SemblanzaEspiritual/Capítulo III: BUENA VOLUNTAD Y ASPIRACIONES

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Capítulo III: BUENA VOLUNTAD Y ASPIRACIONES

¿No te ha llamado la atención que la Sagrada Escritura alabe al Profeta Daniel, porque era un VARÓN DE DESEOS? ¿Es que Dios se conforma con los buenos deseos, cuando no podemos ofrecerle otra cosa? Sin duda, que por conocer nuestra impotencia nativa para todo bien, calibra con justicia… estos primeros brotes del corazón agradecido, que no pueden traducirse en obras. Los buenos deseos son la moneda de los pobres. ¿Y quién no es un pobre indigente en la presencia de Dios?
Los buenos deseos y las bunas aspiraciones son como la voz del alma; los balbuceos del corazón, que proclama el agradecimiento, o canta su Divina Misericordia. Porque, en definitiva, eta es nuestra obligación, única y perentoria, que “como siervos de Cristo, cumplamos la voluntad de Dios con todo el alma; sirviendo con buena voluntad, como se sirve al Señor, y no como a los hombres” Eph. VI.6).
Consiguientemente, Hemos de avivar y fomentar los santos deseos, y purificar la buena voluntad, para que sea un trasunto agradable del divino beneplácito.
Nos basta con un santo deseo, con un anhelo ferviente del corazón para poner en él la posesión de Dios.
Cuida por lo tanto, tus aspiraciones y buenos deseos, porque ellos son el índice de tu amor; el testimonio más seguro y tranquilizador de la presencia divina en nosotros por medio de la gracia. Porque nadie puede separarse de Dios sin desearlo y sin tener conciencia de ello.
Los buenos deseos y las aspiraciones de amos son la válvula de seguridad de la permanencia de la gracia en nuestro corazón.

1. La gracia de Dios sea siempre con vosotras y os confirme en esos buenos propósitos. Contar siempre con los divinos auxilios, que no han de faltaros, si pusiereis de vuestra parte cuanto podáis y no dudéis que, si después de esto deseareis hacer cuanto Dios se merece, y todo a honra y gloria suya, vuestra recompensa no guardará proporción alguna con cuanto hiciereis.

(Carta 6-12-88)

2. Dios os pagará como quien es, procurando ser vosotros como debéis ser. Animo, pues, y adelante; que como cumpláis lo que prometisteis, de esta vida miserable volareis dichosas a la gloria eterna.

(Carta 6-12-88)

3. Almas varoniles quiere Dios y no pusilánimes, al contrario del demonio que juega que juega con las pusilánimes y teme a las varoniles. Morir antes que faltar a lo prometido. Ese mismo espíritu quiero que inculques a las demás.

(Carta 8-1-89)

4. Bendigo a las queridísimas niñas, discípulas de la Divina Pastora, al emprender un nuevo curso y les deseo grandísimos progresos y adelantos, y ante todas las cosas del mundo, en la virtud.

(Carta 10-1-89)

5. Porque todas tienen obligación de ser santas y todas pueden serlo, gracias a Dios, ya por los buenos sentimientos y prendas que el Señor les ha dado para eso y sólo para eso, ya por los medios que les facilita con esa educación religiosa, que nunca sabrán estimar en lo que vale, ni agradecer bastante al Señor, si no llegasen a ser tan buenas, como yo las quiero, tan santas como el Señor les manda.

(Carta 10-1-89)

6. ¡Sí, hijas mías, sí! Si todo lo hiciereis por Dios, sólo por su amor y en su presencia y en nada faltareis en vuestras cosas a la obediencia y a ninguno de otros deberes; creedme que estaréis en una oración continua, siempre hablando con Dios y Dios inclinándose siempre a vosotras; siempre mirándoos en Dios y Dios mirándose y complaciéndose siempre en vosotras; viviréis como unas bienaventuradas y lo seréis desde ahora y por toda la eternidad.

(Carta 10-1-89)

7. Convengo en que desde luego se llame Pastora, por ser la primera discípula de sus hijas que entra para serlo; pero que vea de honrar ese nombre que tanto la honrará. Que si no ha de ser santa no se comprometa. O santa o reventar, y a toda prisa.

(Carta 23-4-89)

8. Jesús reine en nuestros corazones y convierta en Serafines a mi muy amada Hija Ángeles y a sus súbditas.

(Carta 5-3-89)

9. Ya veremos lo que dice el P. Oliva, cuando haya examinado bien las reglas; que mande buena gente es lo primero que se necesita. Pedírselo mucho al Señor; que de pronto servirá multiplicar las colmenas, si no hubiese industriosas abejas que los llenasen de ricos panales de cera y miel: obra y virtudes.

(Cartas 29-8-89)

10. Si el buen apetito manifiesta generalmente la salud del cuerpo, esa prontitud con que habéis acudido a oír la palabra de Dios, indica la bondad interior de vuestras almas y su salud espiritual.

(Carta 3-3-90)

11. No puedo menos de admirar vuestro valor en romper lanzas con el mundo, que es enemigo de Dios y no puede ver a los que le siguen, y de alabaros si lo habéis hecho, como lo espero, con verdadero espíritu y firme resolución de cumplir su voluntad y los propósitos que forméis, porque con ese paso os habéis acreditado de siervas del Señor.

(Carta 3-3-90)

12. Hijas mías, Dios os llama para haceros felices y el mundo os quiere para esclavas. ¿A quién seguiréis? ¿Al mundo? ¿Y qué esperáis de él? Miserias, espinas con amarguísimos desengaños es lo que tiene y ofrece bajo ese mentido oropel con que los cubre.

(Carta 3-3-90)

13. ¿Deseáis la suerte de los santos en el cielo? Es preciso para conseguirlo imitarlos en la tierra… ¿Aspiráis a su felicidad? Emprended desde hoy la práctica de sus virtudes. ¿Teméis los trabajos y privaciones de una vida santa? Sabed que, sobre estar compensados con los consuelos interiores, se acaban pronto.

(Carta 3-3-90)

14. Unir siempre nuestra intención con la de los justos en la tierra y santos del cielo en todas las alabanzas que dan a Dios, es acompañarlos, y uno de los ofrecimientos que yo hago a Dios en la Misa por mí y por vosotras.

(Carta 4-29-90)

15. ¡Dios sea bendito por todo! Ya dará a cada uno según su merecido, que es buen pagador y tiene muy presente el fin con que obra cada cual para repartir a proporción.

(Carta 1-8-909)

16. Mucho me satisface el ver tus sentimientos y resoluciones. Adelanta, hija, adelante; que de los animosos y esforzados es el reino de los cielos, sólo los que se hacen violencia lo consiguen. Más todavía nos dice el Señor y es; que nuestro reino está dentro de nosotros, en nuestro corazón, de donde sale todo lo bueno y todo lo malo, según a quien sirve.

(Carta 3-12-910)

17. Ya sé que lo mismo ahí que en Monóvar puede hacerse mucho, mucho bien, que Dios os pagará. Sean siempre esos vuestros deseos, aunque no siempre puedan realizarse.

(Carta 12-3-910)

18. Este viejo de nada sirve; pero tiene buena voluntad, que es lo que le queda.

(Carta 8-26-910)

19. ¡Con que ahora sale Carmela con eso! ¿No será flor de un día? No le falta razón en temer que un día que salió, volvió enteramente disipada.

(Carta 4-6-20)

20. ¿qué más puedo desear que vuestras felicitaciones y deseos se conviertan en recíprocas realidades y que sean tal las niñas y niños que llevemos a Dios que formen nuestro trono en el cielo?

(Carta 1-4-22)

21. ¡Que buen guiso el de los buenos deseos acompañados de buenas obras! Ni huevos con torreznos. Lo del Bto. Rojas: “Perdóneme cuerpo mío, que ya descansaremos en el cielo”.

(Carta 1-16-24)

22. Si tus deseos son esos de salvarte y de salvar tantas almas, como Dios ha puesto bajo tu dirección, no va mal; adelante y adelante: que eso no es compatible con el estado del pecado.

(Carta 14-11-88)

23. No hay que precipitarse, pero la que no sea para eso, que se vaya en paz y gracia de Dios… por las palabras que me puso una de ellas, conocí que no señalaba la hora que daba. Me dio lástima al ver que pretendía engañar a Cristo dejando el corazón al mundo, cuando es lo único que pide.

(Carta 12-11-89)

Notas