SemblanzaEspiritual/Capítulo XIII: AMOR AL PRÓJIMO

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Capítulo XII: CARIDAD Y AMOR DE DIOS
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Capítulo XIII: AMOR AL PRÓJIMO

El segundo mandamiento es semejante al primero: “Amarás al prójimo como a ti mismo”; enseña el decálogo.
Es la cara y cruz de la misma moneda, puesto que amamos al prójimo por amor a Dios. ¡Qué fácil parece en teoría!
Pero como a Dios no le vemos con los ojos corporales, lo hemos de vislumbrar con los ojos de la Fe.
Como esto indudablemente comporta sus dificultades, ha querido el Señor hacerlo más accesible a nuestra necesidad-ya que vemos y palpamos las limitaciones del prójimo- y nos ordenado amar al prójimo, a quien vemos, por amor a Dios a quien no vemos. Naturalmente que ha comprometido una recompensa como a un servicio hecho a El mismo.
Quizá no hemos caído suficientemente en la cuenta que solamente podemos observar este precepto en la medida en que cumplamos el primero. Porque él es el motor y el acicate. Por eso nos dice San Juan con su lógica irrefutable: “¿Cómo podrá amar a Dios a quien no ve, si no ama al prójimo, a quien ve?”. Sería naturalmente un contra sentido, que sólo aclara la certeza de la Fe.
De ahí que no podemos tener seguridad de amar a Dios, si en la medida en que amamos y nos sacrificamos por el prójimo, ese otro yo, miembro del Cuerpo Místico de Cristo.

1. Nada más ajeno a un hijo verdaderamente tal que la incorrespondencia con su padres y nada más impropio puede hallarse en unos padres que el olvido de sus hijos.

(Carta 28-8-1853)

2. Ya sabes cuánto te amo (a su hermano Antonio). Di a nuestros amados padres y hermanos que siempre los tengo en mi corazón.

(Carta 29-4-1855)

3. El ardiente amor que los profeso y el encendido deseo que tengo de verlos, si no es en esta vida, en la Patria celestial, me mueve a recordarles que ya que estamos pisando de continuo los umbrales de la muerte, que no dista mucho de nosotros, procuremos arreglar nuestra vida, como deseamos haberlo hecho en aquella hora decisiva, para así obtener la perseverancia final, que al Señor pido nos conceda a todos.

(Carta 17-3-1857)

4. No deseches, les ruego, tan buena inspiración; pues de despreciarla o acogerla con todas veras pende nuestra salvación o reprobación eternas.

(Carta 17-3-1857)

5. Yo me creería el más feliz de los nacidos, si supiera que algún día me hubiera de ver con Vds. En la celestial morada .

(Carta 17-3-1857)

6. Sírvante (estas cortas letras), pues, de última memoria de éste que nunca olvida, ni a los que de él no se acuerdan.

(Carta S/f. 1859)

7. Siempre ha sido cierto que el amor no conoce distancias y nunca lo he experimentado como ahora.

(Carta S/f. 1859)

8. Ya te dejo indicando hermano mío, el sentimiento que me acompaña a la vida eterna; éste y el no haber servido más a Dios serás los que alargarán mis cotos días, porque el vivir con tamaño sentimiento es morir continuamente.

(Carta S/f. 1859)

9. Así es el mundo: el amor a la que me dio el ser mortal, es lo que me quita este mismo ser… y los que antes me juraban sólo amor no me quieren amar ahora a quien yo tanto amo. Sit nomen Domini benedictum!

(Carta S/f 1859)

10. Dirás a mi madre que sólo me acompañarán a la otra vida los sentimientos anteriores y el deseo de no poderle mandar el pañuelo que he empapado de lágrimas, mientras he escrito este último adiós, medre mía.

(Carta S/f. 1859)

11. Y vosotros, hermanos míos, perdonarme lo mucho que os he ofendido, porque no os ofenderá más. (Carta S/f. 1859)

12. Tenía determinado no escribirles por no haber recibido ninguna de Vds.; pero no quiero devolver mal por mal; hasta la pluma se resiste.

(Carta 10-8-59)

13. A las hnas. (les digo) que si Dios las unió sin conocerse, ha sido para que ahora trabajen a su honra y gloria. Que la corona será proporcional a la victoria. Que no se fíen de sus esfuerzos, sino en la gracia de Aquel sin la cual nada bueno puede hacerse. Que ellos planten, que Dios regará, si sólo a plantan honra y gloria de Dios y bien de las almas.

(Carta 10-8-59)

14. Ayer tarde pidió la confesión para comulgar hoy. Yo mismo se la subí después de la Misa, porque aún estaba en ayunas sin querer tomar medicinas ni beber, por el deseo de comulgar como le correspondía. Es un hermano que vale un Potosí. Sentiré en el alma que se desgracie.

(Carta 7-2-89)

15- Estoy porque condescendáis en cuanto no os pueda perjudicar, pero en lo demás debéis ateneros, a mi ver, a las Reglas de la caridad bien ordenada.

(Carta 16-4-89)

16. A ti ya te he mandado hasta por obediencia que te cuides; si no quieres hacerlo en el pecado llevarás dos penitencias. Por haberte dormido ese día, te impongo la de que te duermas unos cuantos días más, para que así descanses y te mejores.

(Carta 19-4-89)

17. Yo no quiero escribirte para premiarte; que sería un premio bien pobre. Que Dios te lo premie es lo que te deseo, como lo hará si sólo por Él lo haces.

(Carta 4-6-89)

18. Yo, hija mía (escribe a una joven dirigida que estuvo en trance de muerte), no dejé de pedir por ti y de suplicar al Señor y a su Santísima Madre que si habías de vivir para manchar y perder la bellísima alma que te ha dado, te llevase ahora, y si habías de vivir para servirle siempre, santificarte y contribuir a la salvación de muchos, que te conserve tantos años como a Matusalén para que sea más preciosa la corona que te espera y deseo.

(Carta S/f 18-89)

19. Dices que me quieres, y yo te contesto diciendo que: ”Obras son amores” Si me quisieres no me habrías dado ese disgusto. No me has querido ni me quieres; Así lo prueba el que no me hayas creído ni me creas todavía.

(Carta S/f. 89)

20. Tratad con mucha amabilidad y cariño o caridad a Mary; y cuando tú no puedas, que la atienda otro que tú nombres y la inspire más confianza, que en esa circunstancias lo necesita mucho.

(Carta 4-8-90)

21. No esperes a que te busque, que por lo visto tanto por carácter cuanto por no poseer el idioma o por dificultad de expresarse le cuesta mucho, y el enemigo se ha de valer de eso para que se resfríe o aburra y quizás se abandone o desespere.

(Carta 4-8-90)

22. Por caridad hijas, que me miréis por ella como por un pedazo de mi corazón; tanto me gusta su ingenuidad y sencillez. Tengo para mí que, si no lo hiciereis así, la perderéis pronto, y Dios sabe la que vendrá, si viene.

(Carta 4-8-90)

23. Si fuese preciso quebrantar la ira ajena con palabras blandas y deshaz los engaños en satisfacción de la verdad. (V. M. Agrada)

(Carta S/f. ¿1889-90?)

24. Como ahora vienen muchos Padres por aquí hay que cumplir con ellos y quitan el tiempo. Ahora mismo vengo de la estación con un calor que se asan los pájaros, a pesar de la sombrilla.

(Carta 7-8-91)

25. Mucho me alegro de que tanto haga ese buen P. Rector, que saludo, Dios lo premie y premiará como se lo pido, que nunca lo que por Dios se hace queda sin recompensa.

(Carta 10-4-903)

26. De ese P. podéis aprender a trabajar por Cristo, en Cristo y para Cristo, ¿qué recompensa pudiera esperar de vosotras ni de nadie? Sin embargo, trabaja con celo apostólico, porque no espera su recompensa de los hombres, ni busca más que la honra y gloria de Dios y la salvación de las almas…

(Carta 10-4-903)

27. No quisiera hubiese nada superfluo; pero deseo que a nadie le falte lo necesario. Lo primero sería pecado, lo segundo caridad.

(Carta 9-12-903)

28. Sí que hiciste mal por no avisar al principio por caridad y por deber. Procura cortar siempre… al principio. ”Principios obsta”, dice una sentencia. Pon remedio a los principios, si no quieres que el mal cunda, y a tu cargo.

(Carta 12-21-906)

29. El cáncer al principio es curable, después no. En esa enfermedad es caridad mal entendida escasear el cauterio. ¡Cuántas ofensas a Dios hubieras evitado y cuánto bien te hubieras hecho! Sírvate de escarmiento, ya que estás a los principios.

(Carta 12-21-906)

30. El principio de mes fui a ver la entrada, llevaba ya 25 día sin ir por allí; no he vuelto ni quiero, hasta que vengas si vienes, para que vean, repruebo la falta de caridad que allí a ha reinado, a pesar de mis consejos.

(Carta 12-18-911)

31. Mucho más tenía que decir, pero me falta tiempo y gusto. Yo no tengo que perdonar. Lo hago tan pronto como me ofenden, para que Dios me perdone

(Carta 2-8-911)

32. Prefiero que no se haga nada a que no sea todo de buen acuerdo con usted y con todos los que usted diga, porque las religiosas deben vivir en perfecta armonía con los señores Curas. Son sus cooperadoras.

(Carta 3-16-912)

33. Tu mayor enemigo eres tú misma y dos de tus mayores faltas tú resentimiento y no perdonar. (Carta 3-32-912)

34. Mirar esto como un Potosí. No puedes figurarte cuántos asaltos tengo que evadir: Ayer uno de 4.000 pesetas que me pedían, “un granito de anís”. Si los desengaños no hubieran endurecido mi corazón, me dejarían si él. Sólo para esto se acuerdan del viejo. ¿Se incomodan? ¿Y qué? Nada les debo: nada tengo que pagarles.

(Carta 3-14-1912)

35. Debéis estar sumamente agradecidas y aprovecharos de tantos beneficios cono el Señor os dispensa por esos santos Padres, siendo cada día mejores para darles la satisfacción de ver que no siembran en tierra estéril.

(Carta 2-26-908)

Notas