PláticasEspirituales/21. POBREZA

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21. POBREZA

“Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos” (Mt 5,3)

A todos los cristianos se manda renunciar las riquezas con el afecto: Nisi quis renunciaverit omnibus quo possidet, non potest meus esse discipulos; pero al Religioso se le manda renunciarlos con el afecto y con el efecto. Si vis perfectos esse, vade, quo habes... De suerte que debe dejarlo todo por seguir a JC. que dijo: Las aves del cielo tienen sus nidos y las raposas sus cuevas; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza. Con este desprendimiento, el alma se eleva sobre los deseos impetuosos de lo suntuoso del mundo; se aparta de la envenenada raíz de todos los males: la avaricia, y mira con dulce calma las grandezas de la tierra. Este es el partido de los perfectos, enseñado por JC. al joven del Evangelio.- Este el partido que produce el ciento duplo y la vida eterna.- Este el que siguieron los Apóstoles y los 1ºs. cristianos que lo tenían todo en común con aquellos y lo repartían prono eníque que erat.

Esta es la pobreza que aconseja el Evangelio, observaron los Apóstoles, guardaron los primeros fieles, renovaron los fundadores, aprobó la Iglesia y profesamos nosotros. Y consiste esencialmente:

1º.En el desasimiento del corazón de todas las cosas terrenas,
2º.En la privación actual de todas las superfluas y
3º.En la sumisión y absoluta dependencia de los Superiores en el uso aún de las necesarias.

1º. El desasimiento afectivo de todas las cosas es condición indispensable, repito, para ser discípulo de JC. porque todos somos peregrinos y extranjeros y todos hemos de dar cuenta de los bienes que les haya permitido usufrutuar. Redda ratíonem - Todos hemos de dar cuenta de todo a Aquel a quien lo debemos y por eso todos debemos estar dispuestos a perderlo todo, antes que a ofender a Dios: todos son, aun los más ricos, meros administradores de lo que poseen.

Pero, las personas religiosas añaden a este desasimiento afectivo el efectivo, un voluntario desprendimiento y un despojo universal, una total renuncia de todos los bienes temporales, haciendo por JC. incapaces de tener dominio y propiedad alguna. Habitación, hábitos, muebles, fruto del trabajo, todo es para la comunidad que tiene el dominio; para el religioso, el uso moderado y dependiente. Así no tiene que inquietarse. La providencia velará como sobre las aves, los demás animales...

¡Qué tranquilo vive el religioso pobre! El que no se entromete en nada... Pero qué inquieto vive el que después de renunciar por un arranque de fervor, amor y deseo de su salvación a padres... todo… vuelve a apegar su corazón a niñerías... Que habiendo salido a flote del mar del mundo, viene a naufragar en una cáscara de nuez! Se inquieta por sus parientes, busca recomendaciones, empeños. ¡Ah! Es aplastado por las ruinas del edificio que dejó. Se ata con una hebra de seda después de romper fuertes cadenas. Se abrasa con una chispa después de haberse salvado de las llamas de Sodoma. Y se distrae y se afana por la sombra del cuerpo que dejó.

PP. y HH. míos: ¿Queremos ser ricos? Hagámonos pobres con Cristo. ¿Queremos ser más ricos? Hagámonos más amigos de Dios y seremos los más ricos del mundo.

Temamos la afición a las cosas terrenas, que la liga que impide al alma levantar el vuelo a Dios, así como su privación y desapego son las dos alas con que el alma vuela al cielo. Mucho cuidado necesitamos que aun entre nosotros suceda lo que dice S. Agustín: Veo muchos pobres de Intereses y no encuentro un pobre de espíritu. Temamos, pues, que al decir de S. Felipe Neri, el que desea riquezas no alcanzará a ser santo.

2º. En el estado de inocencia, el hombre podía mandar y usar de todas las cosas según las leyes del Creador. En el de la naturaleza corrompida todas se rebelaron contra él y quedó obligado a comer el pan empapado en el sudor de su rostro. Dios, sin embargo empeñó la rebeldía de todas las cosas contra nosotros y nos permitió el uso de ellas para nuestras necesidades, no para usos superfluos, viciosos ni criminales. Esta es obligación de todos los cristianos. ¿Qué nos diferencia, pues, a los religiosos? La mayor moderación en el uso de las necesarias.

En el siglo son permitidas ciertas comodidades según las clases y condiciones; pero no en la Religión, donde todos tenemos la misma casa mesa, vestido, Instituto, ni distinción de clases nacimientos o condiciones. Todo lo dicen aquellas palabras de los Hechos apostólicos: Promo cuique Opus erat- Para lo necesario, poco basta; para lo superfluo, nada llega.

Lo 1º debe atenderse según las Reglas.

Lo 2º desterrarse por conciencia.

Destierro de todo lo superfluo

Uso sólo de lo necesario.

Dum est sermo, suelen decir algunos, como los judíos a JC.; pero no los buenos religiosos que conocen la esencia de este Voto,- Regularmente solo se quejan los que vivieron en penuria en el siglo y quieren abundancia en la religión... que careciendo acaso de pan en su casas quieren viandas delicadas en la del Señor; contando apenas con un vestido pobre en el siglo, desean una mortaja aliñada en el sepulcro; dejaron sólo en la apariencia sus caprichos y quieren satisfacerlos en una sociedad de pobres evangélicos; los que con orgullo luciferino alardean a cada paso de lo que tenían en sus casas y desprecian a los humildes que o no lo tuvieron o no creen deber manifestarlo.

Esta es la verdad, esta la doctrina, tal nuestra obligación; nadie nos obligó a contraerla, pero ya contraída, estamos obligados a cumplirla.

3º. A la renuncia efectiva y al uso moderado de todo ha de acompañar la sumisión y dependencia del Superior en el uso de todo. De mano del Superior hemos de recibir cuanto usemos: su mano es el conducto legítimo, su voluntad, la nuestra y nos debe conceder o negar las cosas, según las Reglas. Todo otro conducto es vicioso, otro camino, torcido, otra senda es extravío y de perdición. Su mano debe añadir, quitar, mudar, trasladar... Lo que esto no sea será propiedad, hurto.

Toda resistencia, murmuración, sentimiento, queja es un delito: siempre que el Superior sin embargo obre con prudencia; porque sin ella, ni el religioso podrá estar seguro en su conciencia con sus permisos. Toda ocultación maliciosa, toda relación inexacta en desapropiar, sería una infracción del voto de pobreza.

Este es el espejo, a él debemos mirarnos siempre y quitar de medio todo lo que en él veamos que nos impide ser verdaderos pobres de espíritu y reputarlo todo por estiércol por ganar a JC. y conllevar las privaciones que se ocurran. ¡Oh! y cuan contentos lo sufren algunos. Yo vi, yo vi religiosos que pasaron semanas y meses con solo pan y duro y tan contentos y aun enfermos sin nada caliente. Yo vi, yo vi otros que por querer más de lo que... son aborrecidos y dan lugar a que los miren... En él debemos mirarnos, para imitar a Sta. Teresa que miraba a las paredes de su celda y le parecían tanto más hermosas cuanto más desnudas estaban.

Notas