ProcesoBeatificaciónArtículos/FAMA DE SANTIDAD

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HUMILDAD HEROICA
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DON DE PENETRACION DE COSAS OCULTAS
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FAMA DE SANTIDAD

137.La santidad es como una violeta que esconde su linda corola entre el follaje; pero cuyo aroma delata gratamente su presencia. Y lindísima violeta fue la vida del P. Faustino Míguez en el vergel calasancio. Su aroma de santidad embalsamó los ambientes, doquiera exhaló los efluvios de su actividad calasancia. Su fama de santidad la hemos palpado, caliente de fervor todavía, en cuantos lugares se desenvolvió su preciosa existencia y hemos tenido que visitar para nuestras tareas postulatorias. El P. Faustino era un Santo, es la frase general en todas partes, el eco común, la resonancia uniforme que, como estela gloriosa, dejó tras de sí este insigne Escolapio cuando durmió en la tumba.

138.Fue además la aureola con que ceñían, en vida, la humildad de su espíritu cuantas personas tuvieron el honor y la dicha de ser beneficiarias de su celo apostólico y del buen ejemplo de sus heroicas virtudes.

Cuando venía a Daimiel – nos cuenta D. Tiburcio Ruiz de la Hermosa – las gentes acudían a él en turba. Era él para todos el padrecito bueno, el padrecito santo que, con santa caridad, repartía las curaciones, como Jesús, a pobres y ricos, con aquellos maravillosos globulillos, vehículos de caridad celeste. Muchos decían: no son las medicinas las que curan en el P. Faustino; es su santidad.

139.Al igual que en Daimiel, en Chipiona se le quería tanto, se le veneraba de tal manera, que, en cierta ocasión, una abuelita, llamada Dolores González, al verle, acudió a él disimuladamente para tocar sus vestidos, cual si fuera un Santo, y pasar pañuelos sobre su ropa.

140.¿Qué tenía en su persona el P. Faustino para infundir idéntica impresión de Santo entre cuantos le trataban, aunque fuera por poco tiempo? Sencillamente, era la sugestión indefinible de la santidad. El doctor D. José Alcaraz, en la actualidad excelentísimo Sr. Obispo de Badajoz, le trató muy poco; pero en cierta ocasión, nos escribe este insigne Prelado de la Iglesia, “por no tener las Religiosas (Pastoras Calasancias) local en condiciones, se hospedó en mi casa, cenando y descansando en ella. Tuve esta gran satisfacción y pude observar en el Rvdo. P. Míguez el religioso ejemplar y venerable, extremadamente parco en la cena. Pude darme cuenta de la filial reverencia con que le trataban las Religiosas”.

141.Los internos de Getafe le tenían tal veneración que, no pudiendo confesar con él cuantos lo deseaban antes de la cena, volvían luego después de cenar y estaban hasta muy tarde. Esta fama pública de santidad arrastraba las almas en tanto número hacia su confesonario y les inducía a seguir después su dirección espiritual por correspondencia.

142.Cuando falleció, un Padre de la Comunidad acudió al Rector para que le diera la sotana del P. Faustino, a fin de llevarla como reliquia. Un maestro del mismo Colegio de Getafe, llamado Domingo Vicente, recogió un palillero de escribir que había usado el Padre Faustino, y lo guardó como reliquia.

143.De los labios de cuantos Escolapios lo trataron de cerca, brota el mismo lenguaje: EL PADRE FAUSTINO ERA UN SANTO. El P. Eusebio Gómez nos dice textualmente: “Me confesaba con él. En las pláticas de confesión era sumamente fervoroso. Confesaba a muchos de la Comunidad. Celebraba con un recogimiento tal, que revelaba su fe y amor a Dios. El P. Faustino era un hombre distinto de los demás.

El P. Manuel Pinilla, venerable Escolapio de setenta y cuatro años, y que fue muchos años Maestro de Novicios en Getafe, nos comunica: Conocí al P. Faustino siendo yo Novicio, del 1893 al 1895. Siempre le vi como un Religioso ejemplarísimo; era como el vir justus, varón justo.

El virtuoso P. David Álvarez, ex Rector del Teologado Interprovincial de Albelda de Iregua, nos manifiesta que convivió con el Padre Faustino, como Novicio, del 1899 al 1901, y luego, en Comunidad, del 1905 hasta el 1925, en que falleció. Siempre lo observó el mismo, exactísimo en la observancia religiosa. No le vio jamás perder un solo minuto de tiempo. Su vida la pasaba en los actos de Comunidad, en el confesonario, en su aposento y en las Monjas por él fundadas, donde ejercía su dirección y apostolado.

El ex Delegado General de las Escuelas Pías de España, M. R. Padre José Olea Montes, afirma, en un atestado que obra en nuestro poder: “Que a los ojos de él y de sus compañeros de Noviciado, el Padre Faustino era algo tan extraordinario que nos parábamos a verle, que le admirábamos, que le venerábamos. Yo, en particular, me encomiendo a él con la confianza con que acudo a un santo.

Esta fama de santidad de que goza el P. Faustino se manifestó bien palpablemente en la enorme concurrencia e indescriptible entusiasmo con que fueron trasladados sus restos mortales, el 12 de noviembre de 1950, desde el cementerio de Getafe al panteón que sus Hijas, las PASTORAS CALASANCIAS, le han erigido en la Capilla del Colegio de Getafe.

144.Tan preciosa aureola de santidad adquirió relieves más destacados entre sus Religiosas, que fueron quienes más de cerca lo trataron y más a fondo lo conocieron. Siendo Madre Presentación Ceballos, novicia en Sanlúcar de Barrameda, ella y todas las Novicias recogieron pelo del P. Faustino y lo guardaron como reliquia.

La opinión de santidad de su venerado Fundador ha sido general y constante en toda la Congregación y en todas las Religiosas, ardiendo todas ellas en vehementes deseos de que se incoara su Causa de Beatificación y Canonización, para que nuestra Madre Iglesia dé su fallo autorizado, como única autoridad en estas tan delicadas materias. Mas, n obstante su fervorosa piedad hacia su amado Padre, no han quebrantado jamás lo preceptuado en los Decretos de Urbano VIII sobre el culto público y eclesiástico, prohibidos a quienes no han sido aún elevados al honor de los altares por la Autoridad Pontificia.

Esta fama de santidad del Siervo de Dios fue la que indujo a las Pastoras Calasancias y a los Padres Escolapios a publicar hojitas, con oración para pedir al Todopoderoso la glorificación de su Siervo, con la aprobación de la competente Autoridad Eclesiástica.

145.Efecto de estos deseos de la glorificación canónica del Siervo de Dios, y de la confianza que en su protección ante el Todopoderoso tienen muchísimas personas, han sido los innumerables favores y gracias, obtenidos por su intercesión, implorada en privado, y de algunas curaciones con verdaderas apariencias de milagro, las cuales serán sometidas a la Autoridad de la Iglesia en este Proceso de Beatificación y Canonización, y que hemos enumerado en otra parte de estos ARTICULOS Y POSICIONES.

Notas