PositioSuperVirtutibus/D.FAVORES

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C.LOS RESTOS MORTALES DEL SIERVO DE DIOS
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D.FAVORES

En atención a la brevedad nos limitamos a presentar un solo ejemplo de favor grande atribuido a la intercesión del Siervo de Dios. Es el caso de:

Sor Francisca Calero. Úlcera de duodeno, 20.III.1928

Se trata de Sor Francisca Calero, hija legítima de Bernardo Calero y Francisca, natural de Belalcázar (Córdoba), que a sus 44 años de edad declaró en el Proceso informático como testigo nº 10. No conoció al S. de D. que murió mientras ella era novicia. Vive aún en la casa de Almazán (Soria).

Presentamos en orden cronológico los documentos, de que disponemos sobre el caso. Son los deis siguientes:

a) Telegrama, 21.III.1928

Fue enviado por la Superiora, M. Julia Cruz, que años más tarde fue superiora en Beas de Segura (Jaén). Lo envió a la Superiora General, M. Natividad Vázquez. No poseemos la carta, que pereció en el incendio del Archivo General de la Congregación, trasladado a Madrid e incendiado en 1936 por los rojos. M. Julia Cruz de Jesús nació en Daimiel (3.VII.1888). Ingresó en el Instituto el 25.VII.1920, tomando el hábito el 16.I.1921. Emitió los votos temporales el 5.III.1922. Fue superiora del Asilo “Santo Ángel” de Orense, de Beas de Segura y del Seminario Menos de Pilas (Sevilla). (Carp. Necrologías. Archivo Curia Gen. HH. Divina Pastora).

Sanlúcar Bda. (Cádiz) de Orense. Nº 27124, palabras 14, depositado el 21 a las 9.

Hermana Francisca Buena milagro del Padre. Escribo. Julia.

b) Certificado médico de D. Julio GARCÍA PÉREZ, 7.iii.1949


Don Julio nació en mayo 1896. Cursó Medicina en la Facultad de San Carlos de Madrid. Fue alumno asistente de famoso histórico Ramón y Cajal. Premio Nobel. Alumno interno en el Hospital General de Madrid (191-1919). En 1920 se establece en Orense y ejerce la consulta domiciliaria. Médico Auxiliar en el Hospital Prov. de Orense (1924-1927). En 1927 aprueba la oposición de Cirujano en dicho Hospital. Más tarde consigue la plaza de Electroterapia y Radioterapia. Médico de la Brigada Sanitaria de Orense (1922-1962). Desde 1948 perteneció a Sanidad 18 de julio. Jefe de Equipo de la Seguridad Social (1952-1962). Fundó en 1956 el sanatorio “García Pérez” que regentó hasta el 31.V.1965.

DON JULIO GARCÍA PÉREZ, MÉDICO-CIRUJANO EN EJERCICIO EN ORENSE, COLEGIADO EN EL COLEGIO OFICIAL DE MÉDICOS DE LA PROVINCIA CON EL Nº 90, Y DOMOCILIADO EN ORENSE, AVENIDA DEL CAPITÁN ELOY, 9-11.

CERTIFICO: Que en el año 1927 he asistido en el Asilo para huérfanos del Santo Ángel, patrocinado por la Excma. Sra. Marquesa de la Atalaya Bermeja y Condesa del Valle de Oselle, Doña Ángela Santamarina Albucid, a la religiosa perteneciente a la Comunidad, que allí presta sus servicios, SOR FRANCISCA CALERO, la cual presentaba un cuadro clínico de ÚLCERA DUODENAL y cuya enfermedad, a pesar del adecuado tratamiento médico, seguía una forma cada vez menos satisfactoria. La intolerancia gástrica llegó a tales extremos que hubo que suprimir todo alimento administrado por la boca, recurriéndose a los enemas alimenticios, y por la poca tolerabilidad de éstos, se llegó por fin a un régimen de sueros y otras sustancias alimenticias por vía hipodérmica.

Como consecuencia de todo ello, y después de unos tres meses de depauperación progresiva, el estado de la enferma llegó a un momento en el que una simple elevación de la cabeza sobre la almohada le producía una crisis lipotímica intensa, teniéndose que aplicarle tónicos cardíacos (cafeína, aceite alcanforado, etc.).

En estas condiciones, y cuando lógicamente se esperaba un desenlace mortal, el que suscribe se entera con el natural estupor que la citada Hermana Sor Francisca Calero se había levantado de su lecho y se consideraba sana. Una vez reconocida después de este hecho imprevisto, el que suscribe no pudo comprobar secuela alguna de la referida enfermedad, así como vio patente la recuperación de la energía muscular y el vigor cerebral casi inexistentes tres días antes. La Hermana Francisca pudo desde el momento de su súbdita incorporación, alimentarse y moverse, hechos estos, que hacía mucho tiempo no era capaz de realizar.

El que suscribe puede afirmar que estos hechos no tienen explicación natural y sorprenden extraordinariamente al ser analizados desde un punto objetivamente científico, pues de sobra es sabida la lentitud, que en los casos favorables de recuperación, los enfermos adquieren energías, sobre todo, en los casos como el presente, en que la atrofia muscular y la profunda anemia observadas ponen al enfermo en situación de marasmo al borde de la consunción definitiva.

Para que lo hagan constar así en donde convenga y a instancia de la Rda. Madre Superiora de la Comunidad de Religiosas de la Divina Pastora del Asilo del Santo Ángel de esta Ciudad, expido el presente certificado en Orense a siete de marzo de 1949. Julio García Pérez (rubricado).

c) Testimonio del confesor, P. Doroteo Calonge Ibáñez, 21.III.1949

El P. Doroteo (1880-1953) era natural de Mazuecos, prov. de Palencia. Ingresó en los Franciscanos y profesó en 1896. Desempeñó diversos cargos como el de Vicario, Guardián y Definidor Provincial. Se acreditó como notable orador sagrado. Restauró el convento de Orense, en el que falleció. Publicó diversas obras; entre ellas una sobre los cuatro conventos franciscanos que hubo en Orense a lo largo de la historia. (Datos tomados de la necrología de la Provincia Franciscana, por Fr. Francisco Alonso, superior del convento (1983).

Convento de PP. Franciscanos. Orense.

Rda. M. Superiora: Accediendo gustoso a su ruego de que le comunique mis impresiones referentes a la curación repentina de la religiosa de esa Vle. Comunidad Sor Francisca Calero, ocurrida el año 1927, debo manifestarle que mis impresiones fueron de las más emocionantes que he sentido en mi vida.

Mucho tiempo estuvo enferma Sor Francisca a la que, por mi cargo de confesor ordinario de la Comunidad, oía en confesión una vez a la semana, y con frecuencia observé, durante los últimos meses de su enfermedad, que cuando pretendía esforzarse un poco para hacerse oír, quedaba desvanecida. Tan extenuada y débil estaba que los síncopes eran muy repetidos.

El inteligente y acreditado médico de cabecera, D. Julio García, después de conferenciar con otro médico, que también visitó y examinó a la enferma, manifestó a la M. Superiora que se trataba de un caso incurable, y que por lo mismo se administrasen a la enferma los últimos santos sacramentos, como en efecto así se hizo.

La enfermedad siguió durante casi otros dos meses minando aquella naturaleza casi del todo extenuada. Entonces, siempre que la oía en confesión, me parecía que aquella sería la última.

Las Religiosas, perdidas ya todas sus esperanzas en los medios humanos, acudieron a Dios llenas de confianza en el valimiento de su Vble. Fundador, al que pusieron de medianero en una novena que hicieron, no recuerdo si fue al Patriarca S. José o a la Sma. Trinidad. No habían transcurrido los nueve días del novenario, cuando una tarde, a las primeras horas de la misma, me llamaron al Asilo. Creí entonces que el llamamiento de las Religiosas sería para que asistiese a la religiosa en su agonía. Pero ¡cuál sería mi sorpresa al ver a Sor Francisca abriendo la puerta de la sala-recibidor! Allí estaban reunidas las Religiosas rebosantes de alegría, comentando el maravilloso suceso. Llamen, les dije, a D. Julio. Cuando éste llegó, Sor Francisca, con aspecto sano abrió también la puerta, quedando dicho señor gratamente sorprendido. ¿Qué le parece, D. Julio? Le pregunté. Nada tengo que decir, contestó. Es ahora la Iglesia quien tiene la palabra.

He aquí, Rda. Superiora, mis impresiones y referencias que le puedo comunicar respecto a la curación repentina de Sor Francisca Calero.

Encomendándome a sus fervorosas oraciones, quedo de Vd. s.s. y capellán Fr. Doroteo Calonge (rubricado).

d) Carta de D. Julio García Pérez a Sor Francisca Calero, 23.II.1953

En dicho año se hallaba Sor Francisca Calero en la población de Albelda de Iregua (Logroño) como cocinera de la Casa Central de Estudios de las Escuelas Pías de España, en la que residían unos ciento cuarenta estudiantes de Teología, además de la Comunidad de Profesores y Hermanos Operarios.
Desde allí Sor Francisca escribió a D. Julio. No poseemos esta carta. La que sigue es la contestación del Médico, Cirujano del Hospital Provincial de Orense. Carta escrita a máquina. En Arch. Curia Gener. R.R. Hijas de la Divina Pastora.

Hermana Sor Francisca: Con intensa emoción recibí su carta, en la que, además de sus frases, que mucho agradezco (sin merecerlas), me envía una reliquia y una fotografía del Siervo de Dios y Fundador de la Orden [sic] Padre Faustino Míguez. Dios se lo pague. Nada debe agradecerme, pues yo sólo soy médico y simple mortal y pecador, y aunque como todos los médicos a veces la Bendita Providencia del Señor nos utiliza como toscos instrumentos, es lógico pensar que, a pesar de todos nuestros estudios y adelantos, nada podríamos, si no fuera por la ayuda de Quien Todo lo puede… Cuantas veces estamos seguros del buen resultado de un tratamiento y el enfermo se nos muere, y cuantas otras (como en su caso) creemos que la vida ha llegado al límite y esta se recobra y sigue! Por eso yo me considero deudor de Vd. ya que me brindó la ocasión de presenciar lo que muchos niegan por no haberlo visto, y yo, que gracias a Dios he sido siempre cristiano viejo, nunca dudé de las posibilidades supranaturales, cuando el Señor se digna hacerlas patentes, pero confieso que cuando yo llegué a su habitación creyendo encontrarla moribunda y fue Vd. misma la que me abrió la puerta, recibí una impresión que, aún hoy, después e veinticinco años pasados, no se me borra. En fin, Hermana Francisca, demos siempre gracias a Dios por sus infinitas bondades y ruegue Vd. por mí y los míos para que aumente nuestra FE y pidamos todos para que el venerable Padre Faustino Míguez llegue a los altares y desde el cielo nos bendiga; allí nos espere, cuando el Señor se digne llamarnos.

Uno de los testigos, que presenciaron su caso, el Rdo. P. franciscano Fray Doroteo Calonge, hace unos días ha fallecido después de una larga enfermedad, aureolado con el entrañable cariño de todos los orensanos, que tanto le queríamos y que tanto nos consolaba con el santo Sacramento de la Penitencia!. Dios lo tenga en el cielo.

En fin, Hermana Francisca, todos los de mi casa le agradecen sus oraciones y yo le envío mi respetuoso agradecimiento por su caridad en enviarme su carta, que guardaré con el mayor respeto. ¡Dios se lo premie! Julio García Pérez (rubricado).

e) Carta del Rdo. D. Hipólito Vacchiano al médico Dr. Julio García Pérez, 15.III.195 (fecha del matasellos)

No hemos hallado los deseados datos biográficos de este sacerdote que intervenía como Notario en la formación del Proceso Diocesano del S. de Dios.

Distinguido Sr. Mío: como no ignora V., estamos instruyendo en esta Curia Eclesiástica de Madrid el Proceso Ordinario Informativo de Beatificación y Canonización del S. de D. Rdo. P. Faustino Míguez, escolapio, Fundador de las Religiosas Pastoras Calasancias. En dicho proceso tendrá que ser parte y muy importante, la declaración de la Hermana Sor Francisca de Jesús Calero, de la que fue curada en forma milagrosa por la intercesión de dicho S. de D. Y con el fin de que el Tribunal pueda conocer los hechos, y apreciarlos, sobre todo en su carácter extraordinario y, si procede, incorporarlo al Proceso, le agradecerá muchísimo que, a la vista de los datos, que conserve en su archivo y de los que recuerde con exactitud, nos haga una relación lo más detallada posible de todo lo ocurrido con esta enferma, a la que Vd. asistió, principalmente en el aspecto médico, es decir: diagnóstico de la enfermedad; cuándo comenzó; sus manifestaciones; cuánto duró; desarrollo progresivo de la misma; pronóstico de Vd.; remedios que se emplearon; cómo se efectuó la curación; si fue por crisis o por lisis; si coincidió el punto de mayor gravedad con la curación completa; qué remedios empleó para combatir la enfermedad, etc. y su juicio especialmente sobre el punto importantísimo de si cree Vd. que fue sobrenatural y sobre todo milagroso. Sería también muy interesante saber si se le hicieron a la Hermana antes de su curación radiografías y análisis y el resultado de los mismos y también si después de curada se le volvieron a repetir radiografías y análisis y con qué el resultado. En fin, todo lo que V. comprenda que pueda ilustrar al Tribunal sobre este caso para determinar el carácter extraordinario o no de la dicha curación.

Le ruego me perdone esta molestia, que le proporcionamos, pero conocemos sus acendrados sentimientos religiosos y sabemos por lo tanto que se dará cuenta perfecta de la importancia de esclarecer este hecho y querrá ayudarnos, ya que es V, acaso, la única persona que con conocimiento de causa y técnicamente nos puede orientar.

Y ya puesto a causarle molestias, me atrevo a rogarle que nos envíe cuanto antes su informe, pues el Proceso está casi terminado y no quisiéramos retrasar su envío a Roma demasiado. Dios se lo pagará. Aprovecho la oportunidad para ofrecerme de V. affmo. s.s. y capellán. Hipólito Vacchiano García.

f) Carta del Dr. Julio García Pérez al Rdo. Sr. Hipólito Vacchiano García, 25 de marzo de 1954

Rdo. P.: Con el mayor placer recibí su carta de fecha correo 15 de actual, en la que, como Notario del Proceso de canonización del S. de D., P. Faustino Míguez, me hace Vd. el honor de enviar y en la (que) me pide datos y detalles fidedignos acerca de mi intervención profesional en el caso de la enfermedad padecida por la Hermana Sor Francisca de Jesús Calero y de las circunstancias de su curación extraordinaria.

En su día he redactado, a instancia de la Superiora de las HH. De la Divina Pastora de esta capital, un certificado en el que hacía constar todos los datos por mí observados. Pasados unos años volvía repetir dicho certificado, pues, al parecer, se había extraviado el primero; y por fin, en el verano de 1952, tuve la satisfacción de recibir en mi domicilio a un Sr. sacerdote (me parece que Celador de la Causa) a quien de palabra repetí mis impresiones en este interesantísimo asunto.

El hecho ocurrió en 1927. El que esto escribe era entonces médico de asistencia de la comunidad de HH. De la Divina Pastora que dirigen el Asilo del Santo Ángel en el barrio del Couto en esta ciudad y que es fundación de la Excma. Señora Marquesa de la Atalaya Bermeja y Condesa del Valle de Oselle. La hermana Francisca la vi un día con un cuadro de dispepsia muy acusada, intolerancia gástrica y profundo estado de anemia y desnutrición. Me aseguró que llevaba ya algún tiempo con molestias, pero al ver que las molestias y debilidad iban cada vez aumentando, decidió dar cuenta a la M. Superiora.

Mi impresión era que padecía una gastropatía importante. Por aquellas fechas no existía en Orense ninguna instalación radiográfica, que pudiera servir para el caso, así como tampoco otras instalaciones auxiliares, que pudieran ayudarnos en el diagnóstico. El cuadro clínico se fue acentuando con una mayor intolerancia gástrica, la palidez de la piel y mucosas se fue acentuando cada vez más, el aparato cardiocirculatorio presentaba signos evidentes de insuficiencia hasta el punto de que la enferma no podía elevar la cabeza de la almohada, pues ella ocasionaba invariablemente una grave lipotimia. Como quiera que los medios empleados no dieran el menor resultado y la intolerancia gástrica era cada vez más acusada, se dispuso una alimentación con suero fisiológico glucosado y tónicos cardíacos, que procuraban sostener a la enferma; esta situación se mantuvo algún tiempo hasta que llegó un día, en el que me creí en el caso de aconsejar a las RR. que nada quedaba que hacer, como no fuera encomendar la enferma al Señor; la caquexia era tremenda, el pulso incontrolable y filiforme y la capacidad de accionar con los músculos casi nula, ya que estos presentaban una atrofia extremada.

Una noche me despedí de la comunidad después de ver a la enferma en estado pre-agónico, con la evidencia de que sus horas de vida se agotarían en cualquier momento inmediato. Habían transcurrido tres meses desde que yo la había visto por primera vez.

A los dos días de esta visita, que yo estimé la última, fui requerido por la comunidad sorprendido de que la enferma sobreviviese. Como siempre llegué a la puerta de la Clausura y al abrirse esta, sufrí verdadero estupor al ver que quien me había abierto era la propia enferma, la cual, al observar mi espanto, trataba de tranquilizarme, asegurando que ya está curada, como yo preguntase qué había sucedido, me respondieron la superiora y Hermanas, que después de tres días de ruegos al Señor por mediación del P. Fundador, Rdo. P. Faustino Míguez, la hermana Sor Francisca de la Cruz [sic] Calero, había pedido la ropa para vestirse, lo que hizo inmediatamente.

Estos son los hechos evidentes; ahora bien, para mí, lo inconcebible es la súbita recuperación de la suficiencia cardio-vascular, sobre todo, la restauración inexplicable de la potencia muscular de unos músculos atrofiados y anémicos, que horas antes no podían ni remotamente realizar la menor función activa; después de casi un mes de exigua alimentación con suero glucosado hipodérmico y aceite alcanforado como tónico cardíaco llegando a presentar la enferma una situación preagónica evidente; de pronto, aquellos músculos recobran vigor(es sabida la gran lentitud de la recuperación muscular, pues bien, en este caso la vuelta a la salud se verificó inmediata, el sistema cardio-vascular adquirió tono suficiente, el estómago se vio libre de aquella tremenda intolerancia y la auténtica vuelta a la vida normal se establece definitivamente.

Aun cuando la escasez de medios, a la que hice referencia, diese lugar a un preciso diagnóstico causal erróneo (probable úlcera duodenal), es evidente que la hermana Sor Francisca de la Cruz Calero, por la intolerancia gástrica y por las supuestas hemorragias ocultas de la supuesta úlcera duodenal o por otras causas, que pudieran escapar al examen clínico, había llegado a presentar un cuadro clínico de extrema gravedad con todas las características de marasmo final. Así las cosas y de forma inmediata, se ve la enferma recuperada y en condiciones de hacer su vida normal. Esto es, precisamente lo que por los postulados de la Medicina de entonces y de ahora no puede ser explicado. No vale achacar los hechos a una modalidad histérica, ya que no acusaba estigmas de dicho trastorno y, a mayor abundamiento, puede ser hoy la enferma examinada en este sentido con resultado negativo; luego hay que rendirse a la evidencia de los hechos relatados y admitir una causa de curación situada en un plano MUY SUPERIOR a nuestra razón.

Humilde testigo de los hechos, doy gracias a Dios porque ÉL se ha dignado depararme la dicha de haberlos observado y LE ruego se digne concederme la gracia de saber que este insignificante papel por mi desempeñado, servirá a la mayor gloria de ÉL en uno de sus elegidos. Así sea. Le saluda y b.s.m. Julio García Pérez (rubricado).

g) Testimonio de la interesada, Sor Francisca de Jesús Calero, 1953. Véase su relación en Summarium, pp. 128-134.







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