PositioSuperVirtutibus/B.TESTIMONIOS IMPRESOS

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C.LOS RESTOS MORTALES DEL SIERVO DE DIOS
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B.TESTIMONIOS IMPRESOS

Queremos ser breves; por ello prescindimos de revistas de todo género[Notas 1], periódicos[Notas 2], diccionarios[Notas 3] etc., que en el caso del S. de D. más bien se han limitado a divulgación que no a estudio atento del sujeto y su acción.
De entre los libros diversos que se ocupan del P. Faustino[Notas 4] sólo de dos vamos a dar algún extracto.

1. JOSÉ OLEA MONTES, Vida del venerado P. Faustino Míguez Sch. P. Fundador del Pío Instituto de Religiosas Hijas de la Divina Pastora. Salamanca, 195, pp.191.

Esta obra carece de pretensiones críticas, pero su autor conoció durante bastantes años al S. de Dios, viviendo unas veces cerca de él y otras en ambientes donde se hablaba con frecuencia del S. de Dios. No aborda la problemática de los años 1907 y bienio 1923-1924, pues vivían muchos protagonistas[Notas 5].

Véanse estas páginas, 80-84, que extractamos.

SACERDOTE APOSTOL


Había grabado el Padre Faustino en lo más hondo de su alma aquella frase del Apóstol de las Gentes a los fieles de Corinto. “Que los hombres nos consideren como ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios”. No puede decirse más de la grandeza, dignidad y oficios del sacerdote cristiano. Y nuestro P. Faustino, desde el día de su ordenación sacerdotal, no fue otra cosa que un instrumento dócil en las manos del Divino Redentor, para continuar su obra admirable de la transformación del mundo. Era el Padre Faustino otro Cristo… Y en los oídos de su alma noble, resonaban constantemente estas palabras: “así como mi Padre me envió, así yo os envío” (Juan XX). Y en todo momento de su vida procuró dar “gloria a Dios en lo más alto de los cielos y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad” (Luc. II).
Fue nuestro Padre un apóstol incansable, y mil veces pudo exclamar con San Pablo: “charitas Christi urget nos…” (II Cor. V).

[…] San Antonio M. Claret había regresado a España; pero allí, en Cuba, quedaba su espíritu, Y ese espíritu de apostolado prendió en los hijos de S. José de Calasanz y más tarde en las MM. Escolapias, y en las Hijas de la Divina Pastora; y prendió de tal manera que hoy, dentro y fuera del Círculo de los Colegios Calasancios los escolapios evangelizan a millares de niños en diversas regiones de América; y han llevado la llama del santo apostolado hasta el remoto Imperio del Sol naciente… Sea todo para mayor gloria de Dios, para mayor incremento de la benemérita Congregación Claretiana: Gaudeamus omnes in Domino…”.

La voluntad ardiente y poderosa del Padre Faustino –dice el P. Cerdeiriña- se templó en el ascetismo de su segundo noviciado, entre las alternativas de la oración y de la penitencia, de tal forma que, como Moisés, se transfiguró por completo al ordenarse de sacerdote y dar comienzo a su vida de apóstol. “A un natural hermoso y de perfecto acuerdo con la ley, añadía el joven Míguez la consideración ininterrumpida de que sin Dios las obras todas del hombre y sus más halagüeñas y felices disposiciones no pueden reflejar ni ostentar la luz verdadera que embellece toda obra que en Dios tiene su comienzo. Hasta la saciedad estaba convencido de que la gracia es la única savia que nutre y vivifica al hombre…” (P. Cerdeiriña, pág. 19).

Toda la vida del padre Faustino fue un continuo y fructífero apostolado. Pero donde principalísimamente lo ejerció fue en el confesonario. Hemos conocido durante cincuenta años multitud de personas dirigidas por él, y todas unánimemente dicen lo mismo: era un confesor extraordinario.

Si el predicador, escribe San Juan Eudes, lleva las almas a Dios, el confesor las salva, aquél muestra a los hombres la voluntad divina; éste hace que la ejecuten; el primero señala los remedios seguros para la curación de las enfermedades del alma, el segundo los aplica al enfermo y lo sana. San Alfonso María de Ligorio añade: el predicador siembra, el confesor cosecha. El sacerdote que no ama el confesonario tampoco ama las almas.

Nuestro venerado Padre Faustino era en el confesonario la personificación de la fe, de la esperanza, de la caridad, de la paciencia, de la abnegación, del más sublime apostolado. Era un juez, dotado de mucha ciencia, de derecho y de hecho, y sobre todo de imparcialidad suma, revestido de caridad. Era un médico excelente, que sanaba las heridas de los enfermos del espíritu, derramando sobre ellas, como el samaritano del Evangelio, aceite y vino de amor de Dios. Era un padre, a quien sus hijos no se avergonzaban de descubrir los escondrijos del corazón; y a quien, en las horas de amargura espiritual, acudían los fieles en busca de consuelo y del oportuno remedio.

Pudiéramos decir que el Padre Faustino no era tan solo un confesor: fue siempre un excelso director de almas.

La mística doctora Santa Teresa de Jesús, hablando del director de almas, dice: “Importa mucho ser el maestro avisado, digo de buen entendimiento, y que tenga experiencia; y si con esto se tiene letras, es de grandísimo negocio…”

Estas cualidades brillaron siempre en nuestro Padre Faustino, a quien todos consideraron como un magno sacerdote apóstol.

2. ANSELMO DEL ÁLAMO, Biografía del S. de D. P. Faustino Míguez escolapio, fundador de la Congregación “Hijas de la Divina Pastora” Calasancias. Madrid, 1975, pp. 536.

Esta es sin duda la mejor biografía existente hasta ahora sobre el S. de Dios. Se basa sobre documentación archivística de primera mano, si bien muy incompleta al carecer, sobre todo, de los ricos materiales que se conservan en los archivos arzobispales de Madrid y Sevilla, y de los existentes en el Archivo Secreto Vaticano, Nunziatura di Spagna. Tedeschini. De ahí que el Autor procurara allegar datos a base de respuesta a interesantes cuestionarios, que presentaba a diversos conocedores del S. de Dios; datos que luego él contrastaba para sacar la verdad de los hechos ocurridos especialmente en la crisis de 1023-1924[Notas 6]
Mucho nos ha servido para los primeros capítulos y para tejer el desarrollo, desde su nacimiento, del Pío Instituto.
Aquí vamos a copiarle casi íntegras algunas páginas, por él elaboradas para resaltar la heroicidad de las virtudes del S. de Dios, aprovechando elementos de testigos que no depusieron en los Procesos (pp. 342-49, 345-347; 351-352; 359-360; 364; 366-368).
Intenta la valoración de los siguientes elementos: Desarrollo de la GRACIA; ejercicio de las VIRTUDES; recepción santificante de los SACRAMENTOS, y actuación de los DONES DEL ESPÍRITU SANTO.
EL ESTADO DE GRACIA quiere decir que haya sido permanente o habitual, sin que obste a ello que en alguna etapa de su vida no haya podido ser infiel a la Gracia y hasta que hubiera cometido faltas graves, con tal que haya habido arrepentimiento eficaz y consiguiente penitencia. Muchos santos ha habido de uno y otro sexo que durante su vida estuvieron mancillados por pecados y perversiones, como San Agustín, Sta. Angela de Foligno, Sta. Margarita de Cortona, etcétera, y no ha sido óbice para su canonización y para que el Señor les haya concedido gracias extraordinarias.
Este examen es muy revelador y significativo, porque sigue a la GRACIA en su desarrollo, que queda manifiesto por la recepción asidua de los sacramentos y el espíritu de oración en sus diversos estadios: oral, mental, contemplativa. La GRACIA se desarrolla como una semilla, y la oración, la compunción y las mortificaciones son como el oxígeno, la humedad y los fertilizantes, que aseguran su incremento y sazón. Pero si el germen o semilla lo constituye la GRACIA, el núcleo primario o celular vendría representado, en símil o semejanza, por la FE O ESPERANZA y la caridad. ¿Y qué podríamos decir de las Virtudes teologales de nuestro Siervo de Dios para ambientar su Vida espiritual? Mucho, muchísimo podríamos exponer sobre estas excelentes virtudes, que queda consignado en los Procesos Diocesanos y Apostólico, y llenarían innumerables páginas. Un brevísimo resumen nos señalará unas pinceladas del magnífico CUADRO que enmarca la FIGURA ESPIRITUAL de nuestro P. FAUSTINO.

La fe.- Es como la vista del alma cristiana o la luz que ilumina todo el entorno de la vida sobrenatural, pudiendo considerarlo como la leche materna que empezó a nutrir a nuestro Padre (P.J. Otal)[Notas 7]. Desde los primeros años ilustró su mente con los esplendores de las enseñanzas evangélicas, en aquel hogar ejemplar de Acebedo, donde todos los días se rezaba en familia el Sto. Rosario, según atestigua la tradición de todos sus parientes. Esta fe revistió siempre un carácter de vitalidad práctica, la vivió con toda la intensidad, como lo atestigua en sus múltiples escritos. Tomándolo de la V.M. AGREDA, decía con frecuencia: “La mayor ciencia de la crítica es dejarse toda en manos de su Creador, que sabe para qué la formó y cómo la ha de gobernar”[Notas 8]. “Te recomiendo –escribe a M. Ángeles- el lema de mi Sto. Padre: DEJEMOS OBRAR A DIOS, que suele, puede y sabe enderezar lo que creemos torcido”[Notas 9].

VIRTUD DE LA ESPERANZA: Continuamente nos exhorta la Sagrada Escritura a que pongamos nuestra esperanza y confianza en el Señor. “El Señor es mi esperanza ¿a quién temeré, quién me hará temblar?” Quizá porque conoce nuestras flaquezas y miserias no quiere que propendamos a la desesperación y tengamos siempre CONFIANZA en que Dios no nos abandonará, si lo abandonamos. Por eso la esperanza no es más que el fruto de la FE, cuando ésta entra en sazón. A una fe viva, exigente y activa, corresponde una esperanza plena, filial, absoluta en el Señor, como el Sto. Job, que proclamaba: “Señor, AUNQUE ME MATES… YO SEGUIRÉ ESPERANDO EN TI.”LA CONFIANZA verdadera tiene que ser COMPLETA, ABSOLUTA, SIN CLAUDICACIONES, a la manera que la practicaba un alma privilegiada del Señor, que le decía: “Señor, aunque supiera que mi salvación pendía de un hilo de tela de araña se rompía y yo me despeñaba hacia el abismo, aún en ese momento yo seguiría confiando en Ti, que eres inmensamente bueno y no me puedes condenar; porque yo te amo.” Esta esperanza latía en el fondo del alma de nuestro Siervo de Dios y comprendía todas las circunstancias donde se ejercitó y manifestó más espléndidamente esta hermosa virtud, por desgracia infravalorada. Sería hacernos interminables.

Muchas incidencias tuvo que soportar en su dilatada vida, que ya hemos manifestado en páginas anteriores. Todas ellas pusieron a prueba su CONFIANZA EN EL SEÑOR y la poca o nula consistencia de las opiniones humanas y el fracaso de las estratagemas del enemigo, cuando se cuenta con la PROTECCIÓN DE LA DIVINA PROVIDENCIA. Así advierte a las religiosas venideras en la especie de TESTAMENTO espiritual que le hizo escribir la Rvdma. M. Julia Requena: “A nada perdonó el infierno para ahogar a Vuestra Congregación en su cuna. De cuantos medios se valió para realizar sus proyectos. Y lo más raro, cuántas y qué personas le ayudaron en su tarea. Pero escrito está: DIOS ES DIOS y hace lo que quiere y nadie triunfa contra Él…”[Notas 10]

Sin duda, muy pronto aprendió experimentalmente y sin maestros humanos lo que el Espíritu le dictaba y que posteriormente leyó y meditó en las OBRAS de la gran Teresa de Jesús: Hasta ahora parecíame había menester a otros y tenía más confianza en ayudas del mundo; ahora entiendo claro ser todos unos PALILLOS DE ROMERO SECO Y QUE ADHERIÉNDOSE A ELLOS NO HAY SEGURIDAD; QUE EN HABIENDO ALGÚN PESO DE CONTRADICCIONES O MURMURACIONES. SE QUIEBRAN. Y AHÍ TENGO EXPERIENCIA QUE EL VERDADERO REMEDIO PARA NO CAER, ES ASIRNOS A LA CRUZ Y CONFIAR EN EL QUE EN ELLA SE PUSO. HALLÓLE AMIGO VERDADERO Y HALLÓME CON ESTO CON UN SEÑORÍO que me parece podría resistir a todo el mundo que fuese contra mí, con no me faltar Dios.” Estos fueron los sentimientos de nuestro Padre respecto de la CONFIANZA Y ESPERANZA en el Señor. Su vida lo abona suficientemente, como lo hemos indicado en sus lugares correspondientes.

LA VIRTUD DE LA CARIDAD.- No sin razón llamada LA REINA DE LAS VIRTUDES, porque en realidad es una partecita de la misma esencia de Dios, ya que los teólogos la identifican en cierta manera con la GRACIA SANTIFICANTE. ¿Cuáles eran los sentimientos del P. Míguez y su estima y comportamiento respecto de esta fundamental virtud? Podríamos explayar su actuación en tan múltiples facetas, aportando datos, acontecimientos, que en realidad constituyen toda LA VIDA COMPLETA del Siervo de Dios. Volveríamos a repetir con insistencia machacona muchos rasgos de su vida entregada al amor de Dios y del prójimo en toda su plenitud, sin titubeos ni desmayos.

Creemos más que suficientemente probados estos extremos en tan dilatada vida, y solamente desearíamos dejar constancia de sus sentimientos respecto de tan bella y santificante virtud. Transcribimos unas hermosísimas palabras de la Santa de Ávila, que, cual águila de las alturas, con unas pinceladas escuetas y maravillosas, nos presenta toda la panorámica y alcance de esta excelsa virtud: “Díjome (un día el Señor). ¡Ay, hija mía, qué pocos me aman de verdad! Que si me amasen no los encubriría Yo mis secretos. ¿Sabes qué es amarme de verdad? Entender que todoes emntira lo que no es agradable a Mí”[Notas 11]. Toda la actuación de nuestro Padre estuvo, por decirlo así, broquelada en esta sentencia, para él inquebrantable: “PRIMERO, DIOS; DESPUÉS, TODO LO DEMÁS”. Podríamos sin dificultad llenar páginas y más páginas con sentencias y reflexiones del Siervo de Dios que riman perfectamente y vienen a ser como un eco de las palabras de la Santa abulense: “¡Oh amor fuerte de Dios y cómo no le parece que debe haber cosa imposible a quien ama! ¡Oh dichosa alma que ha llegado a alcanzar esta paz de su Dios; que está señoreada sobre todos los trabajos y peligros del mundo; que ninguna tema, a cuenta de servir a tan buen Esposo y Señor!”[Notas 12].

“Vive –dice nuestro Padre a una de sus confidentes- como UN SERAFÍN, ABRASADA EN AMOR A DIOS. NADA HAGAS QUE NO SEA PARA ÉL, POR ÉL Y EN SU PRESENCIA”. ESTRÉCHALE SIN CESAR CONTRA TU CORAZÓN POR LAS COMUNIONES ESPIRITUALES Y CONTINUOS ACTOS DE AMOR”[Notas 13]

“El amor de Dios no consiste en consuelos y ternuras, de lo contrario Jesucristo no amaría al Padre Eterno, al confesarse triste hasta la muerte”.[Notas 14] “¿QUIÉN OS SACÓ DEL MUNDO? EL AMOR. ¿QUIÉN OS LLEVÓ A ESTE RECINTO? EL AMOR. ¿QUIÉN OS MANTIENE EN ÉL? ¿QUIÉN OS HA DE CONSERVAR? EL AMOR. ¿QUIÉN OS HA DE PROSERAR EN TODO? EL AMOR Y SÓLO EL AMOR DIVINO”[Notas 15]

“Si él (amor) no arde; si no abrasa vuestro pecho; si no enardece y mueve para todo; si no ha de ser el resorte y motor al mismo tiempo de todas vuestras acciones, pensamientos y palabras…, romped esos hábitos y volveos al mundo, si no queréis haceros doblemente culpables por doblemente ingratas”[Notas 16]. Y ante los sucesos tenebrosos, incendios y persecuciones de la Semana Trágica de Barcelona, escribe a sus Hijas, que acuden a él, asustadas ante las perspectivas que se presentaban, y las anima:

“Lo de Barcelona no fue más que un escape de escoria del infierno, la lucha de satanás y los suyos contra Cristo y sus servidores. Si éste que pudiera sepultarlos en el infierno los deja purificar a los que le aman; ¿qué debemos hacer nosotros sino compadecerlos por lo que les espera?”

Y anima a su Religiosas al MARTIRIO, que es la PRUEBA SUPREMA DEL AMOR:

“¡Si Dios nos concediera a todos el morir por su amor! Dios me conceda lo que siempre le he pedido: LA GRACIA DEL MARTIRIO, que implica el don de la perseverancia!” ¡Si tenemos que morir, hasta transformarnos en otro Cristo, engendra en nosotros una conversación interior, que nos une más y más hasta identificarnos con su divino querer e iniciar en nosotros, dentro de la oscuridad de la FE, la misma vida eterna, que no podrá conseguir toda su expresión, hasta que traspuestas las murallas que nos separan de la otra, veamos a Dios cara a cara, como nos dice el Apóstol.

Para llegar a comprender lo que representa para nosotros este germen o semilla de la vida eterna, que constituye la gracia santificante, habremos de estudiar y desentrañar los caminos y medios por los que descienden las virtudes infusas, teologales y morales y los dones del Espíritu Santo, que a la manera de siete fuentes de funciones vitales de un mismo organismo espiritual se van perfeccionando hasta conseguir la plenitud de la VIDA SOBRENATURAL, que tendrá su eclosión en la bienaventuranza del Paraíso.

El primer problema a resolver es si podemos probar de alguna manera el estado de GRACIA PERMANENTE en el Siervo de Dios desde sus más tiernos años, o de otra suerte si se conservó en él constantemente incontaminada la estola bautismal. Creo que podemos responder afirmativamente a esa sugerencia por encontrar eco suficiente en los testimonios del proceso y por haber sido testigo abonado de la narración insólita que voy a relatar.

Personalmente se lo oí al Arcipreste de Daimiel en el año 1950, cuando permaneció unos días en Getafe con motivo del traslado de los restos del P. Míguez desde nuestro panteón del Cementerio hasta el sepulcro-sarcófago preparado en la capilla de sus Hijas, las Religiosas de la Divina Pastora, donde reposa incorrupto, esperando la resurrección de los justos.

Invitamos a D. Tiburcio Ruiz de la Hermosa a dirigir durante aquellos días unas charlas sobre nuestro Padre en el Noviciado y durante tres sesiones nos deleitó con el relato de innumerables sucesos y detalles de su vida que conservaba en su memoria de amigo agradecido y sincero. “En una de las ocasiones en que el Siervo de Dios se encontraba en Daimiel le suplicó D. Tiburcio, por devoción, que le oyera en confesión e hizo con él confesión general de toda su vida. Pero ¡cuál sería la sorpresa al levantarse del confesonario y ver que el Siervo de Dios le suplicó a su vez le oyera en el tribunal de la penitencia e hizo con él igualmente confesión general de toda su vida! Pues bien, yo le oí personalmente y cuantos estuvieron presentes en la sala de conferencias del Noviciado estas palabras: “PUEDO DECIR, ANTE LA PRESENCIA DE DIOS Y PUESTO QUE SE TRATA DE LA GLORIFICACIÓN DE UN SIERVO SUYO: QUE EL p. FAUSTINO MÍGUEZ NO PERDIÓ NUNCA DURANTE SU VIDA HASTA AQUEL MOMENTO LA GRACIA BAUTISMAL”. (ENTONCES TENDRÍA EL PADRE UNOS OCHENTA AÑOS.) Estas palabras de un hombre tan ponderado son concluyentes. Otro elemento importante y de señalada trascendencia es la recepción de los Sacramentos, que son las FUENTES de la Gracia, según el Tridentino.

Respecto del Sacramento de la Penitencia lo recibía regularmente todas las semanas, ordinariamente los sábados y así lo hizo la víspera de su muerte. Esta santa costumbre, propia de las almas de más alta perfección, demuestra por sí solo el celo de la purificación propia y su delicada conciencia. Con toda probabilidad era su Director Espiritual en la última etapa de su existencia el R.P. Gonzalo Etayo, hombre de una austeridad proverbial que rimaba perfectamente con las vivencias exigentes del P. Míguez.

La Santa Misa la ofreció al Señor como sacrificio incruento que renueva el de la cruz, durante sesenta y nueve años consecutivos, caso quizá único en toda la Historia de la hagiografía cristiana. Solamente cuatro meses antes de su defunción dejó de ofrecer el Santo Sacrificio a requerimiento del Padre Superior, al observar que ya no podía sostener con las manos la Sagrada Forma por anquilosamiento artrítico de los dedos, que le imposibilitaba el uso correcto de los mismos.

Expongamos sobre estos extremos algunos testimonios de los Procesos, que son altamente reveladores de la devoción, preparación y unción con que los recibía y administraba, exponente patentísimo de la intensidad de su FE en los altos y profundos Misterios […].

VISITAS DE ENFERMOS: Llegaban todos los días desde Madrid, de sus alrededores, de provincias; personas mayores, niños, consultas de médicos, enfermos desahuciados; para todos había consuelo, esperanza: su mirada fija, su palabra consoladora llegaba a todos. Muchas veces llevaba a los enfermos, rezaba con ellos, invocaba a la Santísima Virgen, a S. José de Calasanz. DIOS LE VA A SANAR. ¡Cuántas veces caían a sus pies! ¿Padre, me quiere confesar? Su humildad, su fe le hacían decir: LA SANTÍSIMA VIRGEN PONDRÁ BIEN. DIOS LE SANARÁ[Notas 17].

Los milagros los hace Dios, pero se vale lo más frecuentemente de los santos del cielo o de la tierra. Si venían a agradecerle: DÉ GRACIAS A DIOS QUE LE HA SANADO. CONFIÉSESE; COMULGUE. Eso era para el Padre la mejor paga. No admitía regalos. A veces venían a su nombre para el Colegio. Si le preguntaban, no sabía nada. Esa es la señal de la Santidad: humildad, humildad. Dios, sólo Dios, autor de lo extraordinario. Alumnos, a veces eminencias que le recordaban, decían: ¡Es un sabio, es un santo!... Tenía habilidad especial cuando le elogiaban para ausentarse disimuladamente. No era difícil encontrarle fuera de los actos de Comunidad… pues era infalible, estaba en el coro, en la Tribuna de la Iglesia, rezando, meditando… Sus consejos en la confesión y fuera de ella siempre eran edificantes. Confianza en Dios. Toda su confianza y actuación respecto de la Divina Providencia de la que vivía como del regazo de una madre la sintetizaba en aquella expresión tan sabia y verdadera que había aprendido de la actitud ante la vida y sus acontecimientos de su Santo Padre. DEJEMOS OBRAR A DIOS”, a lo que él añadía invariablemente, como consta por múltiples testigos: “PARA MEJOR SERÁ” Sabía, por experiencia probada en múltiples ocasiones que el Señor siempre nos da lo MEJOR, lo que más nos conviene en cada momento, si nos abandonamos en sus brazos de Padre para dirigirnos por sus amorosos impulsos. Otra expresión del Santo Temor de Dios es la adhesión a la VOLUNTAD DIVINA, que debe ser para nosotros la manifestación de su amor concretado en una circunstancia determinada. Son muchas las actitudes y manifestaciones del P. Míguez a este respecto: “El veía a Dios en todas las partes y obraba siempre con gran sentido de esa PRESENCIA DIVINA y nos inculcaba siempre que lo primero era Dios y después todo lo demás” (M. Mª Amada)[Notas 18]. “El Siervo de Dios en esta ocasión dijo únicamente que este traslado era sin duda VOLUNTAD DE DIOS, para que se viese a las claras que la naciente FUNDACIÓN ERA OBRA DEL CIELO Y NO DE LOS HOMBRES”[Notas 19]. “Además de lo narrado, el Siervo de Dios hubo de sufrir otro disgusto que consistió en que algunos SEGLARES, de acuerdo con algunos Padres de la Orden, intentaron sorprender algunos secretos científicos del Siervo de Dios, y para ello no dudaron en allanar su propio cuarto. Cuantos lo conocieron se indignaron de este abuso, pero el Siervo de Dios no tuvo ni una palabra de reprueba o indignación[Notas 20]; y el mismo testigo cualificado añade: “toda la vida del Siervo de Dios era una sumisión continua a la DIVINA VOLUNTAD, que él VEÍA REFLEJADA EN TODOS LOS ACONTECIMIENTOS”[Notas 21].

Tal era su adhesión a la Divina Voluntad “que el Siervo de Dios era como una roca firme e inconmovible en todas las CIRCUNSTANCIAS, aún adversas, por las que tuvo que atravesar; nunca perdió la calma y siempre se mostró optimista, diciéndome muchas veces que él realizaría su pensamiento hasta el último instante de su vida[Notas 22]; ¡con qué facilidad se daba cuenta del estado del penitente! ¡Qué bondad! ¡Qué dulzura! No se cansaba en el confesonario, nunca tenía prisa. Siempre tenía recursos de aliento…, siempre se podía rectificar la conducta. ¡Verá cómo Dios le va a ayudar! ¡Puede ser santo, como lo fueron tantos! ¡Valor! Nada de cobardía. EL TRIUNFO SIEMPRE ES DE DIOS ¡Siempre valor! Esta idea frecuente en el Padre Faustino, era la gran confianza en Dios. Esta idea la oí muchas veces. Me confesé con él frecuentemente: no olvido sus consejos paternales, de aliento, de confianza. Ya era sacerdote y me alentaba cariñosamente: sacerdote para santificarse, sacerdote para santificar almas; para atraerlas a Dios. No repetía palabras ni tampoco ideas; se recordaban por la unción con que las decía y se grababan fácilmente. El depósito de su doctrina era inagotable, su paciencia sin límites. No pase más de una semana sin confesar. ¡Cómo le premia Dios! Le dije en una ocasión. Pues mucho más le debo yo. Todo se lo debo. Vocación religiosa, vocación sacerdotal. Como escolapio, para guiar ángeles en el santo temor de Dios: EL EDUCADOR pule esos ángeles para el cielo. Era un arsenal de piedad que ardía en su corazón al hablar de la Escuela Pía y un foco inagotable de ciencia. Como sacerdote era modelo para los sacerdotes con quienes vivía, que se edificaban de sólo verlo.

Con todos estos rasgos de la fisionomía espiritual de nuestro Padre Faustino tenemos más que suficiente para considerarle como un discípulo predilecto del Señor, que ha realizado plenamente su unión con Dios, que es la vida inmersa en Cristo. Esta plenitud perfecta no se alcanza hasta la Vida eterna, pero se desarrolla continuamente, perfeccionándose durante la peregrinación de nuestra vida terrena. Esta vida es la que vulgarmente llamamos GRACA SANTIFICANTE, que tiene su inicio por la FE que recibimos en el Bautismo, engendrada por la Palabra de Dios (Cfr. Rom. 10, 17) toma su incremento por la recepción asidua y bien dispuesta de los Sacramentos, se hace plena en la Santa Eucaristía, Sacramento del máximo encuentro con Cristo Jesús y solamente alcanza su PERFECCIÓN ÚLTIMA en la Patria celestial. A esta vida que llamamos GRACIA y a toda su expansión en nosotros estamos llamados todos los cristianos […].

”El Siervo de Dios tenía siempre a Dios en los labios tanto en la clase como en las visitas que hacía a casa de mis padres. Nos incitaba mucho a tener siempre PRESENCIA DE DIOS y en las cartas que yo tenía del Siervo de Dios me daba muy buenos consejos sobre este particular”[Notas 23].Podríamos multiplicar indefinidamente con múltiples testimonios salidos de su pluma esta aserción sobre la DIVINA VOLUNTAD Y LA ADORACIÓN A LA PRESENCIA DIVINA, como pueden constatarse en el libro titulado SEMBLANZA ESPIRITUAL DEL SIERVO DE DIOS, al que remitimos al lector y solamente terminamos esta desvaída proyección con estas palabras que sintetizan sus pensamientos en esta doctrina: “No teniendo otra Voluntad que la de Dios, podréis todo lo que Dios puede y seréis tan fuertes como el mismo Dios”[Notas 24].

II. DON DE FORTALEZA DIVINA, de considerarnos y ser Hijos adoptivos de Dios y por lo tanto FIELES hasta la muerte antes que apartarnos de Él y ofenderle. Esta verificación eficaz nos proporciona una FORTALEZA INMENSA EN LAS TRIBULACIONES, en el REPUDIO DE TODA INJUSTICIA en no DEJARSE ARRASTRAR DE LAS SIMPATÍAS NI ANTIPATÍAS, EN SABER DEJARSE TRITURAR Y PERDERLO TODO POR AMOR DE DIOS. La resistencia humana es propia de la virtud de la fortaleza… pero esta sería muy limitada y a la vez imposible si no nos sostuviera la DIVINA Y ÚNICA FORTALEZA, que es una especie de inmutabilidad divina, en participación y unión con el que según S. Pablo, “todo lo podemos en aquél que es nuestra FORTALEZA”. ¿Y qué modalidades de posible exploración presenta en el alma de los elegidos el DON DE FORTALEZA? Podríamos decir que tiene tantos matices, tantos rasgos significativos, que llena la vida del hombre. Heroísmo de las virtudes pequeñas, insignificantes; dominio del carácter; fidelidad a las reglas más nimias; martirio de la vida cotidiana; perseverancia en el BIEN OBRAR ante el cansancio de la monotonía del deber de cada día y de cada hora… Soportarse a sí mismo en las horas de DESALIENTO o del llamado por el Santo Padre Pío XII el cansancio de los buenos, que lo han experimentado todos los santos; cumplimiento exactísimo del deber sin desfallecimiento… aceptación de los sufrimientos y tentaciones como PRUEBA de que DIOS NOS AMA Y DESEA NUESTRA IDENTIFICACIÓN CON ÉL. Por eso dice en una carta de 1890 a sus Hijas de Sanlúcar: “A mí me persiguieron, dijo Jesucristo a los Apóstoles; a vosotros os perseguirán también; no han de ser las Esposas menos que el Esposo. Y los Apóstoles salían gozosos de los concilios y tribunales donde los habían maltratado, injuriado y llenado de contumelias; ¿queréis ser más?” (Cart. 6-3-90) No podemos ni siquiera poner algunos ejemplos del don de Fortaleza en el Siervo de Dios. Su vida estuvo llena de persecuciones, incomprensiones y perfidias, fiel traducción en su propia carne de la sentencia del Apóstol: “Todos los que quieren vivir piadosamente en el Señor padecerán persecución” (2 Tim. III, 12).

III. DON DE PIEDAD: Consiste en esencia en CONSIDERAR A DIOS como NUESTRO PADRE VERDADERO y manifestar nuestra ternura y agradecimiento de Hijos ante su infinita bondad y los innumerables beneficios que nos otorga gratuitamente y sólo porque somos “sus pequeñuelos”. El Padre manifiesta en todo su comportamiento una CONFIANZA filial respecto de Dios nuestro Padre y de nuestro Hermano Mayor Jesucristo a pesar de nuestras deficiencias, como él decía en una de sus cartas (Cart. 5-2-922): “Si tan bien se encontraba San Pedro en el Tabor, ¿estaremos mal en los brazos del Señor?” Toda la vida de nuestro venerado hermano por decirlo así impregnada de estos sentimientos: Rezaba con grandísima devoción y confianza (es testimonio unánime de todos los Deponentes del Proceso). Por las noches sabemos que cuando se despertaba alababa al Señor y dirigía un saludo al Solitario del Sagrario… SU DEVOCIÓN al Sagrado Corazón del Señor es una de sus manifestaciones predilectas y que inculca con mayor insistencia y manda que se celebre todo el mes de junio para hacer honrar a este deífico Corazón que tanto ha amado a los hombres. Escribe un hermoso libro lleno de ternura y con admirables sentimientos para honrar esta DEVOCIÓN, que constituye para las almas selectas la síntesis de todas las demás… Se dirige a Dios por su camino VIA DEI que llamaron los Santos, o sea, a través de una DEDICACIÓN Y CONSAGRACIÓN ESPECIAL, a la Santísima VIRGEN mediante la LLAMADA “ESCLAVITUD MARIANA”, suficiente, según el sentir de S. Pío X, para elevar un alma a la más alta santidad. Sus devociones predilectas, como hemos señalado anteriormente, eran la Santa Misa y la EUCARISTÍA. Siente una predilección especial por SAN JOSÉ y los Santos ángeles. Recomienda insistentemente el MES DE MARÍA, “que lo celebren en todos los Colegios y con todas las alumnas”.

IV. DON DEL CONSEJO.- La vida humana es muy complicada, una auténtica maravilla en su constitución y funcionamiento; pero en la parte espiritual se halla implicada en muchas de las repercusiones somáticas y por lo tanto no deja de sentir la DEBILIDAD DE LA CARNE y los enemigos que la acechan; éstos son máximas, ejemplos, comportamientos, alicientes que, en los tiempos cada vez menos comprometidos con la FE, constituyen un ambiente moral difícil de superar. Para no extraviarnos, necesitamos un CONSEJO, una ayuda, una DIRECCIÓN; pues bien, el ESPÍRITU SANTO “os sugerirá todo lo que yo os he predicado”, dijo el Señor. Así es como mediante sus sugerencias divinas, sus inspiraciones y sus hablas interiores sin ruido de palabras, acude solícito a nuestro socorro en todas las ocasiones de necesidad; por eso fluía de él como de un hontanar ideas muy anticipadas a su tiempo, tanto pedagógicas… la instalación de los pabellones en Sanlúcar contra la opinión de otros que los juzgaban desacertados con su mirada astigmática; la expansión del Colegio de Getafe con la adición de las eras que lo circundaban, convirtiéndole en magnífico parque, hoy complejo depòrtivo de maravillosa previsión para la docencia y educación por medio de los deportes. También se traducía su don de Consejo en las DIRECTRICES maravillosas que señaló en sus CONSTITUCIONES Y SUS PRINCIPIOS DE GOBIERNO, prescripciones Y REGLAMENTOS para los comienzos en la Institución. Definición de vocaciones a multitud de personas… Dirección de almas en el confesonario que pueden contarse por millares; lo mismo por carta. Su epistolario conservado, se aproxima sin duda al millar de cartas y muchísimas que se han perdido en los avatares de la guerra, como lo confirman con sentimiento muchísimas personas que tuvieron trato con el Siervo de Dios. Todo ello forma un elenco de consejos, sentencias, estímulos, incentivos, sugerencias de muy subido valor espiritual, fiel eco del ESPÍRITU que vivía en el fondo de su corazón.

V. DON DE CIENCIA.- Este don, como es conocido, comprende el conocimiento y contemplación de Dios que pasa… es la figura del Amado que viste de hermosura a todos los seres que Él ha creado. Todo parece a los elegidos maravilloso, como pinceladas de la mano de Dios. Suben al monte santo de la Oración y contemplación, donde mora la DIVINIDAD y desde allí contemplan toda la CREACIÓN como obra de AMOR y entonces se dejen llevar de un doble impulso hacia las CRIATURAS: 1º) De cierta repulsa, porque nos pueden seducir, hechizarnos y dejarnos prendidos en sus encantos, sin hacer referencia al DUEÑO de todo y, por lo tanto, puede sufrirse un DESVÍO DEL FIN SUPREMOS. Por el contrario, también se experimenta un sentimiento de afecto, de apoyo, de delectación en la belleza, de auténtico amor, para ayudar a que no se desvíen, a que permanezcan unidas indefinidamente al Creador y si se hallan atisbos de perdición, ayudarlas a salir de sus enredos, de la seducción del Maligno y que han experimentado cuando les sugiere “seréis como dioses”. El hombre se ha prostituido por endiosamiento y soberbia. Y ese es el germen constitutivo del pecado; “AVERSIOA DEO, CONVERSIO AL CREATURAS”. Las criaturas deben ser los peldaños que nos eleven a Dios. Por eso nuestro P. Míguez, enamorado de la CIENCIA VERDADERA, a través de sus estudios, sus experiencias, sus inventos, alaba y glorifica al Señor que ha creado tantas maravillas; las flores, las plantas, las aguas con sus virtudes medicinales escondidas en su seno son una VISIÓN DEL SEÑOR, que se oculta detrás de esos cendales, para que le busquemos como se busca al Amado a través de las espesuras y de los oteros. Por eso se extasía, alaba y glorifica al Señor que cela estas bellezas a los soberbios y se las descubre a los humildes. Recomendaba mucho la humildad, nos revela una de sus confidentes, y decía que era la ESCALA DEL CIELO[Notas 25]. Las virtudes medicinales escondidas en las plantas o en las aguas son para el Siervo de Dios DESPERTADORES que le incitan a amar a Dios, y le elevan a la contemplación y adoración de sus divinos atributos. “NADA DE AS CRIATURAS; TODO DE DIOS”. Cree, sinceramente que Dios ha puesto el remedio de todas las enfermedades en la Naturaleza y por eso trabaja infatigable ya entonces, a principios de siglo, por encontrar el remedio de la tuberculosis y del cáncer. Y escruta los secretos de la Naturaleza con paciencia, con constancia, con asiduidad de horas y horas y muchas veces encuentra remedios que hasta hoy han procurado a millares y millares de enfermos la salud y el alivio que nadie les proporcionaba, tendremos ocasión de manifestar en el capítulo referente a las CURACIONES EXCEPCIONALES. “Todo lo refería a Dios e incluso en la explicación de sus asignaturas, llevaba a los discípulos a la FE por la Ciencia”. Cada átomo era para él un beso de Dios a través de la Naturaleza, la huella de su pisada plasmada en maravillas […]

Notas

  1. He ahí los nombres de algunas: “Colegio Nª Sra. del Pilar”, “Revista Madre”, “Voz de la Divina Pastora”, “Girasol”, “Revista Calasancia”, Anacleta Calasanctiana”, “Ephemerides Calasanctianae”, etc.
  2. Véanse: “El Debate”, “El Correo de Andalucía”, “La Región”, “La Voz de Galicia”, “L´Osservatore Romano”, etc.
  3. Véanse, por ejemplo, “Enciclopedia universal ilustrada europea-americana”. “Dizionario degli Istituti di Perfezione”, “Diccionario de Historia Eclesiástica de España”, “Diccionario Enciclopédico Escolapio (DENES)”, ETC.
  4. Véanse, entre otras, las siguientes publicaciones: C. RABAZA, Historia de las Escuelas Pías en España, Valencia 1917-1918; JOSÉ CERDEIRIÑA, El P. Faustino Míguez de las Escuelas Pías, Madrid, 1925; C. LASALDE, Historia Literaria y bibliográfica de las Escuelas Pías de España, Madrid 1925; C. BAU, Historia de las Escuelas Pías en Cataluña, Barcelona 1951; J Mª MARTÍNEZ, Historia del Santuario de los Milagros; J. OLEA MONTES, Discurso necrológico, Madrid 1951; L. PICANYOL, L Biblioteca Scolopica di S. Pantaleo, Roma 1952; JUAN OTAL, Proceso de beatificación del insigne escolapio de las Escuelas Pías de Castilla, R.P. Faustino Míguez, Madrid 1952; C. BAU, Historia de las Escuelas Pías en Cuba, La Habana 1957; FRANCISCO C. CARBALLO, El Santuario de Nª Sra. de los Milagros del Monte Medo, Orense 1963; ANSELMO DEL ÁLAMO, Semblanza espiritual del Siervo de Dios P. Faustino Míguez Sch. P., Madrid 1969; PIO INSTITUTO CALASANCIO DE LA DIVINA PASTORA, Capítulo especial para la adaptación y renovación de la vida religiosa según el Concilio Vaticano II, Madrid 1969; C. VILÁ PALÁ, Calasanz Casanovas, Salamanca 1970; GERMÁN VÁZQUEZ, Historia de Monforte y su tierra de Lemos, III, Pontevedra 1972; CESAREO GIL ATRIO, Santos gallegos, Santiago de Compostela 1976; VARIOS, Escuelas Pías: ser e historia Salamanca 1978; PIO INSTITUTO CALASANCIO DE HIJAS DE LA DIVINA PASTORA, Testamento espiritual de nuestro Padre Fundador y otros contenidos, Madrid 1979; CLEMENTE DOMEÑO LERGA, Lectura actualizada y anotada de “Ardides” (P. Faustino Míguez), Madrid 1983, etc.
  5. El P. José Olea Montes era natural de Ronda (Málaga), donde nació en 1884. Vistió la sotana escolapia en Getafe, año 1899; profesó en 1901 de votos simples y en 1906 de solemnes. Se ordenó sacerdote en 1909. Enseñó en diversos colegios como Úbeda, Villacarriedo y Sanlúcar. Acudió en ayuda de la provincia escolapia de Polonia, regresando pronto a España. Pasó los sobresaltos de la persecución religiosa en España y las consecuencias de la guerra civil. Recuperado el colegio de Getafe, fue rector del de San Fernando. En 1940 es nombrado Vicario General de España hasta 1947, en que debió contentarse con el más limitado cargo de Delegado General de España. Parece que ideó el recorrido por España de las reliquias Corazón y Lengua de San José de Calasanz en el tercer centenario de la muerte. Fue miembro de diversas Academias Literarias como de la Real de Málaga, de la Sociedad Petofi (de Budapest), Cruz de Alfonso X el Sabio, etc. (Cf. VARIOS, Escuelas Pías: ser e historia, Salamanca, 1978; “Ephemerides Calasanctianae”, 1976, pp. 116-120.
  6. El P. Anselmo del Álamo de la Madre de Dios es natural de Covarrubias, diócesis de Burgos, donde vino al mundo el 19.IV.1913. Tomó la sotana escolapia el 14.VIII.1928 y emitió los primeros votos en 1929, los segundos y definitivos en 1936. Ha enseñado en diversos colegios y ha desplegado mucha actividad como Vicepostulador de la Causa del S. de Dios, del que sin duda es el mejor biógrafo hasta el momento actual. Ya conocemos sus obras.
  7. P. JUANB OTAL, Proceso de beatificación del P. Faustino Míguez, Madrid 1952.
  8. A. ALAMO, Semblanza espiritual del P. Faustino Míguez, Madrid 1969.
  9. Carta del S. de Dios, fecha 5.II.1922.
  10. Consejos del P. Míguez a sus religiosas, 1ª Serie. (Cf. JUAN OTAL, Proceso de Beatificación…).
  11. SILVERIO DE Sª TERESA, Obras de Sª Teresa, III. 1939, p. 332.
  12. Ib., 3ª ed. P. 694.
  13. Álamo, Semblanza espiritual…, cit., p. 128.
  14. Ib., p. 128.
  15. Ib., p. 128.
  16. Ib., p. 128.
  17. Testimonio del P. Jesús Uría, exescolapio, capellán de los Hermanos Maristas de La Plata (Buenos Aires).
  18. Proceso diocesano, f. 225 r; testigo M. María Amada García Yepes.
  19. Ib., f. 69, testigo: José Olea Montes.
  20. Ib., f. 72, r, testigo: P. José Olea Montes.
  21. Ib., f. 82, TESTIGO: p. José Olea Montes.
  22. Ib., f. 208, testigo: P. Eusebio Gómez de Miguel.
  23. Ib., f. 338, testigo: doña Rosario Delgado Ñudi.
  24. ÁLAMO, semblanza espiritual… cit., p. 107.
  25. Proceso diocesano, f, 333, testigo: doña Victoria Florido Sanz.