PláticasEspirituales/33. TERMINACION DE CURSO (a las niñas)

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33. TERMINACION DE CURSO (a las niñas)

“El mayor premio es el que hace más feliz. Ser virtuoso es ser feliz. Es feliz el que escala la virtud”

Habiendo presenciado actos como éste en varias ocasiones, siempre me abstuve de dirigir mi palabra, siquiera sea la más desaliñada a las Srtas. cuya satisfacción veníamos a compartir. Y era, porque no quería deslucir el acto, ya con lo vulgar de mis pensamientos, bien con reflexiones que tal vez se hubieran mirado como parciales, por la parte activa que en su preparación tomaba. Parte que ahora no existe y no puede por lo tanto impedirme hacerlas, no a las personas que se dignan honrar el acto con su presencia, que no las necesitan; sino a las alumnas que se han hecho acreedoras a esa recompensa, pequeña en sí; pero de suma trascendencia para lo futuro, si supieran aprovecharla en lo que significa.

Sí, hijas mías; que no es una hoja de papel la que debe llenar de satisfacción vuestras almas, no, sino lo que ese papel testifica, el exacto cumplimiento de vuestros deberes durante el curso que fina. No es la satisfacción que en ello proporcionáis a vuestras familias y a cuantas personas vienen a compartirla con ellas y con vosotras; sino la que debe caberos en haber hecho lo que Dios os pide y empleado en su servicio esos preciosos dones con que os ha dotado.

Lo que os pide, digo; porque he observado que para adjudicaros esos premios se han tenido en cuenta con el factor de vuestra constante aplicación y notable aprovechamiento en todas las asignaturas que habéis cursado, el especialísimo de vuestra conducta intachable y asidua práctica de todas las virtudes. Y esto es una garantía de gran precio:

1.para vuestras queridas profesoras que ya ven en ciernes los óptimos frutos que sus constantes afanes por vuestra educación producirán en lo futuro y las moverá a multiplicarlos en adelante, si cabe en lo posible.
2.para vuestras familias que ya os miran como ángeles de paz que atraeréis sobre ellas las bendiciones del cielo y se recrean desde ahora al divisar en lontananza la felicidad de las que debéis formar con vuestras virtudes, cuando llegareis a tomar estado.
3.para la sociedad que se compone de familias y sólo lo puede lograr la mayor suma de bienestar por el crecimiento de los sumandos o por el aumento de estos, y
4.finalmente, para la Religión cuya prosperidad ha estado siempre en razón directa de la virtud del sexo femenino, de esas almas elevadas, de esas heroínas que también se forman en el hogar doméstico cuando la madre es lo que debe ser y desempeña en aquel las funciones de apóstol que le corresponden.

¡Oh! No permita el cielo que por nada de este mundo miren tan bajo ni limitéis de ese modo al horizonte de vuestras aspiraciones. Es preciso que en esos premios veáis un estímulo para cultivar desde ahora y con interés siempre creciente esa flor cuyo perfume sube a mezclarse de continuo con las nubes; que os acostumbréis desde ahora y para siempre a beber de esa agua pura y cristalina que riega y fructifica los campos del deber; que desde estas aulas donde pasáis los días más deliciosos de vuestra vida, al decir de algunas que me escuchan, hasta el en que piséis los dinteles de la eternidad, oigáis ese eco consolador y tierno con que Dios halaga continuamente vuestros oídos y recrea vuestras miradas.

Esa virtud que parece se ha desprendido del cielo para anidar en vuestras almas, y fertilizar vuestros corazones que afanosos labran la felicidad a la que aspiran; esa virtud que es para vosotras, como el rocío para las plantas, y la luz para los colores; esa virtud que os da esa vida espiritual y os conserva ese aspecto candoroso y os embellece a par de ángeles; esa virtud, repito, no puede recompensarse con mezquinos y efímeros premios de dones materiales. No ¿Y con qué, sino, me dirá alguno de los que no recuerdan los sublimes goces de la virtud, porque nunca la cultivaron, ni saben concebir aquella, sino como un atributo de la hipocresía, vertida de la especulación?

Vosotras mejor que yo pudiereis responderle que la virtud se paga a sí misma y que sólo con los goces y placeres que sentís en su ejercicio, con sola esa influencia que os hace sentir cada día, más afición y más deseos hacía esa única felicidad positiva que ya disfrutáis, - los dais por bien recompensadas en la tierra! Vosotras, con esa experiencia poco común en edad tan tierna, podéis contestar que vuestro mejor premio es ese bálsamo divino que cura vuestras heridas, ese narcótico celestial que os hace insensibles a vuestros dolores, esa palabra encantadora que disipa vuestros pesares, ese acento de Dios que penetra en vuestras almas; porque solo en la virtud encontráis el perfume del sentimiento y el aroma de la verdad, pero no en esa virtud fanática y pesada serie de continuas prácticas religiosas en que algunos la cifran, sino en esa virtud aislada que tiene por base principal el conocimiento de los deberes y su cumplimiento más exacto, y pide un trabajo incesante y un continuo sacrificio de la voluntad y de las pasiones, trabajo y sacrificio que lo purifican.

El mayor premio es el que hace más feliz al que lo recibe, y ser virtuoso es ser feliz, porque la felicidad verdadera no puede alcanzarse sino por la escala de la virtud.

Nuestro corazón presenta pocos oasis y muchos desiertos áridos que sólo la virtud puede fertilizar; porque es la fuente divina que se divide en tantos arroyos, como puntos del corazón debe consolar y regar. La virtud, dispensadme lo atrevido de la frase, la virtud es la divinidad encerrada en un pensamiento, es, pido nueva dispensa, es la fotografía de Dios.

Vosotras, pues, que por naturaleza, de nada os pagáis tanto corno de la hermosura, ¡bien hayáis!, pero sabed que hay tan hermoso como la virtud encerrada en la modestia. Sed pues virtuosas y procurad que vuestra modestia realce los perfiles más delicados de vuestra virtud.

Que os adornen siempre estas dos prendas: la modestia y la virtud, y siempre seréis las jóvenes más perfectas; el encanto de los hombres que merezcan este nombre, y el señuelo y delicias del Señor que prendado de vuestros encantos, vivirá de asiento en vuestros corazones y convertirá vuestra vida en preludio de vuestra gloria.

No os envanezcáis por esos Diplomas que vais a recibir; que eso valdría tanto como vender esa virtud que suponen en vosotras por un pifiado de adulación mezquina; de esa efímera satisfaccí6n que ahora experimentáis; elevad vuestra consideración a la que os aguarda, sí continuaseis por la senda que habéis seguido durante el curso.

Notas