Reglas/CAPITULO III. HUMILDAD

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CAPÍTULO II. VIRTUDES FUNDAMENTALES
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Reglas/CAPITULO III. HUMILDAD
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CAPITULO III. HUMILDAD

Distinguirá a toda Hija de la Divina Pastora, como virtud característica:

I. El ser humildísima en todos los actos de su alma y en todas las acciones de su cuerpo, emulando la conducta de Aquella que se llamó esclava del Señor, que la habla escogido por su Madre.

II. El no hablar sin necesidad y aun entonces, con palabras comedidas y en voz sumisa, sin faltar por eso a la afabilidad y agrado que manifestará siempre con el prójimo.

III. En no ser fácil en reírse, ni chillona en el hablar, que rebaja en gran manera la gravedad religiosa el conducirse como un niño, y es impropio de una persona espiritual el disiparse en semejantes desahogos.

IV. El no prevenir las preguntas que le hicieren, y responder siempre con dulzura, pudor y agrado, sin vindicarse jamás con palabras mordaces, antes procurando sanar la malicia ajena con expresiones blandas y en tono humilde.

V. El amoldarse en todo a las reglas de la Comunidad, sin alegar prerrogativa alguna para lo contrario, reflexionando, al efecto, que no igualarán sus prendas de virtud y gracia a las de San Pablo, que se miraba como párvulo entre sus hermanos.

VI. El tenerse por la más despreciable de la Comunidad, mirando cual fango las cualidades que su amor propio le presente, como oro, con gravísimo peligro de su alma y no menor injuria de su Dueño.

VII. El creerse verdaderamente indigna de toda consideración e inútil para todo, teniéndose por muy favorecida si la ocupan en los oficios más bajos y la trataren como un desecho.

VIII. El no disculparse de ninguna falta que cometiere, o le imputaren, a no prescribírselo la obediencia, haciéndolo en este caso con la mayor sencillez y limitándose a exponer simplemente la verdad, sin culpar a nadie.

IX. El consagrarse complaciente a cumplir, aun lo más duro y áspero que la obediencia le prescriba, confiando en el Señor, que se complacerá en ayudar su flaqueza.

X. El reconocer su vileza, desechar toda alabanza, y referir siempre a Dios, de quien le viene todo lo bueno que posee y los buenos resultados que obtenga en todo, e imputando a su soberbia cuanto le saliere mal y todos sus pecados.

XI El no tenerse solo por vil y miserable, sino el sufrir con paciencia la desprecien como a tal y desear y agradecer la tengan por lo que ella se reputa.

XII. El humillarse tanto más en todo, cuánto mejor fuese y se viese favorecido del Señor, a quien vivirá más obligada por la mayor deuda que con él contrae.

Notas