PresenciaLatinoamérica/QUÉ RETOS PLANTEA AL INSTITUTO CALASANCIO DE HIJAS DE LA D.P. LA EVANGELIZACIÓN, EN EL HOY Y EL MAÑANA DE LATINOAMÉRICA

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QUÉ RETOS PLANTEA AL INSTITUTO CALASANCIO DE HIJAS DE LA D.P. LA EVANGELIZACIÓN, EN EL HOY Y EL MAÑANA DE LATINOAMÉRICA

Saludo inicial

Agradezco la invitación a participar con vosotras, en condiciones de fraternidad, en esta Celebración-Encuentro para conmemorar el V Centenario de la "implantación de la Iglesia" en este extraordinario, y al mismo tiempo sorprendente, continente americano. 500 años de avatares históricos de todo signo, pero también sin duda, de "abundantes frutos de santidad y de amor cristiano", de gran humanidad y de cultura dados por el Nuevo Mundo.

Una hermosa coincidencia:

21 de diciembre. El Papa Juan Pablo II acaba de firmar en Roma el Decreto de reconocimiento eclesial de las virtudes Cristianas, en grado heroico, del P. Faustino Míguez. Para vosotras, "Padre amoroso" que os sigue pidiendo, hijas herederas de su carisma de Fundador, la continuidad perseverante en el servicio eclesial por él ideado; para mí, escolapio, "Hermano mayor" que, con su testimonio ejemplar, me estimula a seguir en fidelidad por el camino vocacional, por él ya recorrido.

Doble motivo de alegría

V Centenario de los inicios de la evangelización.

Reconocimiento de santidad cristiana del P. Faustino Míguez.

Doble ocasión para celebrar "en familia" lo que Dios va realizando salvíficamente en la historia.

Gracias, porque podemos celebrarlo juntos.

Introducción

Se me ha propuesto hablar sobre los retos que plantea a vuestro Instituto la evangelización de Latinoamérica (LA), en su momento actual y en el próximo futuro.

Toda la Iglesia, en esta etapa de final de siglo, se está planteando el tema de la reevangelización. Juan Pablo II, desde 1983, viene poniendo particular énfasis en la expresión "nueva evangelización"; trata con ello de impulsar la urgencia de una evangelización renovada en vísperas del tercer milenio cristiano.

Tal como se formula el título de esta conferencia, me sugiere dividirla en tres partes:

I.Acercamiento a la realidad latinoamericana.
II.La nueva evangelización como programa.
III.La respuesta adecuada del Instituto Calasancio Hijas de la Divina Pastora a los retos planteados, como servicio educativo-evangélico a las gentes de LA.

I. Acercamiento a la realidad Latinoamericana

No es fácil hablar de los pueblos de América como una unidad, sin distorsionar fuertemente la realidad plural que se encierra bajo el denominador común de LA. No existe la única LA, sino muchas. Existe la LA urbana, la campesina, la indígena, la afroamericana; existe la LA industrializada y la proletaria, la de los avances y la del atraso. Los países latinoamericanos son muy diferentes entre sí, con realidades antropológicas, sociales, culturales, políticas y económicas diversas e incluso contradictorias. Vuestro Instituto, sin embargo, se extiende por una amplia zona geográfica de este continente y requiere el esfuerzo de verla como totalidad. Después cada cual, deberá interpretarla y aplicarla a su contexto más reducido y concreto.

También es cierto, sin embargo, que a pesar de una gran diversidad, existen rasgos comunes entre los pueblos latinoamericanos:

-El sentido natural de la vida
-Las relaciones humanas sencillas, los lazos frágiles y cambiantes; la gran afectividad de estos pueblos.
-El sentido religioso de la existencia, unido a un profundo sentimiento mariano.
-El alma festiva y contemplativa.
-El sentido comunitario que ayuda a compartir la vida.
-La capacidad para sumir el sufrimiento.
-La riqueza de la cultura popular, tanto en sus expresiones como en su profundidad.
-La lengua común.

En Latinoamérica, además, conviven la pobreza y la riqueza, el sufrimiento y el confort, el tercer mundo y la sociedad desarrollada. Es una realidad de fuerte contrastes.

Situación de crisis

La situación presente de LA viene descrita con frecuencia como la de un continente en crisis. Esta crisis se puede describir así:

Crisis económica: Refiriéndose a los años 80 se habla de la "década perdida" para el desarrollo económico de LA; los observadores dicen que se ha acentuado de tal manera el retroceso socioeconómico que ha pasado en vano, desaprovechando, la hora de América, y que en la actual década de los 90, el vasto campo abierto en el Este de Europa y en Rusia, atraerá la atención y las inversiones de las potencias económicas. Se corre el riesgo de añadir a las pobrezas antiguas una pobreza nueva. Es el mismo Juan Pablo II al recordarlo en su discurso de apertura de la conferencia del CELAM en Santo Domingo: "No obstante el avance registrado en algunos campos, persiste e incluso crece el fenómeno de la pobreza. Los problemas se agravan con la pérdida del poder adquisitivo del dinero, a causa de la inflación, a veces incontrolada, y del deterioro de los términos de intercambio, con la consiguiente disminución de los precios de ciertas materias primas y con el peso insoportable de la deuda internacional de la que se derivan tremendas consecuencias sociales. La situación se hace todavía más dolorosa con el grave problema del desempleo creciente, que no permite llevar el pan al hogar e impide el acceso a otros bienes fundamentales" (n.14).

Todo esto crea una sociedad desigual e injusta en la que destaca la pobreza de las mayorías, la riqueza de una minoría y la inestabilidad de una clase media no siempre configurada en todos los países.

Crisis de valores que se manifiesta en una fuerte influencia de la sociedad consumista y su creciente atractivo acrítico: los falsos valores de poder y prestigio, de tener y de incontenido placer, con tendencias cada vez más pronunciadas al bienestar egoísta, al hedonismo insolidario, a actitudes individualistas movidas únicamente por el propio interés.

Esta quiebra de valores suscita realidades tales como la falta de ética personal, la desintegración familiar, el abandono de los hijos, las carencias afectivas profundas, la violencia en las relaciones humanas y la corrupción en los estamentos administrativos e institucionales.

Crisis cultural que se refleja en la irrupción de una cultura desarrollista y publicitaria importada del Primer Mundo y que, debilitando las culturas particulares y las tradiciones genuinamente populares, impone acríticamente costumbres, modas, modelos de vida, fomentando el individualismo y la dependencia.

Crisis religiosa que se manifiestan un desconcierto motivado por la crisis de valores ahora descrito y por una progresiva ignorancia religiosa causada por la carencia de sacerdotes, por la falta de una adecuada evangelización y catequesis sistemática y por la insuficiente asistencia pastoral. LA es un continente creyente, con una arraigada religiosidad popular, pero al mismo tiempo, la fe que las personas profesan tiene poca significación e incidencia en su vida cotidiana. Se cree en Dios, hay una fuerte devoción mariana, pero ni la fe ni la devoción suelen suponer en muchos un comportamiento moral, ni una madurez de vida, ni un compromiso con la justicia. Aunque existe amor a la Iglesia, la participación suele ser masificada y superficial. Ciertamente han crecido experiencias bien significativas desde el punto de vista cristiano, en comunidades, grupos y experiencias múltiples, pero junto a ellas la irrupción de las sectas, la superstición y cierto sincretismo religioso señalan una vez más una religiosidad en crisis. Pero sobre todo es necesario destacar la chocante realidad de un continente mayoritariamente católico y en el que, sin embargo, y muchas veces al amparo de la fe, se han cometido y siguen cometiéndose graves injusticias.

Como educadores nos preocupa en modo especial que por esta crisis de valores vaya surgiendo entre los más jóvenes un alarmante desinterés por lo religioso que llega, en algunos casos, al extremo del ateísmo práctico o del agnosticismo existencial.

Un acercamiento especial a la realidad educativa

Vuestra vocación educadora, pide una palabra específica sobre la realidad de la educación en LA.

Dentro de los logros, que sin duda existen, muchos de los pueblos latinoamericanos presentan un cuadro poco alentador en el campo educativo e instructivo:

-a pesar de los esfuerzos realizados en algunos países, todavía es elevado el porcentaje de personas analfabetas y de personas que carecen de estudios básicos;
-la educación en muchos países continúa siendo muy deficiente en contenidos y métodos;
-es todo un drama la realidad del fracaso escolar y la consiguiente salida del sistema educativo para los niños y jóvenes que no logran aprobar sus estudios;
-la oferta educativa sigue siendo insuficiente en muchos lugares, pues, muchos niños no logran acceder a la educación media y la educación superior es claramente para una minoría.

Es claro que con una población analfabeta o deficientemente educada, no se puede fundamentar la justicia y la paz. Tener una educación básica es una condición indispensable para poder habitar humanamente el mundo y para que las personas y los pueblos puedan ser agentes de su historia. De aquí la prioridad de la educación en estos pueblos de América Latina para que pueda existir un desarrollo con rostro humano, pues, la educación hace al hombre libre y le abre la posibilidad de la participación democrática. Latinoamérica necesita una educación que promueva todo un proceso de humanización como camino para la libertad personal y para la participación responsable en la historia de los pueblos.

Y sin embargo, un continente de esperanza

A pesar de esta visión en la que prevalece lo negativo, es necesario destacar el inmenso patrimonio de cosas positivas de este continente latinoamericano. LA es un continente en crisis, pero también lo constituyen unos pueblos que van buscando ansiosamente su identidad y que viven en un continuo proceso de transformación.

Hay gente solidaria que está tomando conciencia de sí misma y de su deseo de ser libre y protagonista de su propia existencia y la de su pueblo. LA es un continente joven con grandes recursos humanos, con vitalidad suficiente como para alumbrar una sociedad nueva que destruya las injusticias y carencias existentes.

Por eso, LA es un continente de esperanza. A pesar de los desequilibrios, de los quebrantos y los fallos, es un pueblo rico en personas honestas, trabajadoras, creativas, humildes y sencillas; personas capaces de amar en medio del sufrimiento. Tal riqueza en las personas convierta LA en prometedora posibilidad y en alternativa a modelos deshumanizadores, desgastados y caducos de sociedad. LA se presenta como un campo enorme y bien abonado para toda labor genuinamente educativa. Como Familia Calasancia, no podemos olvidar la intuición histórica y profética de S. José de Calasanz: "El mejor futuro de los pueblos depende de la adecuada educación de sus nuevas generaciones".

La Conferencia de Puebla sintetizó así las aspiraciones del pueblo latinoamericano; que siguen teniendo plena actualidad:

-una calidad de vida más humana,
-una distribución más justa de bienes y oportunidades,
-un trabajo justamente retribuido que permita un decoroso sustento y que disminuya la brecha existente entre ricos y pobres,
-una convivencia social fraterna,
-una mayor participación en la vida social y política,
-unos cambios estructurales que aseguren una situación justa para las grandes mayorías,
-un verdadero respeto de los derechos humanos para que nadie se sienta amenazado ni por la represión ni por el terrorismo ni por la tortura,
-una conservación del núcleo familiar,
-y una mejor educación accesible a todos, sin distinción alguna.

(Cfr. Puebla 131 - 137).

II. La nueva evangelización como programa

La "nueva evangelización" es la tarea esencial e improrrogable de la Iglesia en este final del segundo milenio (Juan Pablo II, "Pastores dabo vobis", n. 70).

Un proyecto pastoral de iniciativa pontificia

En el año 1983, Juan Pablo II habló por vez primera de la "nueva evangelización". Fue precisamente en un contexto latinoamericano: discurso al CELAM en Haití. Posteriormente han seguido una serie de discursos recordando la misma idea. El tema comenzó a ser centro de atención de toda la Iglesia. Si en un primer momento, la "nueva evangelización" mantuvo una estrecha referencia a la realidad latinoamericana -y más concretamente al V Centenario de su evangelización- más tarde amplió el horizonte a la relación evangelio-cultura; acabando finalmente por abrirse a todas las zonas del mundo donde el cristianismo histórico, fruto de la primera evangelización, sufre un apagamiento, desgaste o proceso de disolución.

Claramente adopta esta óptica mundial en las encíclicas "Christi fideles laici" sobre la vida y misión de los laicos en la Iglesia[Notas 1] y "Redemptoris missio" sobre la dimensión misionera de toda vocación cristiana[Notas 2]

Ciertamente la voz que más se deja oír en este tema es la de AL. Aspecto como la inculturación, la igualdad de derechos, el derecho a la vida, a la propia cultura se confrontan vigorosamente y hasta con pasión, con la fe en la teología, la pastoral y la vida de este continente.

Hablar de nueva evangelización es una manera de decir que hay que revisar enfoques, planteamientos y métodos de la actual evangelización. Nueva evangelización es una apreciación crítica del presente: en muchas zonas de vieja cristiandad se ha llegado a un estado de paganismo o neopaganismo; en consecuencia urge reiniciar una proclamación del mensaje evangélico.

Como proyecto o programa de "nueva evangelización" puede entenderse sucintamente como la acción misionera dirigida a los bautizados y a los pueblos ya evangelizados que no viven hoy su fe, bien porque no practican la justicia, bien porque viven paganizados en medio de una cultura emergente de increencia[Notas 3]. De la "nueva evangelización" podemos hablar, en consecuencia, como de un proyecto concreto, bajo una denominación común, de animación evangélica en cada lugar o grupo humano afectado por un debilitamiento progresivo de la vida de fe.

No obstante, hay divergencias en la concepción de la "nueva evangelización", ya que no todos los teólogos y pastoralistas entienden del mismo modo el adjetivo "nuevo" aplicado al sustantivo "evangelización.

Una evangelización calificada como "nueva".

Pueden distinguirse -según expresa A. González Dorado- dos corrientes a la hora de calificar lo "nuevo" en este proyecto de evangelización: "una más dominada por el entusiasmo; y otra, más crítica y cuestionadora"[Notas 4]. Se dan, pues, dos interpretaciones: una evangelización restauradora, nostálgica del pasado, y otra liberadora, como apertura creativa hacia el futuro. Las diferencias residen, fundamentalmente, en comprender la "nueva evangelización", bien como simple restauración de la misión de la Iglesia a la luz de la experiencia del pasado en función de la transformación de la cultura moderna (los cambios operados sólo en nuestra sociedad actual), bien como renovación profunda de la misión eclesial a la luz de la fuerza siempre innovadora del evangelio ("He aquí que hago nuevas todas las cosas", Ap.21, 15). (Cambios que deben operarse también en la Iglesia para que pueda darse el cambio en la sociedad)

Evidentemente que tanto los de una tendencia como los de la otra, están de acuerdo en la urgencia e importancia que tiene hoy la evangelización. Recordemos que, según Pablo VI "evangelizar constituye la dicha y la vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar"[Notas 5].

Mirando a la IV Conferencia del CELAM, celebrada recientemente en Santo Domingo, el Papa Juan Pablo II al centrar el tema de la nueva evangelización para AL en relación a dos componentes principales (la promoción humana y la cultura cristiana) ha querido - a mi entender- orientar la evangelización de este continente a una línea claramente innovadora[Notas 6].

No se trata de volver a una "nueva cristiandad" sino procurar que el fermento del Evangelio penetre en todas las culturas, las asuma en su propia identidad y logre formar con todos los pueblos una nueva civilización de la verdad y del amor. Se trata de “proponer una nueva síntesis creativa entre Evangelio y vida” (Juan Pablo II, 11-X-1985)

La novedad, en consecuencia, no afecta de por sí al mensaje evangélico -por naturaleza siempre innovador y creativo- sino a las actitudes de los agentes de la evangelización, al estilo de evangelizar, al esfuerzo requerido, a la programación.

Una actitud basada en la "caridad pastoral" y no en el interés o la dominación; impulsada por la "panesía" de la que habla el apóstol que no enmudece ante el peligro, sino que habla abiertamente y con libertad cuando se trata de censurar la maldad, el engaño, el pecado. De "Sellos de nuestro apostolado en América Latina" ha calificado Juan Pablo II esta "panesía" que debe animar la actitud del evangelizador y el estilo de su obra.

Un estilo, además, renovado en sus métodos: "Palabra expresada en lenguaje y formas accesibles al hombre latinoamericano". ¿Cómo llegar al corazón de su cultura? ¿Cómo hablar de Dios a un mundo en proceso de secularización; donde no hay graves injusticias, estructuras de pecado, dolor y pobreza en los desposeídos de bienes por la codicia de los otros?

Renovación en la programación, comenzando por la renovación de quien programa: "La nueva evangelización requiere una vigorosa renovación de toda la vida diocesana. Las parroquias, los movimientos apostólicos y asociaciones de fieles, y todas las comunidades eclesiales en general han de ser siempre evangelizadas y evangelizadoras"[Notas 7].

Las priorizaciones de la nueva evangelización

La novedad de la evangelización está también en las prioridades que el Papa señala para América Latina.

En primer lugar la catequesis. Una catequesis sistemática y no esporádica o puntual meramente. Una catequesis que encare a las personas con la vida reconstruyendo el entramado de su unidad, de la unidad FE-VIDA. En este contexto, el Papa habla del recién publicado "Catecismo de la Iglesia Católica" como de "el mejor don que la Iglesia puede hacer a sus obispos y a todo el pueblo de Dios;... valioso instrumento para la nueva evangelización".

El movimiento bíblico es otra prioridad, de manera que la "Escritura entre cada vez más en la vida de los fieles".

El movimiento litúrgico, propiciando una celebración cristiana digna, viva y participativa como cauce que lleve al encuentro con Cristo, Salvador del hombre.

La veneración por el "cuerpo de Cristo" centrada en la Eucaristía, núcleo central de la evangelización, lleva por su propio dinamismo a la veneración del "cuerpo místico del Señor" que es la comunidad de hermanos. En consecuencia, el servicio al pobre se convierte también en prioridad.

"La preocupación por lo social forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia", es "parte esencial del mensaje cristiano" en cuanto la Buena Noticia del Evangelio se dirige al hombre concreto e histórico, no al hombre abstracto. "Contraponer la promoción auténticamente humana y el proyecto de Dios sobre la Humanidad es una cierta mentalidad de inspiración secularista", aunque parezca paradójico decirlo. El desinterés por lo social tantas veces se ampara en una pretendida religiosidad, como si lo social nada tuviera que ver con la misión apostólica. Por ello, en palabras del mismo Juan Pablo II, "la Iglesia reafirma la opción preferencial en favor de los pobres"[Notas 8]. Esta opción viene a ser como el hilo conductor de las últimas Conferencias del CELAM: Medellín, Puebla y Santo Domingo. El servicio al necesitado previene ante cualquier tentación o despiste en la "connivencia con los responsables de las causas de la pobreza y evita peligrosas desviaciones ideológicas incompatibles con la doctrina y misión de la Iglesia".

Finalmente, la nueva evangelización propone como prioritaria la atención al creciente secularismo, en cuanto debilitamiento de los valores morales y religiosos, transmisión de modelos de vida en franca oposición al Evangelio y acuciante presión ideológica que acusa engañosamente a la fe de amenaza a la libertad y autonomía humanas.

Actitudes que dimanan del programa pastoral de una nueva evangelización

Una nueva evangelización así - comprometida desde dentro con la transformación de la sociedad - exige de la Iglesia estas tres actitudes:

a)Dejarse evangelizar por el Señor en un constante y renovado espíritu de conversión. Evangelizadora, la Iglesia comienza por evangelizarse a sí misma...La Iglesia siempre tiene necesidad de ser evangelizada, si quiere conservar su frescor, su impulso y su fuerza para anunciar el Evangelio.
No se trata de vivir en una enfermiza autocrítica, sino de examinarse serena y lealmente sobre la fidelidad al Señor y a los hombres; por ejemplo en estos tres puntos:
-la penetración, la contemplación y la comunicación de la Palabra de Dios (fidelidad a la Verdad):
-la búsqueda y el esfuerzo por crear y conservar la unidad eclesial (fidelidad a la comunión eclesial), inserción de los movimientos y asociaciones en la pastoral de las Iglesias locales;
-la preocupación evangélica por los pobres y los que sufren; es la nota definitiva de nuestra evangelización; nos envía el Señor a llevar a los pobres la Buena Noticia de Jesús. San Pablo escribe a los Gálatas: "Solamente nos recomendaron que nos acordáramos de los pobres, lo que siempre he tratado de hacer".(Gal. 2,10)
b)Vivir el misterio de la Encarnación de Jesús: lo cual supone, como en Jesús, anonadamiento, presencia y muerte (disponibilidad para dar la vida).
Ciertamente los laicos tienen aquí una responsabilidad especial, dado su peculiar carácter secular, que los compromete a cambiar el mundo "como desde dentro, a modo de fermento" (Lumen Gentium, 31). Pero la encarnación y la presencia, son para toda la Iglesia (también para los obispos, sacerdotes y religiosos) exigencia fundamental de una evangelización eficaz y transformadora; toda la Iglesia es enviada al mundo como "sacramento universal de salvación".
c)Unir indisolublemente la evangelización con la promoción humana y la liberación integral de todos los hombres y de todos los pueblos. "La evangelización lleva consigo un mensaje explícito... sobre los derechos y deberes de toda persona humana, sobre la vida familiar sin la cual apenas es posible el progreso personal, sobre la vida comunitaria de la sociedad, sobre la vida internacional, la paz, la justicia, el desarrollo; un mensaje, especialmente riguroso en nuestros días, sobre la liberación". (Evangelii nuntiandi, 29).

La referencia al tercer milenio cristiano

La "nueva evangelización" tiene por referencia temporal el advenimiento del tercer milenio. "La Iglesia, -dijo el Papa en su discurso de Santo Domingo- ya a las puertas del tercer milenio cristiano y en unos tiempos en que han caído muchas barreras y fronteras ideológicas (clara referencia a la caída del Comunismo en la Europa del Este), siente como un deber ineludible unir espiritualmente aún más a todos los pueblos que forman este gran continente y, a la vez, desde la misión religiosa que le es propia, impulsar un espíritu solidario entre todos ellos, que permita, en modo particular, encontrar vías de solución a las dramáticas situaciones de amplios sectores de población que aspiran a un legítimo progreso integral y a condiciones de vida más justa y dignas" (nº.17)

La cercanía al tercer milenio rememora inevitablemente la transición que se operó en Europa hacia el año 1000: la plasmación en el Occidente cristiano de un sistema social férreo, autoritario y eclesiocéntrico, el así llamado "régimen de cristiandad". Ante una sociedad pluralista y en progresivo proceso de secularización, algunos defensores de la nueva evangelización pretenden rescatar el peso moral tradicional de la Iglesia en la sociedad. No parece que la intención del Papa vaya por ahí. No se trata de poner en marcha una "recatolización", al estilo de los finales del primer milenio, a saber, cristianización de estructuras, instituciones y normas típicas de régimen de cristiandad, antigua o nueva. El "unir espiritualmente a los pueblos" y el "impulsar un espíritu solidario" está más cercano del símbolo evangélico de la levadura que hace fermentar toda la masa, que de un pretendido -por otra parte, irrealizable- poder secular de la Iglesia.

III. La respuesta adecuada del Instituto Calasancio de las Hijas de la Divina Pastora a los retos planteados, como servicio educativo-evangélico a las gentes de Latinoamérica

Ante la realidad de Latinoamérica descrita en la primera parte de esta conferencia y ante el proyecto de nueva evangelización lanzado con tanta fuerza por la Iglesia, como acabamos de ver en la segunda parte, es necesario afirmar algo fundamental: vuestro Instituto de RR. CALASANCIAS DE LA DIVINA PASTORA se hace presente en América porque estáis convencidas que desde vuestro carisma, el Instituto tiene una aportación específica a dar, una aportación más importante en un continente mayoritariamente formado por niños y jóvenes, en gran mayoría pobres.

Entrar en las coordenadas de la nueva evangelización

La Conferencia de Santo Domingo ha diseñado tres grandes coordenadas de la nueva evangelización: una profunda y sólida Cristología, una clara y recta Eclesiología, basadas ambas en una sana Antropología (Hombre- Iglesia- Cristo).

Intentaré hacer una "traducción calasancia" de estas tres coordenadas de forma que quede destacada vuestra respuesta a los retos de la nueva evangelización de América Latina atendiendo, desde ministerio específico en la Iglesia, a las demandas concretas que emergen tanto de la realidad de este continente como del programa evangelizador diseñado más arriba.

En la coordenada Cristológica sitúo vuestra especial consagración religiosa en la Iglesia como seguimiento radical de Cristo. "Ella expresa con mayor plenitud y de forma peculiar la consagración bautismal, la cual nos inserta en el misterio pascual de Cristo"[Notas 9].

En la coordenada Eclesiológica cabe situar la dimensión eclesial del Instituto repetidas veces afirmada en las Constituciones: "nuestro Instituto se considera parte integrante de la misma y siente un profundo amor hacia ella"; "la Iglesia al reconocer el Instituto nos hace partícipes de su misión evangelizadora"; "nuestra escuela está al servicio de la Iglesia"[Notas 10].

En tercer lugar, la coordenada Antropológica quedará reflejada en la misión educativa del Instituto que "es para nosotras una misión evangelizadora ya que educamos en una escala de valores evangélicos (CC. 9 y 82).

En cada caso veremos también cómo asumir las prioridades que establece la nueva evangelización.

El testimonio de una vida religiosa auténtica y renovada

Para que la vida religiosa sea nueva evangelización necesita nuevo ardor y nueva expresión. La nueva evangelización solicita que la vida religiosa se convierta en buena noticia; en instrumento para ser movido por la fuerza del Evangelio hasta penetrar a fondo en el vivir diario de los religiosos.

En la dinámica cristiana, lo más nuevo está siempre unido a lo más antiguo, es decir, a lo más original, a la experiencia fundante del ya Venerable P. FAUSTINO MÍGUEZ a dar vida en la Iglesia a una nueva forma de vida religiosa.

Decía que la vida religiosa precisa transformarse en un nuevo ardor u en una nueva expresión: el nuevo ardor que da la gracia y la utopía evangélica; la nueva expresión que resulta cuando la vida religiosa es profecía del Reino.

Poner ardor a nuestra vida consagrada. El ardor que brota del ímpetu interior que todo lo llena dando fecundidad al obrar y alegría contagiosa al ser. Cuando se da este ímpetu crece la ilusión y el entusiasmo. A nuestra vida religiosa le viene bien recuperar pasión y vigor, firmeza y convicción. En el futuro la vida religiosa está llamada a una mayor significatividad al mismo tiempo que se prevé una reducción numérica de sus miembros. A los religiosos les tocará ocupar posiciones de vanguardia, estar en lugares de frontera. Por ello sostener o despertar este nuevo ardor por la propia vocación es importante. Se ha escrito que la misión hoy de la vida religiosa, y en el próximo futuro, es una misión crítico-profética: mostrar "pasión" por Dios ante un mundo que va perdiendo capacidad de transcendencia; pasión de lo divino desde un yo "lleno de altruismo, desde una actitud o manera de afrontar la vida como práctica de amor[Notas 11]. Despertar nuevo ardor por la propia vocación es como mantener o redescubrir el amor primero por el Reino, por la persona central de este Reino: CRISTO JESUS. Para ello hay que tener un ojo puesto en las raíces y el otro en el fruto que confiadamente esperamos.

Nueva expresión también de la vida religiosa, para convertirse en buena noticia, la vida religiosa necesita de un lenguaje inteligible y claro para el hombre de hoy; precisa del lenguaje evangélico ya que debe escribir de nuevo el Evangelio". En esta nueva evangelización a la que la Iglesia en América Latina está convocada, "escribid nuevamente páginas de santidad"; dijo Juan Pablo II en Bogotá, en palabras dirigidas a la CLAR[Notas 12]. El lenguaje evangélico de la nueva expresión de la vida religiosa pasa por mirar a Cristo y al mundo; un mundo que necesita de Cristo y a un Cristo que está apasionado porque venga el reino al mundo. La vida religiosa tiene, en consecuencia, que reformular y orientar su método pastoral y su forma de vida tratando de hacer lo que Jesús hizo para ser como él fue. Está todavía vivo el eco de la voz del Papa dirigiéndose a los religiosos y religiosas congregados en la Catedral de Santo Domingo: "Vosotros estáis llamados a ser signos luminosos de las realidades del Reino de Dios en su dimensión escatológica ( es decir viviendo ya la realidad futura en vuestro presente) y testigos del espíritu radical de las bienaventuranzas...; conseguida la unidad de vida entre acción y contemplación...; vuestra experiencia testimonial ha de ser siempre evangelizadora para que los necesitados de la luz de la fe acojan con gozo la palabra de salvación, para que los pobres y los más olvidados sientan la cercanía de la solidaridad fraterna, para que los sin voz se sientan escuchados, para que los tratados injustamente hallen defensa y ayuda"[Notas 13].

Atención especial a suscitar y formar agentes para la nueva evangelización

La coordenada de eclesialidad de la nueva evangelización viene concretada por la conferencia de Santo Domingo en dos puntos: suscitar y formar agentes de evangelización y reavivar la vocación misionera[Notas 14].

El éxito del programa de nueva evangelización va a depender principalmente de la buena calidad y formación de los agentes de la misma: sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos cristianos comprometidos.

Los sacerdotes deberán ser entregados y fieles a imitación de los discípulos del Señor quienes "lo dejaron todo y le siguieron" (Lc. 5,11) para "estar con Él y para ser enviados a predicar" (Mc. 3,14).

Los religiosos y religiosas han de centrarse más "en la labor específicamente evangelizadora desplegando toda la riqueza de iniciativas y tareas pastorales que brotan de sus diversos carismas".

Los fieles laicos han de sentirse "parte viva y responsable de la nueva evangelización, llamados como están a anunciar y vivir en el evangelio el servicio a los valores y las exigencias de las personas y de la sociedad". En la nueva evangelización es indispensable la labor de los seglares, afirma el Papa[Notas 15].

Hay una mención especial a dos categorías de personas que me `parece oportuno recordar en el contexto educativo de vuestro Instituto: la mujer latinoamericana y los jóvenes.

"Digna de todo elogio -afirma Juan Pablo II-, como transmisora de la fe, es la mujer latinoamericana, cuyo papel en la Iglesia y en la sociedad hay que poner debidamente en relieve".

A los jóvenes, tan numerosos en América Latina y protagonista privilegiados del nuevo milenio cristiano, "hay que presentar en su propio lenguaje la belleza de la vocación cristiana y ofrecerles ideales altos y nobles, que les sostengan en sus aspiraciones de una sociedad más justa y fraterna".

Ante el apremiante reto de suscitar y formar agentes de evangelización somos llamados a responder con dos acciones muy concretas: impulsar con decisión la pastoral vocacional y facilitar a los vocacionados (religiosos y laicos) una esmerada formación "con criterios acertados y esperanza).

Reavivar la vocación misionera

Las urgencias y necesidades de este continente no deben cerrarlo a la misión de anunciar fuera del mismo el Evangelio. Lo pide el sentido genuino de la nueva evangelización, que no es una acción cerrada sobre sí mismo sino abierta a los demás, al diverso, al lejano.

América Latina " ha de prepararse a difundir el mensaje de Cristo en el mundo entero, dando de su pobreza. La fe se fortalece dándola"[Notas 16].

Vuestras Constituciones muestran una total sintonía con este reto misionero, formulando una respuesta altamente generosa:"La Iglesia es toda ella misionera...; nuestro Instituto coopera con los pastores en la expansión del Reino. Estamos dispuestas a ser testigos de Cristo en cualquier parte del mundo" (CC. 89).

La escuela al servicio de la nueva evangelización

"La promoción integral del hombre es de capital importancia para el desarrollo de los pueblos de Latinoamérica", ya que " su mayor riqueza la constituyen sus gentes". Prioridad, por tanto, de la educación. Es el Papa una vez más a recordarlo: "Valorad el apostolado en vuestros centros de formación, en las escuelas y universidades para formar profesionales y dirigentes con convicciones y actitudes cristianas"[Notas 17].

Numerosos desafíos subrayan la importancia de la educación cristiana para el porvenir de la Iglesia de la sociedad Latinoamericana. Las dificultades están ahí: Cuestiones económico-administrativas, disminución del número de religiosas docentes, pluralismo cultural de la sociedad y explosión de los comportamientos morales.

Latinoamérica, por ser un continente joven, por su gran demanda educativa, es para un Instituto cuya misión específica es la educación buscando hacerse presente "allí donde las necesidades son más urgentes" CC.33, un lugar teológico, un lugar de encuentro con Jesús presente en los niños y en los pobres, un lugar privilegiado para vivir vuestro carisma educativo.

Vuestra escuela, empeñada con una presencia crítica en la sociedad en "La construcción de un mundo más solidario y fraterno, y en la iluminación por la fe de los grandes problemas que afectan a la humanidad". CC78, puede ayudar a transformar la realidad injusta cuestionando los valores falsos del sistema social, comunicando esperanza y deseos de vivir a la juventud, colaborando eficazmente en la salvación de los niños y jóvenes, guiándolos por el camino de la voluntad de Dios, asegurándoles también un feliz transcurso de toda su vida.

El reto educativo de América Latina implica hoy y en el futuro inmediato, al menos, lo siguiente:

-promover una educación integral y accesible a todos aún a las clases desposeídas de bienes materiales;
-poner la educación al servicio de la construcción de una sociedad más justa;
-formar agentes de cambio y de pastoral
-educar agentes de cambio y de pastoral
-educar para la participación, siendo el mismo centro educativo un lugar de comunión y participación;
-dar oportunidades a la juventud;
-descubrir los valores de la cultura popular y acercarme a la sabiduría de los pobres;
-dar prioridad a la educación de los niños y jóvenes pobres, solidarizándose con ellos;
-responder a las necesidades educativas de los adultos que no recibieron educación en su niñez y juventud;
-promover una educación que desde la fe cristiana sea profética;
-ofrecer una formación cristiana que despierte la dignidad de las personas, que revele al hombre su verdadera vocación, que promueva el desarrollo integral de la persona, que posibilite el encuentro íntimo con Dios, que dinamice a los laicos y que sea generadora de experiencias comunitarias intensas.

Esto dicho a nivel general, viene concretado en tres puntos por la Conferencia de Santo Domingo:

a) Afianzar la fe

La nueva evangelización, en su coordenada antropológica, debe dar al hombre latinoamericano una respuesta integral, pronta y ágil a sus necesidades reales de manera que se afiance y fortalezca su fe en aquello que le es más fundamental: su dimensión personal, familiar y social.

b) Humanizar integralmente al hombre

Ante el problema social, se impone "un cambio de mentalidad, de comportamiento y de estructuras" -señala también el Papa en su discurso de apertura - en orden a superar las profundas diferencias existentes entre ciudadanos de un mismo país. La educación cristiana debe crear lazos de solidaridad frente a la voluntad de dominio que condiciona negativamente las relaciones sociales.

La humanización del hombre pasa sin duda por el adecuado ambiente familiar. A este respecto, se señala: "urge promover medidas adecuadas en favor del núcleo familiar, en primer lugar para asegurar la unión de vida y amor estable dentro del matrimonio, según el plan de Dios, así como una idónea educación de los hijos"[Notas 18].

No puedo resistirme, finalmente, a reportar aquí la grave situación que un alto número de niños están viviendo en algunos de los países latinoamericanos. CALASANZ Y FAUSTINO MÍGUEZ sintieron como dirigidas personalmente a ellos estas palabras de inspiración bíblica " los niños, los pequeños, son nuestra herencia". Nada que tenga que ver con el mundo infantil nos es ajeno. La desolación descrita por el profeta Jeremías sigue lamentablemente siendo realidad en tantas megápolis de este continente: "vi a los niños pidiendo pan y nadie se lo daba" (Jeremías, 4,4). Lo evoca también Juan Pablo II en su discurso inaugural de la conferencia de Santo domingo al que repetidas veces he aludido: "grave fenómeno de los niños que viven permanentemente en las calles de las grandes ciudades latinoamericanas, minados por el hambre y la enfermedad, sin protección alguna, sujetos a tantos peligros, no excluida la droga y la prostitución. He aquí otra cuestión que ha de apremiar vuestra solicitud pastoral, recordando las palabras de Jesús: "Dejad que los niños vengan a mí" (Mt. 19,14)

No desoigáis las palabras apremiantes de Jesús en favor del pobre y del más pequeño, del olvidado de todos en línea con lo más genuino de vuestra tradición. En efecto así rezan vuestras Constituciones: "La tradición de nuestro Instituto y las urgentes llamadas de la Iglesia en favor de los pobres, nos exigen dar preferencia en la acción apostólica a los más necesitados" CC.80.

c) Enraizar la fe dentro de las culturas o vivencia de una fe inculturada

Es el tercer y último punto donde la Conferencia de Santo Domingo concreta el programa de nueva evangelización.

Hacer presente a la Iglesia en la encrucijada cultural de nuestro tiempo, para impregnar con los valores cristianos las raíces mismas de la cultura adveniente y de todas las culturas ya existentes.

Encrucijada cultural marcada por la crisis cultural, debida a tantos cambios y tan rápidos que ponen en peligro la identidad de los pueblos, y el pluralismo. Este viene hoy día legítimamente reivindicado por todos los grupos culturales aún los más minoritarios. Asistimos hoy, con más o menos fuerza según las razones geográficas del mundo, a una afirmación emergente de los nacionalismos dentro de una cultura mundial de interrelaciones posibilitadas por vez primera hoy día por la alta tecnificación de los medios de comunicación y el rápido multiplicarse de las posibilidades de traslado (viajes, transporte, etc.) inexistentes prácticamente en épocas anteriores.

Dado el contexto latinoamericano se hace especial hincapié en las culturas indígenas. La nueva evangelización debe asimilar y poner de relieve " lo que en ellas hay de profundamente humano y humanizante".

Notas

  1. Juan Pablo II, encíclica "Christifideles laici" del 30 - XII- 1988 nº 34
  2. Encíclica "Redentoris missio" del 7-XII-1990, nº 33. Se da una situación intermedia (missión "ad gentes" cuidado pastoral), especialmente en los países de antigua cristiandad. Pero a veces también en la iglesias más jóvenes, donde grupos enteros de bautizados han perdido el sentido vivo de la fe o incluso no se reconocen ya como miembros de la Iglesia, llevando una existencia alejada de Cristo y de su Evangelio. En este caso es necesaria una "nueva evangelización" o "reevangelización".
  3. Conferencia de Religiosos de Colombia. "Formación en la nueva evangelización", México 1991. p. 15.
  4. La nueva evangelización y la mentalidad eclesial", en "Pastoral misionera" (Madrid),nº 177 (1991) 47
  5. "Evangelii nuntiandi", nº 14
  6. Discurso inaugural, "Ecclesia" nº 2603 del 24-X-1992. pp. 11-21
  7. Juan Pablo II. "Discurso inaugural". nº 24. Los entrecomillados que seguirán en el texto, si no se dice otra cosa, pertenecen a este discurso.
  8. Ibiden, nº 16
  9. "Constituciones y Reglas"(Madrid 1992), nº 13. En lo sucesivo: CC/RR y a continuación el número correspondiente.
  10. Ver la palabra "Iglesia" en los índices de CC/RR.
  11. I.B. Metz, "Pasión de Dios" (Barcelona 1992)
  12. Juan Pablo II. Bogotá CLAR, 13-VII- 1986
  13. Homilía durante la misa del 10-X-1992
  14. Discurso inaugural del Papa Juan Pablo II
  15. Ibidem, nº 27
  16. "Redentoris missio", nº 2
  17. Homilía en Santo Domingo, 10-X-1992.
  18. Discurso inaugural de la Conferencia de Sto. Domingo, 18.