PositioSuperVirtutibus/12. El S. de Dios ante el Gobernador

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12. El S. de Dios ante el Gobernador

El procedimiento previsto para este género de denuncias era el siguiente[Notas 1] según la Real Orden de 20 de mayo que acabamos de recordar:

a)Recibida la denuncia mediante el Presidente del Colegio de Médicos, se llamaba al presunto reo ante el Gobernador o su representante;
b)se le pedía justificase su proceder y mostrase su inocencia;
c)si se comprobaba la existencia de alguna infracción grave de las leyes en vigor, se le imponía un correctivo;
d)en caso de reincidencia, se pasaba el caso a los tribunales de justicia;
e)si, por el contrario, no se daba reincidencia, al cabo de cierto tiempo se destruía la documentación escrita sobre el asunto.

La defensa del P. Faustino era fácil y a la vez contundente:

a) en cuanto al ejercicio terapéutico no actuaba en modo alguno como los médicos; no tomaba el pulso a los enfermos, no los auscultaba, no les ponía siquiera el termómetro, no recetaba; se limitaba a observarlos con atención y escuchar lo que le decían y con esto sólo ya diagnosticaba. Esto lo reconocía públicamente aún la misma prensa anticlerical (infra 5). Tomadas dichas informaciones, el S. de D. no recetaba, sino que gracias a sus dotes naturales y sus conocimientos científicos de Medicina obtenidos en la mejor bibliografía nacional y extranjera de la época (infra 12), – sin ejercer en modo alguno como médico –sabía sugerir los medicamentos aptos, que se expendían en farmacia, de invención ajena o personal, pero elaborados científica y legalmente bajo la responsabilidad del farmacéutico. Por ello nada impedía ni podía impedir al S. de D. el ejercicio de esta modalidad de apostolado de la caridad con los dolientes, tanto menos cuanto que los enfermos acudían a él libérrimamente, y los efectos de sus consejos se mostraban siempre satisfactorios.

b) en cuanto a la producción de medicamentos era, en realidad el farmacéutico, quien los preparaba y envasaba, a base de los globulillos o líquidos, que le suministraba el S. de Dios: era el farmacéutico quien preparaba legalmente la pócima y producto medicamentoso, lo que podía hacer en virtud de su título profesional y sin necesidad de receta alguna. Por ello no se abrió proceso alguno contra el farmacéutico que expendía tales medicamentos y este algún tiempo después, 1909, publicaba un folleto con la lista y virtudes de los mismos, con toda legalidad y sin protestas de nadie (Preparados medicinales “MÍGUEZ”, por JOSÉ ACERO, Impr. Gabriel López de Horno, Madrid 1909, pp. 9-19). La misma prensa anticlerical había pregonado a los cuatro vientos que en su actuación el P. Faustino no violaba en lo más mínimo el código penal (infra 9, a).

Pero ¿fue llamado el Siervo de Dios a sincerarse en el Gobierno Civil, como prevenía la Ley? Ciertamente no[Notas 2]. Resulta clarísimo de lo que S. de Dios declara al periodista Cerezo Irízaga el 28 de enero de 1901 (infra 10, a): lo comentaremos luego.

Por lo tanto, el Gobernador Civil, don Álvaro Queipo del Llano, ni lo llamó a su tribunal, como exigía la Real Orden de 20.V.1854, ni le puso correctivo alguno, como era lo obligado: se limitó a hacerle pasar un aviso mediante el P. Provincial Justo de Pedro. E hizo bien, pues aún la prensa adversa reconocía que, en su actuación, eludía hábilmente el S. de Dios toda acción punible por el Código Penal; así decía explícitamente “El Liberal” del día 28.I.1901 (infra 9, a). A su vez el diario “El País” informaba a los pocos días al público bajo el título “Teníamos razón”: “Ya hemos dicho que las diligencias instruidas por el Juez no resulta nada contra el Padre en cuestión” (infra 7, b) y lo repite más abajo en el epígrafe “El Proceso” (infra 7, b).

Tan evidente y contundente era la no culpabilidad legal del S. de Dios, que aunque tiempo después siguió ejerciendo su actividad terapéutica, no hubo más denuncias oficiales contra él ni se llevó su caso a los tribunales de justicia por Gobernador Civil alguno.

Por otra parte avalaban los conocimientos médicos del S. de Dios, en libro editado (Análisis de las aguas…) varios Doctores bajo la garantía y responsabilidad del Municipio de Sanlúcar, los Doctores de la Facultad de Medicina de la universidad de Sevilla con su Decano a la cabeza, el Rector de la misma don Manuel Bednar y la misma Reina-Madre, única por cuya firma en el Diploma de la Universidad quedaban los estudiosos de Medicina autorizados para practicar su arte; la Reina con llamar a palacio al P. Faustino y aprovecharse de sus conocimientos terapéuticos, no podía en modo alguno negarle hacer lo mismo con sus súbditos. Quedaba con ello moralmente autorizado el S. de Dios a seguir trabajando a favor delos enfermos con sus habilidades terapéuticas. Di además, la Reina-Madre dio tal autorización, de palabra, al S. de Dios, como parece claro de los testimonios aducidos, quedaba claro que nadie podía negarle su derecho.

Ni contestó nunca a las campañas difamatorias de la prensa. Ni permitió que otros lo hicieran[Notas 3].

Hemos hallado en el Archivo Provincial de las Escuelas Pías de España 3ª Demarcación, la minuta del escrito con que el Provincial Justo de Pedro respondió al Gobernador Civil: el P. Faustino, según ella, ha “manifestado su conformidad con las disposiciones legales vigentes y con la prohibición en ella fundada, que de buen grado acata y cumplirá fielmente” (infra 8).

Hoy, en el Gobierno Civil de Madrid, no se conserva documentación alguna sobre el particular[Notas 4].

Fue calmándose la campaña difamatoria de los periódicos izquierdistas y anticatólicos[Notas 5]; ellos divulgaron más y más su fama; esta aparece sencillamente confesada por el propio s. de Dios (infra 1, g)[Notas 6], cuya habilidad natural[Notas 7] venía reforzada con sus constantes estudios científicos (infra 12). Con todo, a tiempos, parece que se extremaban las precauciones para evitar las avalanchas de gentes y posibles abusos, de los que había sido objeto (caso Azúa, por ejemplo). Ni salía de Getafe para visitar dentro y fuera de España; ni admitía gente si no era “en son de visita y recomendación de mucha confianza” (infra 1, g); y evitaba que fueran a consultarle habitantes de Getafe o de sus inmediatos alrededores (Doc. XIII, 4, i).

Notas

  1. ÁLAMO, o.c., p. 274.
  2. La Rda. M. María Amada de Jesús, religiosa de la Divina Pastora, decía que había oído a su madre que ella “había acompañado al P. Faustino Míguez el día que había sido citado a los tribunales y que había costeado ella el viaje”. No se trataba de una ida a Madrid, sino el caso de la difunta del llamado “escándalo de Getafe”. El P. Faustino sólo tuvo noticia del Gobernador por medio del P. Provincial; salta también a la vista por el documento gubernativo pasado a dicho Provincial. Puede tratarse de la comparecencia del P. Faustino ante el juez de Primera Instancia de Getafe para aclarar datos sobre la difunta, del “escándalo”. Cf. ÁLAMO, o.c., p. 274.
  3. ÁLAMO, o.c., p. 273. En efecto, don José Míguez había sido alcalde del Ayuntamiento de Xamirás (Acebedo-Celanova) y su hijo don Emilio Míguez era diputado provincial y abogado, según consta en la esquela mortuoria del mismo (Arch. Curia Gen. Hijas D. Pastora). D. Emilio atestigua esta postura negativa del S. de D.
  4. Ib., p. 274.
  5. Ib., p. 276.
  6. Ib., p.262; ver carta del 13.I.1915.
  7. Cf. O. GONZÁLEZ QUEVEDO, El rostro oculto de la mente, Santander 1968.