Reglas/CAPITULO VII. SILENCIO

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CAPITULO VII. SILENCIO

Diciendo la Santa Escritura que es vana la religión de la persona que no refrena su lengua, las Hijas de la Divina Pastora observarán con el mayor empeño el silencio, que es guarda de la Religión, y al efecto:

I. Todas evitarán con especial tesón las conversaciones innecesarias, y mucho más el hablar en voz alta y hacer ruido por la Casa, andando de prisa y abriendo y cerrando las puertas y ventanas.

II. Aun en las recreaciones, en que pueden hablar, estarán muy sobre sí, para no levantar la voz y procurar hacerlo siempre en un tono moderado, según conviene a su profesión y a la edificación que deben a su prójimo.

III. Fuera de las clases, entre sí y con las niñas y de las horas de recreación, a ninguna sea lícito hablar con otra, sin licencia de la Superiora, y siempre en voz baja y con agrado.

IV. Cuando se encuentren, se saludarán diciendo la menos antigua en hábito: Jesús reine en nuestros corazones, y la más antigua añadirá: Y nos abrase en su santo amor

V. Siempre que alguna tenga que pedir permiso dirá: Bendecidme, Madre, y la Superiora contestará: Dios la bendiga; y enseguida expondrá aquélla lo que quiera y ésta se lo concederá o no, según le parezca en el Señor.

VI. Para evitar las funestísimas consecuencias que llevaría en pos de sí la libertad de desahogar cada una su conciencia con quien quisiere, ninguna comunicará sus tentaciones y penas interiores con sus Hermanas, y mucho menos a personas extrañas; si no que en este caso se dirigirá a solo su Director espiritual o a la Superiora, que son las personas destinadas por Dios para ello, y no las demás.

VII. Sin embargo, si alguna juzgase delante de Dios tener necesidad de consultar con alguna persona extraña, podrá hacerlo, contando antes con el permiso de la Superiora, no sea que de otro modo permita Dios que le den un mal consejo en castigo de su desobediencia.

VIII. Callarán con muchísimo cuidado las cosas que obligan a secreto, y especialmente lo que se dice o hace en los Capítulos y conferencias, comunicaciones y confesiones, seguras de que sobre la ofensa que cometen contra Dios revelando el secreto, se hacen responsables de que todas estas santas prácticas lleguen a ser odiosas, inútiles y a veces perjudiciales a muchas religiosas.

IX. Con todo, podrán conversar en las recreaciones de alguna cosa o buena reflexión que la Superiora o alguna Hermana haya hecho en tales ocasiones, con tal que sea para edificar o instruir a las demás y no determinando a quién ni dónde la ha oído, y, sobre todo, si se refiere a la Confesión.

X. Mas nunca podrán hablar de estas cosas en son de burla, queja o murmuración, gravando la conciencia, así de las que la hicieren, como de las que te lo oyeren y no lo procuraron impedir, o no lo pusieren inmediatamente en conocimiento de la Superiora.

XI. Ninguna, sin expresa licencia de la Superiora, manifestará a los extraños sus Reglas, que la Superiora tendrá cerradas bajo llave, sin sacarlas del Colegio, ni dejarlas ver más que a las religiosas, ni permitir se saque de ellas copia alguna.

XII. Como los Superiores no pueden remediar lo que ignoran y llega a menoscabar la Congregación, todas están obligadas a manifestarles humilde y caritativamente las faltas de alguna consecuencia, o las tentaciones peligrosas que hayan notado en sus Hermanas.

XIII. Cada una llevará a bien el que sus defectos sean descubiertos a los Superiores y recibirá con agrado y sin excusarse las advertencias que le hicieren, tanto en público como en particular.

XIV. También se guardarán mucho de reconvenir jamás ni manifestar resentimiento a las personas de quienes pueda imaginarse que hayan dado aviso de las faltas por que ha recibido dichas advertencias.

XV. Guardarán más riguroso silencio desde que salieren de las clases nocturnas, si las hubiere, y si no, desde las oraciones hasta las nueve de la mañana siguiente, lo mismo que en el oratorio, costurero, cocina, comedor, dormitorio y toda oficina pública, y si tuviesen necesidad de hablar, lo harán en voz baja y con pocas palabras.

XVI. También callarán, cuando no estén en clase, desde las dos hasta las tres de la tarde, en memoria de las agonías de Nuestro Señor Jesucristo en la cruz, que procurarán meditar al mismo tiempo y sacar de todo mayor detestación de sus faltas y propósito de no volver a cometerlas.

XVII. En la hora de recreación, que tendrán reunidas, ocupadas o no en alguna faena, según parezca a la Superiora, no tendrán ninguna conversación que no sea conducente a promover la mayor observancia, edificación o más perfecta enseñanza en las escuelas.

XVIII. Si alguna, lo que Dios no permita, infringiera lo que precede, callará de todo punto, por una semana o más, según la falta, a juicio de la Superiora, que se guardará muy bien de ser remisa, así en esto, como en todo, si no ha de responder con su alma de las de sus subordinadas.

Notas