SemblanzaEspiritual/Capítulo IX: MORTIFICACIÓN. TRIBULACIONES. CRUCES

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Capítulo X: LA VOLUNTAD DE DIOS Y EL CULTO A LA DIVINA PROVIDENCIA
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Capítulo IX: MORTIFICACIÓN. TRIBULACIONES. CRUCES

“Es necesario entrar en el Reino de los cielos por medio de muchas tribulaciones” (Act. XIV, 21) Esto nos recuerda, aguijoneando nuestra insensibilidad espiritual, la Sagrada Escritura.
Porque es fácil el acomodo a un género de vida en el que se expulse violentamente toda referencia, aunque sea tangencial, a las tribulaciones y mortificaciones de la vida. Es el gran enigma de la CRUZ, incomprensible e indescifrable, aun para muchos cristianos, lo que, según San Pablo, era escándalo para los judíos y necedad para los gentiles” (I Cor. I, 23).
Muchos son los misterios que nos propone la Fe; pero ninguno tan desconcertante, tan inaudito, como el enigma de la CRUZ. Todo un Dios, hecho hombre, sufriendo, padeciendo el aguijón del dolor, sintiendo las angustias del abandono… ¿Todavía no lo entiendes? No legarás a entenderlo hasta que no experimentes en ti mismo lo que significa la CRUZ, lo que representa la tribulación en la economía expiatoria, la mortificación que exige Dios, como remoción de obstáculos, para que circule expeditivamente la gracia.
El amor más verdadero tiene que ser más efectivo que afectivo, más de obras que de palabras. Por eso nos dijo el Señor: “que no hay mayor prueba de amor que dar la vida por el amigo” (Juan. XV, 13). Y si Cristo fue llamado VARÓN DE DOLORES, es porque, efectivamente, la cruz, los clavos y la corona de espinas no eran más que una prueba y señal del auténtico amor, que se transparenta por sus llagas.
Por eso resulta un axioma dentro de la vida espiritual: que nadie puede tener seguridad de amar a Cristo, si no ha padecido por Cristo.
Si no comprendes esta lección, puedes tener la evidencia de que has renunciado a comprender a Cristo.

1. Te esperan muchas tribulaciones, como las pasadas, son el camino recto para llegar a lo que prometes. Tienes que ser la bandera de otras muchas. Sola nada puedes; en Dios lo puedes todo.

Gózate en el que te conforta más, según le vayas siendo más fiel y agradecida.

(Carta 14-12-88)

2. Ya sabes lo que decía Sta. Tersa, cuando había grandes obstáculos en las fundaciones, y por lo tanto obra como ella, y no tengas otro fin en todo; que si es de Dios, se realizará por más que pese al infierno.

(Carta 5-2-98)

3. Mortifiquemos todos ese deseo de vernos, para vernos en el cielo, que es lo que hemos de procurar.

(Carta 17-1-89)

4. A la hora de la muerte ninguno se alegra de haber vivido holgadamente. Los que más han gozado o condescendido con el mundo y con sus pasiones son los que entonces más sufren. Los que han estado siempre en la cruz con Cristo, son los que más gozan entonces.

(Carta 19-3-89)

5. ¿No ves adelanto? ¿‘En qué consiste la virtud? En estar siempre con Cristo en la cruz. ¿No lo estás? Pues eso es adelantar. En la cruz siempre y de la cruz al cielo.

(Carta 26-3-89)

6. A cada uno da el Señor su Espíritu. Si hacían muchos santos esas penitencias eran porque tenían permiso de su Superior o de su confesor; y bien podía suceder que fuera el Superior a la mano en lo que permitía el confesor o viceversa.

(Carta 14-5-89)

7. El trabajo es mucho y la distancia o tiempo que media entre la comida del día anterior y el desayuno del día siguiente, muy largo. Prefiero una mortificación interior, y sobre todo del amor propio a esas corporales.

(Carta 16-5-89)

8. También siento mucho lo del P. Palacios. Dios toque su corazón de su buena Hna. Y que a él dé toda la paciencia que necesita para soportar tanto como le hace y ha hecho sufrir.

(Carta 16-5-89)

9. Sed flores en el jardín de la religión y los vientos de las tribulaciones servirán para esparcir y hacer sentir vuestro aroma.

(Carta 28-8-89)

10. Cuanto más lejos creas a Jesús, más cerca le tienes. Gloríate en la cruz.

Carta 4-1-90)

11. El alma justa está más unida con Dios, cuando padece abandonos y desapegos, que cuando goza consuelos y consolaciones sensibles.

(Carta 4-1-90)

12. Las sequedades son el crisol en que se refina perfectamente el oro puro de la caridad. La que besa igualmente la mano de Dios lo mismo cuando da que cuando quita, ha llegado a gran perfección.

(Carta 4-1-90)

13. Santa Catalina de Sena prefirió la corona de espinas. Más vale una chuleta sin salsa, que una salsa sin chuleta. Y una perdiz sin naranja que una naranja sin perdiz.

(Carta 4-1-90)

14. Adelante, y adelante. Por muchas tribulaciones es preciso entrar en el reino de los cielos, que pide mucha violencia.

(Carta 4-8-90)

15. Mejor es estar en la cruz con Cristo que mirándola de lejos. (S. Francisco de Sales.

(Carta 4-15-90)

16. En elegir delicias puede tener parte el amor propio; en admitir tribulaciones, sólo puede obrar el amor de Cristo. (V.M. Agreda.)

(Carta S/f. ¿89-90?)

17. Cuando no tuvieres otro interés, deberías para tu adorno comprar la preciosa margarita del padecer, para ser grata a tu Señor y Esposo. (V.M. Agrada)

(Carta S/f. ¿89-90?)

18. “Las cruces que he tenido” dices; y puedo asegurarte que no se me hicieron tan pesadas como el disgusto que por la falta de unión, hermandad, caridad y franqueza noto en ésa; porque veo que eso va a dar al traste con eso y a malograr todos los sacrificios hechos por una y otra parte.

(Carta S/f. ¿1890?)

19. Yo no sé qué demonio anda por medio; en vez de ver J.C. entre vosotras como lo prometió estar en medio de los que se hallan reunidos en su nombre, veo al demonio, sembrando cizaña y división para que eso venga por tierra, porque J.C. dijo: “que todo reino o sociedad dividida será desolada”.

(Carta S/f. ¿1890?)

20. No te aflijas por eso; Que tampoco la piedra preciosa se afligiría, si tuviera razón, de que el lapidario la labrase. Más mérito adquiere nuestra alma con las tribulaciones y trabajos que la piedra con el pulimento.

(Carta 3-10-91)

21. Disgustos no faltan, como podrás haber observado en la mía… tampoco yo sé si es el demonio, si quién ha movido la lengua que más en el corazón pudo herirme; lo que si te aseguro es que ni cien víboras pudieron hacerme tanto daño.

(Carta 7-8-91)

22. Prefirió (ella) la voluntad de tu Esposo de que aplaces la llamada hasta merecer pueda corresponder a tu nombre Margarita de Jesús con el suyo Jesús de Margarita. Y ¿cómo conseguirás tanta dicha? Huyendo de la mundana, como lo hizo tu Divino Esposo, que se humilló hasta la muerte de Cruz, y por eso le dio su Eterno Padre un nombre o gloria sobre todo nombre.

(Carta 3-18-19)

23. No extrañes mi silencio; en sólo este mes me agobias más de cien cartas. ¿Quién las contesta? Con gusto te escribiría; pero temo las distinciones, sencillas de disgustos. ¡Somos tan miserables! (Se trata de unas sobrinas o miembros de la familia)

(Carta 23-2-920)

24. ¡Qué pronto se aguan las satisfacciones de la vida! Mejor dicho ¡Qué inseguras las que nos prometemos!

(Carta S/c.)

25. No me atrevo a decir: Sor N. de Jesús, cuando rehúyes llevas tu cruz en pos de Él, que llevó la enormísima de nuestros pecados. Sólo por amor de su Eterno Padre y por la salvación de todos los hombres, que tan mal le habían de pagar.

(Carta 1-16-9)

26. Por esa (cruz) que tires, otras mayores te esperan y no será la menor la de tus remordimientos. ¿Buscaste tu esa? ¿Sí o no? Si la buscaste y la llevas con paciencia, te servirá de satisfacción. Si no, será para tu mayor corona.

(Carta 1-16-909)

27. Con temor y con terror hemos de trabajar en nuestra santificación. Temor y desconfianza de nosotros y firme confianza en Dios, que nunca falta a los que de corazón les sirven, como amantísimos hijos suyos… No debemos olvidar lo que él mismo dice y es que: a los que más ama más los pulimenta con los instrumentos de que suele servirse: contradicciones, desprecios, disgustos, sequedades, tentaciones de todas clases.

(Carta 3-12-910)

28. Los desengaños y trabajos de esta vida son arras del amor Divino para obstruir la mala senda que lleve al extraviado. Y ¡Ay! Del que no se da por entendido.

(Carta 10-2-20)

29. Bien pudiera ser alguna prueba de las que Dios envía a los que bien quiere y más le aman; si así fuere, bienvenida sea y te mande cuantas fueren de su agrado, que no se quedará corto en darte su gracia para soportarlas a su honra y gloria y tu mayor provecho.

(Carta 9-3-920)

30. No te acobardes por tu flaqueza, que tu Divino Esposo no ha de imponerte cosa alguna insoportable, sin acompañarla de fuerza y gracia para llevarla con facilidad y aun con gusto.

(Carta 9-3-920)

31. En tus obras tendrás contradicciones que serán prueba de Dios. En tus pensamientos gózate de ser sierva Esposa de tu Divino Esposo. Di con el profeta en tales cosas: Bendecid almas justas al Señor, porque se digna hacernos partícipes de su Cruz y de sus trabajos; que ese fuego sólo se ha encendido para purificar vuestra virtud.

(Carta 2-17-22)

32. La mayor honra es padecer oprobios por Jesucristo. Sólo hay verdadera gloria en la virtud cristiana. (Carta 2-17-22)

33. Cuando lluevan sobre ti (Siendo) paciente, las burlas, persecuciones, envidias, desprecios, etcétera, más horribles, no dudes entonces, hija mía, que en mayor abundancia caerán sobre tu alma las bendiciones de tu Amantísimo Esposo… Obra bien hasta el fin, que nadie es feliz sin la última gracia.

(Carta 2-17-22)

Notas