ProcesoBeatificaciónArtículos/TEMPLANZA HEROICA

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TEMPLANZA HEROICA

97.Fácil, relativamente, le fue al P. Faustino la práctica, en grado heroico, de la virtud de la templanza, dado el dominio perfecto que tenía de sí mismo y de sus pasiones y que se echaba de ver en todos sus actos y en su porte exterior. Se veía que todos sus actos y movimientos los regulaba, no por inclinación natural o ímpetu de su temperamento, sino por el dictado de la razón o, mejor, por la ley divina, deseando en todo agradar a Dios y no complacerse a sí mismo.

98.Uno de los grandes medios para observar la virtud de la templanza es la conformidad con la voluntad divina, y ya sabemos que en esto l P. Faustino fue admirable modelo con su sabida fórmula de dejemos obrar a Dios, que para mejor será. Y esto lo repetía con sentimiento tanto más hondo cuanto mayores y más adversas eran las dificultades con que tropezaba.

99.Observaba fielmente todos los ayunos, abstinencias y mortificaciones que prescriben nuestra Santa Madre Iglesia y las Constituciones Escolapias, además de las que él voluntariamente se imponía. Era muy frugal en la comida, lo mismo dentro del Colegio que fuera, sin alterar nunca su habitual frugalidad. Varias veces le mandaron botellas de vino generoso y de licores de Sanlúcar de Barrameda. Obsequiaba con ellas a la Comunidad, pero él no las probaba.

Jamás le vieron fumar, a pesar de haber estado en Cuba. Cuando el Párroco de Daimiel le ofrecía algún cigarro, él contestaba delicada y donosamente: “No tengo ese placer”. No obstante su trabajo intensísimo, por la mañana siempre tomaba un muy ligero desayuno y por la noche un sopicaldo o cosa parecida.

100.Durante muchísimos años se levantó a las tres de la mañana, luego hacía la oración, pidiendo al Señor por su amada Congregación, y se dedicaba a sus estudios y santas tareas, encaminándolo todo a la gloria de Dios y bien de las almas.

101.A la templanza del cuerpo correspondía la del alma. Una vez, al volver a Getafe desde Sanlúcar, observó que le habían abierto el cuarto durante su ausencia y le habían sustraído varias recetas y cuartillas de un libro muy interesante que escribía para que sus hijas supieran curar enfermos. Recibió la prueba con una admirable inalterabilidad de ánimo y sin ninguna turbación, aunque era para él una gran contrariedad.

102.Esta templanza, en él habitual, la manifestaba en su porte exterior, en la mortificación de la vista, en el comedimiento de sus palabras y en el recogimiento y amor a la dulce soledad de su cuarto, donde pasaba horas y horas en oración, estudio y trabajos de laboratorio. Siempre fue enemigo de parlerías, corrillos y vanos pasatiempos, que tanto hacen a veces perder el tiempo a algunos Religiosos.

103.Este ejercicio de la mortificación y templanza era tan perfecto en él e iba animado de tal modo por un principio sobrenatural, es decir, por el amor de Dios, que no se notaba la violencia que tuviera que hacerse, sino que la practicaba con naturalidad, con facilidad, con santa alegría.

Notas