PositioSuperVirtutibus/4. Efectos

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3. El Decano de Medicina de Sevilla
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5. Inactividad terapéutica (1888-1892)
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4. Efectos

Habla el S. de Dios (infra 1, f, nº 7): “La resonancia de este éxito hizo que después, tanto el referido Decano como otros Doctores, acudieran a mí para la curación de otras enfermedades que dieron lugar al descubrimiento de los demás específicos, que iba preparando la Directora[Notas 1], aunque de un modo estático y recibiendo por ellos lo que espontáneamente le deban”.

Queda, pues, afirmado en estas últimas líneas, el hecho de que en Sanlúcar empezó la preparación de sus globulillos y de específicos: los primeros usufructuarios resultaron los Doctores de Medicina de la Universidad de Sevilla y sus enfermos.

Por testimonios diversos consta que también la gente de la población sanluqueña y circunvecina se beneficiaba de los conocimientos terapéuticos del P. Faustino. En el Summarium se recogen varios. Recordemos sólo dos.

Dice doña Josefa Delgado Otaolaurruchi, de 77 años[Notas 2]: “Especialmente algunos médicos trataron de que se fuera de aquí [Sanlúcar] y lo desprestigiaron, precisamente por el caso del muchacho, que se había roto un brazo, y los médicos dijeron que había que amputarle el brazo, pero el S. de Dios mandó unos fomentos y medicamentos y a los pocos días estaba curado.”.

“Sé, por referencias, que curó el brazo de un niño, al que dijeron los médicos que había que cortárselo y el S. de Dios le curó en una noche con un líquido, y dicen que esta curación del niño del brazo, fue causa de que el S. de Dios tuviera que marchar de Sanlúcar, porque los médicos se dieron cuenta del ridículo, que habían hecho al decir que había que cortar el brazo”. Así lo afirmó con juramento doña Basilisa Argüeso González[Notas 3].

Es perfectamente natural que los médicos reaccionaran fuertemente contra el P. Faustino, que así, no por malicia, sino por obligada caridad con el prójimo, les ponía en ridículo. Es perfectamente lógico que dejaran escapar amenazas de palabra y hasta que interesaran al Rector del colegio de escolapios para que lo alejara de la población: iba en ello el crédito de los galenos y su interés crematístico. Cuenta así con gran simplicidad M. Ángeles González León (Doc. VIII, 8, nº 33): “Los Padre escolapios, que veían la marcha, que llevaba el colegio [de niñas] y que el P. trabajaba por fuera mucho con las familias, no estaban en conformidad y además se dedicó más a la medicina y curaba muchos enfermos; los médicos se reunieron y fueron al colegio de los Padres, se quejaron al P. Rector, que era el P. Alejandro Corrales, quedando en mostrarlo y comunicarlo a la comunidad para saber su parecer y transmitirlo al P. Provincial”.

No se han conservado estas cartas o comunicaciones del rector Corrales al P. Provincial, Santiago Zatón. Parece que los médicos de Sanlúcar, que reclamaron ante el rector, fueron don Juan Durán y don José López[Notas 4].

Lo que sigue es de grandísimo interés: “Mientras, estuvo el Padre en suspenso; pero iba a vernos y nos contaba estas contrariedades para que pidiésemos al Señor el arreglo de este tan delicado asunto” (Doc. VIII, 8, nº 33).

Es decir, que de momento, el Rector o el Provincial prohibió al S. de Dios atender a enfermo alguno y la venta de medicamentos.

Consta también por declaración de don Jerónimo Angulo Martínez, que conoció al P. Faustino[Notas 5].

“Como estaban en pleno curso – acaba diciendo Sor Ángeles, testigo presencial – no pudieron hacer nada” (Doc. VIII, 8, nº 33).

Ya sabemos la actuación de los superiores y el traslado que se produjo al iniciarse el nuevo curso 1888-1889.

Lo que ocurrió por parte de los enfermos, que a él acudían en Sanlúcar, lo ignoramos: el S. de Dios alude a ello en la carta dicha al P. José Calasanz Homs el 13.V.1910 (infra 1, f, nº 12) en estos términos: “En tal situación y para evitar otra algarada como la que armaron los enfermos, cuando me trasladaron de Sanlúcar a Getafe…” No lo sabemos documentalmente, pero es fácil imaginarlo: se creyeron burlados ante un tal traslado sin previo aviso y con los perjuicios de los costos de viaje en balde y sus molestias inherentes.

Notas

  1. De las Asociadas.
  2. Proceso Informativo, Madrid, p. 312 r.
  3. SUMM., p 197.
  4. ÁLAMO, o.c., p. 269.
  5. J. OLEA MONTES, o.c., p. 102 Cf. Summ., p. 200. Dice don Jerónimo: “Llegó a nuestro conocimiento que el S. de Dios, a pesar de que no quería ver enfermo alguno [en Sanlúcar, su residencia], entre otras cosas, porque era perseguido por algún médico…”