Reglas/CAPITULO II. ELECCIÓN DE LA SUPERIORA GENERAL

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CAPÍTULO PRIMERO. GOBIERNO DE LA CONGREGACIÓN
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Reglas/CAPITULO II. ELECCIÓN DE LA SUPERIORA GENERAL
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CAPITULO III. OBLIGACIONES DE LA SUPERIORA GENERAL
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CAPITULO II. ELECCIÓN DE LA SUPERIORA GENERAL

I. Se hará por papeletas, donde consten impresos y escritos de la misma mano y por orden de antigüedad, los nombres y apellidos de las religiosas que reúnan las condiciones que en su lugar se exigen.

II. Al efecto, quince días antes de terminar su sexenio, la Superiora general remitirá a cada electora una papeleta sellada y un sobre igual, sin mancha ni contraseña alguna.

III. Hecho lo anterior, que será el último acto de su gobierno, pasará a ocupar el puesto que le corresponda por antigüedad de hábito y sin preeminencia alguna.

IV. Desde ese día la sustituirá la Moderadora más antigua, hasta que tome posesión la nueva Generala.

V. En el domingo después que la Generala cumpla su sexenio, cada electora, después de comulgar y ofrecer a Dios obrar según conciencia, para mayor honra y gloria suya y bien de la Congregación escribirá con tinta, después de la que crea más digna, un l; un 2 después de la que merezca, a su juicio, el segundo lugar, y un 3 después de la tercera. Luego pondrá una contraseña cualquiera en un ángulo de la papeleta, la doblará y meterá en el sobre que le acompañaba y lo cerrará sin ponerle dirección.

VI. Presidirá la elección el Obispo de la Diócesis en que se celebre, por sí y por delegado al efecto. Le seguirán por orden la Superiora general, sus Moderadoras y sus antecesoras, las Superioras provinciales y Maestras de novicias por antigüedad de sus provincias y las Superioras locales por la de sus casas.

VII. La apertura se hará el domingo siguiente al indicado en el art. V de este capítulo, en el Oratorio o Iglesia del Colegio. Invocada la asistencia del Espíritu Santo, se procederá a la elección de la Superiora general.

VIII. Formarán la mesa el Presidente antes dicho, la Superiora general y la Moderadora, ejerciendo de Secretaria la más joven de las electoras.

IX. Cada electora depositará en una caja que habrá sobre el altar, o en sitio visible a todos, los sobres con las papeletas, que deben ser tantos como el número de electoras.

X. Terminado lo anterior, la Secretaria recogerá la caja y en alto la llevará a la mesa. El Presidente irá desdoblando las papeletas y leyendo el nombre que contengan, apuntando luego en un papel los votos que tenga cada una; lo mismo hará la Secretaria, que al concluir leerá su lista, para ver si concuerda con la del Presidente.

XI. La que tuviere un número de unos mayor que la mitad del de electoras, será elegida y proclamada y confirmada Superiora general por el Presidente.

XII. Si la mayoría fuese sólo de un voto, la elegida tendrá que presentar o indicar su cédula para probar que no se eligió a sí misma.

XIII. Si resultase que se ha elegido a sí misma, será juzgada por los principios generales de gobierno, y, si se reconociere, será privada de voz activa y pasiva por seis años, y ocupará el último puesto entre sus Hermanas.

XIV. Si ninguna tuviere mayoría de votos, se repetirá la elección hasta tres veces, y si ni aun así hubiere elección, se nombrarán a pluralidad de votos tres Compromisarias para que elijan una de las dos que hubiesen obtenido más votos en las anteriores, y esa será la Superiora general.

XV. Si dos hubieren obtenido igual número de votos, será preferida la más antigua en hábito y aun en profesión y edad.

XVI. Del mismo modo se nombrarán la primera, segunda y tercera Moderadoras y las Superioras provinciales y locales, levantando la Secretaria de todo esto un acta que se leerá y firmará por el Presidente y todas las Capitulares, después que todas éstas hayan prestado obediencia a la nueva Superiora general.

XVII. Su nombramiento y el de las demás Superioras provinciales y locales será igualmente comunicado a todas las casas por la Secretaria general, con el sello.

XVIII. La Superiora general, a los quince días de nombrada, hará su testamento, reducido a nombrar la que deba sustituirla a su muerte y hasta que llegue el tiempo de su nombramiento. Lo hará en carta cerrada y sellada, que dejará en el Archivo general, con su título en el sobre. Podrá modificarlo durante su gobierno.

XIX. En caso de renuncia o muerte de la Generala, le sucederá la indicada en el testamento hasta que se cumplan los seis años de haber sido nombrada aquélla; y en el de enfermedad o ausencia, la Moderadora del Consejo general más antigua, hasta que aquélla se restablezca o regrese.

XX. La falta de una Moderadora general por muerte o ascenso a Superiora general, será suplida por la Superiora provincial más antigua, y la de ésta por la Superiora local del Colegio más antiguo, que ya no lo sea.

Notas