Reglas/CAPITULO XIV. CASAS-ASILOS

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CAPITULO XIV. CASAS-ASILOS

I. Serán en las que se acojan niñas abandonadas o huérfanas de cinco a diez años, para formarlas en el temor santo de Dios y ponerlas en disposición de ser útiles a la sociedad y honrar la Religión.

II. Sólo podrán fundarse por personas o Corporaciones que se comprometan formalmente a sufragar todos los gastos.

III. Su vida estará reglamentada por la caridad maternal de nuestra Religión, y su educación, la misma que se prescribe para las niñas gratuitas, añadiendo los oficios propios de su sexo, según sus disposiciones.

IV. Se pondrá especialísimo cuidado en que salgan buenas cristianas ante todo, y después muy laboriosas, excelentes cocineras, costureras, modistas, lavanderas, criadas de cuerpo de casa, amas de llaves, etcétera.

V. Luego que estén bien formadas en la Religión y en sus respectivos oficios, si su conducta no lo desmereciere, podrán salir de servicio a casas de mucha confianza, cuyos señores se comprometan a responder de ellas como de hijas y a dejarlas regresar a la Casa-asilo un domingo al mes, para que se puedan confesar, comulgar y tener su retiro, y una vez al año por ocho días, para hacer ejercicios, a condición de mandarles otras que las sustituyan mientras tanto.

VI. Una tercera parte de lo que ganen, se, aplicará a resarcir en parte los gastos del Asilo y las otras dos se les irán reservando para vestirlas y formarles un pequeño dote que se les entregará, si llegaren a casarse.

VII. Si no se casasen y muriesen perteneciendo al Asilo, será éste su heredero.

VIII. Los amos pagarán el salario íntegro a la Casa-asilo, que les dará un recibo y llevará cuenta personal de cada asilada sirvienta, formando cargo el salario y data la tercera parte de la Casa y además lo que gastare en vestirse y calzarse mientras esté sirviendo.

IX. Nunca se permitirá a las asiladas sirvientes más lujo que en la Casa-asilo, a no ser que los señores les diesen alguna prenda, que sólo podrán usar mientras estén de servicio.

X. Se ha de procurar con el mayor empeño que sean limpias y aseadas, no transigiendo nunca con ellas en nada que huela la suciedad o desaseo.

XI. Si la Directora supiere que alguna asilada sirviente empieza a distraerse o disiparse, la llamará con permiso de sus señores, y si después de amonestarla por dos veces, viere que no se enmienda, la retirará a la Casa-asilo y la pondrá en ejercicios por más o menos tiempo, y después la dejará salir o no, según lo que viere en ella.

XII. Y si la Directora notase que en alguna casa todas las asiladas empiezan a disiparse pronto, no le concederá ninguna nueva, exigiéndole además la responsabilidad de lo que hubiese.

Notas