Reglas/CAPITULO XV. POBREZA

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CAPITULO XV. POBREZA

Como esposas del que nació en un pesebre y murió desnudo en una cruz, las Hijas de la Divina Pastora pondrán especial cuidado en:

I. Amar y conservar firmemente en toda su pureza, como muralla firmísima de la Religión, la venerable pobreza, madre de la preciosa humildad y de las demás virtudes.

II. Poner todo en común, como los primeros cristianos, sin tener dentro ni fuera del Colegio cosa alguna, para conservarla o usarla como propia y así llamarla.

III. Dar a entender con un vocablo común, que no poseen cosa alguna en este mundo, ni pueden dar, ni prestar nada de la Comunidad ni aun de lo suyo, así a los extraños como a los domésticos.

IV. No tomar prestado, adquirir o recibir nada de otros sin el consentimiento de la Superiora local en las cosas pequeñas, y de la General en las de mayor cuantía, y en éstas aun la Superiora local.

V. No pedir para sí, ni rehusar cosa alguna de la tierra, y proponer sencillamente y con la mayor indiferencia, las que necesitare a la Superiora, que procurará no falte lo preciso a ninguna.

VI. Llevar un libro donde se anoten todas las limosnas que reciben y de los favores que ciertas personas presten, para dirigir al Señor por ellas fervientes oraciones y hacerlas participantes de las buenas obras de la Corporación.

VII. No servirse, sin licencia, de nada destinado a la Comunidad o a alguna Hermana, ni quejarse de que se haya concedido a otra el uso de alguna cosa que antes se le otorgara a ella, sino alegrarse de tener esta ocasión de experimentar los efectos de la santa Pobreza.

VIII. En caso de poder dudar de que se les quitó algo sin licencia, no decirlo en público, ni aun en particular a otra persona, que a la Superiora o a quien ésta designare para semejantes casos.

IX. No ceder ni cambiar sin permiso lo que se les diere para su uso, aunque sea viejo o no les guste, y se abstendrán, sobre todo, de arrojarlo o deshacerlo, para volver a arreglarlo con otra forma según su inclinación.

X. No olvidar que gravarán su conciencia, si no procuraron economizar todo lo que puedan, cada una en su ramo, sin faltar a lo preciso, y no miraren por todos los efectos que estuvieron a su cargo, por ser contrario a la pobreza que prometieron al tomar el hábito.

XI. Procurar la uniformidad en todas las cosas para conservar el espíritu de pobreza y la unión y buen orden de la Comunidad, evitando al efecto toda singularidad que lleva siempre a la división y al desorden, tan funesto a toda sociedad.

XII. Guardarse de hacer la más leve mutación en el hábito, procurando hermosear con el aseo y la limpieza la pobreza del mismo, así interior como exteriormente.

XIII. Tener a su disposición sólo lo puesto, según licencia de la Superiora, que a ninguna negará lo preciso, y guardar lo demás en la ropería común.

XIV. Proponer con sencillez y claridad e indiferencia lo que además creyere necesitar alguna por sus achaques o indisposición, a la Superiora que, si fuese cosa de mucha importancia, dispondrá lo que crea conveniente en el Señor.

XV. Observar la santa Pobreza, aun en las mismas enfermedades, sin impacientarse ni murmurar de nadie, si no fueren tratadas según su gusto, considerando que es para ellas una gran dicha el poder sufrir alguna cosa por amor de Aquel que se vale de este medio para ejercitar su paciencia y aumentar su mérito.

XVI. Fiar su salud al médico y a la Superiora, que entonces más que nunca mirará por todas con entrañas de madre, sirviéndolas o haciendo se les sirvan, así las medicinas como los alimentos, con la mayor puntualidad.

XVII. Agradecer con cortesía la buena voluntad y suplicar con humilde reconocimiento a las personas que pretendan tratarlas con más delicadeza y abundancia, no les impidan la observancia de las Reglas, si es que la Superiora no diere su permiso, como puede, en caso necesario.

XVIII. No dar siquiera a los pobres aun las sobras de la comida o de otra cosa cualquiera sin el correspondiente permiso de la Superiora, que nunca lo concederá general.

XIX. No pedir limosna para nadie ni admitir las que voluntariamente se le ofrezcan para la Comunidad o para los pobres sin expresa o presunta licencia de la Superiora.

XX. No poseer nada superfluo, lujoso ni cerrado de modo que la Superiora no pueda verlo a menudo, para que ninguna tenga cosa que huela a propiedad, sucia o menos compuesta.

XXI. Presentar cuanto les dieren a la Superiora, que mandará emplearlo en el bien de la Comunidad, a no ser que por su poca importancia les conceda su uso.

Notas