PláticasEspirituales/30. JUICIO DEL RELIGIOSO

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30. JUICIO DEL RELIGIOSO

“El juicio será sin misericordia para el que no practicó la misericordia” (St 2,12-13)

La muerte pone fin a la vida, y no a nuestros temores y a nuestras aspiraciones.

La religión nos enseña la espiritualidad e inmortalidad del alma, así como la obligación de dar a Dios razón de su conducta. Unida al cuerpo podía realizar o no el objeto de su estado religioso; pero ya separada, le es forzoso dar cuenta del cumplimiento u omisión de sus obligaciones Post hoc autem judicium.

Cierto, fue dadivosa la Misericordia con nosotros. Líbranos de los peligros del mundo y nos desenredó de sus falsas máximas, y nos suministra medios para conseguir el cielo: Ilustraciones, avisos, gracias, sacramentos, libros... Justo será demos cuenta de todo en el tremendo juicio que horrorizaba al gran Arsenio, estremecía a Hilarión y hacía pedir a Job que le escondiera en las entrañas de la tierra mientras durase. Juicio que aun haciéndose de otros echó por tierra al Apóstol Juan, aunque quería usar con ellos de misericordia. Los examinó con ojos de fuego y halló en todos los 7 Obispos de Asía que reprender. Por eso dice Job que aun en los ángeles halló maldad.

En Timoteo, tan estimado de S. Pablo, halló motivo para privarle de su silla si no se enmendaba de su decrecida virtud. Al de Sardis que hacía tantas obras buenas, le halló en pecado mortal. Los hombres le tenían por ángel y Dios por demonio. El Dr. de la Soborna: ¡ay de mí que soy acusador!, ay de mí que soy jurado! ¡Ay de mí que soy condenado! Al de Laodicea a quien de nada le remordía la conciencia haber cumplido con sus deberes, le halló desnudo de toda virtud. Nescit homo utrum (S. Pablo). Ab ocultis meis (David).

Al de Tiatira culpable de pecados ajenos. Al de Pérgamo por los de omisión, aunque buscaba la gloria de Dios. Al de Filadelfia, por su pequeña virtud. A otro por su tibieza. Ojalá fueras frío o caliente.

Al de Sardis reprende porque no eran llenas sus obras. Y, lo son las nuestras? Nuestra caridad? Humildad? Paciencia? Obediencia? Todas las virtudes? Al de Sardís dijo: Ten en tu alma de que manera has recibido... Y a nosotros, ¿qué nos dirá...?

Antes que llegue vamos con este traje a la presencia de Dios para que nos juzgue sobre el beneficio de nuestra vocación, las obligaciones de nuestro estado, los medios para cumplir sus obligaciones, el abuso que de ellas hemos hecho.

Primer cargo: Sobre nuestra vocación

Se hará ver sus designios, su destino, su origen, su disgusto del mundo, su aversión a los placeres, sus luces para huir los peligros y detestar sus máximas y no seguir sus costumbres.

Qué virtudes has adquirido y practicado? Si yo te hubiera dejado en el paganismo ¿cuál sería tu aventura? Si en el mundo ¿cuál tu desgracia? Si hubiera llamado a otros ¿cuál su gratitud? Redde rationem - Qué contestación darás ahora por tantos beneficios y por tu alma?

Segundo cargo: Sobre las obligaciones

Toda gracia implica una obligación, a muchas gracias corresponden muchas y grandes obligaciones.

La gracia de la vocación pide una perfección mayor y una santidad más excelente que todas las de los seglares. Nuestro estado consiste en el sacrificio absoluto que a Dios hicimos de nosotros y de todas las cosas. De las cosas por la pobreza del cuerpo y sentidos por la castidad, de la voluntad por la obediencia.

Cómo habéis cumplido vuestras Reglas. Cómo observasteis esas leyes a que voluntariamente os sometisteis. Redde Rationem... Qué desapego has tenido de las cosas.

Cómo llevasteis las privaciones? Cuidasteis las cosas? mirasteis por su conservación? [Pobreza]

Qué vigilancia tuvisteis sobre los sentidos, mortificaciones? Cuál fue nuestra obediencia, pronta, sin dilaciones, excusas, alegremente...? Qué responderemos a un Dios que halla manchas en los ángeles? que no tuvimos medios?

Tercer cargo: Falta de medios.

Y no empleó la Religión con nosotros todas las riquezas espirituales para instruimos, ilustraros, animaros, fortalecemos, levantamos, sostenemos, con ejemplos, Sacramentos, oración, mortificación, retiro, apartamiento, trabajo, enfermedades. Qué más puede hacer por nosotros? Mil gracias, inspiraciones, Sacramentos, templo, todo, todo, y nada os pedí que no pudieseis. Qué hicisteis? De todo abusasteis.

Cuarto cargo: Abuso de las gracias y misericordia del Señor.

- Jesucristo pide fruto a la higuera, y no... la maldice.

- Jesucristo manda arrojar a las tinieblas al siervo perezoso.

- Jesucristo arranca el talento del que no quiso aprovecharse de su valor.

- Jesucristo destierra del convite nupcial al que entró sin vestido conveniente.

- Jesucristo arrojó del templo a los que lo profanaban.

¿Qué puede esperar el Religioso negligente que no da frutos en el jardín de su casa? Que lo arranque y eche... ¿Qué hará con el que profanó la Religión con sus desórdenes y escandalizó a sus hermanos con su mala conducta? Que, empuñando la espada de su justicia le arroje del templo de su gloría. ¿Qué merecerá el que abusó de tantas gracias, beneficios, inspiraciones y dones? Que el Señor le despoje de todas ellas y le arroje del banquete celestial.

¿Qué será de nosotros cuando el Señor firme el proceso de toda nuestra vida? Tantos años mal empleados - sin mortificación - sin celo sin gusto por los ejercicios espirituales y piadosos. Votos no cumplidos, Reglas quebrantadas, fines torcidos, respetos humanos, venganzas, envidias, odios, caprichos mundanales... ¿Y qué responderemos... ? ¿Y qué diremos cuando Dios nos compare con nosotros mismos? Antes devoto, observante, humilde... ¿y ahora? ¿Qué...cuando nos compare con tantos seglares más perfectos, inocentes, santos, castos, penitentes? ¿Qué cuando nos dé en rostro con seglares más puros, más fieles, más dóciles, más sufridos, más justos e irreprochables...? ¿Cuál será nuestra confusión al ver que ellos, rodeados de peligros y malos ejemplos se han santificado, y nosotros nos hemos perdido en la tierra de los santos? Los Ninivitas se levantarán contra nosotros y nos condenarán. Vendrán de Oriente a sentarse en nuestras sillas y nosotros, los hijos seremos arrojados.

¡Qué horror y confusión la nuestra al vernos expulsados y entrar a los infiernos! ¿Y cuando nos confundan hasta con la conducta de los pecadores? ¿Qué no hace y sufre el soldado, el marinero, el palaciego por un pedazo de pan, por un grado, por un honor, por una colocación temporal...? ¿Y nosotros por la gloria eterna?

Qué, ¿es Dios menos que la criatura? El cielo que la tierra. La gracia que el pecado? La gloria que el infierno...? Qué sentencia podemos esperar...? Ah! todas las criaturas clamarán: Justo sois Señor y justo es que deis la gloria a los fíeles ... para que siempre os alaben, pero justo es también que pasen en el infierno los soberbios, los ingratos, todos los que no quisieron corresponder a vuestros beneficios y misericordias y se rieron de vuestro llamamiento y escandalizaron ... Pasen, pasen del Colegio al infierno, de la cama al fuego ... de ... pero las palabras me faltan ... mejor dicho, el ánimo, y la garganta se me anuda ...

Retirémonos para pensar lo que hará un religioso en el infierno mientras Dios sea Dios? Con quien estará? Y sí esto no nos mueve a cambiar de vida temamos acompañarlos muy pronto.

Notas