. Es además un recuerdo de los dolores de su Santísima Madre, que le acompañó hasta dejarlo en el sepulcro. Está dividido en catorce estaciones que representan aquellos lugares en que el dulcísimo Jesús necesitó tomar aliento para proseguir su penosísimo viaje, y el recorrerlos es una de las prácticas más propias para convertir a los pecadores, enfervorizar a los tibios, perfeccionar a los justos y enriquecerlos de innumerables indulgencias. (o).

Origen de su práctica

La Santísima Virgen, no sólo fue la primera que recorrió y meditó los dolorosos pasos de Santísimo Hijo, sino que, después de la Ascensión, sola o acompañada de santas mujeres, siguió con frecuencia hasta su muerte aquel camino doloroso. A su ejemplo los fieles de la Palestina acudían en procesiones a venerar aquellos lugares que el divino Redentor empapara con su sudor y preciosa Sangre o santificara con algún milagro. Posteriormente, aun de los países más remotos llegaban con el mismo fin continuas peregrinaciones para ganar también las indulgencias con que los Sumos Pontífices enriquecieran aquellas visitas piadosas que pronto dificultaron casi por completo los infieles, en cuyo poder cayó y sigue la Tierra Santa.

Causas del viacrucis representado

Al ver los Sumos Pontífices que ni a todos era dable peregrinar, ni aun los que podían lograban su objetivo, permitieron erigir en iglesias y capillas cruces que representasen las tiernas escenas que se habían realizado en el verdadero camino del Calvario, y las enriquecieron con las indulgencias que habían concedido a la visita personal de los Santos Lugares. Por lo cual los que visitan con las disposiciones necesarias un Vía Crucis legítimamente erigido, ganan todas las indulgencias concedidas a los fieles que van personalmente a visitar los Santos Lugares de Jerusalén; y estas indulgencias son aplicables a los difuntos y pueden ganarse cuantas veces se ande el Vía Crucis.

Condiciones para ganar las indulgencias

1ª.- Recorrer una por una y seguidas desde la primera hasta la última Estación.

2ª.- Meditar sobre la Pasión de Cristo, en uno mismo o en cada paso, al recorrerlas (p).

Advertencia sobre la misma

1ª.- No basta visitar las estaciones desde un punto, aunque se vean todas; se ha de ir de una a otra (q).

2ª.- Si hay impedimento físico, moral o mucha gente, será suficiente levantarse y volverse a cada cruz.

3ª.- El leer y el rezar no suplen a la meditación.

4ª.- Al que no sepa el paso que debe meditar, bastárale el hacerlo en uno mismo o en la Pasión.

5ª.- El que no alcanza a considerar distintamente estos santos misterios, cumple con saber que aquellas Cruces representan los sagrados Lugares en que el Dulcísimo Jesús sufrió por nuestro amor dolorosísimos tormentos, con tal de que se excite a compadecerle en cuanto pueda.

6ª.- Estas indulgencias no exigen confesión y comunión previas, pero sí estado de gracia; porque en pecado mortal nadie puede ganar indulgencia alguna para sí mismo.

7ª.- Eso no obstante, los que tengan la desgracia de hallarse en pecado mortal, deberán hacer el Vía Crucis, ya porque podrán aprovechar a las almas del purgatorio, que están en gracia y sin afecto a pecado alguno, bien porque tal vez consigan por este medio la gracia de su conversión y arrepentimiento.

Número de indulgencias

Aunque según el Bulario de la Tierra Santa son numerosas las indulgencias plenarias y parciales concedidas a las visitas de los Santos Lugares, la Iglesia prohibió especificarlas, desde que se quemaron las antiquísimas Bulas y Breves de su concesión en el incendio del archivo en que se guardaban.

Excelencias de su práctica

Que esta práctica sea gratísima a Jesús se lo manifestó a un siervo suyo, apareciéndosele con la cruz a cuestas y diciéndole: “No podría hacerle más grato obsequio que ayudándole a llevar su amada cruz, ni dar mayor consuelo a su corazón, que andando muchas veces el Vía Crucis.” “No hay - dice San Buenaventura - ejercicio piadoso que produzca efectos más notables de santidad, que la devota memoria de la Pasión del Redentor, pues hace al hombre, no sólo angélico, sino divino.”

Sus efectos

Y ¿qué efectos producirá a favor de las almas y cuerpos de cuantos lo hagan y de los pueblos y parroquias donde se practique? A Sor María de la Antigua, dijo el Redentor: “Sabe, hija mía, que por sólo una alma que practique devotamente el Vía Crucis, yo protegeré a todo aquel pueblo donde de esta forma se honre la memoria de mi Pasión santísima, y será libre de muchos y grandes males, así temporales como espirituales”. El Beato Leonardo de Puerto Mauricio que pudiera llamarse el Apóstol del Vía Crucis, repetía con frecuencia: “La sola práctica del Vía Crucis es suficiente para santificar una parroquia, cuánto más un alma”. ¿De dónde sacó aquellos frutos de su eminente santidad San Benito José Labre, sino del Vía Crucis, que fue su ocupación predilecta?

Bien convencido estaba de esto el V. Kempis, al decir en una de sus obras: “No hay cosa que tanto conduzca para convertir almas a Dios, apartar de los pecados, borrar los cometidos, preservar de cometerlos y vivir según la forma de la virtud, como el sacrosanto ejercicio del Vía Crucis y la meditación de la Pasión del Señor.”

Sus prodigios

El referido B. de Puerto Mauricio asegura “haber encontrado en los valles de los Alpes un pueblo santo, porque hacía todos los días el Vía Crucis; en invierno, por la mañana antes de salir al trabajo, y en verano, por la tarde, al volver del mismo, prometiendo siempre evitar todo pecado mortal y cumpliendo fiel este propósito”. “Que lo mismo pasaba en otros pueblos de la comarca, cuyos párrocos le aseguraron haber mejorado las costumbres con dicha práctica, y que habían observado además que ni una vez habían pedido por este medio el remedio de alguna calamidad que no lo hubiesen conseguido”.

Resumen

De lo dicho infiere el mismo Beato que “el Vía Crucis es un contraveneno del vicio, un freno de las pasiones y un estímulo a las virtudes; que ayuda a los justos y a los pecadores, a los vivos y a los difuntos, en el tiempo y en la eternidad, y que de él pueden sacarse todos los bienes y obtenerse todas las gracias. ¡Oh! ¡Si lo estableciesen todos los párrocos en sus parroquias y lo practicasen todos los fieles con devoción frecuente, para mayor honra y gloria de Dios, obsequio de María Santísima, provecho de las almas e incremento de la piedad!”.

(existen hojas cortadas)

Notas