SemblanzaEspiritual/Capítulo IV: CONSEJOS Y CAUTELAS

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Capítulo IV: CONSEJOS Y CAUTELAS

“Un hombre cauto vale por dos”, dice el refrán. Y el que desprecia el consejo ajeno tiene por maestro a un insensato, y demuestra bien a las claras que no es guiado por el espíritu de Dios.
Propio de hombres prudentes y dotados de espíritu selecto, es valerse de los remedios y medicinas que otros nos proporcionan.
De ahí que los hombres, sabios y santos, requieran y soliciten con frecuencia los consejos y doctrinas cautas, que los demás, antes que ellos, han experimentado y vivido.
Si los superiores hubieran tenido presente esta luminosa sentencia de nuestro PADRE FAUSTINO: “vale más un alma que se consagra a Dios que todos los intereses del mundo, quizá no se hubieran desgraciado tantas vocaciones, y no hubieran sufrido merma los intereses de Dios y de las almas.
Pero no es infrecuente que los intereses materiales, o los juicios meramente humanos, prive sobre los espirituales; y tampoco es cosa rara que espíritus soberbios, o apegados a su personal parecer, claudiquen ante el complimiento de las obligaciones… sencillamente por no pedir un consejo.
Se consideran suficientemente audaces, como para despreciar las cautelas de los que les pueden avisar del peligro, y se dejan arrastrar de “su réprobo sentido”, sin freno, marchando así a fracaso seguro, que luego hay que lamentar. No en vano dice la Sagrada Escritura que “Dios ciega a los que quiere perder”.

1. Bien por las novicias, bien por su resolución, bien por su primer paso, bien por el ánimo con que se proponen cumplir lo prometido; mejor si lo cumpliesen y mejor todavía por la corona que les espera.

(Carta S/c.)

2. Sepan empero que la corona supone victoria, la victoria sigue a la batalla, esta es lance de guerra, y la guerra, contienda entre enemigos.

(Carta S/c.)

3. Estos son: el mundo, el demonio y la carne a que renunciaron de nuevo y para siempre al vestir el traje de Esposas de Jesucristo, con quien deben estar crucificadas, como dice S. Pablo; pero no por eso se vean libres de sus continuas asechanzas, que ha de combatirlas con más obstinación y saña.

(Carta S/c.)

4. Sobre lo de la expulsada ya te dije que dieras mil gracias a Dios y por muchos conceptos que vosotras no capiscasteis; conocisteis. Hay que abrir mucho los ojos y no tener por Ángeles a todos los que lo parecen. Dejar al tiempo.

(Carta 19-4-89)

5. Las cuentas de conciencia, lo mismo que las confesiones, cortas, que se acostumbren a no ser pesadas o, como dicen las Reglas, a no hacerse fastidiosas por pesadas.

(Carta 30-5-89)

6. Te encargo mucho recomiendes especial cautela en cuanto habláis; pero mucha, mucha, muchísima; que se ha de tratar para sonsacaros para venderos…

(Carta 6-5-90)

7. Conviene no familiarizarse, ni tirar demasiado de la cuerda. Enemigos los menos. Sobre todo que nunca tengan motivos para morder.

(Carta 5-18-906)

8. La enseñanza (a los pretendientes) antes de formar el espíritu, es muy difícil y expuesto. Esto por lo que valga; pensadlo bien y obrar como más convenga a honra y gloria de Dios y bien de la Corporación.

(Carta 10-22-907)

9. No quiero llamarte lo que tú misma manifiestas. Si no tuvieres como dices, otra voluntad que la mía, no harías lo que haces, no te quejarías de lo que no debes, ni dirías lo que dices, ni olvidarías mis consejos y tus promesas… según esto ¿Cuál es tu nombre? Adivina…

(Carta 1-30-902)

10. Los pueblos se parecen a los gitanos, enjaezan mucho el burro, para endosarlo al comprador, aunque muera en el camino; pero el comprador ladino le quita la albarda para ver si tiene amatas.

(Carta 1-8-20)

11. No te fijes en los defectos ajenos; que mayores puedes cometerlos tú; laméntelo y pide a Dios por el que los cometa y te libre de igual desgracia. ¿Ves defectos ajenos? Mayores serán los míos, si Dios no me los tiene de su mano, como se lo pido.

(Carta 2-17-22)

12. ¿Qué caes en algún defecto? Esta soy yo. Dios mío perdóname y dame vuestra gracia para enmendarme. No me desprecies ninguna falta leve, que sería un escándalo para caer en las graves.

(Carta 2-17-922)

13. ¡Dices que tenemos que tenemos muchas miserias! ¿Y no vino por ventura Jesús a redimirles? ¿No forman nuestras miserias el trono de su misericordia?

(Carta 1-4-22)

14. Más agradecerá Dios la santidad de los moradores, que el lujo de la morada.

(Carta 10-29-908)

15. Vale más un alma que se consagra a Dios, que todos los intereses.

(Carta 7-9-908)

16. Tienes que mandarme una carta, firmada por todas, pidiéndome os haga el favor de poneros por escrito los consejos y reglas que os estoy dando de palabra, a fin de que no se os olvide y podáis tenerlos a mano para recordarlos a cada paso.

(Carta 2-15-88)

17. A sor X. le dices que la estoy viendo estallar como un triquitraque. Fruta que se hiela no llega a sazón. No le digas más de mi parte. Le escribiría, pero no le aprovechará. Se ha resfriado mucho y penetrado poco de lo que a Dios debe… ¡Flor de un día!

(Carta 6-6-908)

18. Mi objeto al añadir esas sentencias y consejos es facilitaros medios de poder hacer mejor vuestras pláticas y aprovecharlas siempre en las palabras de la Escritura, en la doctrina de los Satos. Padres de la Iglesia, que dan mayor autoridad.

(Carta 1-22-89)

19. No vayas a figurarte que ese ramillete, que Dios mediante, pienso hacer, cuesta poco; tengo que hacer como la abeja libando la Sdas. Escrituras y Stos. Padres para entresacar la quintaesencia de las flores, que más hagan a mi propósito y común aprovechamiento.

(Carta 1-22-89)

Notas