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ENSEÑANZA HEROICA

124.Es el voto de Enseñanza el cuarto voto específico de los Religiosos Escolapios. Que el P. Faustino cumplió este voto con virtud heroica, se desprende del ahínco, fervor, constancia, competencia y perfección con que siempre desempeñó sus labores docentes, haciendo de sus aulas escuelas de apostolado y templos de piedad, con lo cual seguía las normas de su glorioso Fundador, quien manda a sus Maestros aprovechen todas las ocasiones que las humanas disciplinas puedan brindarles para elevar a Dios la mente y el corazón de los alumnos.

125.Cómo desempeñaba sus cátedras, nos lo cuenta un ex alumno suyo, que lo tuvo de profesor de Física y Química en el Colegio de Getafe, del año 1888 al 1892, don Julio Moreno de la Santa.

El P. Faustino - nos dice- era muy inteligente y un gran Profesor. Todo cuanto se puede decir es poco de su sabiduría y su virtud. Nos enseñaba con paciencia y agrado. Le queríamos todos mucho, y él se interesaba muchísimo por sus alumnos. Nunca le suspendieron a ninguno. Si había alguno muy retrasado, como sucedía alguna vez, por inasistencias debidas a enfermedad, no lo presentaba a examen; hacía que se preparara en verano y luego lo presentaba en septiembre, y lo sacaba a flote. Formaban el Tribunal examinador dos Catedráticos del Instituto de San Isidro de Madrid y un Padre Escolapio. Todos lo considerábamos como un Santo. Nos hablaba de Dios continuamente, y en casi todas las clases hacía salir a Dios. De la Virgen nos hablaba con gran cariño y nos infiltraba esta hermosa devoción. Como nos quería mucho y el texto era oscuro y engorroso, él se tomó la molestia de hacernos treinta lecciones de Química orgánica, para facilitarnos su enseñanza.

Don Jerónimo Angulo Martínez, anciano de ochenta y cuatro años, en Sanlúcar de Barrameda, contesta, emocionado, a nuestra pregunta de cómo era el P. Faustino de Profesor, diciendo: “Al Padre Faustino lo tuve de Profesor de Física, y puedo decirle que era un sabio y un gran pedagogo; era todo interés y todo cariño.”

126.El P. Faustino, como profesor, era el prototipo del Escolapio modelo, tal como quería San José de Calasanz. Amaba tanto a los niños, llegaba tan al fondo de sus almas, nos dice el anciano Presbítero don Leandro, que todos querían confesarse con él. Su consueta, o nota necrológica oficial, hace notar que fueron muchos los años que preparó a los niños para la Primera Comunión, encargo que se suele confiar en la Escuela Pía a varones celosos, ejemplares por su piedad y por sus virtudes.

127.Entendía y sentía la necesidad de que el Profesor o Profesora se preparase bien para el desempeño de su sagrado ministerio. El que hace voto de enseñar, afirma en la tercera serie de sus Consejos, también lo hace de aprender. Por eso debe procurar instruirse todo lo posible, procurando acomodarse a la capacidad de los oyentes, y así será fructuosa la enseñanza. El se ejercitó en el estudio toda su vida, siempre anheloso de ser útil a sus semejantes. Cuando ya no tenía clase, le llamaban para formar parte de los Tribunales examinadores, y todos quedaban admirados de su extenso saber. Y es que el P. Faustino consideraba, tanto la enseñanza como el estudio, en el Escolapio, como un acto de religión, concepto derivado del voto de enseñanza que hacemos los Religiosos de las Escuela Pías.

128.El P. Faustino, a semejanza del Divino Maestro, sentía en su alma una sed ardiente: La sed divina de difundir en todas las almas las verdades de la FE y en todos los corazones el amor a Dios. Como son incontables las perlas del rocío que, en una mañana de primavera, se posan sobre el cáliz de las flores de un jardín, así son innumerables las perlas del rocío celestial de piedad que este apostólico Escolapio hacía descender sobre el bello cáliz de esas flores del jardín calasancio que son los corazones de los niños de nuestras escuelas y de las niñas de las escuelas de las PASTORAS CALASANCIAS.

129.Este afán divino de comunicar a Dios al alma de la niñez le hacía ser maestro y apóstol en las escuelas. Una ex alumna de las Pastoras Calasancias de Chipiona, Victoria Florido Sáenz, nos dice: “Cuando visitaba la escuela donde yo iba, nos ponía en el encerado frases relativas al apostolado y a la caridad, muy edificantes. A mi hermana Carmen, de tal manera la indujo a hacer apostolado que, hasta que se quedó impedida, se consagró completamente a obras de celo.” Rosario Delgado, de Sanlúcar, nos cuenta que les hacía redactar a cada una composiciones a manera de sermoncitos, que luego habían de dirigir a las demás. Esto nos obligaba, añade, a leer el Kempis y otros libros piadosos. Cuando él no podía asistir a este recitado, hacía que se lo recitáramos luego.

130.Cual otro San José de Calasanz, amaba con delirio a los niños pobres. Le representan más al vivo al Salvador. Al recomendarle el Colegio de Daimiel al señor Párroco, le dijo en cierta ocasión: “Señor Cura, que no falte jamás la clase de gratuitas, pues donde ellas entran entra el Señor y, con El las bendiciones divinas.” Cierto día, en el Colegio de Monóvar, víspera de una gran fiesta, había mucho trabajo en el Colegio. Una Hermana indicó que esa tarde se podía dar vacación a las gratuitas, para atender mejor las tareas. El P. Faustino opinó que no le parecía bien que unas vinieran y otras no, pues era una preterición para las pobres.

Notas