ProcesoBeatificaciónArtículos/GRACIAS Y FAVORES CONSEGUIDOS POR INTERSECION DEL P. FAUSTINO

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VIRTUDES HEROICAS EN GENERAL
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GRACIAS Y FAVORES CONSEGUIDOS POR INTERSECION DEL P. FAUSTINO

27.Doña Joaquina Pinilla, persona riquísima de Daimiel, hacía años que vivía alejada de las cosas de la Iglesia, como era público en su pueblo. Cae gravemente enferma y rechaza las sugerencias de los parientes y Arcipreste, para que reciba los auxilios espirituales. El Párroco, sintiendo el escándalo que sería para el vecindario el que una persona tan señalada muriera sin Sacramentos, se encomienda al P. Faustino, ya difunto, para que aquel corazón se convierta. Vuelve al día siguiente, y la encuentra completamente cambiada. Lo que usted quiera. Y muere, después de haber recibido los Sacramentos con gran fervor y edificación.

28.Angelines Vergara Serrano, de Getafe, estaba con grandes dolores de apéndice, temiendo la tuvieran que operar. Su piadosa madre reza un Padrenuestro pidiendo al Señor, por intercesión del P. Faustino, que no la tengan que operar. Viene el médico, la ve, vuelve otras dos veces, y la halla completamente curada, sin que experimente en ningún momento dolor alguno, y sin haber tomado medicina alguna. Esta misma señora, madre de la enferma, Vicenta Serrano Serrano, le ha pedido varios favores, nos dice, y siempre ha sido atendida.

29.Estando en Getafe el P. Faustino, le visitó el Sacerdote don Leandro González González hoy anciano de setenta y cinco años, y le dijo que una sobrinita suya estaba para morirse, desahuciada desde hacía un año. Tenga estos globulillos, le contesta el Padre Faustino, y que los tome. Los toma y queda repentinamente curada. Al día siguiente, el médico, asombrado exclama: Aquí ha pasado algo muy gordo, está completamente curada. Le cuentan lo sucedido, y le felicita por el prodigio.

30.Gabriel Bautista Sánchez, a los veintiocho años de edad, acudió al P. Faustino para que lo curara de los fuertes dolores que padecía. Oído el enfermo, le manifiesta que el dolor que le afectaba provenía de la quina que se había fijado en la cabeza, de la medicina que tomó cuando tenía dieciséis años para curar unas fiebres gástricas. Le recetó uno de sus remedios, diciéndole que se curaría y que, aunque viviría mucho tiempo y se haría muy viejo, ya no volvería a tener ni dolor de cabeza ni ningún otro dolor. Hoy Gabriel Bautista Sánchez tiene setenta y cuatro años, está de sirviente en nuestro Colegio de Getafe y jamás, desde entonces, ha tenido ningún dolor.

31.La Madre Presentación Ceballos tenía, en cierta ocasión, un fuerte dolor en una muela. Le aplicó un pedacito de una carta del P. Faustino e instantáneamente, le desapareció el dolor. Esta misma Religiosa, durante el Noviciado, tuvo las dos rodillas inflamadas. Al ir a Getafe con la Madre General, Julia Requena, ésta, le dijo que al llegar a Getafe se lo hiciera presente al P. Faustino, para que la curara. Al manifestárselo, le contesta el Padre: No tiene ya nada. Efectivamente, la voz del Padre le había curado.

32.En 1918 le visita en Sanlúcar la joven Adela García del Barrio, alumna externa, con otras niñas. El Padre le dice: Esta es de las elegidas. Qué me habrá querido decir, pregunta a las compañeras. Seguramente que serás PASTORA CALASANCIA, le responde una compañera. Ella se ríe, pues jamás había tenido vocación. Pero la profecía del Padre se cumplió, ya que poco tiempo después le entraba la vocación, y hoy es una ejemplar Superiora en el Colegio de Orense.

33.En donde la protección del P. Faustino se ha manifestado más reiteradamente, ha sido en las Postulantes y Novicias de Sanlúcar, en aquel Noviciado, testigo de tantos afanes en vida y de su infatigable celo. He aquí algunos de los innumerables prodigios de que nos da cuenta su celosa Maestra de Novicias, R. M. María Amada: Unas Aspirantes estaban mal del pecho y, temiendo no ser admitidas en nuestra amada Congregación, se encomendaron al Padre Faustino, diciéndole: Cúranos, amado Padre; queremos ser Hijas tuyas, PASTORAS CALASANCIAS, para llevar muchas ovejas al redil del Buen Pastor. Fueron curadas y hoy viven felices ejerciendo nuestro hermoso ministerio.

34.Había varias Novicias que tenían dolores de estómago, cabeza y otros dolores muy agudos, llevando muy malos días, y hasta varias noches sin dormir. Invocaron su protección diciendo: Tú, Padre amado, que curaste tantos enfermos en vida, cúranos, que ya no podemos más, y, al instante, se les quitó el dolor y ya no volvió más.

35.En varias ocasiones, tanto Aspirantes como Novicias tuvieron fuertes dolores de muelas, hasta el punto que legaron a tener fiebre, y ya no sabíamos qué darles; yo misma les di un pedacito de pañuelo, usado por nuestro querido Fundador, e inmediatamente les desapareció el dolor, a pesar del mal estado de la boca, y ya no volvieron a experimentar molestia alguna.

36.Una aspirante, Encarnación Alonso Rodríguez, estaba apenada con una herida en la pierna, que, al ingresar, tenía bastante profundidad. Al cumplir los seis meses, temiendo ser rechazada, acude al P. Faustino, poniendo en la herida una estampita envuelta en la venda. Le hace en privado una Novena y, al terminarla, quita la venda y ve, con asombro, la herida completamente curada, y, sin dejar la más mínima huella; a pesar de que la herida había sido profunda y larga y hacer diez meses que la tenía.

37.Una Novicia hacía muchos días que tenía un oído muy malo, sufriendo agudísimos dolores. Pasaba las noches en vela, y con nada se le quitaba el dolor. Se pasó por el oído un pedacito de un pañuelo usado por el Padre, y al momento le desaparecieron los dolores. Al día siguiente, volvió a tocar el oído con el pañuelo y todo el pus que había dentro le salió fuera, y el oído le quedó completamente sano. Esta misma Novicia ha tenido varios granos durante unos meses, desmejorándose mucho. Acude a la protección del Padre, y hoy día sigue perfectamente bien y sin molestia alguna.

Parecidos a estos prodigiosos favores se podrían aducir muchísimos otros, donde se ha manifestado la eficacia de la intercesión de nuestro Padre Fundador a favor de quienes lo invocan.

38.Se encontraba en Sanlúcar de Barrameda una niña de dos años, hija de Manuel Canto Ricardi, con una afección a la vista durante dos meses, y sin verla el médico, por carecer la familia de recursos. Vieron sus padres que una noche iba con las manitas a tientas, como quien no ve; empezaron a observarla durante veinte días y pudieron convencerse de que la niña o veía de noche. Por beneficencia, consiguieron que la viera un oculista, el cual les dijo que padecía de ceguera nocturna, y que si se abandonaba, pasaría la cosa a mayores. Recetó unas gotas y unas inyecciones; pero, por no tenerlas la farmacia, había que esperar unos días. En este intermedio, el padre de la niña, que trabajaba en el Colegio de la Divina Pastora, se lo comunicó a la Madre Superiora, que le dio una reliquia de su Padre Fundador, encargándole que la pasase por los ojos de la niña y rezase con fe un Padrenuestro. Así lo hicieron, y ¿cuál no sería su asombro, cuando, a la segunda noche, pudieron observar que la niña veía perfectamente bien, con los ojos completamente buenos y más claros que nunca?

39.La R. M. Antonia Amor de Jesús, nos remite el siguiente relato: Encontrábase la niña Concepción Saiz, de diez años, gravemente enferma, a consecuencia de nefritis aguda con meningitismo y estado comatoso periódico, acompañado de delirio, albuminuria y cilindruria, según diagnóstico facultativo. Viéndome en tan gran apuro y temiendo un fatal desenlace, a causa de la gravedad en que se encontraba, tomé una fotografía de nuestro Fundador y se la puse debajo de la cabecera de la niña, que se encontraba sin conocimiento, rogando a la Santísima Trinidad me concediese su curación por intercesión del Padre Faustino y haciendo, al mismo tiempo, igual ruego a las Religiosas y alumnas del Colegio. Después de seis horas de continuos ataques, de los cuales nadie esperamos verla salir, volvió en sí tranquilamente, llamando a su mamá, que se encontraba ausente y que había sido llamada en vista de la gravedad. Esa misma noche se confesó, por temor de que repitiéndole los ataques, no llegara a la mañana. Pero, afortunadamente, la mejoría fue rápida y asombrosa, tanto para el médico que la asistía como para cuantas personas la habíamos visto. Esto fue el día 16, y el 19 la niña se encontraba perfectamente bien.

Nuevos análisis confirmaron el estado de salud de que goza en la actualidad. Gloria y alabanza sea a la Santísima Trinidad que, por mediación del P. Faustino, se dignó otorgarme tan señalado favor. Puente-Orense, 18 de noviembre de 1949. Y firman: Sor Antonia Amor de Jesús, Superiora. – Sor Soledad San Feliz de Jesús –José Peiteado Rodríguez. – R. Pulido. - R. Pulido. – José Rodríguez Portugal, médico.

40.Acompañado por la Superiora de Pontevedra, Reverenda Madre Salesa, visitamos en esta ciudad a doña Josefa Rodríguez Gumá (San Julián, 6), quien, emocionada, nos relata la curación de su hija Dolores Iglesias Rodríguez en estos términos: Era sobre el año 1944 cuando tenía a mi hija Dolores cojita del todo desde hacía catorce meses, por la enfermedad del muslo, que le supuraba sin cesar. Los médicos le hicieron dos operaciones quirúrgicas. Hacía cuatro meses que le habían practicado la segunda operación, y seguía supurando. Los médicos me decían que quedaría coja. Uno de los que la curaban era el doctor Enrique Mariscot, de gran fama en Pontevedra. Por insinuación de las Madres PASTORAS CALASANCIAS, que tanto me la querían, Patrocinio Medina y Dolores Romero, se hizo una Novena, en privado, al P. Faustino, para que mi hija se curara. A los tres o cuatro días se e curó la pierna del todo, tan del todo, que la llaga desapareció para siempre. Hoy mi hija sigue perfectamente bien en Huelva, donde se casó con un oficial de barco llamado Valter.

41.Nos haríamos interminables si hubiéramos de relatar las curaciones (en apariencia milagrosas) obtenidas por intercesión del P. Faustino. Terminamos con el relato o CERTIFICADO que nos entrega el doctor don Julio García Pérez, médico-cirujano del Hospital Provincial de Orense, respecto a la curación de la Religiosa PASTORA CALASANCIA Sor Francisca Calero, Habida en Orense, en el año 1927.

Dice así: CERTIFICO: Que, en el año 1927, he asistido en el Asilo para niñas huérfanas, fundado por la Excma. Sra. Marquesa de la Atalaya Bermeja, a una Religiosa de la Comunidad rectora de dicho establecimiento llamada Sor Francisca Calero. Dicha Religiosa padecía una úlcera de estómago, cuya dolencia, por causa de la absoluta intolerancia para todo alimento, había obligado a la necesidad de prohibir a la paciente la ingestión de alimento por vía bucal, teniéndose que recurrir a la aplicación de sueros fisiológicos para retardar, en lo posible, la consunción que amenazaba a la vida de la enferma. El estado de anemia y atrofia de los tejidos celular, subcutáneo y muscular legó a tal extremo que el ligerísimo esfuerzo que había de efectuar para levantar la cabeza de la almohada, a fin de mojar con agua la mucosa de la boca, le producía lipotimias o sincopes, de los que, en algunos casos, sólo con tónicos cardíacos se lograba recobrar. No se operó a la enferma porque cuando el que suscribe la empezó a tratar, el grado de inferioridad orgánica era tal que la menor operación quirúrgica hubiera sido una imprudencia.

Certifico igualmente que un día he visto a la enferma en estado preagónico, habiéndosele, momentos antes, aplicado la extremaunción, limitándose el que suscribe a aplicarle una inyección de aceite alcanforado, y saliendo con el convencimiento de que el fallecimiento sería cosa inmediata, ya que el pulso arterial no era perceptible. Por último, certifico que, a los pocos días, fui llamado por la Madre Superiora de la Comunidad, y al llegar al dormitorio de la Religiosa enferma me he quedado profundamente sorprendido, ya que la propia enferma, dando apariencias de perfecta salud, abrió la puerta y me invitó a entrar. Examinada, nada pude apreciar de aquella debilidad extrema ni de la terrible extenuación que, días antes, había apreciado.

En los días posteriores, la Religiosa que interesa fue recobrando más fuerzas, y se alimentaba sin más precauciones que las que, por motivos fáciles de comprender, el que suscribe le aconsejaba.

El que suscribe, médico de cabecera de la Religiosa Sor Francisca Calero, no ha visto en ella estigmas de histerismo ni de ninguna otra alteración psíquica. Su carácter, apacible y resignado, no parece lo más a propósito para reacciones aparatosas ni violentas, y por ello, y por el insólito contraste observado en la enferma en el transcurso de muy pocos días, durante los cuales no es posible lógicamente explicarse el recobro de elementos activos, en la necesaria proporción para dar lugar al establecimiento de la normalidad PERFECTAMENTE RECOBRADA, CREE QUE LO ACAECIDO A LA RELIGIOSA SOR FRANCISCA CALLERO NO PUEDE EXPLICARSE POR LA ACCION DE LOS ELEMENTOS NATURALES Y SI SOLO POR EL CONCURSO DE ALGUNA CAUSA AJENA A NUESTRA DETERMINACION.

A instancias de la Comunidad de Religiosas de la Divina Pastora del Asilo Santo Ángel de esta ciudad, expido el presente Certificado en Orense, a 21 de marzo de 1941. (Firmado) JULIO GARCIA PEREZ Junto con este Certificado médico, tenemos otro, firmado por el Confesor de la Religiosa en cuestión, Fray Doroteo Calonge, del Convento de Padres Franciscanos de Orense, en el que se atestigua el maravilloso e inexplicable resultado obtenido con la invocación del P. Faustino en esta prodigiosa curación, que será sometida al fallo de la Iglesia.

Notas