ProcesoBeatificaciónArtículos/CASTIDAD HEROICA

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POBREZA HEROICA
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CASTIDAD HEROICA

114.Su castidad heroica fue un hermoso lirio, que por doquiera pasaba iba esparciendo su celestial aroma, creando a su alrededor ambiente de Cielo. Hasta en esto se pareció al Divino Maestro. Los dardos de la maledicencia le dirigieron, como a Jesús, falsas acusaciones, inventadas por la envidia. Pero, como nos atestigua el virtuoso Escolapio P. Eusebio Gómez, nadie se atrevió jamás a decir nada contra su limpia reputación de hombre puro y casto, pues el pueblo lo tenía como un santo.

En el número 73 de sus Constituciones, dice a sus Religiosas: “Mírense respetuosamente como vasos sagrados, sin tocarse unas a otras sin necesidad, ni aun por broma ni en señal de amistad.”

115.Su alma pura no tenía otra hambre y sed que las de las cosas celestiales. Por eso no quiso jamás otra agua que la que Cristo prometió a la Samaritana en el brocal del pozo de Jacob, esa agua del amor divino que brota, como de puro manantial del Corazón de Cristo, del que Él era devoto tan ferviente. Los amores profanos encontraron siempre las puertas de su corazón herméticamente cerradas. Nunca le oyó nadie ni conversación, ni frase, ni palabra menos conveniente.

116.Era delicadísimo en el trato con personas de otro sexo, y siempre practicó el consejo que dio a sus Religiosas, de que cuando trataran con el mundo, llevaran los ojos en tierra, el corazón en el Cielo y el espíritu con Dios en el castillo del alma. A los enfermos, jamás tomó el pulso.

117.El móvil de esta pureza y modestia encantadoras era el agradar a Dios que tiene sus complacencias en conversar con las almas puras. Bien claramente lo indica en la meditación del día 11 de su MES DEL SAGRADO CORAZON, cuando escribe “El Amante, Dios de infinita pureza, engendrado desde la eternidad en los esplendores de la más excelsa virginidad, sólo puede deleitarse en los puros lirios y rosas virginales que emulan el candor angélico. Por eso, al nacer en el tiempo, tiene un padre putativo, el castísimo José, gloriosísimo entre los vírgenes. ¿Y por qué, sino por la angelical pureza derramaron tan largamente tantos y tan preciosos carismas en los virginales corazones de un Luis Gonzaga, de un Miguel de los Santos, de una Teresa de Jesús, de una Gertrudis, de una Rosa de Lima y de una Magdalena de Pazzis?

118.Sabía muy bien que la castidad es flor que crece en el jardín solitario de un perfecto recogimiento, mortificación de los sentidos y alejamiento de toda ocasión que la ponga en peligro Así lo practicó él toda su vida, presentándose siempre digno, siempre recogido y, dentro de su amabilidad evangélica, siempre grave y recatado.

119.No perdonaba medio, a trueque de conservar incólume esta pureza virginal de su candorosa alma. Hablando confidencialmente, en cierta ocasión, con su buen amigo don Tiburcio Ruiz de la Hermosa, sobre cosas y luchas de a vida espiritual, le dijo que él vencía al demonio castigando su cuerpo con fuertes disciplinas.

Notas