PositioSuperVirtutibus/32. Mártir sin corona

De Wiki Instituto Calasancio
Revisión a fecha de 17:13 20 nov 2020; Ricardo.cerveron (Discusión | contribuciones)

(dif) ← Revisión anterior | Revisión actual (dif) | Revisión siguiente → (dif)
Saltar a: navegación, buscar

31. Última postura del S. de Dios
Tema anterior

PositioSuperVirtutibus/32. Mártir sin corona
Índice

D O C U M E N T O S
Siguiente tema


32. Mártir sin corona

Nos permitimos cerrar este capítulo con una página del mejor biógrafo del S. de Dios, P. Anselmo del Álamo[Notas 1] y que dice así:

“El S. de D. era, ya en la cúspide de sus noventa y cuatro años casi cumplidos, una fruta en plena sazón, que se disponía el Señor a trasladar a sus divinas moradas: un árbol cargado de ramas potentes en las que habían encontrado cobijo multitud de almas, con una floración maravillosa de quince colegios en España y América, más de 200 religiosas consagradas al estado de perfección bajo las Reglas que sabiamente había concebido y miles y miles de niños y jóvenes de ambos sexos, que habían recibido su influencia protectora directa o indirectamente y habían encontrado el camino de su justificación. Como soldado valeroso de Cristo, había luchado “el buen combate”, “había cumplido su carrera” y “había guardado la fe”. También como el Apóstol de las gentes, esperaba de un momento a otro la corona de gloria y el galardón celeste con el que había de coronarle el justo Juez. Últimamente había permitido el Señor aquella triste borrasca [la crisis que acabamos de estudiar] en su amada Congregación, que le había purificado de los resabios de las debilidades humanas y aun el disfrute de amor sincero de muchas almas, que había engendrado en Cristo. Era ya como un holocausto para ser consumido por el Amor. El Sr. Visitador, don Emilio Rodríguez Quevada [y el Nuncio, añadimos nosotros] le había humillado inconsideradamente y sin miramientos, insinuando a sus superiores que fuera extrañado de su colegio de Getafe y apartado de toda comunicación con sus propias Hijas religiosas.

“El P. Provincial, Clemente Martínez, rehusó tomar esas determinaciones tan draconianas e inmisericordes con un anciano venerable por sus virtudes, de 93 años de edad, y con un pie ya en el sepulcro, como se lo oí relatar personalmente. Pero el Señor purifica a sus predilectos hasta el último momento, en que, liberados de sus escorias, los encuentra aptos para presentarse en su divino acatamiento. Así ocurrió a su santo Fundador S. José de Calasanz, en una edad similar, cuando fue destituido y depuesto del cargo de General de la Orden, que había fundado con tantos dolores y fatigas, por las intrigas de hijos ambiciosos y desleales. Y ¿qué sucedió a S. Alfonso Mª de Ligorio, que tuvo que pasar por la humillación aberrante de ser expulsado de la Congregación del Divino Redentor, de la que había sido, en la presencia del Señor, su padre y mentor? ¡Qué bellos ejemplos de Humildad y paciencia! ¡Pero cuanta sangre del corazón hay que derramar para permanecer fieles hasta el fin! Sólo lo comprende y experimenta el que se hace digno de ese martirio… y el P. Míguez se firma en muchas de sus cartas: “El mártir sin corona”.

Y acaba el biógrafo: “A nuestro P. Faustino le cupo la dicha de poder asemejarse a esos maravillosos ejemplares en los últimos trances de su purificación postrera. ¡No dudamos que también un día, no muy lejano, alcance como ellos la suprema glorificación en la tierra de manos de la Madre Iglesia! ¡Ojalá tengamos la dicha de poder contemplarle en la Gloria del Bernini, antes del final de nuestra peregrinación, para gloria del Señor y consuelo de muchos miles de almas, que sueñan con esa jornada de exaltación del Siervo del Señor!”.

Notas

  1. ÁLAMO, o.c., p. 515-516.