Reglas/CAPÍTULO XVI. OFICIOS QUE DEBEN DESEMPEÑAR LAS RELIGIOSAS

De Wiki Instituto Calasancio
Saltar a: navegación, buscar

CAPÍTULO XV.CASAS-RETIROS
Tema anterior

Reglas/CAPÍTULO XVI. OFICIOS QUE DEBEN DESEMPEÑAR LAS RELIGIOSAS
Índice

CAPITULO XVII. VIRTUDES DE LA MAESTRA
Siguiente tema


CAPÍTULO XVI. OFICIOS QUE DEBEN DESEMPEÑAR LAS RELIGIOSAS

I. El Señor manda por el Apóstol, que cada uno permanezca allí donde Él la ha puesto; hará, pues, cada una por labrarse su corona en el cargo y oficio que la Obediencia le haya señalado.

Sacristana.

I. Tendrá un inventario de todas las cosas sagradas y cuidará de que se compongan todas las gastadas o rasgadas, y de tener con mucho cuidado y aseo el Oratorio, Altar y lámpara, que deberá estar siempre encendida, si hubiere Sacramento.

II. Renovará el agua bendita cada ocho días y los purificadores, amitos, toallas y corporales, según se usen.

III. Cuidará de que los vasos sagrados, vestiduras sacerdotales, adorno de los altares y demás cosas pertenecientes al culto divino, estén muy limpias y resplandecientes y guardadas con toda diligencia en sus propios lugares.

Administradora

I.Tendrá un libro donde escriba por partida doble cuanto reciba (y gaste), haciendo su balance por meses y años ante la Superiora y dos religiosas de las más antiguas, que lo revisarán y suscribirán si estuvieren conformes.

II. Cobrará fiel y diligentemente cuanto pertenezca al Colegio, y pagará del mismo modo todas sus deudas.

III. No arrendará, venderá ni liará contrato alguno sin permiso de la Superiora.

Portera

I. Será religiosa muy modesta, discreta, y si pudiera ser, anciana, que pueda desempeñar su oficio con cuidado y satisfacción.

II. Abrirá y cerrará las clases a sus horas correspondientes, y cerrará la portería al anochecer, llevando las llaves a la Superiora, de quien las recibirá por la mañana.

III. Responderá con benignidad a los pobres y a cuantos llegaren con las palabras religiosas Deo gracias.

IV. Si la dignidad de la persona, gravedad del asunto o circunstancias del tiempo no pidieren otra cosa, mientras las religiosas estén en algún acto de Comunidad, le suplicará que se digne esperar hasta que salgan.

V. Cuando viniere el médico, hará señal con la campana para que la enfermera y demás a quienes toca puedan acudir.

VI. Entregará a la Superiora solamente las cartas o esquelas que reciba de fuera, y sólo mandará fuera las que le entregue la misma Superiora, sin cuyo consentimiento se abstendrá de recibir cosa alguna para guardarla.

Enfermera

I. Será muy caritativa y paciente y pondrá el mayor cuidado y diligencia en cumplir cuanto se manda en el artículo de las enfermas.

II. Limpiará diariamente los aposentos de las enfermas, lavará siempre que sea necesario los vasos inmundos, les hará las camas, y, si pudiera ser, adornará los aposentos con ramos y flores para alegrarlas.

III. Siempre hablará a las enfermas con palabras religiosas y las sufrirá con mucha paciencia y caridad, teniendo presente aquello del Profeta: Mejor es una buena palabra que una dádiva.

Enfermera a domicilio

I.Nunca se destinará una sola para este fin, y sobre todo si hubiere personas de otro sexo en las casas adonde fueren a prestar su servicio.

II. Se procurará que una, al menos, sea ya de edad, y ninguna de las dedicadas a la enseñanza o de las que tengan roce inmediato con las niñas, a no ser para visitar a alguna alumna que no padezca enfermedad contagiosa.

III. Sólo en el caso de alguna epidemia general que obligue a cerrar las clases, podrán dedicarse a eso las Maestras, a no ser que la Superiora, por prueba, estime conveniente mandarlas también alguna vez.

IV. Tampoco turnarán en dicha asistencia las que se hallen al frente u ocupadas en las Casas-retiros y Asilos, para que no importen la infección a ellas.

V. Generalmente, turnarán diferentes parejas y se relevarán a las horas que la Superiora designe, según las circunstancias de la enfermedad y las necesidades de las enfermas, que también tendrán su descanso.

VI. Sólo en casos muy especiales y excepcionales y a familias de mucha confianza, se permitirá que turnen las mismas parejas durante una enfermedad.

VII. Aun en el caso del artículo anterior, se presentarán diariamente las turnantes a dar cuenta a la Superiora, lo mismo de la enfermedad que de cuanto les ocurra.

VIII. Por lo demás, siempre procurarán desempeñar su obligación con todo el cuidado y afecto que les sea posible, considerando que no tanto sirven a los enfermos cuanto a Jesucristo en ellos.

IX. En este concepto, les servirán la comida y les administrarán los remedios, tratándolos con dulzura, compasión, cordialidad, respeto y aun veneración, por más enfadosos e impertinentes que sean.

X. Igualmente se conducirán con aquellos hacia quienes sintieron alguna repugnancia, y se harán cargo de conciencia si los dejaren padecer por no darles a su tiempo lo, preciso, cualquiera que sea el motivo.

XI. Tal preferencia darán a este cuidado, que, si por él no pudiesen atender a sus devociones, las omitirán y procurarán suplirlas con mayor presencia de Dios y deseo de mejor servirle en los enfermos.

XII. Sólo usarán con éstos de palabras edificantes, exhortándoles a la paciencia y procurando disponerlos para hacer una buena confesión general, cambiar de vida y morir en el Señor.

XIII. Si advirtiesen que los enfermos ignoran lo necesario para salvarse, se esforzarán por enseñárselo y por disponerlos a recibir con tiempo los Santos Sacramentos, y lo mismo en las enfermedades que en las recaídas.

XIV. Como hijas de obediencia, se guardarán de alimentar o medicinar a los enfermos en contra de las instrucciones que reciban al efecto, por más que algunos descontentadizos se quejen y reclamen.

XV. Cuidarán, sin embargo, en tales casos de consolarlos, según puedan, y manifestarles su compasión y sentimiento de no poder satisfacerles como desean.

XVI. Queda a la discreción de la Superiora y a su responsabilidad el permitir en algunos casos se queden dos a velar algún enfermo durante la noche y sólo en casas de muchísima confianza, y a condición de que no se pierdan de vista para nada.

XVII. La pareja manifestará a la Superiora, bajo la mayor responsabilidad, cualquier peligro que presienta, por algún indicio precedente, para que, según las circunstancias, niegue o cambie la pareja o resuelva lo que más convenga.

XVIII. Si alguna limosna les entregaren para algún enfermo pobre o persona necesitada, serán exactísimas en emplearlas sola y exclusivamente en el fin para que se le haya dado y con la reserva que se les encargara.

XIX. De tal manera cumplirán lo que precede, que ni en mayor necesidad de otros ni siquiera sean parientes o amigos, podrán distraer un céntimo de la expresa intención de la persona donante.

XX. La Superiora proveerá a todos los extremos aquí no consignados sin perder de vista que la caridad bien ordenada empieza para ella por la Congregación, al frente de la cual se halla.

Ropera

I. Cuidará de que en la ropería haya siempre los hábitos y prendas suficientes para conservar la limpieza, la decencia y la salud.

II. Guardará en ella y dispuestas con primor, todas las prendas, a excepción de aquellas que, por orden de la Superiora, reparta a cada religiosa para su uso.

III. Hará por reparar y reponer las prendas que se deterioren o inutilicen y porque nunca se dé el caso de que una religiosa se halle sin tener que ponerse, así de calzado como de hábito, y ropa tanto interior como exterior.

IV. También procurará, en los cambios de estaciones, proveer a cada religiosa de lo necesario para la entrante.

V. Evitará que cualquiera religiosa y, sobre todo profesa, lleve alguna prenda rota, descosida o manchada, por el mal ejemplo y peor efecto que este descuido produce en las alumnas.

Refitolera

I. Procurará que todas las cosas pertenecientes al comedor estén muy limpias y que no falte agua para lavarse las manos ni toallas para limpiarlas.

II. Ponga cada semana, al menos, servilletas limpias, lave, siempre que sea necesario, los vasos, las jarras, las botellas y demás vasijas.

III. No dé cosa alguna sin licencia de la Superiora y entregue a la despensera y cocinera lo que sobre de la mesa y corresponda a sus respectivas oficinas.

IV. Tenga una tablilla colgada donde estén escritos los nombres y oficios que debe desempeñar cada una por semanas; podrá haber una mesa aparte para las que coman de carne en días de vigilia.

Despensera

I. Guardará con fidelidad las provisiones pertenecientes a la manutención y las distribuirá a su tiempo, según las instrucciones que tuviere de la Superiora.

II. Nada desperdiciará, derramará, dejará corromperse o perderse por culpa suya, si no quiere responder ante Dios de haber faltado a la pobreza.

III. No enviará cosa alguna fuera de casa, no negará lo necesario, ni dará más de lo preciso, y conservará con el mayor cuidado todos los vasos y objetos que estén a su cargo.

IV. En las compras, si también fuere compradora, será muy fiel y comprará cosas buenas y sanas en honesto y moderado precio, y llevará y dará a la Superiora o administradora, si así lo dispusiera aquélla, cuenta detallada de sus gastos, usando siempre de palabras propias de una buena religiosa y conforme a la caridad que debe haber entre hermanas.

Cocinera

I. La cocinera en la cocina, como la profesora en su clase, procurará ser exactísima, teniendo todas las comidas y cosas de su cargo tan a punto, que nunca se retrase ni trastorne por culpa suya el orden y distribución de horas, por los perjuicios que ocasiona en la enseñanza y el quebranto que produce en los espíritus.

II. Se penetrará de que, como miembro del mismo cuerpo que las demás religiosas, cumpliendo bien con su oficio está alabando a Dios con todas y contribuyendo como la que más a la honra y gloria de Dios y a la salvación de las almas.

III. Sabrá que la cocina es la boca del Colegio, y que el crédito o descrédito de éste, cuando haya colegialas, pende en su mayor parte de su fiel cumplimiento en preparar los alimentos que pagan, de modo que puedan tomarlos con gusto y provecho como están acostumbradas.

IV. Tendrán presente, que así como las profesoras necesitan prepararse todos los días para las clases y adaptarse en éstas a la capacidad y genio de las discípulas, sin perder tiempo ni ocasión alguna para hacerlas adelantar, así deberá disponerse y prepararse cada día todo lo necesario para hacer la comida con el menor gasto posible y el mayor gusto, que no aprovecha lo que se toma con repugnancia.

V. No olvidará que el Señor le ha de pedir una cuenta muy estrecha, aun de lo más mínimo que por su culpa se malograra o perdiere, entendiendo por malogrado y perdido aun lo mal condimentado o puesto de modo que nadie lo aproveche.

VI. Faltará a la pobreza si quemare más carbón o leña de la necesaria, si dejase perder, por descuido o abandono, así los comestibles como lo que para condimentarlos se le entregare, lo mismo que otra cualquiera cosa que a su oficina pertenezca.

VII. Será primorosa en componer la comida y tendrá muy curiosos todos los vasos, baterías y utensilios de su oficina, lo mismo que ésta; que la limpieza es hermana queridísima de la santa pobreza.

VIII. A ninguna enviará comida especial a la mesa; dará a todas igual porción e igual número de platos, a no ser que la Superiora le ordenare otra cosa o los achaques de alguna pidan lo contrario, y guardará lo que quedare de la mesa, o dará a los pobres, según las instrucciones que tenga, las cosas que no se hubieren de guardar.

IX. Formará un inventario de todas las alhajas de su oficina y procurará tener todas las cosas que son necesarias en ella, evitando se deterioren o inutilicen por injuria o abandono.

X. Y debiendo las colegialas aprender de ella a cocinar con mucha economía, gran primor y sorprendente variedad y gusto, y a tener y hacer todas las cosas de su oficina con exquisito orden y limpieza, procurará observar siempre todo lo dicho para evitar todo descuido, que pudiera producir una educación viciosa en las educandas y gravísimos perjuicios a los intereses del Colegio.

Lavandera

I.Sabrá que lo mismo falta a la pobreza la que defrauda al Colegio alguna cantidad que la que destroza alguna prenda que lo valga.

II. Que, por consiguiente, no queda sin culpa la que por el modo de tratar las prendas contribuya a su menor duración o más pronto deterioro.

III. Tampoco la que las queme con la lejía mal preparada o con la plancha demasiado caliente.

IV. Ni la que gaste más jabón, lejía, almidón y combustible del necesario.

V. Lo mismo la que por no asegurar bien las prendas al tenderlas da lugar a que el viento se las lleve y se vuelvan a ensuciar o se pierdan.

VI. Igualmente cuando, por no repasar ni zurcir con tiempo alguna prenda, concluye de romperse.

Notas