Reglas/CAPÍTULO VI. UNIÓN

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CAPÍTULO VI. UNIÓN

Mandándonos el Señor, por San Juan, que nos amemos mutuamente como Él nos amó, las Hijas de la Divina Pastora:

I. Andarán, como lo requiere su vocación con toda humildad, mansedumbre y paciencia, sobrellevándose mutuamente con la caridad, que es el vínculo de la perfección.

II Se amarán unas a otras, como Hermanas unidas por el mismo Dios, para su servicio, mediante una misma profesión, y harán todo lo posible para conservar entre sí la unión más perfecta.

III. Echarán con prontitud de su corazón todo movimiento de aversión o de envidia contra sus Hermanas, y se guardarán mucho de prorrumpir en palabra alguna desabrida u ofensiva.

IV. Se tratarán todas con mansedumbre cristiana y respetuosa cordialidad, que siempre deberá resplandecer en sus semblantes y palabras.

V. Disimularán, gustosas, las imperfecciones de sus Hermanas, como quisieran ser toleradas en las suyas, y se acomodarán cuanto puedan a su dictamen y genio, en todo lo que no fuere pecado ni contrario a la Regla.

VI. Manifestarán especial caridad a aquellas cuyo humor simpatice menos con el suyo, por ser esta santa condescendencia, acompañada del sufrimiento, un excelente medio para mantener la paz y unión que siempre deben reinar en la Comunidad.

VII. La que, por su desgraciada fragilidad, contristare a otra en cosa alguna, le pedirá sin falta perdón de rodillas en el mismo instante, o a más tardar, antes de acostarse.

VIII. La ofendida recibirá con humildad y agrado la humillación de su hermana, por ser esta conducta un remedio eficaz para curar pronto la amargura de ánimo y el resentimiento que pudiera quedar de la falta cometida.

IX. También se abstendrá la ofendida, para no impedir el efecto saludable de esta santa práctica, de valerse de la humillación de su Hermana para satisfacer tal vez su mala inclinación, exagerando la falta o tratándola con ademanes descompuestos o palabras ásperas, aunque hubiese reincidencia.

X. Si, lo que Dios no permita, alguna ofendida se negase a otorgar, gustosa, el perdón que la pidiese la ofensora o no recibiere con caritativa ternura las señales de su arrepentimiento y el deseo de volver a su gracia, quedará separada del trato de las demás hasta que se reconozca, y aún seguirá después, por ocho días, pidiendo perdón a todas de su escándalo.

XI. Todas se amarán muchísimo en el Corazón de Jesús, pero sin contraer amistades particulares, tanto más peligrosas, cuanto se hallen más disfrazadas con el velo de la caridad, no siendo más que un desordenado afecto de la carne y de la sangre, que deben huir tanto como la aversión, cuyos dos extremos son capaces de perder en poco tiempo toda la Corporación.

XII. No estarán ansiosas por saber lo que pasa fuera ni aun dentro del Colegio, bajo el pretexto de un falso celo del bien común, ni prestarán oídos a las personas que las quieran enterar, para evitar la ocasión de las murmuraciones, no menos perjudiciales a la paz y unión de la Comunidad, que los extremos viciosos antes indicados.

XIII. Se guardarán todas de censurar el proceder de la Superiora o de la que hiciese sus veces, porque esto sería un manantial de escándalos y divisiones, que atraerían la maldición de Dios, no sólo sobre las personas que las promoviesen, sino también contra las que las escuchasen con complacencia y aun sobre toda la Comunidad.

XIV. Huirán igualmente en sus conversaciones de hacer platillo de los defectos del prójimo y manos aún de sus Hermanas, y sólo referirán a la Superiora lo que de esto hubiesen oído fuera.

XV. Si alguna se propasase a tales conversaciones, contrarias a la caridad, delante de sus Hermanas, procurarán estas impedírselo, suplicándola de rodillas que no continúe, y si no lo consiguieron, se apartarán de ella como de un viborezno que se complace en desgarrar las entrañas de su madre.

Notas