Reglas/CAPITULO XVI. CASTIDAD

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CAPITULO XVI. CASTIDAD

La que viste el hábito de las Hijas de la Divina Pastora, debe mirarse como templo del Espíritu Santo y Esposa de Jesucristo, y, por lo mismo, necesita:

I. Guardar, a imitación de los ángeles, la castidad en el mirar, andar, hablar y en la postura del cuerpo.

II. Conservar la perfecta pureza de su alma y de su cuerpo, desechando con puntual diligencia toda suerte de pensamientos contrarios a esta virtud y huyendo cuanto pueda en algo marchitarla.

III. Evitar el deseo de agradar, la vanidad y afectación en los vestidos, la curiosidad de oír, ver y tratar con extraños y cuanto pueda dar a éstos que sospechar algo de su conducta, que le perjudicaría más que todos los defectos que falsamente le imputasen.

IV. Observar la modestia y el recato, así en público como en particular, lo mismo sola que acompañada, en presencia de personas de otro sexo que en sus mismas reuniones.

V. Huir de la precipitación en el andar y en todas sus acciones y conservar, sin afectación, la limpieza en su persona, vestidos y muebles; abstenerse en sus recreaciones de toda ligereza pueril; de reír demasiado; de discursos y gestos descompuestos y cuanto desdiga de una esposa de Jesús.

VI. Mirarse como vasos sagrados, sin tocarse unas a otras sin necesidad, ni aun por broma ni en señal de amistad. Sólo podrán abrazar en caridad y besar en la mejilla a las nuevas al tiempo de entrar y al tomar el hábito, y cuando sea necesario para reconciliarse con alguna que hubieren contristado, y entonces de rodillas.

VII. No entablar ni alimentar amistades ni conversaciones con personas de diferente sexo, por religiosas y santas que parezcan, aunque sean padres o parientes de sus discípulas; y si alguna vez tuvieren precisión de hablarles, sólo será en presencia de la Superiora o la compañera que se le designe, con su licencia y en pocas palabras.

VIII. Procurar siempre despachar con brevedad, si tuvieren que ir a casi de algún seglar, lo que sucederá raras veces y nunca sin la compañera nombrada por la Superiora y por mandado de la misma, no comiendo ni bebiendo allí por ningún concepto.

IX. Antes de salir, entrar en el Oratorio, tomar agua bendita y ofrecer al Señor lo que vaya a hacer, pidiéndole su bendición y gracia para no ofenderle, lo mismo que a la vuelta para darle gracias por los beneficios que hubiere recibido y para pedirle perdón de lo que pudiere haberle ofendido.

X. Ir, si alguna vez tuvieren que presentarse ante las autoridades civiles o eclesiásticas o alguna persona caracterizada, de dos en dos, de modo que la compañera no pierda nunca de vista a la otra hermana.

XI. Rehusar las visitas, sino en el día y hora señalados y con el permiso y compañera que les dé la Superiora, y en el lugar destinado al efecto y por el tiempo prescrito.

XII. Impedir entre persona alguna en la clausura, a no ser el médico y el confesor en caso de enfermedad, Y sólo acompañados de dos Hermanas, que nunca los perderán de vista hasta que salgan.

XIII. Ser muy comedida en el hablar y modesta en todo siempre que se encuentre con personas de otro sexo, guardándose de manifestarles demasiado afecto y complacencia y evitando largas conversaciones, aunque sean de cosas piadosas.

XIV. Eludir con prudencia preguntas indiscretas, no informarse por curiosidad de las noticias del siglo ni averiguar los negocios particulares de las familias, por ser contrarío al espíritu de devoción y al buen ejemplo del prójimo.

Notas