Reglas/CAPITULO X. SACRAMENTOS

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CAPITULO X. SACRAMENTOS

Mandándonos el Señor por San Pablo que nos lleguemos a Él con verdadero corazón, llenos de fe, limpios de los pecados que manchan nuestra conciencia y también lavado el cuerpo con agua limpia, las Hijas de la Divina Pastora:

I. Con la frecuencia de la oración y la continua presencia de Dios e incesante cuidado de practicar todos sus ejercicios cotidianos por su gloria, se dispondrán muy eficazmente para recibir los santos Sacramentos con mucha devoción y frecuencia.

II. Todas confesarán, lo menos una vez por semana, para evitar suceda que las que han emprendido el camino de la perfección, despreciando las faltas leyes, caigan poco a poco en las graves.

III. Todas lo harán con el mismo confesor, para que la variedad de criterios en los confesores no introduzca división en los ánimos de las confesadas.

IV. Empezarán pidiendo la bendición al confesor y despacharán con franqueza, sencillez y brevedad, para no hacerse fastidiosas por pesadas.

V. Pedirán permiso para comulgar todas las veces que el confesor lo estime conveniente, y ninguna, sin su licencia, se propasará a hacerlo.

VI. Las que tengan permiso del confesor podrán comulgar todas las veces que él se lo conceda, y cuando menos, los domingos, una vez entre semana y en las fiestas principales o de precepto.

VII. Antes de confesar y comulgar las súbditas pedirán de rodillas el permiso y bendición a la Superiora, y ésta a la Santísima Virgen, que lo es de todas.

VIII. La Superiora local proporcionará a sus súbditas, siempre que se lo pidan, confesor extraordinario de entre los designados por el Diocesano, sin investigar jamás el motivo de la petición que de él le hicieren ni manifestar desagrado.

IX. Las Superioras general y provincial no intervendrán para nada en la designación de confesores ordinarios ni extraordinarios.

X. La que obtuviere permiso del confesor para comulgar con más frecuencia, lo participará a la Superiora local, que, si tuviere justas y graves razones para lo contrario, se limitará a manifestarlas al confesor sin meterse en más.

XI. Se la negará a toda súbdita que desde la última confesión diere grave motivo para ello, ni le permitirá comunicarse con las demás hasta que se confiese.

XII. A las enfermas que no puedan acudir al oratorio se les facilitará confesor, también cada semana, y la sagrada Comunión si tuvieren Misa en el oratorio o reservado.

XIII. Nunca dejarán al confesor solo con la enferma, ni aun para confesar, en cuyo caso se alejarán lo bastante para no oírlos; pero sin dejar de verlos.

XIV. Si la enferma se agravase, pondrán el mayor cuidado en que se le administren, cuanto antes, todos los Sacramentos, no sea que pierda el uso de la razón; la enferma debe ser la primera en así pedirlo.

XV. A la enferma que estuviera para morir se procurará un sacerdote que la auxilie, y en defecto de éste se cuidará con suavidad de exhortarle a que haga actos de contrición, fe, esperanza, caridad y conformidad con la voluntad de Dios.

XVI. Cuando se hallare en la agonía, hecha señal con la campana de Comunidad, acudirán todas las religiosas, y con piadosos avisos y fervorosas oraciones procurarán ayudar en cuanto puedan al alma que está para partir de esta vida.

Notas