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GRACIAS Y FAVORES CONSEGUIDOS POR INTERSECION DEL P. FAUSTINO
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NACIMIENTO, FAMILIA, PATRIA, EDUCACION, VIDA Y MUERTE DEL PADRE FAUSTINO MIGUEZ DE LA ENCARNACION, FUNDADOR DEL PIO INSTITUTO CALASANCIO DE HIJAS DE LA DIVINA PASTORA vulgarmente PASTORAS CALASANCIAS, SOBRE QUE ERA Y ES VERDAD QUE:

1.El P. Faustino Míguez de la Encarnación nació en el lugar de Xamirás, de la Parroquia de Acebedo del Río, partido judicial de Celanova (Orense), el día 24 de marzo de 1.831.

Hijo legítimo de Benito Míguez y María González, fue bautizado, al día siguiente, en la Parroquia de San Jorge de Acebedo, por don Juan Antonio Fernández, Presbítero de Santiago Rubias, con la licencia del Párroco de Acebedo, don José Álvarez. Se le puso el nombre de Manuel, que más tarde cambió por el de Faustino al ingresar en Religión. Con el mismo nombre de Manuel fue confirmado en la Iglesia Parroquial de San Jorge de Acebedo, el día 24 de octubre de 1.832, por el Excelentísimo Señor Obispo de Orense, don Dámaso Iglesias y Lago.

2.Tuvo el P. Faustino tres hermanos: Antonio, Carmela y José. Carmela, casada con Prudencio López, falleció sin dejar sucesión. Antonio siguió la carrera del Sacerdocio, se doctoró en Derecho en la Universidad de Santiago, y falleció siendo Cura Párroco de Santabaya de la Bola, en el partido judicial de Celanova. También José hubiera deseado hacerse Sacerdote; pero, ante los ruegos del padre, que quería conservar la casa y perpetuar el apellido, contrajo matrimonio con Concepción Buján. De este matrimonio nacieron los siguientes hijos: Emilio, fallecido sin sucesión; Elisa, que así mismo falleció sin haber dejado descendencia, Obdulia, que murió en el año 1.948, en Celanova, dejando 5 hijos; y Faustina, la única sobrina carnal del P. Faustino que vive cuando escribimos estas líneas, residente en Carraguedo, del valle Ramiranas. Los cinco hijos de Obdulia, vivos todos cuando esto escribimos, son: José Ferreiro Míguez, Procurador de los Tribunales en Celanova; Gumersindo, funcionario del Banco Hispano Americano en Orense; Celso Emilio, Procurador de Vigo; y Leopolda y María, y María, residentes en Celanova con su hermano José. Los hijos de Faustina Míguez, residentes en Carraguedo, valle de Ramiranas, son: José Montero Míguez, Luis, María y Adolfo.

3.En todos los hogares de los parientes apuntados del Padre Faustino existe la creencia y certidumbre de que el hogar natal de este ilustre Escolapio era hogar modelo de cristiandad y religiosidad; que sus padres eran dechados de honradez y piedad; que se rezaba todos los días en familia el santo Rosario, y ponían un gran esmero en instruir a sus hijos y educarlos en la práctica de todas las virtudes cristianas. Esta misma tradición atestigua que desde niño ya manifestó el P. Faustino un gran talento, una extraordinaria aplicación al estudio, una conducta intachable y una profunda inclinación a la piedad.

4.En este propicio ambiente de piedad y cristianismo, brotó en su tierno y piadoso corazón, el germen de la vocación al Sacerdocio, que sus cristianos padres favorecieron, desde el primer momento, con su grato asentimiento. Para secundar, como buenos padres, los designios de la providencia, mandáronle a cursar los estudios correspondientes al célebre Santuario de los Milagros, encomendado hoy a la solicitud y cuidados de los hijos de San Vicente de Paul, y por el cual han desfilado personalidades destacadísimas en la ciencia, en las letras, en el arte y en el Sacerdocio.

5.Siendo estudiante en este Seminario, fue cuando el P. Faustino se sintió llamado por la voz del Cielo a la Orden Calasancia, y cuando se puso en contacto e inteligencia con los Escolapios, según él mismo manifestó a su paisano y hermano de Religión P. José Cerdeiriña. Ahí es donde se puso ya de manifiesto la proverbial laboriosidad que le acompañó siempre en su larga vida de noventa y cuatro años, y refiriéndose a la cual, otro paisano suyo, el Excelentísimo señor Obispo de Cartagena P. Vicente Alonso y Salgado, Escolapio, dijo que el P. Faustino era un yunque en el trabajo.

Esta aplicación, unida a sus grandes talentos, le hicieron descollar entre todos sus compañeros. Con amor y caridad ayudaba a uno de éstos con claras explicaciones fuera de las clases. Cierto día, este compañero y discípulo fue visitado por un tío suyo, Sacerdote ejemplar de las Escuelas Pías. Al serle presentado al Padre Faustino, este fervoroso Escolapio le dio a conocer la Orden Calasancia, de la que él no tenía ni la más mínima noticia, por no haber entonces ningún Colegio de Escolapios en Galicia; le dio a conocer asimismo y le ponderó la sublime misión de los Padres Escolapios, dedicados a ejercer el apostolado en la porción predilecta del buen Jesús, cuales son los niños y la gran recompensa con que Dios premiará en los Cielos labor tan acepta a sus ojos y tan sagrada. Sus palabras fueron los rayos candentes de la clara estrella de su vocación calasancia. Dócil a las inspiraciones del Cielo e inquebrantable en sus decisiones para seguirlas, resolvió hacerse Escolapio. Su suerte estaba echada.

6.Pocos meses después, el joven Manuel daba al mundo el adiós definitivo. Iba a nacer a una nueva vida, a la Escolapia, con el nombre de Faustino. Para eso ingresó en el Noviciado que las Escuelas Pías de Castilla tenían entonces establecido en el Colegio San Fernando, de Madrid, donde vistió la sotana calasancia el día 5 de diciembre de 1850.

Poco bonancibles y muy tormentosos eran aquellos tiempos para España, sobre todo para las Corporaciones Religiosas. La Orden Calasancia no había sido suprimida como Corporación Religiosa; pero sus Noviciados habían sido cerrados por disposición gubernativa; y aunque en el año 1845 se nos permitió el abrir Noviciados y admitir novicios, el permanecer fiel a la vocación era una empresa ardua y meritoria. El P. Faustino no titubeó un momento. Su figura aparece, en el Noviciado, como bella aurora del sol esplendoroso de su larga vida. Siempre firme, siempre tenaz en sus santas resoluciones. Fue todo un carácter. Dios, su alma y su vocación entonces; Dios, su alma y su vocación de salvar almas, toda su vida, hasta la muerte, he aquí la idiosincrasia de su existencia. Su vida pudo ser variadísima en sus accidentes, pero perfectamente homogénea en su sustancia. El P. Faustino siempre era el mismo, es el grito que brota, espontáneo, de los labios de cuantos le conocieron: Siempre grave, siempre sabio, siempre reflexivo, siempre manso, siempre santo.

7.Con estos lindos augurios, tan esperanzadores para su vida de perfección y para la Escuela Pía, hizo su Profesión Solemne el 16 de enero de 1853.

Ya era todo de Dios. La casa de Dios sería perpetuamente su casa. Por algo se había unido a Dios con vínculos eternos de amor, con los santos Votos. Su corazón se hallaba desligado de todo afecto terreno. Había elegido la mejor parte, la de Dios. Y dijo con la Esposa de los Cantares: Le tengo y jamás le dejaré. Efectivamente; fueron muchos los millares de personas que trataron al Padre Faustino en su vida de noventa y cuatro años, y nadie le vio apartarse de su celeste senda: Como el sol, que brilla a la mañana, al mediodía y a la tarde. El P. Faustino puso en su corazón el sol del amor divino, y siempre irradiaba sus resplandores a través de todos los actos de su vida.

Su gozo quedó cumplido y sus ansias divinas satisfechas al ordenarse de Sacerdote, en 1855, en la Parroquia San Marcos, de Madrid.

8.Durante sus años de carrera, los Superiores apreciaron en el P. Faustino talentos y dotes extraordinarios; barruntaron en él al hombre de ciencia que había de ser un día investigador de primera fuerza, experimentador original y felicísimo descubridor de tesoros científicos de mérito indiscutible. Y como, al propio tiempo, le veían tan sólidamente piadoso, quisieron que ampliara todo lo posible el circuito de sus conocimientos. Para eso, el P. Faustino, juntamente con otros jóvenes destacados, recibieron cursos especiales de Ciencias Naturales y Físico-Químicas, bajo la dirección de Profesores oficiales. Algunos de estos jóvenes selectos desempeñaron, más tarde, cargos importantes en la Provincia de Castilla, y se distinguieron por su ciencia, como el P. Antonio Miguel Escolano y el M. R. P. Marcelino Ortiz. Pero, entre todos ellos, el joven P. Faustino se destacó como figura científica extraordinaria. Y es que, entre los cultivadores de la ciencia, los hay que saben lo que leen en los libros o escuchan a los Maestros; otros, llevados del soplo misterioso del genio, proyectan luz propia sobre los arcanos insondables de la naturaleza, arrancándole los secretos que guarda recelosa, para luego difundirlos en las inteligencias. Estos, amén del acopio de erudición aprendida en los libros, poseen la ciencia fabricada por propia inspiración e inventiva. De esta categoría superior fue el P. Faustino Míguez, cuya fama de sabio traspasó las fronteras de los lares patrios.

9.Con tan eximia preparación para el desempeño de las tareas Escolapias, cuya sustancia es la enseñanza de PIEDAD Y LETRAS, el P. Faustino fue destinado a ejercerlas en el mismo Colegio de San Fernando, hasta que, muy pronto, la obediencia le marcó rutas de excepcional importancia. En 26 de noviembre de 1852 había firmado Isabel II un Decreto por el que autorizaba la fundación de dos Colegios de Escolapios en la Isla de Cuba. El gran Obispo San Antonio María Claret los reclamaba y esperaba, como precioso tesoro para el bien espiritual de su Diócesis. A pesar de las poco propicias circunstancias, por la enorme escasez de personal, todas las Provincias Escolapias de España rivalizaron en contribuir a la gran obra. Y aun cuando la dirección la llevó la Provincia de Cataluña, las otras enviaron hombres de verdadero mérito. Entre ellos cuenta Castilla con hombres tan eminentes como el literato P. Pedro Álvarez, el naturalista P. Modesto García y el gran latino P. Ildefonso Barba Polo. Entre ellos figura el joven P. Faustino de sólo veintiséis años. En enero de 1857 llegaron a la Perla de las Antillas os primeros Escolapios.

La misión asignada en la Isla de Cuba al P. Faustino Míguez no fue una cosa baladí. Fue en el Colegio de Guanabacoa, un valor de primer orden, y dejó allí a gran altura su nombre, como Profesor de Ciencias Naturales. Y fue él quien ordenó la Biblioteca del Gobierno español.

Fue también en Cuba donde se reveló el P. Faustino como conocedor de la medicina; ciencia médica que constituye el rasgo más saliente de su fisonomía intelectual, que pone, en manos de su caridad inagotable, el medio de curar los enfermos por millares, y que la misma Providencia Divina aprovecha para la realización de sus planes de caridad, al elegirlo como Fundador insigne del Pio Instituto Calasancio de Hijas de la Divina Pastora, como veremos más adelante.

Estando en Guanabacoa, se envenenó inconscientemente por una infusión de tabaco, a pesar de que jamás fumó. Los médicos andaban desorientados en el pronóstico y en la medicación. Llamó entonces al P. Rector, Bernardo Collazo, y le pidió permiso para medicarse por su cuenta. Aplicóse los remedios que le sugirió su ciencia médica, y curó radicalmente y pronto. Y es que desde un principio dirigió el P. Faustino sus vastos conocimientos de Ciencias Naturales, Físicas y Químicas a la aplicación de la medicina para el bien de sus semejantes.

10.Solamente tres años permaneció en Cuba el P. Faustino, pues la Provincia, de Cataluña, que ya desde el principio tuvo la dirección de los dos primeros Colegios – Guanabacoa y Puerto Príncipe – en los PP. Bernardo Collazo y Agustín Botey, se encargó también de todas las enseñanzas. Los Religiosos que no eran de la Provincia de Cataluña se volvieron a sus Provincias respectivas. Y con los de Castilla se volvió el P. Faustino, que en el curso de 1860-1861 ya figura en el Cuadro de Profesores de San Fernando de Madrid. Al curso siguiente le vemos como Profesor de gran fuste en el Colegio de Getafe, estando además a su cargo la dirección del Internado.

Hasta el año 1868 permaneció en Getafe como sabio Profesor, prudentísimo Directo y apóstol fervoroso. En estos años de docencia manifestó que, sobre ser una eminencia en las Ciencias Naturales y Físico-Químicas, dominaba a maravilla el Latín y el Griego. Probólo hasta la evidencia en una discusión científica sostenida con el famoso latinista y preceptista Raimundo de Miguel, en la que la competencia de nuestro P. Faustino triunfó en toda línea.

De tal manera se esparció por doquier su fama de sabio y santo que, en gracia de la fama de santidad y sabiduría de que gozaba, se le brindó, con insistencia, el honor de una Mitra, honor que él rehuyó diciendo que prefería vivir oculto para morir ignorado. Ante la renuncia formal y seria del P. Faustino, el oferente acudió, para que la aceptase, a su hermano Sacerdote, quien tampoco se creyó con méritos y fuerzas para aceptar el honroso ofrecimiento.

11. En agosto de 1868 pasa el P. Faustino a la fundación del Colegio de Celanova, que quedó abierto el 15 de agosto de este año. Al acto de apertura acudieron todas las Autoridades, verificándose con toda solemnidad y esplendor. El P. Faustino fue el encargado del discurso inaugural, el cual fue unánimemente elogiado. El Acta de esta solemne inauguración, que tenemos a la vista, escrita está de puño y letra del P. Faustino y por él firmada como Secretario.

En el año que el P. Faustino pasó en este Colegio de su tierra natal, mereció la cálida felicitación del magnífico Rector de la Universidad de Santiago por la excelente preparación literaria de sus alumnos, cuyos exámenes presenció personalmente.

Además de emplear su actividad en las labores escolares, el P. Faustino es llamado, como confesor hábil, para reducir a muchos enfermos graves y traerlos al buen camino, y hacerlos morir como buenos cristianos.

12.Siguiendo las órdenes de la obediencia, dejó pronto el Padre Faustino su país natal, y, el 9 de septiembre de 1869, llegaba al Colegio de Sanlúcar de Barrameda. Como son compañeras inseparables del sol, la luz y el calor, así vemos siempre unidas al P. Faustino las Letras y la Piedad. Y como el sol donde hace acto de presencia ilumina y calienta, así vemos a este insigne Escolapio esparcir por doquier resplandores de ciencia y ardores de piedad. Su fama de hombre de ciencia y de piedad acrisolada se extiende como reguero de pólvora. Como su obsesión es difundir el bien, a semejanza del Divino Maestro, bien pronto es requerido por las Autoridades de Sanlúcar para que analice las aguas de la ciudad y sus contornos. Analízalas al punto con la competencia que le es propia; indica sus virtudes medicinales, y, en 1872, publica su admirable obra, con el título de Análisis de las aguas públicas de Sanlúcar de Barrameda con indicación de sus propiedades medicinales. Aún hoy día, en los manantiales denominados “Las Piletas”, hemos leído, esculpido en piedra: “MANANTIAL, ESCOLAPIO DESCUBIERTO POR EL PADRE FAUSTINO MIGUEZ.- Año 1872”

13.Desarrollando estaba tranquilamente el P. Faustino, en la ciudad de Sanlúcar, su obra benéfica, su ferviente apostolado y su labor docente Escolapia, cuando el 1º de julio de 1873, entraron los cantonales en la ciudad, que quedó en poder de la soldadesca. Los Escolapios, pasando mil apuros, pudieron huir en barcas y llegar a Sevilla con su Rector, el P. Manuel Pérez. Pasada la tempestad pudieron volver a Sanlúcar; pero no el P. Faustino, a quien la obediencia destinó a El Escorial. El uso de este Real Monasterio había sido cedido por el Rey Don Amadeo de Saboya a las Escuelas Pías de Castilla. En enero de 1873, los Escolapios abrían en él un Colegio, y entre el selecto personal no podía faltar el prestigioso P. Faustino, quien, puesto al frente de la Biblioteca del célebre Monasterio, estudió lenguas orientales para estar a tono con su cargo y realizó una meritísima labor en la Biblioteca a él encomendada.

14.El P. Faustino tuvo siempre una divina obsesión, como sustancia de su vida: Servir al Señor en cada uno de sus momentos, con toda su alma y todo su corazón, cumpliendo la voluntad de Dios, manifestada por sus Representantes en la tierra. Por eso, le vemos siempre enfrascado en las tareas que le asigna la obediencia. Y enfrascado estaba en sus arduas labores bibliotecarias de El Escorial, cuando en 1875, la Orden Calasancia le nombró Rector del Colegio de Monforte de Lemos. En los tres años de su rectorado, fue el P. Faustino espejo clarísimo de observancia regular. Quien de súbdito jamás había quebrantado a sabiendas una regla, de Superior era la regla misma en marcha viva y vivificadora por el ejemplo. Siguió impartiendo a los alumnos las enseñanzas de las Ciencias Naturales, de Física, Química, Geografía, Inglés y Francés.

Enérgico y prudente a la vez, supo defender los intereses del Colegio en circunstancias difíciles, en que un alcalde egoísta y desaprensivo no cumplía con el Colegio los deberes de justicia del Ayuntamiento. Triunfó en toda línea el P. Faustino, evitando escándalos y estridencias, y suavizándolo todo con el óleo de la prudencia y caridad.

Si nunca se olvidaba de la caridad en sus relaciones con los de fuera, con mayor razón había de ser todo caridad y amor para sus súbditos, siguiendo el precepto de nuestro glorioso Fundador. Tal impresión dejó en sus súbditos de virtuoso y santo, que uno de ellos, el P. Domingo Baña, siendo Maestro de Novicios, veintidós años más tarde, les decía a sus novicios, entre ellos al P. José Olea Montes, que el P. Faustino era el Escolapio modelo de virtudes y santidad.

Su criterio de lo que debe ser un Superior con sus súbditos, lo expresó en la segunda serie de sus Consejos, donde dice: “La misión que la Divina Providencia dio a cada ángel Custodio para con su pupila, esa misma confirió a cada Superior respecto de sus súbditas, de cuyas almas ha de exigirle la misma cuenta que de la suya, si no la tratare y condujere, como madre cariñosa y mediante el atractivo de su conducta intachable y perfecta observancia, por el camino de la salvación.

15.En agosto de 1878 dejó el P. Faustino el Rectorado de Monforte y fue destinado de nuevo a Sanlúcar de Barrameda. La ciudad entera se estremeció de gozo con su llegada. Su preclaro talento, su cultura científica, su modestia, su virtud, su caridad, su observancia religiosa, actuaban en él, como imán, sobre inteligencias y corazones de cuantos le trataban. En los diez años que iba a permanecer en esta ciudad, llegaría a su cenit este sol de ciencia y piedad, y llevaría a cabo, por designio de la Divina Providencia, la obra maestra de su fecundo apostolado calasancio, con la fundación del “Pio Instituto Calasancio de Hijas de la Divina Pastora”, bella cristalización de sus ensueños sublimes de caridad, rama florida del Árbol Calasancio y ornamento precioso de nuestra santa Madre Iglesia.

Como hoguera ardiente era su corazón. Cuanto más leña se le arroja, tanto mayores son sus llamas. El P. Faustino, también, cuanto más trabajaba por Dios, más se le acrecentaban sus afanes de trabajar. Aprovechaba el tiempo al minuto, y, no obstante, el día le era corto. De ahí, que todos los días se levantase a las tres de la mañana, o antes, para cima a sus labores. Así es como pudo componer sus obras publicadas; penetrar en los arcanos de la vida de las plantas; estudiar sus virtudes curativas a favor de sus semejantes; componer los numerosos específicos que han dado la vuelta al mundo, aliviando tantas dolencias y devolviendo la salud perdida a otros muchos que se tenían por incurables; escribir tantas cartas para dirigir las conciencias por los caminos de la salvación y santidad; y llenar sus obligaciones docentes con la preparación más esmerada y el resultado más exitoso.

16.Se comprende fácilmente que un hombre como el P. Faustino, tan sabio e imbuido en las ciencias profanas como en las filosóficas y teológicas, de tanta seriedad, gravedad y mesura, tan recto, tan observante y tan piadoso, había de inspirar necesariamente una confianza inmensa como confesor. Así fue. Asiduo en el confesonario, llegó a tener un séquito de almas devotas muy numeroso. Almas piadosas de todas las clases sociales rivalizaron por tenerle como padre y director de sus conciencias. Ganó muchos corazones para Dios, fomentó en gran manera la frecuencia de Sacramentos, y su lema era el del Apóstol: Hacerse todo para todos, a fin de ganarlos a todos para Cristo.

Como buen Escolapio, las almas preferidas por su celo apostólico eran las almas juveniles. Las de los niños las veía atendidas en nuestro Colegio. Pero, ¿y las niñas? Aquellas niñas, sobre todo de la clase pobre, que por las calles y las plazas de Sanlúcar se veían abandonadas en su moralidad y carentes de instrucción religiosa, le llegaban al alma, máxime cuando consideraba que la niña de hoy es la mujer de mañana y que la sociedad será lo que sean las mujeres, por ser ellas los puntales de la familia, su sostén o su ruina.

Como brotara un día en la mente de su padre y fundador. San José de Calasanz, la sublime concepción de la fundación de la Orden Calasancia, al calor de su inagotable amor a la niñez desvalida, así brotó, en el corazón grande y magnánimo del P. Faustino, por inspiración del Cielo, la divina iniciativa de fundar, para las niñas, el PIO INSTITUTO CALASANCIO DE HIJAS DE LA DIVINA PASTORA. En sus hondas meditaciones fervorosas, había penetrado en los abismos de maternal ternura que posee el corazón de la Divina Pastora de las almas, María Santísima. También, entre sus dirigidas había almas grandes, corazones generosos que parecían encarnación, en mujeres de la tierra, de los sublimes sentimientos de la mujer bendita de los Cielos. Eran hijas auténticas de la celestial Pastora. Y la Virgen habló a su alma. Su siervo escuchó dócil el mandato. Las hijas siguieron la inspiración del espíritu divino, y el día 2 de agosto de 1885 vistieron el hábito, que llamaremos calasancio, las cinco primeras Religiosas Hijas de la Divina Pastora, que el mundo entero conocerá un día con el nombre corriente de PASTORAS CALASANCIAS.

Este Pío Instituto Calasancio de Hijas de la Divina Pastora fue aprobado por su Santidad el Beato Pio X el día 6 de diciembre de 1910. Las Constituciones por las cuales se rige la Congregación merecieron la aprobación definitiva del Papa Pio XI el día 27 de Julio de 1922. Nuestro P. Faustino adquiría la categoría de Fundador de una de las Congregaciones de la Iglesia, cuyo ministerio es tan caritativo como encantador, tan trascendental como digno de todo elogio. Las niñas ricas, las pobres, las huérfanas, todas caen en la zona de la solicitud y apostolado de las PASTORAS CALASANCIAS: Unas veces, para conservarlas incólumes en el celestial aprisco de la Divina Pastora; otras, para volver al redil del Buen Pastor a las ovejitas descarriadas.

17.Obra de Dios fue la fundación de esta hermosa Congregación de PASTORAS CALASANCIAS. Como tal, debía llevar su sello: la contradicción. El P. Faustino, como San José de Calasanz, llevaba la mirada del alma siempre fija en los Cielos, sin perder jamás su confianza en Dios y en su amorosa Providencia. Sus labios resignados siempre repetían la misma frase: “DEJEMOS OBRAR A DIOS; PARA MEJOR SERA”. Y eso, aún cuando los dardos partiesen de cerca, de la envidia e incomprensión de algunos de sus hermanos en Religión. A los tres años nada más de la fundación de sus PASTORAS CALASANCIAS, cuando parecía que su presencia en Sanlúcar era más necesaria, recibe la orden de trasladarse al Colegio de Getafe. Humanamente, parecía una desgracia la separación de la cabeza del tronco de la naciente Congregación. El P. Faustino repetía a sus Hijas: “Dejemos obrar a Dios; para mejor será”. Parte gozoso para Getafe en septiembre de 1888. Y efectivamente su traslado a Getafe fue para mejor, pues en Getafe fue donde el Pio Instituto Calasancio de Hijas de la Divina Pastora adquirió robustez y bríos de titán y marcha de gigante.

18.El P. Faustino permaneció en Getafe desde septiembre de 1888 hasta el último día de su vida, 8 de marzo de 1925. Es Getafe la Casa-Noviciado de la Provincia Escolapia de Castilla.

Desde la llegada de P. Faustino tuvieron los Novicios dos ejemplares de las Reglas y Constituciones Calasancias: Uno, de papel, en el que estaban consignadas con caracteres de tinta negra; otro, vivo y elocuente, que hablaba de continuo en la persona del Padre Faustino con el cumplimiento exactísimo de las mismas en todos sus detalles. Sólo Dios sabe el bien espiritual que este hombre venerable, de aspecto de santidad y de hechos ejemplares, produjo en los centenares de Postulantes y Novicios que por Getafe desfilaron en los treinta y siete años de permanencia del P. Faustino en el Colegio. Su figura quedó, como estereotipada, en el fondo del alma de numerosos Escolapios de esta ejemplar Provincia de Castilla, a manera de faro luminoso de observancia religiosa. Cuando hemos hablado con muchos de los que con él se confesaban, todavía nos ha parecido escuchar la voz del P. Faustino en el fondo de sus conciencias. Tan hondamente quedaron grabadas en sus almas as palabras de este apóstol, cuyo corazón parecía un horno siempre en llamas.

19.El género de vida en Getafe fue como había sido en los demás Colegios, de un aprovechamiento total del tiempo. Madrugaba diariamente, decía la Misa primera del Colegio, y, a continuación acudía al confesionario. Luego se retiraba para hacer sus clases y dedicarse a sus estudios y trabajos, sin conocer jamás la ociosidad. Esta actividad le permitió publicar, en 1904, cuatro obras: Junio o mes del Sagrado Corazón de Jesús; Nociones de Historia Natural; Nociones de Física Terrestre; Diálogos de las láminas de Historia Natural, además de pequeños folletos sobre tratamientos de enfermedades. Fueron bellas floraciones de su espíritu, pletórico de ciencia y rebosante de piedad.

Monumento imperecedero de su sabiduría y su piedad son las Reglas y Constituciones que escribió para su Instituto, aprobadas definitivamente por la Santa Sede, según dijimos en el artículo 16.

Conjuntamente con esta fecunda labor de dentro, atendía a la obra maestra de su celo apostólico, a su carísima Congregación de Hijas de la Divina Pastora, que se iba dilatando, merced a sus desvelos, con la fundación de nuevos Colegios, para gloria de Dios y bien espiritual de millares de almas. Getafe, Chipiona, Monóvar, Daimiel, Monforte de Lemos, Martos, Beas de Segura, Belalcázar, Orense, fueron favorecidos con esta bendita institución de las PASTORAS CALASANCIAS. Y a todas partes llegaba la benéfica acción de su benemérito Fundador el P. Faustino, con sus visitas, con sus cartas, con las oraciones que continuamente elevaba al Cielo desde su celda de Getafe, trono memorable de su caridad y de su celo. En ocasiones hubo de encontrar serias dificultades; pero su constancia y su celo todo lo vencieron, ayudados de la gracia de Dios, en la que el P. Faustino tenía puesta toda su confianza.

20.En la caridad inmensa que latía en su corazón hacia la infancia, ocupaban lugar preferente las niñas pobres, las desvalidas, las huerfanitas, sobre todo. Mas, ¿cómo encontrar los recursos económicos que permitieran a sus queridas PASTORAS CALASANCIAS el atenderlas materialmente? Con fe sencilla y confianza ardiente acude el P. Faustino a su Madre amada, a la Divina Pastora de los Cielos. Y la Virgen le inspiró: Que, en aquellos específicos maravillosos, fruto de su labor y de su ciencia, tenía una solución honrosa. Mientras curaban enfermedades a las personas pudientes, podrían allegar recursos para las niñas huérfanas y pobres. Obtiene de la Santa Sede la autorización, el beneplácito y hasta el aplauso. Los entrega a un farmacéutico de Getafe, don José Acero, y comienzan a expenderse con todos los requisitos legales. Las curaciones, que su generosa caridad ya venía practicando, se multiplican prodigiosamente. Más tarde, será una Religiosa Pastora Calasancia la que, investida del título legal de farmacéutica, los confeccione y expenda en su laboratorio del Convento, con todas las autorizaciones legales, civiles y eclesiásticas, siendo las Religiosas las guardadoras de los secretos y las beneficiarias de su utilidad, para alivio de los enfermos y provecho de las niñas necesitadas.

Las curaciones del P. Faustino constituyen uno de los puntos más culminantes de su fecunda vida. Fueron tan numerosas, tan prodigiosas, tan radicales, que adquirieron gran resonancia en todas partes, hasta en los grandes rotativos de España, en las Cortes del reino y en la misma Corte española. Hubo época en que se contaron por centenares los coches que acudieron a Getafe con enfermos que buscaban el remedio de sus dolencias en la ciencia del famoso “fraile de Getafe”, que unos calificaban de infusa y otros de milagrosa.

Aparejada a esta aureola de dramaturgo con que ciñieron las sienes del P. Faustino los beneficiarios de su ciencia curativa, se desenvolvió, en los mismos días, una campaña persecutoria, suscitada, en unos por el sectarismo antirrelligioso; en otros, por la envidia y una rivalidad mal entendida. El P. Faustino, perfecto conocedor de sus deberes eclesiásticos y civiles y de sus derechos para ejercer la caridad con el prójimo, procedió siempre con tal tacto, sabiduría, discreción y caridad, que, a pesar de los ardides empleados por sus enemigos, nadie pudo jamás tacharle de la menor falta o transgresión de preceptos de ningún orden. Jamás tomó el pulso a ningún enfermo, ni recibió honorarios de ninguna clase. Con su sola mirada diagnosticaba las enfermedades más recónditas y ocultas. Adivinaba su origen y acertaba al punto con el remedio conveniente. Se limitaba decirles: “Eso se cura con globulillos de la serie X”, cuya fórmula de confección él había inventado, y que se expendían, en farmacia, con todas las de la ley. Otras veces, él mismo daba esos globulillos caritativamente, sin cobrar un solo céntimo.

Siendo infante todavía Alfonso XIII, y casi desahuciado, por los médicos de la Corte, de una enfermedad en la cabeza, la Reina Madre acudió, en último recurso, al P. Faustino. Va a Palacio el humilde Religioso, ve al infante, e inmediatamente asegura a la Reina que, tomando los globulillos que él propine, la curación será segura. Vuelve de nuevo; la mejoría ha sido asombrosa; le prescribe otra toma, y le dice que esté tranquila, que España tendrá Rey y la madre tendrá hijo. Y así fue. Antes de partir, la madre, agradecida y generosa, dice al Escolapio que pida lo que quiera. El Padre Faustino le responde que nada necesita, que la maternal Providencia de la Virgen de todo les provee. Y a las Religiosas que se le lamentan de no haber aprovechado mejor esta ocasión, les da una respuesta parecida. El confiaba en Dios, y Dios miraba por él. En cierta ocasión, algunos médicos malintencionados de Madrid le mandaron una enferma moribunda, con la aviesa intención de que se le muriera luego de tomar el remedio por él propinado. Dios le dio luz, y se contentó con decir, respecto de ella, que él curaba enfermos, pero no resucitaba muertos. La enferma murió inmediatamente, y el P. Faustino quedó a salvo de la acusación con que sus enemigos habían proyectado perjudicarle.

21.Había ya pasado de los setenta años nuestro Padre, cuando los Superiores le relevaron de sus clases. Pero el P. Faustino, no por eso cesó en sus actividades caritativas de celo y apostolado. Había fundado en Getafe un Colegio de PASTORAS CALASANCIAS, con un gran parque, llamado EL PENSAMIENTO. Él era el Director y el Padre de Religiosas y de alumnas. Su celo, su santidad y sus ejemplos hicieron del PENSAMIENTO mansión de virtudes y santidad extraordinarias.

La adquisición de este hermoso parque para la infancia desvalida se había hecho con el rendimiento de sus específicos, los específicos MIGUEZ, que tantas dolencias humanas han curado y siguen curando todos los días. Y fruto de este mismo rendimiento pecuniario fue el hermoso parque con que dotara a nuestro Colegio Escolapio de Getafe, solaz y alma de la vida infantil de tan acreditado y celebérrimo Colegio; como lo fuera el parque y Colegio de PASTORAS CALASANCIAS de Sanlúcar, en donde centenares de niñas alaban a Dios diariamente y bendicen el nombre del autor de los específicos, que a tantos enfermitos llevaron la curación del cuerpo y a tantas almas infantiles llevaron los esplendores divinos del lema de PIEDAD Y LETRAS de las PASTORAS CALASANCIAS.

22.El P. Faustino es ya nonagenario; las fuerzas físicas van decayendo; un reuma deformante va invadiendo aquellas manos que sólo se movieron para repartir el bien, aquellos dedos que tanto manejaron la pluma para difundir destellos de piedad y resplandores de ciencia. Sigue trabajando incansable, como siempre ha vivido, hasta el último momento de su larga vida. Su Colegio de Getafe y su Colegio de Pastoras son los objetivos de su infatigable celo. Su figura prócer, anciana y venerable, como la del Santo Fundador de las Escuelas Pías, le da el aspecto de un San José de Calasanz multiplicado. Decimos multiplicado, porque sus brazos abiertos abarcan, en cierto modo, más amplios horizontes. Un abrazo atrae a su corazón los niños que buscan padre; con el otro, acoge a las humildes huerfanitas que van anhelosas por el mundo tras el cariño y protección de madre. San José de Calasanz seguramente les sonríe desde el Cielo, porque el árbol calasancio cobija bajo sus ramas a la niñez de todo el mundo, en sus dos sexos.

Así llegó este admirable Escolapio, este insigne Fundador de las PASTORAS CALASANCIAS, al último de sus días, domingo 8 de marzo de 1925. Por la mañana se levantó, oyó Misa y recibió la Sagrada Comunión, pues hacía algún tiempo que su estado físico no le permitía celebrar. La víspera, como sábado, se había confesado. Luego hizo su vida ordinaria y, en las primeras horas de la tarde, tranquilo, en su celda de Getafe, testigo de tanta labor y de tanto fervor y oraciones, entregó su alma al Criador, después de haber pasado por el mundo como un sol que amanece irradiando luz y calor, e, irradiando luz y calor, se oculta en el ocaso. Y el P. Faustino irradió tanta luz de ciencia y tantos ardores de piedad en el dilatado día de su existencia…

Después de la aprobación definitiva de las Constituciones por la Santa Sede y, a petición de las Religiosas, les había dado, a manera de testamento espiritual, tres series de consejos de la más elevada y sana mística y de la más subida perfección religiosa: la primera, en 22 de octubre 1922; la segunda, en 29 de noviembre del mismo año, y la tercera, para las Religiosas de América que fueron a Chile, el 7 de agosto de 1923. Se siente cercano a la eternidad, y los escribe, como él dice, con un pie en el andén y el otro en el estribo del tren (de ultratumba). En ocasiones, hace recordar al Divino Maestro hablando a sus discípulos en el discurso de la última Cena. Citaremos algunos al tratar de sus virtudes heroicas.

23.El P. Faustino gozó de fama de santo en vida. Es natural que muriera en olor de santidad. En Getafe hubo duelo general cuando se corrió la noticia de su fallecimiento. Las gentes se disputaban el ver su cadáver y el honor de conservar algún objeto de su uso, para guardarlo como reliquia. Muchas gracias y favores había el Señor dispensado por su intercesión en vida. Después de su muerte, siguió aumentando el número de los mismos. De ello trataremos en los artículos correspondientes. Sus funerales fueron una imponente manifestación de duelo y un índice expresivo del cariño y aprecio popular de que gozaba. Fue enterrado en el cementerio de Getafe, en la Capilla- panteón de los PP.EE.

24.Esta fama de santidad era más hondamente sentida entre sus Hijas que de cerca le trataron. Había un común anhelo de que la Iglesia le tramitara el Proceso Canónico de Beatificación y Canonización. Deseaban que sus preciosos restos fueran trasladados a la Casa de las PASTORAS CALASANCIAS de Getafe, que tantos recuerdos guardaba de sus apostólicas tareas y de su celo y caridad, verdaderamente paternales.

Conseguidas todas las autorizaciones del caso, el traslado de sus restos del cementerio a la Capilla de sus Religiosas de Getafe, tuvo lugar el 12 de noviembre de 1950, con una solemnidad y concurrencia indescriptibles.

Con el Notario Eclesiástico, M. I. Sr. D. Hipólito Vachiano García, Delegado por el Exmo. Prelado Diocesano, iban el honorable Clero, todas las autoridades locales, altas jerarquías religiosas de las Escuelas Pías de Castilla, el Delegado General en España de la Orden Calasancia, P. Olea Montes; la General del Pio Instituto Calasancio de Hijas de la Divina Pastora con su Consejo en pleno, e infinidad de Superioras locales y Religiosas Pastoras Calasancias y una multitud ingente de admiradores y devotos del recordado P. Faustino.

Al abrir el ataúd y ver las vestiduras enteras y el cuerpo suficientemente conservado para poderse reconocer, una impresión inenarrable puso en los labios de los circunstantes este grito: Él es, el Padre. Y lloraron los ojos de todos, porque en el corazón de todos revivía la emoción del P. Faustino, del Padre inolvidable. Se trasladaron los restos al nuevo ataúd de zinc, revestido de caoba, sin el más pequeño desprendimiento de aquel cuerpo que se conservó entero. Y fue depositado en el lugar destinado y preparado de la referida Capilla, donde descansa, arrullado por el cariño de sus Hijas; pero sin la más mínima trasgresión de lo preceptuado por los Decretos de Urbano VIII, en lo referente al culto público y eclesiástico, prohibido a quienes todavía no han sido elevados por la Iglesia al honor de los altares.

25.La Congregación fundada por el P. Faustino ha merecido las bendiciones de Dios en todo tiempo, ya que, desde su fundación, ha ido y va creciendo sin cesar, teniendo en la actualidad, entre España y naciones de América, 7 Casas, 400 Religiosas Profesas, 50 Novicias y unas seis mil alumnas.

26.Es, asimismo, de admirar la pureza con que se mantiene el espíritu de su Fundador en todas sus Casas, lo mismo en España que en América; lo cual hemos tenido ocasión de comprobar personalmente en nuestras visitas; lo mismo en los Colegios de España que en las que hicimos en los dos Colegios que poseen en Buenos Aires: el uno de enseñanza y el otro de huérfanas desvalidas.

Notas