PláticasEspirituales/23. CASTIDAD

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23. CASTIDAD

“Os exhorto por la misericordias de Dios a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios” (Rm 12, 1-2)

El hombre es concebido en pecado, nace pecador y vive inclinado al mal.

Hay en él dos leyes, una del espíritu y otra de la carne; ésta pide lo que aquel niega, y éste demanda lo que aquella rehúsa. La carne milita en un partido y el espíritu en otro, y ambos siempre en lucha y en una guerra tal, que hacía exclamar al Apóstol: ¡Qué hombre tan infeliz soy yo! Voy a hacer el bien y, casi no puedo; pretendo huir del mal y no sé cómo. ¿Quién me librará del cuerpo de esta muerte?

Todos nos hallamos en esta situación tan peligrosa: todos subimos a la virtud jadeando y con mucha dificultad; y todos nos bajamos al pecado con suma propensión; a todos nos atormenta, como a San Pablo, el ángel de Satanás. Por eso no la practicaron en la ley natural y escrita, aún los mayores santos, como Noé, Abrahán, Job, Moisés, Jacob, Isaac y muchos otros, que, si justos y santos, fueron casados. Más para que se viese, que, si difícil, no era imposible, hubo un Abel, Elías, Bautista y algún otro que lo observaron; pero ¿qué eran estos entre tantos?

Sólo en la ley de gracia, en que Dios elevó a mayor perfección los preceptos de la ley natural e ilustró con su preciosa sangre los de la escrita, hubo y hay una maravillosa multitud que viven en la carne como espíritus angélicos y pasan por el mundo como moradores del cielo; como los Basilios y Benitos, Domingos y Franciscos, Gertrudis y Teresas, Catalina y... y mortales, parecen celestiales y divinos.

A pesar de eso, ni en la ley de gracia se manda la castidad perpetua de precepto, según San Pablo-De virginitas praeceptum Domini non habeo; solamente se aconseja: Concilium tendo, tanquam misericordiam consecutus a Dominum. Sabía el Santo y sabemos todos que esta victoria es difícil y que costó espinarse entre zarzas a San Benito, arrojarse entre carbones encendidos a San Francisco y esconderse en las cavernas de los montes a las Magdalenas y en la soledad de los páramos a las Egipciacas. Por eso no se mandó, sino que se aconseja; pero aceptado el consejo, obliga de precepto, que implica los medios de cumplirlo y ser fieles hasta la muerte. Esto fidelis.

1º. El Retiro: aunque Dios podía conservar vuestra pureza, como la de Judit entre los ejércitos Asirios, la virginidad de la Sunamitis en el mismo lecho de David y la castidad de Michol en compañía de Phatiel, -como conservó ilesos entre las llamas del horno de Babilonia, porque observaban sus preceptos- De ordinario la divina Providencia manda la huida de los peligros para no caer en ellos: Qui amat periculum in illo peribit, y que no toque la pez el que no quiera mancharse. Qui teligesit picen, inqinabitur ab illo, (Eccl.).

Es menester, hermanos míos, evitar peligros, riesgos, tratos, familiaridades, conversaciones, amistades si (es) que tenemos muy presente el: Cum innocente innocens eris, y el cum perverio perveteris (Ps. 17); porque Dios nos intima en el libro de la Sabiduría que nos separemos del inicuo y nos libraremos de muchos males - Discere ob inicuo, et deficient mala ab te.

San Basilio llama a las vírgenes efigies inmóviles de la divinidad - Peristat inmobili ut Divine Majestatis efigie - Por lo tanto, como la estatua tiene ojos no mira, oídos y no escucha, lengua y no habla, manos y no las mueve, píes y no se mueve... Así el religioso debe permanecer inmóvil a todos los atractivos... Y, dónde mejor que en el retiro? En este, muerto al mundo, sólo vive con Cristo en Dios - Se eleva a Dios y Dios se inclina a él, entra en consejo con Dios para preguntarle y este para responderle - Siempre en su presencia... Todo le predica virtud y al fin exclama, con Sta. Ma. Magdalena de Pazzis... Oh! paredes y besándolas... de cuantos males me libráis.

2º. Pero también se necesita la oración. Aunque Jesucristo nos dijese "velad y orad para que no caigáis en la tentación" y nos repitiera "conviene siempre orar y no desfallecer porque todo lo que pidierais en mí nombre... por lo tanto: buscad y hallareis, llamad y se os abrirá; pedid y recibiréis y no añade... y... (Ilegible por Incompleto).

Os dijera el Crisóstomo con todos los santos: Que Jesucristo está entre nosotros cuando peleamos, dándonos fuerzas contra los enemigos y esperando le pidamos más y más... aunque todo esto no nos demostrase la necesidad de la oración para vencer.

Salomón nos diría: quoniam possum esse continens nisi Deus det mihi continentiam... No, no puede ser si no clamo, ruego, pido a Dios... y así lo hizo por algún tiempo y se... pero apenas aflojó y dejó la oración cayó en los mayores desórdenes que hasta le llevaron a la idolatría.

El enemigo es muy sabio, poderoso y maligno, y nosotros no somos sabios, ni sansones, ni Davides y por eso caeremos si no oramos, clamamos y pedimos a Dios que nos envíe el roció de su gracia para que apague las llamas de las pasiones. Y qué negará al puro el Amanto y Defensor de la pureza, el purísimo Hijo Virgen de la purísima Madre Virgen? Si el clamor y lágrimas de Sta. Escolástica Virgen por continuar con su Sto. hermano Benito en una conversací6n virtuosa; atrajo torrentes que...

3º. También la mortificación. San Pablo, en la Primera a los Corintios: Yo peleo, no como que azoto el aire, sino que castigo mí cuerpo y lo reduzco a servidumbre, no sea que mientras predico a otros, me condene por no hacer lo que digo. Esto decía el que no temía nada... y que se gloriaba de no haber en el cielo, ni en la tierra, ni en el infierno quién le separase de la caridad... que no temía a los ángeles, hombres, demonios... teme ser vencido de la carne y la castiga. Qué mayor prueba de necesidad de la mortificación?

Y sabéis el porqué de todo esto? Porque no ignoraba que Jesucristo dice: Nisi penitentiam egentis, onmes similiter peribitis y que repetía: Agite poenitentiam... frutus dignos penitentie

Sabía que esto comprende a todos y por lo tanto también a él... Esto nos enseñaron los mas anacoretas, confesores, vírgenes y todos los predestinados. Que sólo se entra en el cielo por grandes tribulaciones.

Nosotros podemos practicar la mortificación a cada paso, porque en todo hallamos qué ofrecer a Dios en oratorio - comedor - clases - en todas partes, con propios y extraños.

Continuo dolor de nuestras faltas, y firme propósito de evitarlas y el esfuerzo por cumplirlas está en la mortificación interior y exterior, que hoy manda la Regla.

Qué nos negará el Señor si así obrásemos? Los Santos así lo entendieron. S. Isidoro esperaba todo de su hermana Florentina. Sta. Inés a Sta. Águeda: Qué me pides a mí, lo que puedes pedir al corazón de tu Divino Esposo.

Notas