PositioSuperVirtutibus/9. “La rutina de vencida…”

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10. Denuncias de médicos y farmacéuticos
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9. “La rutina de vencida…”

En este año el S. de Dios lanzó al público un folletito: La rutina de vencida: la diabetes es curable. Impr. M. José Perales y Martínez, Madrid 1900, pp. 24. Cayó en el campo de la Medicina como un abomba atómica. La diabetes se pretendía entonces incurable; en cambio el S. de Dios la curaba científicamente. He ahí lo que se ha escrito posteriormente sobre el “antidiabético Míguez” por pluma de perito[Notas 1]: “La sólida preparación cultural y científica del P. Míguez, sus dotes de investigador excepcional en los arcanos de la Naturaleza traspasó muchas veces la frontera de lo desconocido […] Pero esta sólida preparación y estas extraordinarias facultades para la investigación en el reino de la Naturaleza siempre se apoyaron en realidades, en hechos concretos, en experimentos controlados por un riguroso canon científico. Primero fue el estudio de las enfermedades que atacan al hombre. Después la aplicación de productos naturales, elaborados con fórmulas exactas, que alcanzaron en las dolencias preferentemente estudiadas no sólo alivio, sino curas patentizadas a lo largo de muchos años de vida terapéutica. Y este éxito estriba, como una paradoja, en su propia sencillez”

“Las enfermedades degenerativas son las que más dañan a la Humanidad: matan lentamente unas veces y a traición otras; entre ellas la DIABETES ocupa un lugar preferente en su acción destructora. Rompe la alegría de vivir y sume el espíritu en una desconsoladora angustia, en un temor permanente y en una rigurosa dieta que excluye de la vida del paciente muchas de las cosas que hacen amable la existencia. En sus profundas y sabias investigaciones, el padre Míguez se detuvo preferentemente en el estudio de la DIABETES. Fue la suya una investigación incansable que le llevó hasta al más rotundo de los éxitos, hasta poder exclamar con su léxico sencillo, lleno de ciencia y de verdad: LA DIABETES ES CURABLE”.

Hacer ahora un detenido estudio sobre los ingredientes que componen el ANTIDIABÉTICO MÍGUEZ sería tanto como adentrarnos en las maravillas curativas que encierra el mundo de la Naturaleza. Porque en su composición, como en cualquier preparado Míguez, sólo entran ingredientes naturales. Su fórmula es doblemente admirable por lo simple: EXTRACTO DE ALCOHÓLICO DE HIPNUM MYOSCUROIDE, HUTCHINSIA PETRACA Y PLUMBAGO LITORALIS, luego alcohol y agua destilada. Treinta, cuarenta y casi un centenar de años de experimentos, y con ellos la vuelta a la salud más completa de millares de enfermos que se veían condenados al sacrificio y a la muerte. ¿Cabe mayor garantía científica? […].

Pero mientras tanto, en este conocimiento de drogas que la medicina va imponiendo a lo largo de los años y de los siglos en su titánica lucha contra el dolor y la enfermedad, el ANTIDIABÉTICO MÍGUEZ tiene derecho a un lugar preferente, por la garantía que ofrece y que no hacen disminuir los años ni los más modernos medicamentos, y porque frente a una enfermedad – la DIABETES - , sin cura posible hasta ahora, logra el milagro de una regeneración física sin precedentes con una garantía absoluta de éxito y de vida para aquellos a los que la vida va dejando en una oscura lucha sin esperanza. ¿Pero con el descubrimiento de la insulina no habrá quedado superado el específico MÍGUEZ? He aquí como respuesta las palabras de ALEXIS CARREL, el premio NOBÉL FRANCÉS y uno de los investigadores más destacados en el campo terapéutico y experimental de la medicina moderna: “LA INSULINA DETERMINA LA DESAPARICIÓN DE LA DIABETES, PERO NO CURA LA ENFERMEDAD”.

Si partimos del hecho concreto de que la “enfermedad – en cualquiera de sus manifestaciones – consiste en un desorden funcional y estructural”, la simple administración al enfermo de los productos químicos que necesite no basta para armonizar el engranaje de su vitalidad. El secreto del éxito está en “PONER A CADA ÓRGANO EN CONDICIONES DE PERFECCIÓN PARA LA NORMAL ELABORACIÓN DE ESOS MISMOS PRODUCTOS”; PERO EL Antidiabético MÍGUEZ logra esa finalidad frente al desorden funcional de ese grupo de CÉLULAS PANCREÁTICAS PRODUCTORAS DE LA DIABETES “. En la respuesta a este interrogante está la virtualidad incalculable que este medicamento ofrece para combatir o aliviar, cuando menos, algunas de las especies deferenciales de la DIABETES.

“El Padre, como se ha indicado en otros lugares, dejó anotadas en un cuaderno las fórmulas que él había hallado en sus investigaciones sobre diversas enfermedades. Son unas 14 las que están registradas en la Dirección General de la Sanidad hasta la fecha; las más famosas y de mayores garantías terapéuticas son: el antidiabético; antihemorroidal; antihepáticas; antirreumáticas; hematosamuntor; antigastrálgico y vino tónico. Otras 32 están en vías de ensayo y con los mejores resultados experimentales”[Notas 2].

Quedaba, pues, demostrada teórica y prácticamente la curabilidad de la diabetes.

Pero permítasenos copiar unas líneas más del citado biógrafo[Notas 3].

“Antes de dar por concluido este apartado sobre las facultades médicas de que estuvo dotado el siervo de Dios, queremos resaltar algunas facetas que pueden pasar inadvertidas a los profanos, pero que adquieren un relieve especial, y casi un siglo de distancia, para los estudiosos, ya que con esa antelación utilizó en sus curaciones planes y métodos puestos en boga por muchos doctores de ahora. El Padre emplea en sus ensayos empíricos, con los que consigue ensayos espectaculares, una serie de técnicas y usos que hoy día han revalorizado los más conspicuos tratadistas de homeopatía y antropología vegetariana, como consecuciones más logradas de la medicina natural. Así, los doctores Felipe Torres y Silverio Palafox, de Madrid; Wander y Capó, de Barcelona, y el abate Hamon, del extranjero. Si hubiera que buscar en la actualidad algún Patrón especial para los vegetarianos y naturistas no encontraríamos ninguno con mayor caudal de méritos que el siervo de Dios, padre Faustino Míguez. En su copioso epistolario y en las declaraciones procesales del proceso de beatificación se encuentran innumerables pruebas de sus métodos y planes de curación. La consecución de una prodigiosa ancianidad (noventa y cuatro años) conservando sus facultades mentales y funciones orgánicas en toda su integridad es testimonio fehaciente de sus éxitos. Entre los elementos de su terapéutica se hallan: baños al bajo vientre con fricciones de toalla o paño afelpado durante veinte minutos o media hora por las mañanas; ejercicios físicos y gimnásticos moderados; paseos por el campo con amplios horizontes; comida sobria y cena extremadamente parca; acostarse pronto; levantarse temprano; no sufrir disgustos; cuando se observe alguna indisposición observar abstinencia completa hasta que reaccione la misma naturaleza. Esas eran sus recomendaciones…, esas las causas de muchos éxitos. Usos de tisanas e infusiones a base de plantas de la naturaleza”.

Notas

  1. BASIL CAVERLANI, Lucha contra la enfermedad. Revisión científica, Madrid, pp. 1, 2. 5-8; cit. por ÁLAMO, o.c., p. 248.
  2. ÁLAMO, o.c., p. 248.
  3. Ib., p. 248.