PláticasEspirituales/22. OBEDIENCIA

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22. OBEDIENCIA

“Cristo se humilló a sí mismo obedeciendo hasta la muerte y muerte de Cruz” (Filp 2,8)

Ya sabemos que la desobediencia es una contravención de lo mandado, y obediencia sin ejecución. La desobediencia comenzó en el cielo, continuó en el paraíso y sigue en la tierra; porque todo pecado es una contravención a la ley o voluntad de Dios. La Obediencia es el mayor sacrificio que podemos ofrecer. Por la pobreza nos desprendemos de lo que muchos filósofos gentiles se desprendieron; por la castidad del cuerpo y sus apetitos que avergonzaran a la razón; más por la obediencia sacrificamos lo más precioso de nuestra alma que es su independencia, su libertad, su juicio, todo su querer. A ella vinculó Dios, por así decirlo, la justicia original en el paraíso y por ella bajó del cielo el Hijo de Dios; es decir para hacer la voluntad de su Eterno Padre, obedecer a su Stma. Madre y a S. José y morir en la Cruz como holocausto de la misma... Factus obediens usque ad mortem, autem crucis. Ella hace más graciosas ante Dios todas las virtudes y mandamientos y ajusta al hombre con la voluntad de Dios.

Las condiciones de la verdadera obediencia son:

1º Que sea universal,

2º Que sea pronta

1º. Universal Haced todas las cosas sin murmurar, dice S. Pablo a los Filipenses: Todas, arduas o fáciles; pesadas o ligeras; agradables o desagradables.- Omnia facite.- Todo lo debemos hacer sin murmurar: Sea el Superior sabio o ignorante; prudente o imprudente; parcial o imparcial; exigente o condescendiente... Omnia tacita sine murmurationibus...

Que el Superior favorezca a sus parciales y perjudique a los contrarios; ni grave en nada a los 1ºs. y en todo a los 2dos.; que sea impertinente y díscolo, o virtuoso y moderado; nada importa al obediente que mira en él a Dios, le obedece por Dios. Y, no mandándole algo contra Dios, todo lo hace sin réplica, sin excusas, sin pretextos, sin murmuraciones. Omnia: Direlo de una vez: El verdadero obediente está muerto a su propia voluntad y, como el muerto no se queja, ni murmura, ni resiste, cuando le suben o bajan, visten o desnudan, sientan o levantan, entierran o desentierran...; así aquel, muerto al mundo y a sí mismo, vive en JC. y JC. en él, dejándose conducir de la Providencia por la voz del Superior.

El que sólo obedece en lo fácil y agradable no imita al paralítico que obedeció a JC. en levantarse sano y en tomar a cuestas el lecho y llevarlo a su casa. Ni a S. Pablo que lo mismo obedeció a JC. cuando le hizo Apóstol y vaso de elección, le arrebató al 3er. cielo y envió a predicar; que cuando le anuncio por el profeta Agabo las cadenas y trabajos que le esperaban en Jerusalén: "dispuesto estoy a ser atado y a morir". - Y sabéis por qué...?

Porque no es obediente el que no sigue las huellas de JC. y este no solo obedeció a su Eterno Padre en las honras de entrar triunfante en Jerusalén, revestirse de claridad y gloria en el Tabor, y de ser obedecido de los mares y los vientos... sino también en las ignominias, afrentas y tormentos de su pasión, y en el desamparo de la cruz.- Pero, cuán pocos hay parecidos a este Ejemplar!

Y cuanto abundan los que en lugar de vivir muertos a su voluntad, quieren salir en todo con la suya! Que solo obedecen en lo de su gusto, fácil, suave, honroso, y desechan con pertinacia lo que les incomoda y aflige! Que martirizan a los Superiores que no saben que ni como mandarles que no disputen, murmuren y parezca mal si es conforme a su capricho y extravagancia Genios revoltosos y mal domados que se quejan, lamentan e insultan a los obedientes, porque callan, sufren y obedecen, diciendo que si ellos fueran, harían, escribirían, apelarían... No permita el Señor religiosos de esta clase!

¡Que multiplique, sí, los que viven en la Religión como en una antesala del cielo, pidiendo con David: Domine, doceme facere voluntatem tuam, quia Deus meus es Tu.- Y añaden con la Virgen Santísima: Fiat voluntas tua!, Y de otros, que después de lo anterior, tienen ya muerta su voluntad, descansan tranquilos en Dios, disfrutan una paz imperturbable y se hallan en camino fácil, seguro y breve para la gloria. - Que no titubean, sino que obedecen, no con una obediencia natural y política, como el criado al amo, el hijo al Padre, el discípulo al maestro y el siervo al Señor; sino con la obediencia virtuosa que prescribe el Evangelio, cuando dice: El que a vosotros oye, a mí me oye, y el que a vosotros desobedece a mí me desprecia! ¿Qué libertad esta, que apenas deja pecar al hombre? Dice San Cipriano: 0 suma libertas, qua obtanta, vie homo possit peccare!

Qué camino tan fácil tan corto, tan llano! Basta dejarse llevar como las aguas de los ríos por su misma madre. Te ponen aquí o allí? Dicen yo no lo pretendí, Dios que aquí me puso - El me ayudará! Y nada encuentra difícil, áspero ni desabrido.- y dice satisfecho: Beati sumus Israel, quía, quid Deo placent, manifesta sunt nobis! - Qué seguridad, qué facilidad! Qué brevedad! Qué ganancia!, qué premio! Qué gloria! Aún lo indiferente se hace meritorio y lo bueno se mejora y perfecciona. Cómo no ha de ser breve, fácil y seguro un camino que anda sentado, acostado, comiendo, durmiendo?... Pues, tal es el carácter de la obediencia universal. Con ella seremos felices; sin ella, desgraciados -Obedezcamos, pues, en todo y

2º. Obedezcamos pronto - que es la 2ª. condición que San Pablo aconseja a los Filipenses - Omnia facite sine murmurationibus et exitationibus ut sitis sine quosela et simplices filii Dei - que así series hijos de Dios y gozaréis de mucha paz sobre la tierra.

Esta preciosa doctrina ya la practicaron los santos más ilustres del Antiguo Testamento. En efecto Abraham apenas le mandó Dios sacrificar a su hijo, sin detenerse ni titubear, no obstante las promesas anteriores; toma el cuchillo, acopia leña, prepara fuego, marcha con su hijo, sube al monte, y se dispone a cumplir este precepto que tan duro pareciera a otro menos obediente. Que obediencia tan pronta!

No lo fue menos la de David, cuando decía: Paratum est cor meum, y la de Isaías, aun antes del precepto: Ecce me mitte me, y el glorioso San José Esposo, cuando el ángel le mandó en sueños, huyese con Jesús y su Sma. Madre a Egipto y... a pesar de que nada podía temer contra su Dios y su Madre; nada se extrañara aguardase a la mañana para preparar lo preciso y para decírselo a la Virgen y... nada, nada de esto espera - no así los que se precian de devotos del santo. Y qué diremos de los Apóstoles?

¡Oh, si imitásemos tales ejemplos! Seríamos como ángeles en la tierra. Qué hacen estos? La voluntad de Dios al punto que la conocen - pero desgraciadamente imitamos a Jonás y así como este turbó el mar, los vientos, el barco y los marineros... Turbamos...

Temamos no nos suceda lo que a la mujer de Lot, exteriormente pareciera mujer... pero interiormente era sal, así seremos religiosos en el hábito no en el espíritu.

Y cuánto debemos temer nos suceda lo que a Agar por haber desobedecido a su ama Sara. Que el Señor nos arroje de su casa.

Los juicios de Dios son incomprensibles.- Del cielo fue arrojado Luzbel por desobediente y Adán del paraíso.

En dónde estarán seguros los desobedientes?

El Señor nos dice que pereceremos, sí no fuésemos obedientes. Imitemos, pues, a San Pablo – Domine quid me vis facere.

Y mejor todavía a Jesucristo que obedeció a buenos y a malos Superiores por amor de su Eterno Padre - Vobis relinquem exemplum ut sequamini vestigia eju. Obedezcamos pues, en todo y pronto por amor de Jesucristo.

Notas