PositioSuperVirtutibus/8. Acude al General P. Brattina

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9. La estafa del farmacéutico
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8. Acude al General P. Brattina

En 1904 se enteró el S. de Dios que alguien trataba de comprar las eras contiguas a las huertas del colegio de Getafe, que fiscalizarían cuanto se hiciese en éste y que el colegio no quería o no podía comprarlas; por lo cual –dice- “determiné comprarlas yo de acuerdo con el P. Rector y cercarlas con una verja, cediendo por escritura pública su uso perpetuo a esta comunidad que la aceptó, con la sola excepción de un voto[Notas 1] y las convirtió en parque para recreo de la misma y de los colegios exclusivamente (infra 1, c).

Esta su acción fue criticada solo por uno de los beneficiarios. El S. de D. dice al P. General: “A mi juicio y según mi intención no obré mal; pero tal vez no sean todos del mismo parecer y por eso ruego a S. Reverendísima se digne manifestarme el suyo y decirme al mismo tiempo si puedo seguir o no haciendo uso del permiso, que me dio el Rmo. P. Vicario General” (infra 1, c).

Adviértase bien que aquí se encierran dos problemas: a) la compra de las eras en favor del colegio; b) la validez de la concesión del permiso del Vicario General ahora que la Vicaría de España se ha reducido a casi un mero nombre al depender de Roma desde el Motu proprio “Singularitas regiminis” del año 1904.

a) En cuanto a lo primero, la aprobación del General de Roma fue total y sin restricciones. Consta por carta del S. de Dios al mismo General, fechada al 3.VIII.1905 (infra, 1, d), si bien le hacía algunas preguntas para acabar de comprender exactamente el problema él que era buen matemático[Notas 2].

Dice el S. de Dios: “Mil gracias a su laudo a mi gestión sobre el parque cedido a esta Comunidad. Adquirido como particular, a tenor de las leyes vigentes, y como tal li inserté en el Registro de la Propiedad. No cedía a esta comunidad la propiedad de aquél con el fin de que nunca puedan enajenárselo, figurando en el Registro como propiedad particular. Tampoco le cedí el usufruto perpetuo por evitar el pago de cuádruples derechos reales. Sólo le cedí el uso perpetuo, que viene a ser lo mismo, con tal que se destine exclusivamente al recreo de esta comunidad y de su seminario. Dicha cesión fue aceptada de antemano por 16 de los 17 que tomaron parte en la reunión de comunidad y ratificada luego por escritura pública, suscrita por el Rdo. P. Rector en nombre de aquella, apreciando lo cedido con valor infinito, para no pagar tantos derechos, en 25.000 pesetas, cuyos derechos reales pagué yo también encima. Ni se impuso a la comunidad otra carga que la de conservación y pago de contribuciones” (infra 1, d).

Pasa luego a aclarar las dudas del P. General: a) los lotes, según ya hemos transcrito antes; b) la cesión irrevocable para después de su muerte, de sus específicos, a medida que los inventaba. “Al efecto les mandé elegir una de entre ellas que sea la depositaria del secreto de la composición de los específicos y la única encargada de la preparación de los extractos, asociándole otras, que ayuden en la presentación de aquellos. Hasta ahora lo han hecho en pequeña escala en su casa-matriz de Sanlúcar de Barrameda. Pero se trasladarán pronto D. m. a esta, donde tienen casa interina y ya debieran haberlo hecho para mejor enterarse y encargarse desde luego de la fabricación y administración de todo. Lo ha entorpecido la ausencia del Sr. Obispo, que por cierto tiene más empeño en que se establezcan en Madrid, contra lo que a mi ver les conviene ahora”.

¿Por qué esta cesión a las religiosas y no a la Escuela Pía?

“Movióme – sigue diciendo – a ceder la propiedad de mis específicos a las Hijas de la Divina Pastora antes que a la Escuela Pía, la triste convicción que tengo de lo mal que guarda y administra cuantiosos y sagrados depósitos y del ningún reparo que hace en aplicarlos a fines contrarios a su destino, y la seguridad de que aún mirarían con más indiferencia, si no con excesivo interés propio, lo que antes despreciaban y ahora tal vez censuran con menor caridad que envidia”.

Esto fue ocasionado, de inmediato, por la postura adoptada por el provincial Justo de Pedro (1899-1909), según explica el S. de Dios al Procurador General, Rmo. P. Homs, en su carta del 13.V.1910, o sea cinco años después (Doc. XI, 1, f). Dice el S. de Dios: “Terminada una adquisición y obra, muy alabada del Rmo. P. General Brattina, en beneficio de dicho colegio `de PP. Escolapios de Getafe], ofrecí al M.R.P. Provincial dos mil pesetas, que restaban, para ir allegando materiales, a fin de emprender otra obra mayor y muy necesaria tanto al colegio como a la Provincia y que se iría costeando según se pudiera, si a su Paternidad placía”.

“A esta mi propuesta contestó su Paternidad con un:” ¿Y eso qué es?” desdeñoso, añadiendo al poco tiempo y con retintín de juramento: “Que no había de parar hasta concluir con todo eso”, coincidiendo este desencanto con haberme apercibido de que el farmacéutico, con insaciable codicia, multiplicaba los frascos de los medicamentos disminuyendo la dosis de extracto que yo le prefijaba en perjuicio de los enfermos y aun del crédito de los específicos.

“En tal situación y para evitar otra algarada como la que armaron los enfermos cuando me trasladaron de Sanlúcar a este colegio, en el día en que el P. Provincial cumpliese lo prometido, y los privase de los medicamentos, y para no hacerme cómplice de la criminal conducta del farmacéutico, escribí a las Asociadas se encargaran de todo, si querían, que yo no podía ya seguir. Así lo hicieron, aceptando las condiciones predichas de la distribución del producto obtenido y designando una que representase y firmase un contrato público con otro farmacéutico, que por un tanto fijo cubre con su título y despacha bajo su responsabilidad los medicamentos por aquellos preparados, y así llevan cuatro años”.

Con razón podía escribir (infra 1, d) “Muchas y muy grandes satisfacciones me han proporcionado, g.a.D. los buenos resultados de mis específicos, pero han sido tantas y tan grandes las amarguras, que me han hecho devorar, los nuestros especialmente, que varias veces, Rmo. Padre, estuve por dejarlos[Notas 3], y lo hubiera hecho a no prever la avalancha de grandísimos compromisos, que vendrían sobre mis superiores, que me los imputarían desde luego”[Notas 4].

“Estas muchas y grandes satisfacciones” consistían en ver su corazón compasivo aliviadas tantas enfermedades, curados tantos enfermos, y la esperanza de llevar aún a muchos más a la salud del alama, con este auxilio de la salud corporal, como hiciera el mismo Cristo y sus apóstoles entre las humildes gentes del pueblo: pertransit benefaciendo et curando omnes”[Notas 5].

Notas

  1. Se dice que votó en contra el P. Carlos Lasalde, figura egregia de la provincia de Castilla, del que ofrecemos unos breves datos: El R. P. Carlos Lasalde nació el 4.XI.1841 en Portillo (Toledo). Tomó el hábito en Getafe el 13.IV.1856, profesando de solemnes el año siguiente. Cursó en Getafe y Alcalá de Henares. Notable ingenio, grande amor a la Escuela Pía; hambriento de saber. Enseñó en los colegios de Granada, Yecla, donde fue rector. Fue el primero en España que empleó en las leyes de la Filología comparada. Se dedicó al griego y a la arqueología, haciéndose célebre con los hallazgos del Cerro de los santos (Yecla). Nombrado maestro de novicios en 1882, viviendo desde entonces en Getafe durante doce años. Muy amante de la pobreza. Creador de “Revista Calasancia”. El capítulo general de 1888 le designó historiador de la Orden. Fruto de sus desvelos fue la Historia literaria y bibliográfica de las Escuelas Pías de España. En 1894 pasa a San Fernando como rector: enriqueció la biblioteca, y ordenó su rico archivo. Consultor y asistente provincial. Visitador General de la provincia escolapia castellana. Escribió también de pedagogía (Cf. Reg. Rel. 52, an. 1906, pp. 18-24; ANA RODRÍGUEZ, Escuelas Pías de Getafe, II, pp. 373-374; T. VIÑAS, Index biobibliographicus, I, 98; AZORÍN (José Martínez, su alumno) La voluntad, Madrid 1912 (en el Prólogo traza el perfil moral del P. Lasalde); ID, Confesiones de un pequeño filósofo (habla varias veces de C.L.): parece que de él aprendió Azorín el escritor en frases cortas); L. PICANYOL, Biblioteca Scolapica di S. Pantaleo, I pp. 120-121; FRANCISCO VESGA GUTIÉRREZ, Historia documentada del Real Colegio de las E. Pías de S. Fernando de Madrid, Madrid 1928).
  2. En el AGSP no aparecen las minutas siquiera de los escritos del p. Adolfo Brattina, lo que no es de extrañas, dado que pasó en visita apostólica de la Orden, por expreso mandato del Pontífice, casi todo el tiempo de su gobierno como General.
  3. No creemos hubiese pensado dejar los “escolapios”, sino los específicos. Es curioso constatar que S. Pompilio Mª Pirotti, único escolapio canonizado hasta ahora después del Fundador, confiesa de sí mismo que, ante las persecuciones de los propios, pensó más de una vez abandonar la Orden. Y ¡qué no sufrió S, José de Calasanz de sus propios compañeros?
  4. No sabemos a punto fijo a qué se refiere: tal vez a las protestas de sus poderosos admiradores, que no dejarían de reprobar las dificultades creadas al S. de Dios.
  5. Esto queda probado en los Procesos machaconamente (Summarium, p. 4 n.7; 24 n. 46; 78 n. 122; 115 n. 183, 184; 151 n. 258; 158 n. 269; 159 n. 277; 162 n. 284; 168 n. 298, etc.