ProcesoBeatificaciónArtículos/FE HEROICA

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VIRTUDES HEROICAS EN GENERAL
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ESPERANZA HEROICA
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FE HEROICA

45.Puede decirse que la fe heroica del P. Faustino comenzó a nutrirse ya con leche materna. Desde los primeros años, se ilustró su mente con los resplandores de las enseñanzas evangélicas en aquel hogar ejemplar de Acebedo, donde todos los días se rezaba en familia el santo Rosario, según atestigua la tradición de todos sus parientes. Esta fe revistió siempre un carácter de vitalidad práctica, pudiéndose decir que fue viva, obradora, heroica.

46.Por su parte, el joven Faustino procuró robustecerla con la oración y con una fiel correspondencia a la gracia. Podemos decir que su fe se pone en marcha cuando, al sentir el llamamiento divino de la vocación sacerdotal, sigue la divina inspiración con prontitud y fidelidad. Desde este momento, se inunda su alma de una copiosa lumbre sobrenatural que le iluminará todos los pasos de su vida.

La vida humana se desenvuelve en tres mundos, iluminados por tres luces distintas: el de la materia, por la luz de los sentidos; el de la ciencia, por la lumbre del saber, y el sobrenatural, por los esplendores de la Fe. En este último vivió siempre el P. Faustino. En él estableció su espíritu su asiento, y el alma, su reinado; y, cuando descendía a los otros mundos inferiores, lo hacía llevando siempre en su diestra la antorcha de la Fe.

Dios, su alma, las verdades eternas y las enseñanzas del Evangelio no se borran jamás de las pupilas de su espíritu creyente. Todo lo juzga, todo lo valora con el criterio de la Fe. Estos juicios, empapados en su ardiente Fe, le inducen a abandonar el hogar paterno, a renunciar al halagador porvenir terreno que le brindaba la acomodada posición económica de su casa y a abrazar el estado eclesiástico, para atender los intereses de las almas, que son los del mismo Cristo. Y cuando estando en el Seminario del Santuario de los Milagros un Padre Escolapio le hace ver la excelencia del apostolado de la niñez que practica la Escuela Pía, inmediatamente obedece la nueva voz, porque su Fe le hace ver a la persona de Cristo en cada uno de los pequeñuelos en que Cristo quiso estar representado.

47.Este espíritu de Fe viva le hizo considerar al Noviciado de Padres Escolapios de San Fernando, de Madrid, donde ingresó, como una verdadera casa de Dios; y al sagrario de sus amores, como el Palacio de su Rey; y a cada uno de sus hermanos en Religión, como unos verdaderos hermanos con quienes había de convivir toda su vida, a la manera que los Ángeles se asocian en el Paraíso, para servir a Dios y cantar, juntos, sus alabanzas y sus glorias. Esta Fe obró en él el milagro de que en sus setenta y cinco años de vida Escolapia no se le viera tener un altercado con nadie. Con toda propiedad, se le pueden aplicar las palabras de que el justo vive de la Fe, justus ex fide vivit.

48. Si el semblante es el espejo del alma, bien podemos decir que el P. Faustino vivía en un ininterrumpido éxtasis de Fe: que no perdía nunca la presencia de Dios. Aquel recogimiento, aquella modestia, aquella mesura de sus miradas, aquella gravedad en todos sus ademanes, indicaban que el pensamiento de su Divina Majestad lo envolvía de continuo. En sus conversaciones, en los mismos ratos de sano y santo esparcimiento, cuando comía, siempre y en todas partes, tenía Dios a flor de ojos y a flor de labios.

49.Si esto acontecía en su vida ordinaria, ¿qué no sucedería cuando ingresaba al templo, en aquellos momentos divinos de oración, y en la celebración del Santo Sacrificio de la Misa? Se le veía abstraído del mundo de los sentidos, con la atención, el alma y el corazón entregados por completo al Señor. Con sólo verlo en estos actos religiosos, quedaban los fieles altamente edificados, siendo éste uno de los motivos de aquella veneración que todos le profesaban.

50.Esta fe ardiente llevaba al P. Faustino a comunicar don tan precioso a todos sus semejantes. Hubiera querido ser un sol espiritual, para dar la vuelta al mundo y esparcir el conocimiento y amor de Dios en las inteligencias y corazones de todos los seres humanos. Hizo del mundo un templo; y como su mente, tan llena de ciencia humana, leía el nombre de Dios en todas partes, lo mismo con luz de estrellas en las amplitudes del firmamento que en las maravillas orgánicas de las pequeñas plantas, quería darlo a conocer en todo tiempo y en todo lugar. Por eso, le contemplamos apóstol en la Iglesia, apóstol en la escuela, apóstol en sus conversaciones y apóstol en todas partes y en todas sus tareas.

51.El agua bendita, los Rosarios, las medallas, todos los objetos piadosos le infundían veneración y respeto. Llevaba sobre su pecho un relicario con un Lignum Crucis, con el cual, en cierta ocasión, libró del demonio a un poseso en el Norte de España.

52.En la Jerarquía Eclesiástica veía a los representantes de Dios, sintiendo especial veneración por el Papa, Vicario de Cristo en la tierra. De tal manera la sentía, que cuando el Papa Pio XI le aprobó definitivamente las Constituciones de su Instituto de PASTORAS CALASANCIAS, al comunicarles la noticia, en la sacristía de Getafe, a las Madres Matilde García y Carlota, lloraba como un niño, y dijo: Ya me puede llamar el Señor; ya veo en estas Constituciones la norma segura para ir al Cielo, pues han sido sancionadas por el Vicario de Cristo.

53.Esta vida de Fe, que le colocó continuamente en el plano de lo sobrenatural, le hacía mirar con santo desdén las cosas de acá abajo, y fue lo que le movió a escribir estas frases, en la primera serie de sus Consejos, a las Pastoras Calasancias: “Líbreme Dios, Hijas mías, de poner, siquiera en parangón, los bienes y deleites a que habéis renunciado con las inefables delicias con que el Señor inunda las almas en que El reina y viven abrasadas en su amor. Menos que el fango de la tierra, respecto al sol y estrellas del Cielo son todos los bienes y deleites con relación a los que disfrutan los que a Dios se entregan y de su amor se embriagan. Ni las mismas almas que tienen la dicha de experimentarlo, lo pueden expresar”. Y luego, para animarlas a luchar contra el demonio, enemigo de esta fe y felicidad, añade: “¡Valor!, que si mucho puede él, más podéis vosotras que contáis con la gracia de Dios, que es omnipotente, y con la protección de vuestra Madre amantísima, la Divina Pastora, que es muy poderosa”.

Notas