PositioSuperVirtutibus/2. ¿Conocimientos médicos?

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2. ¿Conocimientos médicos?

Resulta evidentísimo que los tuvo y no escasos. En esto, como en otros campos, fue un autodidacta. Poseía en su biblioteca privada o personal los mejores libros de Medicina de su época como lo demuestra la lista que damos más abajo (infra 12).

¿Dónde o cuándo los inició?

De antes de su ida a Cuba no consta documentalmente que se preocupara de este ramo del saber: había sí estudiado Ciencias Naturales con gran provecho, como vimos (Doc. I, 4).

En Cuba viose obligado, por tener que enseñarlas, a profundizar en los campos de la agricultura, física, química, botánica, mineralogía, etc. Sabemos que él empezó a preocuparse por la creación del Museo de Historia Natural y de los gabinetes de física y química (Doc. II). Allí empezó a sufrir de la vista y del hígado.

En Cuba, sin duda alguna observó, al contacto con los habitantes de la Isla, el uso continuo, que los isleños hacían (y aún hoy hacen) de las plantas para usos terapéuticos. Sin duda se interesó muchísimo en ello, como una aplicación casera de la Botánica, Química, etc. ciencias de las que era profesor en la Normal de Guanabacoa. Uno de sus primeros éxitos en la aplicación de las propiedades medicinales de las plantas en la curación de llegas externas, inflamaciones, quemaduras, etc. acaso lo obtuvo en sí mismo, cuando sufrió la intosificación involuntaria al beber agua que contenía tabaco en fermentación. Al no mejorar con las prescripciones de los médicos, se automedicó, con permiso del superior y sanó prontamente sin más que aplicar las propiedades curativas de algunas yerbas. Parece lo confirmara él mismo a su joven paisano y confidente P. Cerdeiriña, años después en Getafe.[Notas 1] Otro confidente suyo, de Getafe (Summarium, pp. 146,147, 151-152) el P. Eusebio Gómez atestigua: “Basaba científicamente la eficacia de los específicos en las virtudes curativas de las plantas medicinales, que él aprendió por observación directa de los naturales en Guanabacoa (Cuba). Aprovechaba conversaciones de los hombres que cultivan la tierra para hallar la composición de sus específicos; por ejemplo, en una ocasión, en que mi padre le hablaba de una planta que tenía las virtudes de excitar la secreción urinaria, el S. de Dios le rogó que le enviase cantidad de esta planta. El S. de D. sigue diciendo el testigo, sostenía que el Creador había puesto “en la naturaleza los medios suficientes para curar toda clase de enfermedades, precisamente en las plantas; que la ciencia está en conocer esta virtud de las plantas y saberla aplicar en cada caso; y esto es, lo que a mi juicio, logró por su competencia al elaborar sus específicos “. Por eso atestigua María Casaus (Summ. P. 204) cuando salía de paseo, traía hierbas del campo con las que luego hacía sus específicos. También le mandaban hierbas de Suiza”.

Ya hemos visto, en cambio, que en Sanlúcar de Barrameda se dedicó durante unos meses intensamente al análisis de las aguas de los manantiales de la población. Si hasta entonces, como asegura el P. Cerdeiriña, en los estudios de ciencias naturales había enfocado el estudio médico a base de las plantas, es esta del análisis de las aguas la ocasión de sus estudios terapéuticos, en serio, de las mismas. Él mismo lo afirma[Notas 2](Doc. IV. 6).

“Repetidas preguntas y consultas sobre las virtudes medicinales de algunas aguas[Notas 3] me decidieron a emprender el arduo y para mí osado estudio de su acción terapéutica”.

“Sin guía que pudiera conducirme, ni norma a qué atenerme, confiado del todo a la experiencia, trazándome un plan y emprendiendo una pesadísima serie de minuciosos, cuanto delicados experimentos, que gracias a Dios, por cuya gloria lo empecé, me indemnizaron con usura de la paciencia y desvelos que me costaron, llevándome del conocimiento de las propiedades físicas y químicas de las sustancias, que tienen en disolución las aguas, al de la acción terapéutica de las mismas.

“Reconociendo sin embargo mi incompetencia en materia tan delicada, por si hubiese empeño en sacarla de la esfera físico-química en que la presento, me impuse como un deber someterla y escudarla con la sanción facultativa, suplicando de oficio al Excmo. Ayuntamiento se dignase nombrar una Comisión de Médicos, que revisaran ms indicaciones y emitiesen su informe por escrito[Notas 4], como otro distinguido médico, físico y químico a la vez, lo había hecho de palabra en términos que omito, por ser para mí excesivamente honrosos”[Notas 5].

Sus conocimientos médico-terapéuticos quedaron, pues, sancionados oficialmente por los doctores Pedro Díaz Paz, Antonio J. González, Juan Rebollo y Joaquín Martín[Notas 6].

Adviértase, con todo, que aquí sólo se trata de las virtudes terapéuticas de las aguas, no de las plantas. Fue un paso más; si en Cuba conocía virtudes medicinales de las plantas, desde ahora los posee y muy científicos sobre las de las aguas minerales.

Ciertamente en años sucesivos irá acrecentando, como hombre de estudio (infra 12), estos conocimientos domo un hobby, pero no por mero pasatiempo, sino con anhelos de ser útil a la parte doliente de la sociedad, esto es, a los enfermos.

Copiamos del P. José Cerdeiriña, que escribe y publica el año mismo de la muerte del S. de Dios[Notas 7]: “Su preparación vastísima en el orden científico le adaptaba al ambiente de manera admirable, asegurándole gran conquista de voluntades y de admiradores, que repetían su nombre con veneración y respeto. Los recursos de su especialidad médica le proporcionaban triunfos a diario. Aún viven los que me han referido con gran lujo de detalles, la curación de un niño ya desahuciado de los médicos, y hecho todo su cuerpo una llaga; curación que hizo el P. Faustino en el breve espacio de cuatro días. Y en el mismo Monforte, donde había realizado esta buena obra, hizo otra que yo le oí al mismo P. Faustino y que tuvo lugar en un caballero atribulado por enormes padecimientos, que en él habían tomado carta de naturaleza, y a quien fue acompañando por todo el colegio y por fin lo llevó a la huerta; y, cuando lo tuvo delante de las plantas medicinales, que habían de darle la salud, le dijo que estaba de aquella manera porque quería, pues el remedio lo tenía a la mano: “Estas plantas –le añadió- le pondrán a usted bueno, si se medicina con ellas”. Al poco tiempo volvía aquel caballero, ya curado, a dar las gracias al P. Rector de Monforte”.

Es decir, tenía una parcela, en la huerta del colegio, para cultivo de plantas medicinales, y no para puro recreo o mero estudio teórico, sino con vistas a una terapia práctica.

Notas

  1. JOSÉ CERDEIRIÑA, o.c., pp. 29-30.
  2. FAUSTINO MÍGUEZ, Análisis de las aguas…, p. 15.
  3. Estas preguntas se las harían, sin duda, los propietarios de los manantiales y tal vez algunos enfermos que tomaban las aguas.
  4. No se ha hallado en al archivo del Ayuntamiento de Sanlúcar el manuscrito redactado por la Comisión de Doctores, pero ni es pérdida sensible, pues el P. Faustino tuvo buen cuidado de publicarlo en su obrita, página 95. He ahí la certificación del no hallazgo del manuscrito. D. José Luis de Castro y Castro, Abogado y Secretario del Excmo. Ayuntamiento de esta Ciudad. Certifico: Que habiendo indagado y procurado el hallazgo del certificado que dictaminaron los doctores D. Pedro Díaz Paz, D. Antonio J. González, D. Juan Rebollo y D. Joaquín Díaz Martín, a instancias del Ayuntamiento de esta ciudad, sobre las aplicaciones terapéuticas y las propiedades conocidas de las aguas de Sanlúcar, analizadas por el R.P. Míguez, a instancias del Excmo. Ayuntamiento de ésta han sido nulas las investigaciones a este respecto. Y para que conste, a petición de parte interesada, expido el presente con el visto bueno del Sr. Alcalde en Sanlúcar de Barrameda a dos de enero de mil novecientos sesenta y nueve. Vº Bº El Alcalde.
  5. No se ha logrado identificar quién fue ese personaje que reunía en una pieza las condiciones de médico, físico y químico.
  6. F. Míguez, Análisis de las aguas…, p. 95.
  7. J. CERDEIRIÑA, o.c., pp. 44-45.