ProcesoBeatificaciónArtículos/VIRTUDES HEROICAS EN GENERAL

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GRACIAS Y FAVORES CONSEGUIDOS POR INTERSECION DEL P. FAUSTINO
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FE HEROICA
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VIRTUDES HEROICAS EN GENERAL

42.De dos maneras pueden practicarse las virtudes en grado heroico: La primera, cuando el alma se entrega a su ejercicio con prontitud, constancia y alegría, y así persevera hasta la muerte, observando fiel y escrupulosamente los Mandamientos de Dios, de la Santa Iglesia y los deberes del propio estado durante toda su vida, cualesquiera que sean las circunstancias que se le presenten.

La segunda, cuando en la práctica de estas virtudes se presentan grandes obstáculos que vencer, resistencias fuertes que superar y dificultades y adversidades, ya materiales, ya morales, que dificultan grandemente su ejercicio, y, sin embargo, el alma, con sacrificio, con amor y tenacidad, persevera en su práctica hasta la muerte, ayudada, fortalecida y sostenida por la gracia del Señor.

Por no ser corriente en el común de los fieles esta manera de practicar las virtudes, reciben el nombre de heroicas.

El P. Faustino practicó todas las virtudes en grado heroico en ambos sentidos. Lo comparamos al sol, pues nunca cesó de irradiar luz de ciencia y ardores de piedad en el dilatado día de su existencia. Se sintió atraído, desde la infancia, por el imán de Dios, y a Dios permaneció inquebrantablemente unido por el cumplimiento de todos sus deberes y la práctica de todas las virtudes. El Arcipreste de Daimiel, que le trató mucho en edad ya avanzada, pudo decir, después de oírle en confesión general de toda su vida, que conservaba la gracia bautismal y que, a pesar de que con él se relacionó de muy cerca, pues le tuvo muchas veces hospedado en su casa, jamás le vio cometer un solo pecado venial deliberado. El P. Faustino fue siempre igual, siempre permaneció en el mismo puesto, con el dulce Jesús en el castillo de su corazón, y, como él aconsejó a sus Religiosas en sus fervorosos Consejos, con los puentes de comunicación con el mundo cortados, cerradas las puertas y ventanas con las llaves del más intenso amor de Dios. Y si la necesidad le obligaba a salir, bajaba el puente y salía; pero, acompañado por el ángel Custodio, los ojos en el suelo, el corazón en el cielo y su espíritu siempre en su puesto, en el castillo. Al dar este sabio Consejo a sus Religiosas, no hizo otra cosa sino pintar, con bello colorido, el retrato de su existencia mortal.

43.Esta constancia heroica en la práctica de todas las virtudes circundó los años todos de su piadosa vida de aquella aureola de santidad que le captó la estima universal y la profunda veneración que le profesaron las gentes de su tierra natal, de Getafe, de Sanlúcar, de Celanova, de Monforte, de Daimiel, de Martos, de todas partes donde la obediencia le destinó y el deber le llevó. Siempre y en todas partes, fue exactísimo en la observancia de sus deberes y apóstol ferviente de la gloria de Dios y de la salvación de las almas.

44.Sus heroicas virtudes resplandecen con fulgor excepcional cuando se acrecientan las dificultades y la persecución le acecha y le acomete, rabiosa y despiadada. De fuera y de dentro, parten os dardos de la maledicencia. El enemigo se vale de todo para ver de hacer fracasar aquella obra, de la que había de surgir, para la Iglesia, la Congregación de las Hijas de la Divina Pastora: esa Congregación admirable, que tantas almas había de llevar por doquiera al redil del Pastor Divino. En aquellos momentos difíciles de amarga prueba, el P. Faustino gime ante Dios, ora y espera. Pero no desconfía ni se aparta un ápice de su vida piadosa y santa. Y siguiendo las huellas de Jesús que “callaba” y de San José de Calasanz, que no tenía en semejantes pruebas más que la frase de “dejemos obrar a Dios”, el P. Faustino dejó a Dios la defensa de su inocencia y santidad, y sólo repetía su frase favorita: DEJEMOS OBRAR A DIOS, PARA MEJOR SERA.

Notas