Reglas/CAPÍTULO V. MODESTIA

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CAPITULO IV. APARTAMIENTO DE LOS SEGLARES
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CAPÍTULO V. MODESTIA

Si a todos los cristianos encarga el Apóstol que se den a conocer por su modestia, seria vergonzoso que las que hacen profesión religiosa no fuesen en todo su porte, digno espectáculo de Dios, de los Ángeles y de los hombres. Así, pues, las Hijas de la Divina Pastora:

I. Procurarán observar, a imitación de Jesucristo, la modestia, particularmente en el mirar, andar y en la postura del cuerpo, y no sólo en las palabras, sino también en la manera de decirlas.

II. Se guardarán todas de palabras burlescas, picantes o contumeliosas, y también del mucho hablar y de cuanto denote alguna desenvoltura.

III. Todas se venerarán mutuamente, y se hablarán con gran respeto, y se darán el tratamiento de caridad entre las súbditas y el de Madre a la Superiora, mirando en cada una a otra queridísima Esposa de Jesucristo, que recibirá como propias sus ofensas.

IV. Llevarán sin cesar en su frente la confusión, que debe imprimir en ellas su mala correspondencia a tantos beneficios, y la triste memoria de sus faltas, que las debe tener siempre avergonzadas en la presencia de Dios y por indignas de levantar los ojos al cielo.

V. Caminarán con rostro humillado, con los ojos en tierra y el corazón en el cielo, con un porte modesto y un aire que revele un corazón contrito y un alma llena de esperanzas.

VI. Sabrán que más perjudica una religiosa inmodesta que cien seglares, porque la falta de éstos a sólo ellos dañan, y la de la religiosa a todos condiciona.

VII. Todas se manifestarán muy decentes y procurarán ser arregladas en su conducta, benignas y serenas en su semblante, y graves, sin afectación, en sus palabras.

VIII. Todas llevarán el corazón lleno de santos y el vestido sin estudio, para que aquél no imprima a su cuerpo la señal vanidad, ni éste revele la debilidad de su ánimo.

IX. Todas se guardarán de manchar su cuerpo, que lo es de Jesucristo, con alguna liviandad, no sea que, a proporción del premio que las espera en el cielo, conservándolo dignamente, tengan el castigo en el infierno, por haberlo deshonrado con un abuso vergonzoso.

X. Apartaran igualmente sus ojos de toda especie de vanidad, y guardarán su boca de cuanto no redunde en loa de Dios y beneficio del prójimo, si no quisieren profanarlos.

Notas