Reglas/CAPITULO X MÁXIMAS EN QUE DEBEN IMBUIRSE

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CAPITUL0 IX. SU ADMISIÓN
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Reglas/CAPITULO X MÁXIMAS EN QUE DEBEN IMBUIRSE
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CAPÍTULO XI. ESTUDIOS GENERALES
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CAPITULO X MÁXIMAS EN QUE DEBEN IMBUIRSE

I. Que toda Novicia desee ser tenida y se tenga por la más vil y despreciable de todas, e indigna de cualquier favor que no sea entender en hacer la voluntad de Dios.

II. Que, conformándose enteramente con Cristo Crucificado, se niegue absolutamente a toda consolación, haciéndose muy familiares las penas y los trabajos, sin buscar alivio en las adversidades.

III. Que se aflija sólo de las culpas cometidas y de las buenas obras que dejó de hacer, y para satisfacción de unas y otras, ame mucho los trabajos, penas y aflicciones que juntamente castigan y avisan.

IV. Que renuncie enteramente todas las ideas de la propia voluntad, entregándose toda a disposición del Señor y poniéndose enteramente en manos de quien en su nombre la gobierna y rige, conformándose con Jesús obediente hasta la muerte.

V. Que se compadezca de la que falte y peque, y no por eso la juzgue, antes se duela más del mal espiritual de su Hermana que del corporal propio, por grande que sea.

VI. Que se porte con sus Hermanas como una amorosa madre con sus propios hijos, de cuyo mal se aflige, tanto más cuanto mayor es.

VII. Que se alegre de ver en sus Hermanas progreso y adelantamiento en las verdaderas virtudes, emulando generosamente su fervor, y siguiendo perfectamente sus huellas.

VIII. Que sea muy igual en amar a sus hermanas, imitando al sol, igualmente benéfico a buenos y malos, según la doctrina de Cristo en el Evangelio.

IX. Que en cuanto piense y ejecute sea su fin la gloria de Dios, y con esto serán sus pensamientos y obras dirigidas al servicio del Señor y utilidad de su prójimo.

X. Que contemple a menudo en los beneficios divinos, y principalmente sea agradecida al Señor, por el imponderable del Sacramento del Altar.

XI. Que mire como singularísimo favor la gracia de la vocación, y procure corresponder a ella todos los días con fidelidad creciente.

XII. Que se prende de la Obediencia y la tenga por tan esencial para ser buena, como el aire para respirar y el alma para vivir, recordando que a la Obediencia vinculó Dios la justicia original, y por sus amores murió, hecho hombre, en una Cruz.

XIII. Que mire, cada instante que Dios le concede de vida, en la Religión, como un talento que pone en sus manos para adquirir un grado más de gloria en el reino de los cielos.

XIV. Y que espere el castigo del siervo perezoso del Evangelio, si no los aprovechase todos, para enriquecer más y más su alma y procurar mayor honra y gloria a su amantísimo Esposo.

Notas