ProcesoBeatificaciónArtículos/HUMILDAD HEROICA

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ENSEÑANZA HEROICA
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FAMA DE SANTIDAD
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HUMILDAD HEROICA

131.Sabía el Siervo de Dios, por las enseñanzas de su Santo Fundador, que el grado de santidad se mide por el grado de humildad. De ahí su esfuerzo heroico y perseverante por conquistar virtud tan preciosa y tan del agrado de su Divina Majestad. La ejercitó de todas las maneras posibles y en cuantas ocasiones se le presentaban para ello.

132.El fundamento de su heroica humildad fue el profundo conocimiento que tenía de su propia nada y de la fealdad del pecado, triste herencia de la humana naturaleza. En las meditaciones de su admirable MES DEL SAGRADO CORAZON DE JESUS, pone mil veces de manifiesto cuánto había ahondado en estas consideraciones, que tan profundamente arraigaron en su corazón el sentimiento de la más profunda humildad. Sólo así se concibe que un hombre de su talla científica, de su preclarísimo talento, de su fama de Santo y popularidad de pedagogo eximio, apareciera sencillo como un niño y sin importancia alguna, cual si fuera el último de los Hermanos Operarios.

133.Estimaba tanto la humildad, que en el Capítulo de las Religiosas de sus PASTORAS CALASANCIAS, relativo a la virtud de la humildad, dice: “Distinguirá a toda Hija de la Divina Pastora, como virtud característica, el ser humildísima en todos los actos de su alma y en todas las acciones de su cuerpo, emulando la conducta de Aquella que se llamó esclava del Señor, que la había elegido por su Madre.”

134.Atribuía a Dios todo lo bueno de sus obras, y a sí propio, todos los defectos que las afean. Así dice en las Bases de la Asociación de Hijas de la Divina Pastora: “Todo lo bueno que encontréis, es de la Sagrada Escritura, Santos y Padres de la Iglesia. Los defectos son debidos a mi ignorancia“.

135.Jamás sacaba a relucir su obra y lo suyo, de no ser para edificación. Declinaba todo honor, y, cuando le decían que era Fundador, respondía sonrojado: “Vaya, vaya, qué cosas dicen”, y desviaba la conversación. No consentía que lo lisonjearan; torcía entonces la mano y, moviéndola, decía: “No, no, no; no diga usted eso” Parecía la humildad personificada, nos decía D. Jerónimo Angulo, en Sanlúcar de Barrameda.

136.Se creía indigno de todo honor y distinción. Teniendo solamente treinta y siete años, estando en Getafe la primera vez, su fama de sabio y santo hicieron que fuera indicado para el honor de una mitra. El, creyéndose indigno de tan elevada distinción, rechazó de todo corazón tan honorífico ofrecimiento.

Cuando llegaba a los Colegios de Pastoras Calasancias, lo hacía sin avisar previamente, a fin de evitarles molestias, atenciones y homenajes. En cambio, él era atentísimo y servicial con todos.

Cuando se firma en las cartas, muchísimas veces lo hace con términos despectivos de su persona. Al terminar la primera serie de sus Consejos, ruega a sus Religiosas que, compadecidas de él, siervo inútil, pidan a Su Divina Majestad que le perdone sus pecados; y ellas, por caridad, que le perdonen sus faltas.

Que caminaba siempre en la senda de la virtud, precavido y humilde, lo da a entender bien claramente en este pasaje de la segunda serie de sus Consejos: “Nunca olvidéis, Hijas mías, que nuestros enemigos son numerosísimos y tenaces; que no cesan de acecharnos como leones en cuevas y de tendernos lazos por doquiera; tan espesos, que de verlos, ni un paso daríamos, temerosos de ser cogidos. Por eso los oculta, y Dios se lo permite para hacernos cautos advirtiéndonos de antemano, por San Pedro, que estemos alertas y resistamos fuertes en la Fe, armados siempre con el rompelazos de la más profunda humildad.

Notas