SemblanzaEspiritual/Capítulo VII: LA HUMILDAD

De Wiki Instituto Calasancio
Saltar a: navegación, buscar

Capítulo VI: ESPÍRITU DE ORACIÓN Y MEDITACIÓN
Tema anterior

SemblanzaEspiritual/Capítulo VII: LA HUMILDAD
Índice

Capítulo VIII: EL BUEN EJEMPLO
Siguiente tema


Capítulo VII: LA HUMILDAD

“La humildad es la VERDAD “, dice Santa Teresa. Y como Dios se ha identificado con la VERDAD “Yo soy la Verdad el Camino y la Vida”, resulta que la humildad procede de la misma esencia del SER SUPREMO. Por eso “Dios rechaza y aleja de su corazón y pensamiento a los soberbios”, como cantó la Santísima Virgen en su maravilloso MAGNÍFICAT.
Porque la soberbia la antítesis del Poder absoluto, la Verdad inconcusa, la Bondad indefectible del Creador y Señor de todas las causas. El soberbio es un depredador de lo que no le pertenece, ni en el orden de la naturaleza, ni en el orden de la gracia. De ahí que resulte repelente para la Omnipotencia Divina.
Por el contrario, todos los santos han sentido una predilección por la HUMILDAD, ya que tenían experiencia de la humillación les levantaba y exaltaba hasta las entretelas del corazón del Padre, que está en los Cielos.
El Venerado Fundador de la HIJAS DE LA DIVINA PASTORA recomienda con encomio singular e insistencia reiterada, la Santa HUMILDAD, que nos atrae las miradas de la Divina Misericordia, y abaja hacia nosotros la protección y auxilio de la Divina Providencia.
Él había experimentado en sí mismo que “muchas veces, y de ordinario se sirve el Señor de los instrumentos más humildes, para las obras más grandes”. Palabras que no vienen a ser sino el eco de la sentencia infalible del Señor: “El que se humilla será ensalzado; y el que se exalta será humillado”.
¡Qué buen discípulo había resultado el P. MIGUEZ de su amantísimo Padre, SAN JOSE DE CALASANZ, que le había enseñado en una de sus más admirables aspiraciones. “El que quiera que Dios se sirva de él para cosas grandes, procure ser el más humilde de todos”!

1. Que digan de mí todo lo que quieran con tal que nada sea cierto; más me favorecen los que así tratan de despellejarme que los que me adulan; Dios los perdone a todos y a mí, y los colme de tantos bienes como para mí le pido.

(Carta 11-2-88)

2. ¡Animo, valientes, ánimo! A quién temeréis si llevaseis a Jesucristo en vuestro corazón y fueseis así cumpliendo su santísima voluntad y ganándole almas. ¡Animo!, que cuanto mayor fuere la cruz, más cerca estaréis del cielo. Santas, muy santas, santísimas, y para eso humildes, muy humildes, humildísimas, os quiere vuestro indigno Padre en el Señor.

(Carta 2-12-88)

3. David se humillaba hasta llamarse jumento, cuando no podía orar de otro modo. Sigue humillándote. Cuando quieras hablar a Dios ya lo haces…

(Carta S/f. 88)

4. “Que no eres dechado de virtudes”. Para eso te puso el Señor ahí, para obligarte por deber a lo que no hacías por gratitud; no pido imposibles; te puso, luego puedes y debes ser ese dechado. ¿No eran de carne Sta. Clara, Sta. Escolástica, Sta. Teresa y miles de otras? Tan pronto como puedas vete al oratorio a dar gracias al Señor que así elige el fango para reflejarse el él.

(Carta 1-1-89)

5. Quiero queméis todas mis cartas anteriores y cuantas recibáis en adelante. Me tienes que decir si lo habéis cumplido.

(Carta 29-1-89)

6. Si algo importante tienes esas mis cartas, entérate y toma algún apunte y después quémalas también

Carta 5-2-89)

7. Ya he comprendido la petición que hiciste a Dña. Francisca y si no fuera por la familia que está en el retrato, ya te lo hubiera mandado quitar. Sí, me gustaría te hicieses con los de Dña. Francisca y D. Juan y los pusieses; ésos, sí que se lo merecen y también el de Dña. Trini; pero el mío, ni en el excusado.

(Carta 5-2-89)

8. Como tienes que levantar muy alto el edificio de virtud, es preciso que sean muy profundos y muy anchos lo cimientos de la humildad, de la resignación y del propio conocimiento y desprecio de ti misma.

(Carta 21-2-89)

9. No, hija mía, te lo digo yo; es tribulación te librará de la soberbia y, por consiguiente, de una caída segura… Humildad, humildad, más humildad… más agradecimiento al Señor, que te quiere muy santa y, por lo tanto muy humilde… muy resignada a la voluntad de Dios.

(Carta 21-2-89)

10. Dijo el Bto. Susón, que fue un religioso muy observante, a otro a quien se apareció después de muerto: ¡OH cuánta es la bondad de Dios! ¡Cuánto más humilde aquí, más ensalza en el cielo! ¡Oh cuánta gloria es la mía! El mismo Dios y todos y todos los bienaventurados me dan sin cesar el parabién. Y a Felipe II, que tanto adulaban aquí, apenas se le hace caso allá. Tan despreciado yo aquí, como alabado allá. Tan alabado él aquí, como insignificante allá. A buenos entendedores…

(Carta 4-4-89)

11. David gustaba mucho a Dios, cuando no ocurriéndosele otra cosa, se consideraba como un jumento en su presencia.

(Carta 16-4-89)

12. También aquí hizo buen tiempo unos días, bien pocos, ya llevamos muchos de crudísimo invierno; así pasa en el espíritu, cambia como la atmósfera. Constancia. Dios permite ciertas faltas; aun en las que más ama, para que más se humillen y reconozcan lo que de sí pueden confiar y sólo en El pongan toda su esperanza.

(Carta 16-4-89)

13. La falta de confesor, la necesidad de médico, etcétera os convencerá de que el Abuelo (era el nombre con el que firma casi todas sus cartas) os servía de algo, aunque poco.

(Carta 19-4-89)

14. Cascarrabias, tira las bridas y considera lo que eres y lo que debe ser una Esposa de Aquel que en 33 años, sólo una vez se manifestó enojado, porque veía profanada la Casa de su Padre y nos dice a todos: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”

(Carta 21-5-89)

15. También yo le he dado ya las gracias por dos veces y por el conducto del conde de Aldama, Aún no hará 10 días les decía: “A VV. Recomiendo esas pobres y VV. Serán sus Protectores. Cada uno por su estilo”. Si a ti te cuesta humillarte para una cosa que tan de cerca te atañe, juzga lo que me sucederá…

(Carta 28-5-89)

16. ¿Te figuras que tocarán a muerto por mí en ésa? Quizá; en caso repicarán o echarán las campanas a vuelo. Ni por el general lo harán muriendo en ésa ¡cuánto menos por la última carta de la baraja!

(Carta 1-16-90)

17. Muchas veces o de ordinario se sirve el Señor de los instrumentos más humildes para las obras más grandes.

(Carta S/f. 1889-90)

18. No extrañes que no te comprenda muchas cosas, porque soy un pobre zopenco que no alcanzo más, aunque me lo hagan todo miga.

(Carta 4-16-91)

19. Me darán una grandísima satisfacción, si todas quemaran hasta la última letra mía que tengáis en esa, y no sea oficial. Tuve intención de mandároslo antes de hacer la renuncia y se me pasó; ahora solamente os lo suplica vuestro ex-Director, que se encomienda a vuestras oraciones y os pide perdón de todas sus faltas y escándalos que os haya dado.

(Carta 7-8-91)

20. Es mejor ser violeta humilde que soberbia magnolia.

(Carta 3-5-91)

21. ¿Si necesito algo? ¡Y tanto! Desde la primera hasta la última de las virtudes. Mándamelas a porte pagado que estamos en malos tiempos.

(Carta 20-4-19)

22. A mí sólo me falta virtud, de ésta sí que quisiera me mandaseis una gran remesa y os quedaseis con otra igual.

(Carta 2-27-906)

23. Mucha, mucha selección y pruebas serias, sobre todo de humildad y obediencia, que forman la principal piedra de toque; advirtiéndote que algunas tienen un baño de oro y que sólo a fuerza de frotarlas una y otra vez, se llega a descubrir la masa que hay debajo.

(Carta 12-1910)

24. Sé humilde, humildísima y no temas los rayos que sólo hieren las últimas más elevadas, imagen chica de la soberbia tan detestable a los ojos del Señor Jesús, que se humilló hasta la muerte y muerte de cruz.

(Carta 12-3-910)

25. Si algo presumieses de ti, en el pecado llevarías la penitencia. Creyéndote nada, como eres, y echándote en brazos de tu amantísimo y divino Esposo ¿Qué no podrás? Necesitas prudencia, fortaleza, sabiduría… Todo lo tiene y te dará, si con humildad se lo pides.

(Carta S/f. ¿1910?)

26. Desconfía de ti misma, ora mucho, consulta en la oración cuanto debes hacer y si o hicieses siempre lo mejor, nunca lo peor. Tendrás algunos tropiezos para que te humilles, y Deberás decir con David: ¡Bendito seáis, Dios mío, que así me habéis humillado para que conozca tus justísimas disposiciones! Conozco, Dios mío, que antes que me humillaseis os he ofendido.

(Carta S/f. ¿1910?

27. Desconfía siempre de ti misma y pon tu confianza en Dios. Amale mucho, arrójate en los brazos de su misericordia y todo saldrá bien. Más humildad y menos aspavientos…

(Carta S/f. ¿1910?

28. ¿En qué parte de las Constituciones está escrito que se llamen Madres las Hermanas? La Reverenda Madre M. se incomodó porque la llamaron Hermana ¡puf!, farol sin luz. ¡Viva la humildad!

(Carta 3-15-911)

29. La humildad triunfará. No quiero disgustos ni roturas. A cada uno lo suyo, diga lo contrario quien lo diga. Ninguna ingestión extraña en el gobierno interior. Paz con todos; guerra con los enemigos del alma.

(Carta 1-5-912)

30. Mirar como una desgracia lo que es un favor, para que humildes te salves y no te condenes soberbia… Todo eso se vence con una humildad verdadera. ¡Cortad, sajad, no me perdonéis aquí, para que me perdonen en la eternidad! Y callar, callar, callar; hablar siempre con Dios y sólo lo preciso con las criaturas.

(Carta 1-30-912)

31. ¡Hija de Eva, siempre disculpándote! Infeliz, ¿Hasta cuándo te has de olvidar que voluntariamente te consagraste a Cristo? ¿Qué te crucificaste con El mediante los tres votos? ¿Qué te obligaste a imitar sus virtudes? ¿A ser mansa y humilde de corazón? ¿A callar en las afrentas, baldones, calumnias y en cuanto más hieran tu amor propio, tu soberbia, que tanta guerra te hace? ¿A recordar continuamente que te desterraste del mundo y te hiciste heredera casi forzosa del cielo?

(Carta 3-22-912)

32. Lo que esquela te pareció, ni eso es; sólo pende del que la paladea. ¿Qué fruto podías esperar de un alcornoque y seco? Tenéis buenos libros, saborearlos.

(Carta 2-18-917)

33. Ya sabía lo de J., de que me alegré; Pero noté en su cartita que parece se le debía; y a mi ver quien debe es ella muchas gracias a Dios, que le dio ese talento del que le ha de pedir cuenta; y mal podrá dársela si se atribuye lo que recibió a logro. ¿Qué tiene que no haya recibido y si lo recibió de qué se enorgullece? ¿De haber cumplido…? ¿Y lo hizo con sus fuerzas o con la gracia dl Señor? ¡Que no empiece a dar al diablo lo que es de Dios…!

(Carta 2-18-917)

34. No te olvides de la sentencia de mi santo Padre. ¿Quieres ser santa? Se humilde. ¿Quieres ser más santa? Sé más humilde. ¿Quieres ser muy santa? Sé muy humilde. Bien sabe Dios te perdona lo que le disgustaste para que El perdone lo mucho más que le debe este pobrete que te bendice.

(Carta 11-13-920)

35. Pero ¡una criatura de su Creador! ¡La menor pequeñez compartiendo con la mayor grandeza! ¡La imaginación se pierde y la inteligencia se abisma entre esos extremos.

(Carta 10-10-907)

36. A veces permite Dios esas equivocaciones para que reconozcamos nuestra ignorancia, nos humillemos y pidamos luces al Dador de las mismas y consejo a los que ocupan su lugar, antes de determinarnos a obrar.

(Carta 10-10-907)

37. Si no ajustamos nuestra conducta a los designios (de Dios) no debemos extrañar las consecuencias sino humillarnos y soportarlas resignados como purificación o reparación de la falta cometida.

(Carta 10-10-907)

38. Su necrología no debió de pasar por lo que de mí habla. ¿Te has convertido en Papisa para así canonizarme? Si hubiera Inquisición merecías ir a llorar tu pecado en sus calabozos, por haberme convertido en Santo de Pajares. Dios te libre de que haya quien te denuncie que allí vas de patitas, hasta que yo haga milagros, que será cuando la rana peine melena. ¡Si fuera mártir…!

(Carta 5-31-908)

Notas