Reglas/CAPITULO XI. ENFERMAS

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CAPITULO XI. ENFERMAS

Diciendo el Espíritu Santo que antes que tome fuerza la enfermedad, se aplique la medicina, y antes de presentarse en el tribunal de Dios se examine cada una:

I. Luego que alguna comenzara a enfermar, avisará a la enfermera, y si ésta juzgase que la cosa es de gravedad, lo pondrá en conocimiento de la Superiora, para que, si fuere necesario, se la lleve a la enfermería.

II. Se cuidará de administrarle todo lo necesario, hasta donde lo permita la pobreza, con tanta diligencia y esmero, que no tenga motivos de echar de menos la benevolencia y comodidades de la casa de sus padres.

III. La enferma procurará edificar mucho a las que la visitaron, usando de palabras piadosas que manifiesten la paciencia con que sufre la enfermedad y la gratitud con que la recibe de las manos del Señor como un beneficio señalado.

IV. Siempre que el médico entre a ver a la enferma, le acompañará la enfermera y la Superiora u otra persona que ésta designe, y no le dejarán hasta que salga.

V. La enfermera deberá estar dotada de suma diligencia, caridad y paciencia, y no omitirá cosa alguna de las que el médico hubiere ordenado, sin contar con la Superiora, sino que dará a las horas señaladas por aquél las medicinas y alimentos, que deben ser buenos y bien sazonados.

VI. No habrá más de tres con la enferma, ni trabarán con ella mucha conversación, no sea que tantas reunidas y hablando demasiado, le sirva de molestia y la empeoren.

VII. Se continuará prodigando los mismos cuidados a la enferma hasta que se halle restablecida y pueda seguir a las demás.

VIII. Igual cuidado se tendrá con las que gozaren de poca salud, a las que la Superiora local, si lo juzgare conveniente, podrá dispensar el ayuno de Regla y mandar que la asistan algunas, si fuera necesario.

IX. La Comunidad elegirá un médico común para todas las enfermas, y ninguna podrá llamar a otro sin licencia de la Superiora ni se atreverá a procurar medicinas para sí sin conocimiento de la enfermera.

X. La Superiora mirará por la salud de todas y evitará al efecto que alguna se entregue demasiado a faenas o penitencias indiscretas, que suelen causar grandes daños e impedir mayores bienes.

XI. Y para que, entre otras cosas de la mayor importancia para el bien individual y general de la Corporación, la Superiora pueda cumplir, así con la regla que precede, como con otras pertenecientes a su delicadísimo cargo, cada una debe descubrirle fielmente lo que hiciere.

XII. La enferma procurará orar en la enfermedad y no cesará de justificarse, ejercitándose más y más en todas las virtudes; porque la recompensa de Dios es para siempre, y las molestias de la enfermedad acabarán muy pronto.

XIII. Aprovechará esta ocasión para más ejercitar su paciencia y su caridad, disimulando cualquier falta en la asistencia y ahogando, por decirlo así, hasta los desahogos de la naturaleza en la violencia de los dolores, para no hacer sufrir tanto a sus Hermanas y mejor ofrecerlos al Eterno Padre en secreto con los de su Santísimo Hijo y los de su amantísima Madre.

Notas