Reglas/BASES DE LA ASOCIACION DE LAS HIJAS DE LA DIVINA PASTORA (1885)

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CAPÍTULO III. ELECCIÓN DE LA SUPERIORA GENERAL, MODERADORAS Y SUPERIORA PROVINCIAL
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BASES DE LA ASOCIACION DE LAS HIJAS DE LA DIVINA PASTORA (1885)

Su objeto. - Su espíritu

Es buscar almas y encaminarlas a Dios por todos los medios que estén al alcance de la caridad; por tanto:

l. Las Hijas de la Divina Pastora, animadas de un espíritu apostólico y con una abnegación sin límites, acudirán al socorro de las almas que las necesitaren y la obediencia les indicare, aun con exposición de su misma vida, sin más armas que las de la caridad, ni otro móvil que el de la gloria de Dios y el de la salvación propia y ajena.

II. Para evitar que la inocencia del corazón se pierda entre las tinieblas de la ignorancia se dedicarán a la enseñanza de jóvenes y adultas, externas, colegialas o asiladas, de cualquier clase y condición que sean, y a las horas y en los puntos que más convengan.

III. También para que el remedio de las necesidades corporales facilite el de las espirituales, asistirán a domicilio a los enfermos que lo soliciten, disponiéndolos, en caso necesario, para que reciban los Sacramentos, y admitirán en el suyo y prodigarán la asistencia más esmerada y económica a las señoras que viéndose solas, achacosas o hastiadas del mundo, quisieran retirarse a vivir entre ellas, temporal o vitaliciamente.

IV. Ni rehusarán tampoco dirección ni comisión alguna que en armonía con su objeto les confieran personas o Corporaciones que tengan a bien costearlas, ni nada de cuanto directa o indirectamente pueda contribuir a la práctica de la caridad y al mayor bien temporal y eterno del prójimo, procurando realizarlo según las circunstancias se lo vayan permitiendo.

V. Las Socias se impondrán el deber de proporcionar los medios a lo sublime de su misión, tan vasta como difícil, y de trabajar sin tregua para alcanzar una muerte completa de sí mismas, con una abnegación absoluta, y un total desprendimiento de todo lo criado.

VI. Todas de Dios, nada tendrán que de Él no sea y por consiguiente, no podrán recibir donativo alguno manual para usarlo o disponer de él, como propio sin permiso de sus Superiores. Cuanto les entregaren, por cualquier título que sea, pertenecerá a la Asociación, que lo invertirá según los fines del donante, si estuvieren en consonancia con sus Estatutos. Ni aun podrán disponer de sus labores y de cuanto hicieren, que también será de la Asociación y para sus necesidades.

VII. Su modestia revelará en todo a quién pertenecen, y llevarán a todas partes el bien en sus modales, y una total edificación en su porte y en sus palabras. Penetradas de su escabrosísima misión unirán siempre a la sencillez de la paloma la astucia de la serpiente, y una afabilidad sin adulación, con una prudencia tan discreta, que les dé acierto en todas sus acciones. Su traje contribuirá a los mismos fines.

VIII. Esposas de Jesucristo, que pasó su vida haciendo bien y dándola, al fin, por sus mismos enemigos, procurarán observar siempre una conducta irreprensible, y ocuparse constantemente en acciones que le agraden, y estar dispuestas, para cuando las circunstancias lo pidan, a sacrificarse por su prójimo, y a dar por sus almas hasta su propia vida. Y debiendo ser la voluntad de Dios en ellas, ninguna parte tendrá en ésta su conducta, su genio, su humor, su inclinación, ni su propio juicio; se ajustarán en todo a lo que la obediencia les ordene.

IX. A su mortificación interior, que será continua, y a las abstinencias y ayunos de precepto, añadirán otras utilísimas para el mejor cumplimiento de su misión divina. Oirán Misa diariamente, se ejercitarán en la oración mental y vocal, lectura espiritual, examen de conciencia, Confesión semanal y Comunión, siempre que se la conceda su confesor, que será uno mismo para todas, con un día de retiro al mes, y ejercicios espirituales una vez al año.

X. Las que pretendieran ingresar en esta Asociación, habrán de tener buenos antecedentes propios y de familia, y reunir la actitud y cualidades que exigen el desempeño de una misión tan difícil. Con la petición acompañarán la partida de Bautismo y un certificado del señor Cura, que acredite su soltería y buena conducta. Y si los informes que además tomaren los Superiores fueren buenos, serán llamadas por éstos al examen personal, que precederá siempre a su admisión, y enteradas de lo que además proceda, según las circunstancias.

Hijas de la Divina Pastora

Al suplicarme os consignara por escrito las instrucciones y consejos que os diera de palabra, ocurrióseme proponemos solamente el sublime ejemplo de vuestra Santísima Madre, que es el más acabado y en el que se ven reunidos todos los rasgos de la perfección cristiana. Que es religiosa atención de corazones generosos imitar las virtudes de sus mayores, propio de hijas bien nacidas honrar con su ejemplo el que su Madre les dejara en sucesión. Ni permita Dios, que en cuanto añada, accediendo a vuestros deseos, se encuentre algo que no esté basado en este modelo sublime, que os pongo al frente, a fin de que por él podáis rectificarlo.

Modelo de toda Hija de la Divina Pastora.

María era Virgen, no solamente en el cuerpo, sino también en el espíritu; tenía un candor que la hacía incapaz de disfrazar sus intenciones; era humilde de corazón, grave en sus discursos, prudente en su conducta, reservada en sus palabras y aplicada a la lectura; más ponía su confianza en las oraciones de los pobres, que en la incertidumbre de los bienes de la tierra.

Se ocupaba en el trabajo, y sólo ponía en Dios, a quien todo lo refería, el juicio de su conciencia; siempre incapaz de perjudicar a nadie, estaba dispuesta para hacer bien a todo el mundo; tenía gran respeto a los mayores, nunca envidiaba a los iguales; se regía en todo por la razón, y amaba, fervorosa, la virtud.

En su mirada brillaba la benignidad, la honestidad resplandecía en sus discursos y en todas sus acciones se revelaba la modestia. Ni un ademán libre, ni un paso afectado, ni una voz que no fuese la misma naturalidad; todo el exterior de su cuerpo representaba la purísima imagen de su alma; y su conducta el modelo más acabado de todas las virtudes.

Siempre ajena a la vanidad, desconocía la presunción, y sólo acudía a aquellas concurrencias adonde la llamaba su caridad, que no tenía límites y en donde no tuviese motivos de avergonzarse; inspirando siempre veneración a su virtud, que la anunciaba por do fuese, como un precioso aroma. Era tan frugal su comida, que apenas se permitía lo necesario, y a veces prolongaba el ayuno por muchos días. No escogía los alimentos que tomaba, pensando menos en lisonjear el gusto que en conservar la vida. Los momentos que parecía conceder de descanso al cuerpo, eran como un éxtasis para su espíritu, todo absorto en la contemplación de las verdades que meditaba en la vigilia.

Jamás salía sino para ir al templo y siempre acompañada de sus parientes. En el retiro de su casa nunca estaba ociosa, ni se presentaba fuera sola, aunque nadie la podía guardar con tanta seguridad como ella misma.

Era la misma afabilidad con todos, con una majestad y porte tan lleno de pudor, que infundía respeto en cuantos la miraban, y parecía que en cada paso que daba dejaba estampados los vestigios de la virtud...

Tal fue la Madre o tales deben procurar ser sus Hijas

Bien quisiera, mis amadas Hijas en Jesucristo, haceros salvar la inmensa distancia a que os encontráis de ese perfectísimo modelo de todas las virtudes, del mismo modo y con la misma prontitud con que el Ángel del Señor transportó a Habacuc al lago de los leones; mas no siéndome esto dado, habré de contentarme con llevaros de la mano por la trillada senda de las siguientes instrucciones y consejos en que hallaréis cosas admirables y muchísimos defectos.

Todo lo bueno que encontrarais es de la Sagrada Escritura, varios Santos y Padres de la Iglesia, donde he procurado libarlos, como industriosa abeja, y los defectos son debidos a mi ignorancia, reforzada todavía con el escaso tiempo que mis asiduas ocupaciones me dejan para trabajos de esta índole.

Pedid al Señor me los perdone y supla con su gracia en cuanto para vuestra santificación faltare, y vosotras añadid una docilidad sin límites a sus inspiraciones y un espíritu cada vez más humilde y reconocido a sus beneficios, y sobre todo al de la vocación, y conseguiréis la recompensa que Él os ofrece, a que vosotras aspiráis y os desea vuestro indigno

DIRECTOR

Notas