PositioSuperVirtutibus/6. Nuevos compromisos y favorables éxitos

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5. Inactividad terapéutica (1888-1892)
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6. Nuevos compromisos y favorables éxitos

Sigamos la narración que el S. de Dios hace el 13.V.1910 al Procurador General P. Homs (infra 1, f, nº 8). Esta inactividad con los de fuera continuó hasta que “ecos anteriores trajeron nuevos compromisos y favorables éxitos llamaron una continua avalancha de enfermos, que hizo preciso la preparación de medicamentos en gran escala”.

“Ecos anteriores trajeron nuevos compromisos. Conocemos dos casos de éstos que hicieron ruido: el de la loca, que cuenta el propio S. de Dios en una carta de 1890 ó 1891; y el del rey-niño Alfonso XIII (1890). Sobre éste último no tenemos documento directo, pero sí una serie de testimonios e indicios, que apenas dejan lugar a duda.

Para ambientación del tema aconsejamos se lea una página de Julián Cortés Cavanilles[Notas 1], en que describe los sinsabores de la reina-madre María Cristina a la muerte de Julián Gayarre[Notas 2], en 1890. Tras cuya muerte, profundamente por ella sentida, vio enfermar peligrosamente su propio hijo, a penas de cuatro años, al tiempo que se complicaba la política nacional con la dimisión del Gobierno Sagasta[Notas 3].

Pero lo que a nosotros interesa es recordar que la curación del niño-rey, desahuciado ya de los médicos, se debió al S. de D., P. Faustino Míguez.

“Para mí el motivo inicial de esta aficiones [terapéuticas] del S. de D. fue el deseo de practicar la caridad con los enfermos, culminando en la curación del mismo Alfonso XIII a instancias de Su Majestad la Reina madre, que prescindiendo de los consejos de los médicos, que no lograban mejorar el curso de la enfermedad, acudió al “fraile curandero de Getafe”, como a la sazón le llamaban, obteniendo la curación de su real hijo”[Notas 4]. Ratifican el aserto, entre otros, M. Aurora Rea Fernández de Jesús[Notas 5] Y M. Gema Martínez[Notas 6].

“Tengo oído – añade por su cuenta el R. P. Leonardo Rodríguez – que habiendo intervenido en la curación del rey Alfonso XIII, siendo aún niño, la Reina le ofreció la recompensa y él no le pidió a la Reina sino que le dejara hacer el bien a sus enfermos”[Notas 7].

A estos testigos procesales se añaden las afirmaciones de otros. Así la religiosa M. Consuelo Miranda, pastora, atestigua: “Yo he recibido de los mismos labios del Padre que había sido llamado dos veces a palacio por uno de los confidentes de la Reina madre, para que viera al augusto personaje; que había estado el Padre escondido entre los cortinajes cuando había junta de doctores; que los médicos habían desahuciado al pequeño y que una vez se ausentaron, entró el S. de Dios y, sin tocarle ni tomarle el pulso, dijo que aquello no tenía importancia, que tomara unos sorbitos de agua con unos globulitos proporcionados por él y que la enfermedad pasaría enseguida. Por la tarde volvieron los médicos y, asombrados, dijeron: ¿qué es esto? El enfermo estaba fuera de peligro. El Padre volvió también por la tarde y tuvo que estar oculto entre los cortinajes, y después de aconsejar al enfermito unas tomas más de los globulitos, le dejó ya sentado sobre la cama. Retirándose él a su colegio de Getafe. Su serenísima madre, doña Cristina, antes de morir, dejó escrito que, después de Dios España tenía rey debido a la mediación de un venerable religioso, cuyo nombre no declaraba por habérselo prohibido el mismo interesado”[Notas 8].

La Rda. M. Sagrario Martín, que fue Consejera General de la Congregación de la Divina Pastora, afirma con juramento[Notas 9]: “Estando en Getafe con el P. Faustino, salió la conversación sobre el entonces obispo auxiliar de Toledo, don Prudencio Melo Alcalde[Notas 10] que murió después siendo arzobispo de Valencia, y nos dijo que estando [el P. Faustino] en la antesala del Palacio Real, porque le había llamado la Reina Mª Cristina, entró dicho obispo y le dijo: Usted también aquí, P. Faustino?; y el Padre contestó: Fui llamado”.

La famosa exreligiosa pastora M. Margarita Artime, de la que ya nos hemos ocupado, asegura: “Era el Padre muy humilde y rehuía hablar de cuanto tuviera visos de grandeza y redundara en su honor, así que en varias ocasiones y a retazos oí lo que copio, como lo recuerdo. Estaban curando al Rey niño Alfonso XIII los más famosos médicos que se conocían entonces, y como la Reina madre viera que no adelantaba nada el niño, estaba sumamente apenada, y un alto personaje, creo recordar Pidal y Mon, que conocía al Padre y tenía noticia de las curaciones que estaba haciendo, habló de esto a la Reina, que encargó a dicho señor que llevase a palacio al R. Padre. Fue el Padre a palacio, vio al Rey-niño, observándole detenidamente, como tenía por costumbre, sin tocar ni pulsar al enfermo y dijo a S. Majestad la Reina que su hijo curaría prontamente, siguiendo el plan que iba a ponerle y tomando solamente las medicinas que él daría. La Reina prometió hacerlo así, encargándose ella misma de administrárselas. El Padre dio las medicinas, puso el plan curativo y fue varias veces a palacio, observando que el Rey mejoraba rápidamente. En más de una ocasión tuvo que ocultarse, porque los médicos […] hicieron su visita estando allí el Padre. La curación del Rey-niño decía el Padre que la conceptuaban poco menos que imposible, pero que era porque lo curaban equivocadamente. Se negaba a dar explicaciones, y si le preguntábamos, hacía ademanes de no saberlo y se marchaba diciendo: Ya pasó todo, ya pasó”[Notas 11].Véase, también, infra 1, e.

Pues bien, de todo cuanto antecede, si bien se considera y prescindiendo de detalles, que no cuentan, parece quedar firmemente establecido que el S. de Dios fue realmente llamado a palacio para curar al Rey-niño; acaso fuera intermediario con la Reina el político don Antonio Pidal y Mon[Notas 12] o el general, no menos influyente, don Marcelo de Azcárraga[Notas 13], ambos muy relacionados con el S. de D. Pueden además interpretarse como confirmación de tal curación sus cartas del 6.X.1097[Notas 14], del 13 noviembre[Notas 15] y del 16.XII del mismo año[Notas 16], como entiende su biógrafo, el P. Anselmo del Álamo[Notas 17].

Notas

  1. JULIÁN CAVANILLES, Vida de don Alfonso XIII, Madrid 1965, pp. 30-31.
  2. Julián Gayarre, tenor de ópera, español, nació en Navarra en 1844; se extinguió en Madrid, en ese año de 1890.
  3. Don Mateo Práxedes Sagasta (1827-1903) fue político progresista y fundador del partido liberal, llegando a Presidente del Consejo (1871-1872). Cf. RAYMOND CARR, España 1808-1839, p. 725 iuxta indicem; CORTES CAVANILLES, Confesiones y muerte de Alfonso XIII, Madrid 1951; A.M. FABIÉ, Cánovas del Castillo, Barcelona 1928; M. FERNÁNDEZ ALMAGRO, Historia del reinado de Alfonso XIII, Barcelona 1934; etc.
  4. P. JOSÉ OLEA MONTES, (Summ. Proc. Matrit., pp. 24-25).
  5. M. Aurora de Jesús Rea Fernández (Summ. Proc. Matrit., p.169).
  6. Rda. M. Gema Martínez, superiora general de la Congregación de la Divina Pastora (Summ. Proc. Matrit., p. 232).
  7. R. P. Leonardo Rodríguez Scha. P. (Summ. Proc. Ordinarii Matrit…, p. 232).
  8. A. DEL ÁLAMO, Declaraciones sobre la vida y virtudes del S. de Dios (mecanografiado p. 36).
  9. Ib., p. 36.
  10. Don Prudencio Melo y Alcalde era nativo de Burgos. Cursó los estudios en el seminario burgalés y luego realizó estudios superiores en las universidades de Valladolid y Madrid. En 1890-91 fue profesor de derecho canónico en el Seminario burgalés; en 1895 viene nombrado Fiscal General del tribunal eclesiástico de Burgos; en 1907 obispo auxiliar de Toledo, y en 1913 obispo de Vitoria. Varón de vasta cultura, elocuencia oratoria, y de caridad sin límites (ESPASA, XXXIV, p. 467-468).
  11. A. DEL ÁLAMO, Declaraciones sobre la vida y virtudes del S. de Dios, p. 37.
  12. RAYMOND CARR. España 1808-1939, pp. 343-344.
  13. ÁLAMO, o.c., p. 266.
  14. Ib., pp. 258-259.
  15. Carta del 13.XI.1907 a M. Julia Requena; cf. ÁLAMO, o.c., p. 259.
  16. Carta del 16.XII.1907, dirigida probablemente a M. Julia Requena; cf. ÁLAMO, o.c., p. 259.
  17. ÁLAMO, o.c., p.237.